Linares, Araya, Barcelona


Ayer a la una estaba improvisando un viaje hacia el norte. Tenía que ir a Madrid, pero al final me desvié primero hacia Linares, para compartir un delicioso cuscús de calabaza y verduras con los amigos J. y E. y hablar de arte, pintura y nuestro nuevo libro de “Poetas del 15M”.

Tras la agradable charla, viaje a Araya, en Castellón, disfrutando de uno de mis platos favoritos: papas fritas con huevo que el viejo amigo E. me ofreció a las once de la noche, cuando llegué. Quedé allí a dormir, en una perdida masía entre montes y pinos, desconectado del mundo, sin cobertura, sin red, excepto la de la propia naturaleza. El viaje fue plácido y tranquilo, alejado de autovías, preferí marchar cerca de la Sierra de Cazorla que veía de frente mientras recordaba esos pueblos que alguna vez visité en bicicleta o autobús: Canena, Rus, Torreperojil, Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo, Arroyo del Ojanco, Puente de Génave… Así por valles y montañas alejadas de los circuitos normales, disfrutando del silencio y la reflexión.

Y hoy por la mañana un largo desayuno de casi cuatro horas hablando con los viejos amigos y G., un interesante anarco-masón con el que hemos tratado todo tipo de temas sagrados y profanos.

Un viaje de dos días sin desperdicio hasta llegar esta tarde, algo cansado, a Barcelona, donde una apretada agenda y la presentación del libro de Gloria me espera hasta el miércoles. Luego… de regreso…

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