Mayo siempre se cubre de una magia extraña. Al menos, los últimos que recuerdo siempre han sido asombrosos. Hoy ha sido un día de esos que son difíciles de olvidar. Quizás porque andas más despierto, más en sintonía con esa especie de don superior que la naturaleza, a veces, tiene la generosidad de compartir. Y me refiero a esa luz que se desliza suave por la mente y abre no sé sabe que puertas que nos hacen ver con claridad qué hay más allá de los velos.
Los generales retirados que viven cargados de guardaespaldas y que comparten vecindad con nosotros no imaginan que cada vez que salgo de casa y veo esas madreselvas cargadas de verde, ese césped bien cuidado y esos asombrosos árboles que cobijan este lugar tranquilo, me transporto de repente a la ciudad universitaria de Göttingen, donde viví durante un tiempo. No siento ninguna emoción especial, pero sí observo como la hierba de este lugar se asemeja a aquella de allí. Quizás sea porque fue en mayo de hace algunos años cuando me fui a vivir súbitamente a esa tierra del norte de Alemania.
El año pasado, también en mayo, nos colocamos mirando a la Meca y por primera vez pude inclinar mi cabeza por debajo del corazón. Bonita alegoría mientras recitábamos un sutra dedicado a An-Nur, la Luz. Enmayo de 2010 también ocurrieron cosas increíbles bajo el cálido manto de un increíble y completo arco iris. Un exceso de experiencias que marcarían el principio de una nueva etapa. En mayo de 2009 andaba cerca de Göttingen, en aquella increíble granja de caballos en el norte dela Baja Sajonia. Aún recuerdo aquellos desayunos a las seis de la mañana, poco antes de salir a la aventura de la vida bucólica en el campo.
En fin, historias… solo historias.
Pero todo esto venía a cuento porque hoy tenía una cita con nuestro misterioso Tom Farrell. Quedamos a las cinco en el histórico café Gijón de Madrid. Lugar perfecto, a pesar del precio del café, para charlar sobre libros y otras cosas. Esta vez traía consigo un nuevo libro, un nuevo episodio sobre ese tipo de cosas que no suelen contarse en los telediarios, pero que resultan imprescindibles para entender las cosas de la vida que nos rodea.
Mirando a Tom Farrell se nota que supera la media de coeficiente intelectual. Escuchándolo se reafirma esta convicción. Y leyéndolo, ya sea por la mañana o a la luz de la luna, la claridad es máxima. Tres horas de intensa conversación, y de nuevo, tres horas de intriga.
Tras estar con él, paseé un poco por el Paseo del Prado, por Recoletos, por la Puerta de Alcalá, me senté en el Retiro y seguí caminando dejando atrás el Ritz donde el año pasado compartía desayunos con empresarios y políticos. Llegando a la estación de Atocha, justo esquina con Delicias, alguien empezó a saludar. Eran la alcaldesa y el teniente de alcalde de La Montaña. Y aquí reside la magia, la sincronía, la paradoja y el misterio. La primera vez que vi a Tom Farrell fue en la Estación de AVE de Córdoba. Allí me encontré casualmente con la alcaldesa y el teniente de alcalde momentos antes de ver a Tom. Y hoy, momentos después de estar con él, me topo, junto a la estación del AVE de Madrid, con la alcaldesa y su acompañante. Increíble. ¿Sólo una coincidencia? Puede, pero extraño, muy extraño, como todos los mayos…

En Mayo siempre viajo, lo hago por trabajo y siempro me llena de sorpresas, experiencias y momentos especiales. Mayo ess el mes de la flores, de María, su color es el esmeralda, la flor el lirio…en realidad todas…
Lo mismo hace calor amenazando Verano, que llueve y nos regala hermosos arcoiris, Mayo es un mes de cambios que floreciendo; crece… Me nacieron en Mayo, me gusta Mayo!
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