“El regalo de un libro no sólo es un obsequio, sino un delicado elogio”.
Sthendal
Y resulta difícil elogiar en los tiempos que corren, pero siempre que tengamos oportunidad, no olvidemos desentrañar la fuerza de la generosidad y del amor a la humanidad. No me refiero al amor sensiblero a las personas cercanas, si no a todas las personas, a todo el conjunto humano.
Algo así escribía hoy de forma cariñosa y agradecida:
Estimado J.,
Agradezco de corazón tus palabras. Este mundo está necesitado de hombres buenos, pero sobre todo, de hombres mejores, generosos y llenos de humanidad, o mejor dicho, cargados de un sentido profundo de amor hacia la humanidad y de responsabilidad hacia la misma.
Estamos atravesando momentos difíciles, pero como dice ya el clásico, también son momentos de oportunidad. Haber perdido los ahorros de toda una vida y una hermosa casa no es lo peor que le puede pasar a un hombre. Le decía ayer a un amigo sevillano que existe una necesidad interior de estar atentos ante los hechos que acontecen, porque las cosas pueden ir siempre a peor. Así que mantengo el ánimo y la alegría a flote para que las circunstancias externas no afecten en exceso. La humanidad está creciendo, y nosotros lo hacemos con ella, por eso es tiempo de hollar el camino de la alegría, la reconciliación y la paz, interior y exterior, entre nosotros y entre el mundo.
Tu invitación para viajar a los Alpes Dolomitas es muy tentadora. Seguramente estaré sobre el 26 y el 27 de mayo en Ginebra, Suiza, quizás, si esas fechas os van bien, podríamos dar un salto hasta Trieste y así poder vernos y conocernos. Aprovecharía el viaje para llevaros personalmente los ejemplares de la segunda edición de tu libro.
Sea como sea, os estoy agradecido por tus atentas y sentidas palabras.
Recibe, tú y tu mujer, también un sentido abrazo
