Día intenso con dos actuaciones en un hogar de niños precioso, lleno de vida y ternura, de miradas cómplices, de alegría, de sabor a entusiasmo. Miradas de alma a alma, lentas, diseñadas en algún sueño, reflejando la oportunidad única del momento. El regalo de compartir exige sudor, esfuerzo, pero sobre todo, frenesí y algo de locura. Y hoy nos hemos dejado impregnar por esa locura improvisada y manifestada en esta pequeña mota en mitad de un océano de magia.
Casi trescientos niños por la mañana y casi trescientos por la tarde. Agotador. Pero todo un regalo para el alma, que es, dicen, el lugar donde se acumulan las más hermosas riquezas. Por eso hoy nos hemos sentido afortunados, por obrar el milagro de la sonrisa y la alegría, por reencontrarnos con lo milagroso de la vida.
Hay un momento especial que recuerdo. Al final, algunos niños venían para abrazarnos. Y se quedaban un rato atrapados en la magia y el embrujo de ese abrazo sentido, nacido del corazón inocente. Y luego la emoción de la niña Selva que vio desde el otro lado el espectáculo. Me encantaba escucharla en su catalán de tres añitos relatar las aventuras de Kili y Kolo. ¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más se puede pedir? La vida solo existe en este presente, en este ahora. Todo lo de ayer ya no existe y todo lo de mañana está por llegar. Y hoy había pureza, había esas cosas que solo se pueden explicar con alguna imagen, con algún suspiro.
Hemos disfrutado después de nuestro último viaje hace dos años en India. En la segunda actuación, emocionados, incluso hemos desordenado el espectáculo para bailar encima de una mesa o para revolcar nuestros cuerpos contra los niños que se reían de nuestras payasadas. No somos payasos profesionales, pero hoy nos hemos sentido auténticos niños disfrutando de cada instante. Espero que esos niños duerman bien, recordando lo importante de dejarse llevar por cierta locura. Y parece que esa locura, en los tiempos que corren, no hacen daño a nadie, y además, tonifica las fortalezas del espíritu.
La pobreza no reside en el dinero o en el pan, ser pobre es no poder dar y recibir amor. Hoy hemos estado con niños inmensamente ricos, porque han sido reconocidos en su más increíble grandeza. Y nosotros hemos disfrutado de su riqueza, y por lo tanto, hoy hemos sido inmensamente afortunados.



Buenos díasssss,
En la tercera foto se ve a los niños y niñas más mayorcitos, los que están de pie. Son adolescentes y si miramos sus caras habéis conseguido captar su atención y, además, sus sonrisas. A esa edad es más difícil, así que, nuevamente, bravo por los payasos que llevan dentro Javier y Koldo 😉
🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 😉 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 😉 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂 😉 🙂 🙂 🙂 🙂 🙂
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Desde luego debe ser una experiencia muy gratificante para el interior. No es trabajo ni esfuerzo lo que es agradecido.
Ánimo Kili y Kolo lo importante no es desear…hay que estar.
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Ainss que bonita locura…Me habeis contagiado con estas fotos…
Gracias por contarnos y compartir vuestros sentires 🙂
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Es un placer inmenso veros disfrutar y a esos niños con caras de sorpresa, buen trabajo amigos, como siempre gracias por compartir. Un abrazo a Koldo, gran tipo, otro a tí apetuñao, yá sabes. Besitos
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