Desde Vilnius



Antes de marcharme de viaje debi tocar alguna tecla en el blog que durante unos dias me ha impedido escribir nada. En parte mejor porque asi he podido desconectar durante casi diez dias de los ordenadores, los mensajes, la informatica, la red, los contactos… En definitiva, del mundo. Un silencio que me ha venido bien para la reflexion y la interiorizacion de aspectos fundamentales de la vida. De la vida ordinaria, pero tambien de la vida extraordinaria, esa que esta cargada de sorpresas diarias y continuas y que muchas veces resultan indispensables para la continuidad vital.

Me encuentro bien. Tras cinco dias en un paraje paradisiaco en el mar Baltico, en un pueblecito costero llamado Nida, consumo ahora otros cinco dias en la capital de Lituania, una bella ciudad dentro de un bello pais cargado de naturaleza y paisajes hermosos. Sus lagos, sus infinitos bosques, su gente amable… Un pais que merece la pena conocer e invita a la reflexion sobre la importancia o no de que existan estados gigantes como el nuestro. Aqui, donde no hay mas de tres millones de habitantes se vive bien. No se necesitan grandes cosas porque todo es sencillo y todo resulta cercano.

El sabado volvemos a Madrid y de nuevo la incognita sobre el futuro. De nuevo la lucha con lo ordinario, con lo comun, a expensas de que el futuro no este plagado de un exceso de dificultades. Habra menos arrogancia y mas humildad. Al menos, habra menos abundancia, pero mas sencillez. Una sencillez que debera llevarnos hacia la vida buena…

 

 

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