Hace justamente un mes pasaron unos episodios algo desagradables que me impulsaron a estar un tiempo aislado, en silencio. Necesitaba recapacitar no tan solo sobre el primer balance de estos seis meses de continuos cambios, sino, además, de estos últimos siete años de vertiginosa aventura vital. Así que me deshice del teléfono, cerré las cuentas de las redes sociales y dejé de escribir.
Era un silencio doloroso pero obligado. Aún no daba crédito a todo lo que estaba ocurriendo y estaba siendo espectador de un episodio que tendré que madurar con calma y que merece, como mínimo, un libro de relatos, aventuras y desventuras. Algún día, quizás ante la calma y la serenidad del tiempo, pueda escribirlo aunque sea de forma anecdótica.
Ayer llegamos de tres días de auténtica desconexión, perdidos en un clima desértico junto al mar y a calas solitarias donde las cristalinas aguas nos recordaban la necesidad y la urgencia de vivir. La incomodidad del desierto tiene su recompensa interior, y esos parajes imposibles me han insuflado ánimos para seguir adelante.
He intentado reinventarme en todo este proceso. He intentado crear otro blog, otro lugar, otro espacio limpio y nuevo pero me ha sido difícil hallar la fórmula exacta. Una amiga me dijo que era difícil que pudiera reinventarme porque yo mismo era un reinvento constante. Eso me animó a pensar que quizás tenía razón, y que la mejor forma de seguir escribiendo era como lo hacía hasta ahora, de forma limpia, a pecho descubierto, sin tapujos, sin miedo, siendo uno mismo sin necesidad de demostrar nada ni aparentar nada.
Pero en estos treinta días han cambiado muchas cosas, tanto en el plano personal como en el profesional que iré relatando con calma, mucha calma y desapego. En estos tiempos convulsos de miedo se necesita más que nunca espacios de libertad y valentía. Y creo que cada día más, con más convicción y coraje, es necesario seguir valorando la posibilidad de que un mundo mejor es posible.

Me alegra mucho leerte Javier 🙂
Yo no necesito que seas otro ni te reinventes, me gustas así, tal cual eres… dentro de ti hay muchísimo bueno y eso ya es muy grande 😉
Abrazo grande
Me gustaMe gusta
Bienvenido a casa.
Me gustaMe gusta
Todos los días pasaba por tu casa respetando tu silencio, pero al mismo tiempo esperanzada con encontrarme…… La Buena Nueva.
Remanso de espíritu, fuente de paz, aprendizaje y libertad….Es, tu casa. Gracias por permitir que sacie mi sed en ella.
Biquiños querido Javier.
Me gustaMe gusta
Eres un gran referente para mucha gente. Gracias por volver…se te echa de menos.
Me gustaMe gusta
No soy Anónimo. Soy María
Me gustaMe gusta
Qué alegría que vuelvas. El necesario silencio no debe ser incompatibe con escribir sobre pensamientos y vivencias. Cada cosa tiene su lugar. Un fuerte abrazo
Me gustaMe gusta
He visitado el blog casi a diario, confiando que volvías.
Un abrazo y bienvenido a la vida.
Me gustaMe gusta
Me alegra tu vuelta porque ello significa que has podido colocar en su sitio lo que te perturbaba. Estoy contenta, Javier. Besos. Tata.
Me gustaMe gusta
Gracias a todos por vuestras palabras… Toca seguir surcando tierras, mares y montañas para sentir el placer de la libertad en nuestro rostro… Y su luz…
Me gustaMe gusta
Me alegro de veros a todos de nuevo por aquí!!!
Me gustaMe gusta