Querido Otro Loco,
claro que no me marcho, claro que no me voy. Bueno, algo de mí se va, pero no todo. De esta tierra eran mis abuelos y mis padres y mis ancestros. Quería romper con ese hechizo generacional, devolver cierto orgullo de raza, cierta recompensa por tanto sufrimiento. No sé si rompí el hechizo. Realmente no lo sé. Pero tierra adentro, allá donde los gusanos suelen hacer de las suyas, algunos habrán notado ya que algo ha cambiado en esta tierra. Sembramos semillas, creamos poesía, recitamos versos, escribimos novelas y ahí están, para la memoria colectiva de esta nuestra gente. Soy un peregrino, quizás, como tú dices, mi viaje era de ida y vuelta, y quizás ya ha llegado el tiempo de ir a otra parte, a cual feriante, para seguir dando espectáculo. Así somos los gitanos, almas libres.
En todo caso, como digo, no me marcho, la vida casi me arrastra fuera, a otra parte… Algún día con calma te contaré el doble sentimiento que tengo, uno de agradecimiento, otro de rabia… pero eso será otro día…
Y volveré, claro que volveré, siempre volveré, y nos veremos y charlaremos…
Siempre eché un poco de menos el poder tener una vida normal. El ir por las tardes a correr o ir en bici… Pensaba en ti cuando pensaba esas cosas… Pero la vida siempre me lleva de un lado para otro… Y me ha sido imposible echar raíces en este lugar… Quizás ese sea mi drástico destino…
Luego también me dolió el no haber podido ir a la presentación… Y luego pensé que era una especie de maldición, porque no fui a la primera ni a las siguientes… Algún día romperemos el hechizo, porque cuando tengamos sesenta y setenta años seguiremos presentando más libros… ya lo verás… Es nuestro destino… Y lo haremos…
un abrazo sentido… y gracias de corazón por estar ahí…
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De: R.
Enviado el: viernes, 20 de enero de 2012 23:52
Para: javier.leon@editorialseneca.es
Asunto: Otro loco…
Estimado amigo Javier, por lo que puedo seguir desde la distancia que marca tu blog, parece ser que donas tu hermosa vivienda a los carroñeros que tan bien alimentados andan en estos tiempos. Por cierto, deberían ser más prudentes en la ingesta bulímica, no sea que, llegado el colmo del estómago, revienten por no poderle dar cabida entre las esqueléticas formas de una sociedad hambrienta y agonizante. Y esa donación, o quizá sea mejor decir dación, que parece ser que es el verbo que en estos últimos años se utiliza para legalizar el verbo robar, al menos te permitirá recuperar esa libertad que te oxigene para recuperarte del esfuerzo y poder seguir el camino. Y, ahora, descargado del lastre que te aprisionaba, volverás a remontar vuelo en tu incansable búsqueda de El Dorado.
Amigo Javier, nuestra relación no ha ido más allá del cruce de unas cuantas palabras para hablar de todo y de nada. A pesar de ello, creo que he logrado captar tu esencia para dar respuesta a ese comportamiento que algunos tachan de extraño y que yo subrayo de valiente. Desde que te conocí, siempre supe que cada día que pasaras aquí en Hornachuelos sería un acercamiento a tu marcha. Tus sentimientos no son esclavos del apego y tu alma es errante. Siempre estarás dejando atrás historias de vida para dar cabida a otras nuevas.
Parece ser que tu etapa aquí, en el Sur, en Hornachuelos, llega a su culmen. Es posible que tú y yo no volvamos a vernos. Y, es por ello, por lo que te escribo estas letras para transmitirte, antes de que pudiera romperse definitivamente la comunicación entre nosotros, que tus locuras me han permitido ser un poquito más feliz; que a Hornachuelos has traído un soplo de aire fresco que muchos falsos alquimistas melojos no supieron encontrar; que has generado una energía positiva que ya nunca se podrá destruir.
Amigo Javier, no te voy a ocultar el sentimiento de desasosiego que me provoca tu marcha, seguramente porque yo soy mínimamente parecido a ti y en muchos momentos me he sentido identificado contigo. No te digo adiós, es muy probable que en tu extenso vocabulario no existan palabras que implican la derrota del punto y final, simplemente hasta pronto…el destino es caprichoso y no debemos descartar que algún día nos volvamos a cruzar vagando por el camino a la búsqueda de El Dorado.
Perdón, no puedo dejar en el olvido un reproche que como un tatuaje llevo gravado en el ego. Ambos compartimos la filosofía de que la literatura debe salir de la solemnidad de bibliotecas y foros de erudición para mostrarse bajo la lona del circo, dando espectáculo. Y, ése, ha sido mi propósito. Y no te voy a negar que me hubiera gustado haberte podido mostrar alguna de mis tantas actuaciones de payaso para disfrutarlas juntos. Aún puedo recordar las caras de pavor cuando en la presentación de mi libro, en La Carlota, les predije a varios del público su próxima fecha de muerte. Sé que a una chica en concreto le llegué a ocasionar excesiva presión emocional, pero también sé que les supe transmitir que La Maldición.. es un terror psicológico como el que ellos sintieron esa noche durante más de cuarenta y cinco minutos en los que, a pesar de no creerse mis predicciones, jugaron en su imaginación con la posibilidad de que sí pudiera ocurrir. Días después, me llegaron noticias de que a muchos carloteños les había dado rabia no asistir a la presentación.
Amigo Javier, seguiré escribiendo y divirtiéndome sin buscar otras pretensiones, salvo la de divertirme con la palabra.
Un enorme abrazo, y como tú dices, que sea muy sentido.
R.

Qué dos bellas carta, las de uno y otro escritor, las de la no-despedida y la de la siembra, la del cariño y la de la vuelta, dos seres y un objetivo el amor a la escritura, el amor a las gentes y a la tierra
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