“Quiero expresar en primer lugar que recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936”.
Juan Carlos I de Borbón.
“Estamos a 8 de enero y solo tengo 30 euros en el bolsillo”.
Abdul Rahim, de 50 años, desahuciado.
Hoy he soñado con el duque de Palma. Ha sido un sueño extraño donde Urdangarin parecía triste y desolado, envuelto en una situación incómoda donde tenía que callar por no liar más la madeja y donde al parecer, le iban a desahuciar por no poder pagar la hipoteca. Pobre, me ha dado un poco de pena. Hace poco la Casa Real le calificó de “persona no ejemplar”. Así de rápida y contundente, para demostrar la fuerza de la ley moral que impera en esa sacra institución. Pero el calificativo parecía una broma de mal gusto. ¿Persona no ejemplar? ¿Nuestro Iñaki? ¿El «paga(In)fantas»? ¿El descendiente de San Valentín de Berriochoa, patrón de Vizcaya?
Su referente más inmediato es el propio Rey de España. Su «ejemplo» ha consistido en aceptar ser heredero del régimen dictatorial franquista. En preparar a hurtadillas un golpe de Estado para encauzar la nación hacia la solución final y, al ver la reacción del pueblo, cambiar de bando y con ello traicionar a los implicados en el mismo.
En su vida privada también ha sido «ejemplar». No hablaremos de sus negocios, de su tráfico de influencias, de como una familia pobre, se ha enriquecido misteriosamente siendo una de las mayores fortunas de Europa. Tampoco hablaremos de las ciento de amantes que ha tenido en estos años. Hasta el punto de que su mujer, la Reina, se ha tenido que marchar a vivir a Londres por pura vergüenza vaquera.
Dicen que su último desliz es una alemana que casi vive en Palacio para disgusto de su hijo al que al parecer, una vez le increpó diciéndole también ese “y tú te callas”. Y qué decir de esa historia oscura que nuestro misterioso Tom Farrell describe detalladamente en “Escrito en un libro”, lectura que recomiendo para que entendamos un poco la historia «ejemplar» de nuestros últimos reyes.
Lo asombroso de toda esta ejemplaridad es el silencio oscuro de todo lo que rodea a este personaje que «manda» en España por la Gracia de Dios y de Franco. Una persona que firmaba decretos en Suiza, en supuesto secreto porque allí estaba con la amante de turno. Una persona que desvía fondos y amasa fortunas en otros países porque en España, nunca se sabe. Y la Reina, lista como nadie, utilizando a hijos, yernos y a quien haga falta para sacar todo lo que pueda de Madrid y hacer acopio de lo mismo en Londres o donde quieran que estén sus cuentas secretas. En España, el que no corre vuela. Por eso el nombrar oficialmente a Urdangarin, nuestro descendiente de santos patrones, como persona «no ejemplar» desde la Casa Real me parece una broma macabra.
Y todo esto choca frontalmente con la simpatía que media España tiene a este paradójico personaje real, cercano y socarrón, campechano y guasón. Sería bueno, a pesar de esa simpatía nacional, que en España nos dejáramos de coñas reales, que rescatáramos esa institución como un realengo antropológico y lo pusiéramos en alguna especie de museo etnográfico, porque la cosa tiene su interés, pero nada más. Y que España fuera de nuevo una república, como lo son esos países avanzados como Francia, Estados Unidos, Suiza o cualquier otro con cierto sentido de realidad política.
Pero en España nos gustan las tradiciones, por eso de la identidad y el carácter. Así somos los españoles y por eso se ve difícil que el Título II de la Constitución que trata de «La Corona» en sus artículos 56 a 65 sean a corto plazo sacados de la Ley. Hay mucha fortuna en juego, mucho poder, porque en el fondo de eso se trata, de seguir ahí, instalados en el poder, para seguir aprovechando las prebendas del puesto hasta la muerte. ¿Quién en su sano juicio estaría dispuesto a renunciar a todo eso?
Y mientras eso ocurre, tendremos el deber de mirar hacia el futuro político con cierta responsabilidad histórica. Al menos mientras personas como Abdul sean continuamente desahuciados en nuestro país y más de cinco millones de parados no sepan qué hacer con su futuro. Menos guasa y más seriedad queridos españoles.

¡¡ bravo ¡¡
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¡Muy bueno! Tengo que leer a Farrell.
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Un apunte. Un reciente presidente de la idolatrada y modernisima república francesa acaba de ser condenado por malversación y apropiación indebida de fondos públicos.
Si el corrupto de turno en vez de serlo por sucesión familiar lo es por que lo ha decidido el PUEBLO SOBERANO, pues ala ¡¡¡ todos contentos!!!
Se puede atacar a la monarquia por muchos frentes en beneficio de otros sistemas, pero no precisamente por el tema de la corrupción ya que esta es inherente a cualquier sistema. ¿O de repente la republica es una mierda porque Chirac se comportó como un ladrón?.
Pregunto, eh.
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Esto me recuerda la serie de : «Los ricos tambien lloran».
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