Ayer hicimos un largo viaje desde Lituania hasta Madrid. Como no hay vuelo directo, hicimos cambio de avión en Helsinki. En la ida había aprovechado una equivocación en el pasaje para estar un día y una noche en la capital finlandesa. La ciudad no me dijo nada especial a pesar de que hacía tiempo que deseaba visitarla. Estuve todo el día paseando por sus calles e incluso pude asistir a un festival de música en la cual un joven grupo de mujeres tocaban, y muy bien, música moderna. Me sorprendió mucho el idioma finlandés o suomi, de origen urálico. Al escucharlo, era como si me transportara a tiempos muy remotos. Algo parecido a lo que ocurre cuando escuchamos el vasco o idiomas poco contaminados por otras culturas o lenguas. Fue una sensación hermosa que me llenó de viajes imaginarios por la cultura de ese país y por sus características como nación.
El día anterior al viaje había pasado, antes de la despedida familiar, más de siete horas recorriendo Vilnius con el senelis. Fue un recorrido hermoso por una ciudad que está integrada en un bosque, unos ríos y unos lagos que hacen del paisaje una realidad hermosa. Quizás Vilnius sea el prototipo de ciudad ideal en cuanto a calidad de vida al integrar el paisaje urbanístico en un abanico de verdes bosques y campos extensos. Entrar de un barrio a otro suponía pasar primero por una llanura de bosques espesos. Y los bloques de las afueras estaban bien separados y limitados por verdes fronteras que hacían más bello el lugar. Me sorprendió mucho la humedad. Si bien había una temperatura agradable que rara vez pasaba de los 25 grados, la misma siempre estaba acompañada de lluvia a veces intensa y una humedad más típica de una costa mediterránea que de una ciudad que dista casi trescientos kilómetros del Báltico.
Hoy, tras el viaje de ayer, fuimos hasta Cuenca a llevar al pequeño a los campamentos de verano. A la vuelta, pasamos por el centro de Madrid. De repente, fue como entrar en una realidad extraña. Cientos de manifestantes por las calles. De nuevo los indignados clamando un cambio, una revolución del sistema. Hubo un momento en que atravesamos la marcha y observé lo que allí ocurría. Me paré un instante para escuchar los gritos de queja e indignación. Sentí el golpear de los corazones de todas aquellas personas como si dentro de ellos hubiera una fuerza mayor, algo mucho más grande que la suma de sus partes. De repente me fijé en una bella mujer de profundos ojos azules que pasaba cargada de bultos de las rebajas. Llamaba la atención porque portaba una gran bolsa roja con la estampación en bonitas letras doradas de la firma “Carolina Herrera”. Pude parar la imagen en la retina porque mientras pasaba mirando al suelo, absorta de lo que allí ocurría, un indignado portaba una pancarta a su lado con el lema “si compras te vendes”. La imagen me pareció muy anecdótica de lo que estaba ocurriendo. Dos mundos, dos realidades. En ese instante miré al cielo y vi el helicóptero de la policía que patrullaba los cielos quizás contando el número de personas que clamaban por un cambio de consciencia. Ese helicóptero me transportó de repente hasta Oslo y la isla de Utoya. También me transportó en un instante hasta la cabeza de Anders Behring y las sinrazones que le han llevado hasta la locura. Como si de una señal apocalíptica se tratara, salté de repente hasta la hambruna de Somalia y de allí hasta el parche que la economía europea ha puesto sobre Grecia para pasar un agosto semitranquilo antes de que todo quiebre si es que no está quebrado ya. Y de allí, de nuevo hasta la hermosa bolsa roja de Carolina Herrera. Todo me parecía absurdo. Todo me parecía irreal. Como si viviéramos un tiempo sin tiempo, en un lugar sin lugar. Una utopía extraña, porque eso son las utopías: no lugares.

Recuerdo una vez en la que le dije a una amiga que pasaba por malos momentos, que no tuviera ningún pudor o miedo en expresar lo que sentía porque ningún humano era exclusivo en pensamientos y que, por tanto, siempre encontraría o coincidiría con alguien que la entendiese.
El mundo es inmenso y el mundo es ínfimo, depende con qué se mida, pero es bien cierto que en él caben hechos, actitudes, pensamientos… de todos los colores y también es cierto que, como dice Javier, hay días que nada es nada y que te pierdes entre tanta distancia en la cercanía.
Tú puedes estar aquí, con tus excesos o tus carencias y la persona a un metro de ti no entenderá el por qué de tu lucha porque no sabe ni que existen tus excesos o carencias, igual a la inversa.
Y aun es peor que el no entendimiento la ignorancia, porque entonces no es que no te entiendan, es que ni se lo plantean o planteamos.
De ahí la importancia del contacto, de la transmisión, del conocerse, del saberse.
Bonito lunes para todos; aquí llueve y el agua es tan hermosa 🙂
Me gustaMe gusta
Mirad que dos mundos tan distantes y tan distintos:
Sin embargo, la Sonrisa forma parte de los dos
Me gustaMe gusta
LUNA QUE BONITO EL VIDEO, HAY Q VIVIR LA VIDA Y Q NADIE TE LA AMARGE,HAY Q DISFRUTAR Y AGRADECER DE LOS RALLOS DE LUZ Q ENTRAN EN NUESTRA VIDA, Y POR ESO YO ME MUESTRO EN GRATITUD Y LA ABUNDANCIA FLUYE.
Me gustaMe gusta
De acuerdo contigo mc.
Una sonrisa para ti 🙂
Me gustaMe gusta
«Era el mejor y era el peor de todos los tiempos», dijo Dickens. Ciertamente la tierra es un lugar desigual, pero para la mayoría es el peor de todos los tiempos.
Una utopía, un ideal, al estilo de Moro, es lo que hace falta.
Me gustaMe gusta