Macbeth en Bilbao


Comimos algo en el restaurante Kikara, en la calle Iparraguirre. Muy bueno el arroz caldoso de verduras. Seguimos el paseo hasta el Guggenheim, donde pudimos ver, cortesía del hotel Ercilla, la exposición de turno. No entiendo mucho de arte abstracto, pero me gustó una exposición sobre pintura de entre guerras, donde el pintor parisino Amédée Ozenfant clamaba por el absurdo de lo que estaba ocurriendo en esa época. “¡Pobres soldados heroicos! Pero cuando caéis, ¿no sería más decente que miráramos para otro lado?” Decía el pintor… y es que ante la agonía, el civilizado corre la cortina, un poco lo que ha hecho Europa ante las revoluciones árabes que se están protagonizando en estos días. Si bien USA ha hecho una apuesta contundente por las mismas, Europa, de nuevo, ha mirado hacia otro lado… Quizás porque Europa sigue excesivamente enmarañada en su estética clásica y sigue buscando la llamada al orden, como expresó Jean Coctueau, buscando aún sus personajes arquetípicos en la antigua Grecia.

Tras el museo, tocó Ópera. Esta vez en el palacio Euskalduna. Nos llevaron al parco de honor, desde donde pudimos ver a la lituana Violeta Urmana haciendo de lady Macbeth en la ópera de Verdi. Al final del acto, nos acompañaron a los camerinos para saludar a la soprano y pudimos ver todo el entresijo que hay detrás del escenario. Una experiencia hermosa. Y hoy seguimos con la ruta. Iremos a Vitoria (ahora sí), y de ahí a Córdoba. Ella tiene reuniones y yo debo reparar un cristal que ayer nos rompieron en alguna parte de Bilbao. Cosas del camino…

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