El camello que llora


Fue la primera cena en aquel lugar, pero también la última para mí. Habían sido unos días duros y difíciles, de cansancio y agotamiento. Todo cambio requiere esfuerzo y templanza porque resulta fácil perder los nervios. Podría haber sido simplemente eso, una pérdida de nervios. Pero internamente sabía lo que estaba pasando. Podía ver los gestos y los símbolos expuestos en todas partes y a cada momento. Era evidente, era una evidencia que había intentando negar durante mucho tiempo. Pero ese día se manifestó con cierta crudeza. Realmente no me lo podía creer, pero allí estaban. Los observaba en silencio, sin decir una palabra, contemplando la escena con cierto dolor. En aquella cena, la última cena, hablamos sobre mi viaje a Mongolia. No sé como surgió el tema pero recuerdo que conté con alegría por el recuerdo la vez que toqué a un camello en el Gobi. La bella M. pudo inmortalizar el momento en una antigua cámara de fotos que meses más tarde reveló. Hoy, haciendo limpieza en toda la casa, la he encontrado mientras me regodeo una y otra vez en cada detalle de esa última cena. Supongo que así son los duelos… supongo que así tienen que ser…

 

En alguna parte escribí el relato de aquella experiencia de la siguiente forma:

 

Muy cerca de Eech Hairhan,la Montaña Madre, mientras surcábamos el desierto del Gobi y las entrañas de Altai, el niño santo aprendía a identificarse con los animales. Me seguía cogido de la mano hasta los camellos salvajes. Escurridizos y miedosos, prudentes y asustadizos ante nuestra presencia, dejaban que el niño santo se acercara a ellos guiado por mi mano. “No les hables directamente… susúrrales… sé uno con ellos”… le decía al niño santo… Al final, con paciencia y ternura, el contacto era posible y el milagro se repetía con todos los animales… Tocábamos al camello con suavidad mientras empezaba un espectáculo de llantos… Los camellos salvajes impresionan, pero verlos llorar ante el contacto, quizás único, de los humanos, era estremecedor… Luego pudimos tocar un mirlo que había posado en uno de los templos budistas… ¿como poder tocar a un pájaro libre? El niño santo estaba lleno de emoción… y yo también… Esos encuentros con los animales se repiten en ciertas ocasiones… El último, en la isla de Elephanta, a pocos kilómetros de Bombay… Me alejé de la gente y los turistas adentrándome en la montaña. Me senté en un lugar remoto intentando tomar contacto con una familia de monos que andaba robando botellas de agua a los turistas. El contacto, de nuevo, fue posible. Me rodearon, se acercaban a mí, me miraban y me tocaban con curiosidad… y yo a ellos…

 

Pd.- Esta era la foto… No era un dromedario, sino un camello… 😉 ..

2 respuestas a «El camello que llora»

  1. Los animales utilizan la telepatía, si te encuentras mal ellos se ponen tristes también, mi pero lo hacía, recuerdo que cuando murió mi hermano ,si llorava mi perro venía hacia mí me intentaba lamer las lagrimas pero yo no le dejaba por que era un Pastor Aleman y tremenda lengua, me lavaba la cara, pero era un ser que no podií habar directamente conmigo, pero un ser.

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  2. Y aunque lo espiritual no este de moda, según no se que pueblerino te lo habrá contado, por que la semana pasada fuí a la ciudad de CORDOBA y había carteles del grupo para crecimiento personal por todo el centro con la fotografia de uno de los maestros abcendidos, te dejo esto que me han puesto en el perfil desde MEXICO, de una sister en la luz.

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