Pan para hoy, sed de justicia


Leía la crónica del Financial Times sobre lo que ocurre en España con el juez Garzón y sentía cierta vergüenza ajena y propia con todo lo que se está cociendo en nuestro país. Un país en el que la corrupción política es tal y está tan bien gestada que nadie se quiere dar cuenta, quizás porque todos participan voluntaria o involuntariamente de la misma. Desde el alcalde de turno que de forma descarada enchufa a los suyos hasta el concejal que se sube el sueldo en plena crisis. Y lo hacen en nuestras caras sin que nadie diga nada, o quien lo dice lo haga con la boca pequeña porque quizás luego ellos puedan hacer lo mismo.

Hoy tenía una cédula de citación de un juzgado por una pequeña deuda contraída hace un año (por cierto con faltas, en plural, de ortografía). En enero pagué la mitad de la misma y la previsión era pagar el resto en abril. Pero el Sistema parece que tiene prisa por cobrar, no vaya a que sus políticos y amiguitos se queden sin sueldo y sin tramas Gürtel. Moralmente no deseo participar en un sistema injusto. No lo hice hace diez años, cuando estuve cuatro años en caza y captura por insumiso al servicio militar y no lo he hecho ahora.

A cambio, he cogido los trajes comprados en Hong Kong, en Ginebra, en Paris, en la Castellana madrileña, todos esos recuerdos de aquellos días cuando vivía en Palacio, más de doce trajes valorados en más de doce mil euros y los he donado a Cáritas. El párroco no entendía mucho esa donación solo en apariencia valiosa. Pero seguro que los pobres del pueblo, cuando vayan a bautizar a sus hijos a la parroquia, podrán por lo menos presumir de traje. Algo les subirá la dignidad y las ganas con ello de seguir luchando.

Esto me recordaba cuando trabajaba en uno de los barrios más pobres de Barcelona como asistente social y era el encargado de atender a unos y otros. Drogadictos, prostitutas, desahuciados, sin techo, vagabundos, delincuentes, enfermos sin recursos, familias con problemas… Había siempre mucho trabajo y procuraba que todos se llevaran algo. Ropa, dinero, bolsas de alimentos, alguna factura de la luz pagada, asesoramiento, y muchas veces, simplemente calor humano que transmitía con un sentido abrazo. Me gustaba ese trabajo, escuchar desde el alma y poder ayudar es siempre hermoso. Pronto se corrió la voz y recuerdo que a la segunda semana, para disgusto de la institución donde trabajaba, había colas y colas para hablar con el nuevo asistente social. La Cruz Roja tuvo que esforzarse en donar más toneladas de alimentos. Pensaba que en los almacenes no harían mucho y sí en los estómagos de aquellos hambrientos.

Ahora ya no alimento sus cuerpos, pero sigo con el empeño de alimentar sus almas… Y sigo con el empeño de no participar en una sociedad corrompida y amoral en la medida de lo posible. Y la medida siempre será la acción, y no la palabra fácil y la hipocresía de la que estamos rodeados…

Al regresar de Cáritas, me paré en el supermecado. Compré dos barras de pan y una botella de agua. Dicen que no solo de pan vive el hombre, así que hoy seguiré leyendo a Cioran.

Una respuesta a «»

  1. Alimnetando sus almas con buenos ejemplos, con escuchas serenas a tiempo, con palabras sabias… estarás alimentando el bienestar físico si no de hoy sí del mañana.

    El día que la sociedad en su integridad esté preparada desde el interior (educación, cultura, fe en lo que sea que sea bueno) el bienestar físico y material estará superado.

    Jesús con los trajes 😉

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