Comida de Navidad en el Desierto. Que Cristo retorne a la Tierra.


El año pasado fue en la fría sierra de la Sagra, en el norte de Granada. Años anteriores había sido en lugares igual de inhóspitos que ya ni recuerdo. Al igual que en las revoluciones solares de mi propio cumpleaños, los días de Navidad suelo desaparecer a algún lugar tranquilo, solitario, donde poder hacer en silencio alguna breve meditación u oración. Este año ha tocado en el desierto de los Monegros, en Aragón. El lugar era perfecto. Estaba sentado sobre un manto de cuarzo blanco o cristal blanco, no sabría decir qué tipo de mineral. Pero me ha parecido increíble ver ese hermoso mineral cubrirlo todo. Solo en el desierto del Gobi, en la cueva que había cerca del lago Blanco, pude ver algo parecido. Así que cuando saqué el bocadillo de tortilla francesa con tomate me sentí en un pequeño paraíso de cristal. Comí en silencio, luego di un pequeño paseo por las inhóspitas llanuras viendo los rastros de conejos por todas partes y recordando cuando era adolescente. En aquel tiempo de continua rebeldía ante todo mi forma de protestar en esas fechas era comiendo un plátano como cena de Noche Buena y un trozo de pan con aceite en la comida de Navidad para disgusto de mi familia. Llevaba el pelo largo y una gran barba que avergonzaba a mis padres hasta el punto de tener discusiones casi diarias por mi indumentaria. Eran otros tiempos, pero esa rebeldía interna aún me persigue. Eso sí, hoy me he dado el lujo de acompañar al bocadillo de mi especial comida de Navidad con una bonita y merecida botella de agua mineral de Solán de Cabras. Sí… hoy era otro día de revolución solar, esta vez el nacimiento del amor en la Tierra, en la expresión simbólica de un niño que llegó hace más de dos mil años. Hoy era un día de celebración respetuosa para recordar en silencio la importancia de ese arquetipo encarnado en esa gran alma que aún podemos recordar. Algo elevó nuestras consciencias en ese tiempo pretérito. Ahora es tiempo de recordar con sinceridad cuan grande fue su mensaje.

Hoy, en el desierto de cristal, había fragancias celestes que quisieron acompañar el ritual de bienvenida a la encarnación del Amor. Hoy el Maestro Jesús estaba esperando de nuevo la manifestación crística y el nacimiento en Belén, como indicativo de esa primera iniciación humana y solar, estaba a punto de recrearse de nuevo en los anales de nuestra historia humana. Con sincerara devoción, que Cristo retorne a la Tierra y que todos los años sea el preludio del nuevo amor.

6 respuestas a «Comida de Navidad en el Desierto. Que Cristo retorne a la Tierra.»

  1. ¿Que el año pasado estubistes en mi pueblo y no me dijistes nada? Ya te vale tio, con las ganas que tengo de verte….
    Felices fiestas, mue, y acuerdaté de mi cuando vuelvas a la Sagra.

    Me gusta

Deja un comentario