La búsqueda


“La felicidad es una mariposa que cuando la persigues no se deja atrapar, pero si te quedas sentado tranquilo y quieto, quizá se pose sobre tu hombro”.

N. Hawthorne

A los pies de los montes que rodean El Escorial, alguien nos enseñaba una bonita casa anclada en un paraje natural y extraordinario. De repente fijó su atención en una pequeña ventana que resultaba ser la más grande de todas. Decía que esa era una gran ventana, y entonces, de repente, me vino a la memoria los grandes ventanales que conformaban toda mi casa. No sentí melancolía ni tristeza, pero sí algo extraño en el interior. Pasará mucho tiempo, pensaba, hasta que vuelva a disfrutar de esos ventanales y de esa luz que entraba por toda la casa a todas horas. Es tan difícil construir una casa de luz en un mundo de tantas sombras.

Suele ser algo desesperante bucear por casas, por pueblos, por ciudades, en búsqueda del lugar ideal para vivir. Tras pasar dos días de búsqueda, llegamos a la conclusión de que encontraríamos el lugar adecuado en el momento adecuado, quizás sin tener que hacer ningún esfuerzo, tan solo esperando alguna señal que identificaríamos como inequívoca. De alguna manera, algo interior nos avisaría, sentiríamos que ese sería el lugar, y la señal inequívoca sería alegría y entusiasmo. Ese convencimiento interior vio cierta luz cuando hoy, un amigo nos escribía desde Camboya y nos decía que tenía una hermosa casa en un lugar ideal en el centro de Madrid, en el barrio de Malasaña, el barrio de la “movida” madrileña, el barrio de las Maravillas. Algo nos decía que quizás ese pudiera ser el lugar. Veremos que ocurre, porque en este mundo volátil, todo es posible. Lo cierto es que cuando hemos dejado de buscar, hemos encontrado, como esa mariposa que se posa en nuestra mano cuando dejamos de perseguirla.

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