Hoy ha sido un día de locos… Por la mañana me llamó C., un autor novel con el que he reído como un descosido cuando le he explicado francamente y con el corazón en la mano lo difícil que resulta editar poesía hoy día y las penurias que se pasan cuando se vive en exceso del halo romántico de la profesión. Hemos estado casi una hora hablando y nos ha servido de auténtica terapia, a él como escritor y a mí como editor. Luego he marchado corriendo a Córdoba con trámites para la fundación y por la tarde corriendo a casa para hacer unos cambios de mobiliario, lavar sábanas y cambiar mi habitación de la segunda a la tercera planta gracias a la incondicional ayuda de F.
Desde allí espero disfrutar de las maravillosas vistas de La Montaña y sentirme más próximo a ese cielo que se yergue genuino sobre nuestras cabezas y que, de forma simbólica, nos protege y acerca cada día más a nuestros orígenes cósmicos. Esa tercera planta me ha de inspirar proyectos futuros y nuevas aventuras para el espíritu, pero sobre todo me ha de inspirar confianza y valor.
También andaba algo nervioso porque A. me ha invitado a la ópera, esta vez para disfrutar de Bertolt Brecht y su Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny en su original alemán. ¿Será esto una cita? No lo sé, pero parece interesante el dejarse fluir hasta el infinito y más allá… Espero que mi amiga locoide del norte no esté en lo cierto y no se trate de nuevo de una relación kármica. Lo que si es cierto es que ésta será la tercera cita en tres semanas y la primera a solas… Algo se mueve…
