Sobre la vida mendicante. Entre chozas y palacios


Estimado Fernando,

Gracias de corazón… todo un detalle… hermosa la reseña que has escrito en el periódico y que da más vida a tan sospechoso libro editado en Séneca (Escrito en un libro)

Agradezco también la gestión del piso en Madrid. ¿Cómo, cuanto?

Pues teniendo en cuenta que hace unos años vivía como un marqués en una granja de caballos de más de dos mil hectáreas en el norte de Alemania, que hasta hace unos meses vivía entre embajadas y embajadores en lo más selecto del barrio de Salamanca, que príncipes y princesas me ofrecen vivir en otros palacios, en fincas gigantes que tardaría días en recorrer a pie, y que no deseo regresar pro tempore a mi bonita casa cordobesa de más de cuatrocientos metros de cristal diseñada con el más puro de los números áureos y que lo que deseo, al menos hasta que pase la crisis, es vivir como lo hacía cuando dormía en el desierto del Gobi, o en la sabana etíope, o en las selvas de la India, o en la frías tierras del norte de Escocia entre pruebas iniciáticas, monasterios y vida eremítica, pues algún término medio, como el Buda, pero más tirando a choza que a palacio, por lo de la crisis.

Si no hay muebles no me importa, porque un monje-guerrero se apaña con una mesita y una cama de paja. Decir «algo que no sea muy caro» suena a perogrullada tal y como están los tiempos, que los que malvivimos de la cultura andamos como monjes mendicantes, aunque pasado mañana me marche invitado a «La Romana» con la jet de la más selecta República Dominicana, y a la vuelta sólo tenga ganas de vomitar y vivir en la calle ante tanta irracional cordura. 

En fin… ¿habrá algo para un príncipe de la luz, pero con ganas de vivir un tiempo entre las taoístas tinieblas, las puertas de todo misterio?

un abrazo sentido y gracias de corazón… 

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