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"Hoy, antes del alba, subí a las colinas, miré los cielos apretados de luminarias y le dije a mi espíritu: cuando conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: No, ganaremos esas alturas para seguir adelante". Walt Whitman
Podemos aceptar «pulpo como animal de compañía» aun a sabiendas de todos que ni ha sido ni es ni será, jamás, un animal de compañía.
Eso lo sabe el rey, el elefante y los ciudadanos. Perdón, quise decir que eso lo sabe las normas de «Scattergories», los jugadores y, por supuesto, el pulpo…
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A mi me ha parecido que su disculpa es un gesto que le honra y le ennoblece. Muy pocas personas públicas admitirán sus errores, y el Rey lo ha hecho con sencillez y humildad. Me ha gustado su expresión y su tono. Le deseo la mejor recuperación.
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Si seguir el guión del tirón de orejas que le marca el jefe de protocolo es honrar y ennoblecer a una persona… Una persona honrada y noble no se va en una de las semanas más difíciles para el país a cazar elefantes a África. Lo noble y honrado es estar buscando soluciones al país que representa, y no a sus intereses del bajo vientre.
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Deacuerdo con el señor Tamames.Y añadiría lo que dijo Jesús.»El que esté libre de pecado que tire la primera piedra».
Elefantes NO
Pero AUDIS-A8 menos. Que los políticos cojan el coche eléctrico.
Un saludo para todos.
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A mí también me gustó la disculpa del Rey.
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La política tiene mucho de teatro, y lo dice uno que lleva desde los quince años en política.
En ese sentido, el Rey lo hizo genial, por supuesto, muy bien asesorado por el guionista de la obra.
Dicho esto, debo decir que el Rey me cae «de puta madre», con perdón de la expresión, o mejor dicho, el Rey no, perdón, la persona que hay detrás del personaje. Como persona no tengo nada que objetar, ni en lo personal ni en lo sensiblero de la situación.
Pero como representante, embajador y Jefe del Estado me parece un personaje que roza lo patético. Y me refiero no a su figura Real, sino a la propia institución Monárquica.
Y todo dicho con mucho respeto hacia una institución en la que no puedo, por razón e inteligencia, más que desconfiar y no creer.
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