Hay cierta aridez en la insensata calma. Qué mezquino cuando lo torpe se adueña de nuestras decisiones. Qué difícil balbuceo cuando el deleite desaparece entre las sombras añejas. Los recuerdos fugaces relampaguean en la memoria frágil. Lo inefable reposa doliente en un día de lluvia, el primer día de lluvia después de mucho tiempo. La tormenta ha llegado, de nuevo. El otoño ha llegado, por fin. Y como la noche está triste la acompaño con el suave sonido de la Appasionata. Es maravilloso dejarse atravesar el alma por la conquista suprema de esa brisa que respira en el violín, de ese canto invisible que llega desde sus cuerdas. Cuando uno se hunde hasta lo más hondo pronto aprende a bucear y sentir cierta libertad en esas profundidades. Y los abismos se contemplan simplemente como un ser que se prolonga, que se difunde entre gota y gota en los ásperos recovecos de lo eterno.
La tristeza no es mala… también puede ser una aliada. Los deseos que acompañan a la sombra que somos, a esa personalidad del bajo vientre, también pueden ser una llama. Una rigurosa vivencia bordeada con cáñamo, el goce de ser cautivo de esa emoción pura, el hondísimo apetito de seguir resistiendo a lo perecedero.
Me hallo ante una comprensión cíclica. De nuevo octubre, de nuevo la tormenta, la lluvia, el deseo. Mi conocimiento cronológico me hace pensar que de nuevo todo es posible. Por eso junto mis manos, como si fuera a rezar, presagiando desde la quietud, la llave que debe abrir las puertas del amoroso deleite.
Es bonito como describes la melancolía que acompaña al otoño. Cosas muy buenas te van a pasar hasta el próximo otoño. La llamada está dentro de tí y has juntado tus manos.
Buen otoño, Javier!
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Gracias querida Tata… que así sea… que la llama prenda en la cueva del corazón e ilumine el sentido de todas las cosas…
besitos…
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«Cuando uno se hunde hasta lo más hondo pronto aprende a bucear y sentir cierta libertad en esas profundidades»… no podías haberlo expresado mejor… a veces es hasta cómico cuándo ocurre, despues de tanto resistirlo por miedo propio y por el que causa en los que se preocupan por nosotros… y luego lo liberador que puede ser…
Muy bonito Javier… me alegra verte tan inspirado
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Gracias Olga… el otoño es tan hermoso y sublime… Percibo que las cosas que han de pasar inevitablemente suceden, de ahí la libertad en el buceo abismal, de ahí la llama en la más profunda e inhóspita oscuridad. Gracias por tus palabras, que también son una llama…
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Excelente, Javier.
No conocía la tristitia previa pero entiendo que puede ser mucho más placentera que la habitual.
Una nueva experiencia: debemos estar abiertos.
Quedo a la espera de resultados.
Un abrazo.
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