El poder de la supervivencia


 

Siempre me he cuestionado si arrendaría o vendería mi dignidad por un plato de lentejas. Creo no haberlo hecho nunca, incluso si eso iba en mi perjuicio absoluto. A veces la vida te pone pruebas difíciles que debes afrontar y ponen a prueba la fortaleza de tus ideales, de tus convicciones, de tus creencias. Una persona se forma especialmente a raíz de toda esa parte psicológica y espiritual que no se ve, pero que fundamenta su existencia. La conducta, esa conducta tan necesaria en nuestros días, muchas veces se pone a prueba. Es compleja la cuestión de la dignidad cuando ves que Sócrates murió en manos de la cicuta y otros muchos quemados en la hoguera por no renunciar a sus creencias, ideales o fe. Ahí, el poder de la supervivencia desapareció, quizás porque lo que nos hace dignos y verdaderos es afrontar la vida como un acto continuo de generosidad extrema. Y la dignidad forma parte de esa generosidad, especialmente con uno mismo. Recuerdo una vez una conversación donde intervenía una persona muy rica y una persona muy pobre. Había un tercer interlocutor, que mirando a ambos amigos, dijo algo así: todo Arturo tiene su Merlín. Al menos su observación fue diplomática, por eso de que todo palacio tiene su payaso. Pero lo que no entendió esa tercera persona es que en esa amistad no había ni pobres ni ricos, ni palacios ni payasos. Era una relación entre iguales, de iguales. Y esa igualdad no nace de la riqueza o la pobreza, sino de la oportunidad de poder mirar de frente al otro y hablarle de tú a tú. Si perdemos la conducta, si perdemos la dignidad, perdemos el bien más preciado que la naturaleza nos ha dado: la oportunidad de ser y comportarnos como seres humanos. Y ser conscientes de esto es ser conscientes de que no somos nada ni nadie sin los otros seres humanos. En cuanto perdemos el sentido de esto, de nada nos sirve la supervivencia, ni las conductas, ni las creencias, porque si el otro no existe para nosotros, nosotros dejamos de existir para la naturaleza y para el mundo y perdemos el sentido de nuestra existencia, nuestra existencia humana. Termina el abrazo, empieza la selva.

 

15 respuestas a «El poder de la supervivencia»

  1. Una gran escalera se compone de muchos peldaños, todo y cada uno de ellos cuentan y son importantes, desde el peldaño más bajo al peldaño más alto, si uno de ellos faltara no sería una escalera,bien hecha con el compás la escuadra y el medidor de ángulos para su medida apropiada, que no sea ni muy inclinada ni muy baja , equilibrada en su justa media,
    por que no existiera el peldaño más bajo tampoco podríamos llegar al más alto, te dejo esto.

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  2. Así es, hasta para arrendar o perder la dignidad necesitamos del otro.

    Yo creo que tampoco he alquilado o vendido jamás mi dignidad, pero también es pedagógico pensar que, quizá, no nos han tentado con lo oportuno en el momento justo… no sé pero también puede ser una manera de arrendarse el estar convencido 100% que no caeríamos en algo que «otros buenos» han caído.

    Sinceramente, creo que todos tenemos un precio, sin embargo, en algunos (en los que espero encontrarme) es demasiado alto y yo diría que casi inofrecible (uy me da que esta palabra no existe 😉 )

    Lo que tengo más claro, creo, es que venderse por poder, política o dinero no entra en mis debilidades y, seguramente, es una de las peores ventas o arrendamientos que se puedan hacer de la dignidad humana, junto con la mentira dañina para conseguir un propósito personal.

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    1. ¿y si cambiáramos nuestro precio por un trueque mínimo? El precio siempre debería ser la generosidad… Creo que ese, y no otro, es el precio humano… Cuantos más generosos, más ricos somos, porque no hay mayor riqueza que compartir un sueño, una sonrisa, un momento alegre, un abrazo, una mirada…

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  3. Querido amigo Javi:

    Siempre he dicho que yo no soy más que nadie, pero menos tampoco. Muchas personas sabran hacer muchisimas cosas que yo ni las entendería. Yo se de las mías. Tú me conoces. Como decía aquel, «arendiz de mucho, maestro de nada».
    Para mi eres un maesto al que leo casi a diario. Pienso «a ver que escribe Javi hoy». Me ayudas mucho a crecer. Gracias.
    Por cierto a Giordano Bruno lo quemaron en el año 1600 por defender que el universo estaba repleto de vida. Una idea que hoy en día es casi lo que nos esperamos y que casi todo el mundo da por hecho.
    «La vida se habre camino»
    Un abrazo

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    1. En los años que compartimos momentos únicos en tu oficina fuiste para mí un maestro, sobre todo por la serenidad, la alegría y el entusiasmo con el que recibías cada uno de todos los días que se avecinaban. Nunca te vi triste, ni cabizbajo… Fuiste un ejemplo como persona y como profesional… Y eso cala porque lo que cala siempre en las personas es la conducta, el buen hacer y al generosidad extrema… Y en eso fuiste siempre parte activa de la vida que nos tocó compartir… Así que triplemente agradecido… 😉

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