Cerrando ciclos


Esta mañana me acordaba de los profundos verdes escoceses, en las Tierras Altas. De las estepas mongolas, con su Gobi y su Altai despejando las dudas sobre la necesidad incipiente de lo expansivo. Sobre el desierto anclado cerca del Gran Valle del Rift, en la Etiopía más profunda. O las selvas indias cargadas de luces y sombras a los pies de los Himalayas. También de las planicies sajonas y los ciervos que en invierno cavaban en la nieve en búsqueda de algo de alimento. Y aquella montaña californiana a la que subí para contemplar la historia de los misterios. En aquellos viajes se tejieron sueños que luego se iban convirtiendo en realidad. En cada rincón había la huella de un suspiro, de un anhelo. Unas que vienen y otras que se van, como comentaba el viernes con JL en su hotel mientras comíamos algo. Tiempos en los que subíamos a las más altas esferas cósmicas comparados con los tiempos que corren, en los que debemos descender a los infiernos para anclar en ellos los pilares de la supervivencia. Recordaba también a algunos que se fueron, como el escritor Escote, al que publicamos un libro en 2008. O a Petrel, al que vimos marchar sin poder ver editadas sus memorias. De tanto esperar se nos murió solo, en un geriátrico de Granada, a la espera de que algo ocurriera…

Pero esta semana no era motivo para estar triste, sino feliz. La llama se volvió a encender en el caldero del destino. Y volvieron los besos y los abrazos sentidos. Y volvieron las miradas y la complicidad. Y volvió el trato amable y la esperanza de que la espera, a veces nos premia con grandes cosas. Hace unos meses, precisamente cuando conocí a Al., amiga de A. paseando por las calles de Madrid, algo se rompió. O algo desencadenó un suma y sigue de malentendidos y espirales que nos confundieron por mucho tiempo. Ayer, meses después, cenamos con Al. en casa, y se cerró, espero, un ciclo de inquietud. Ocurrió en la luna nueva de tauro, justo unos días antes del importante festival espiritual del Wesak. Cosas grandes y hermosas han de ocurrir a partir de ahora…

 

2 respuestas a «Cerrando ciclos»

  1. yo para cerrar mi ciclo he preferido ir a la playa, el mar estaba esplendido, el agua contiene millones de pequeños pedacitos de conchas que brillaban como si de mica se tratara, bancadas de peces alrededor, y la arena tan fina y brillante, mientras conversaba con mi hermana como en la cadena de ADN, tenemos grabada la información del mar y las olas, por eso de hay dice que son nuestros altibajos, que nuestro cuerpo recuerda esa información.

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