Mediocres, palurdos y patéticos


‎»Formamos parte de una sociedad tan enferma que a los que quieren sanar se les llama raros y a los sanos se les tacha de locos» (Jiddu Krishnamurti)

Cuando leía en la prensa la noticia de que un exconsejero de la Generalitat era acusado de contrabando de tabaco, me preguntaba muy seriamente y algo enfadado qué tipo de clase política nos está gobernando. Sólo a un anodino se le ocurre hacer ese tipo de cosas. Como los casos de corrupción nos salpican todos los días, la conclusión es que estamos en un país de mediocres, de palurdos y de patéticos. La corruptela y el engaño es tal que a uno se le quita las ganas de casi todo excepto de intentar poner orden en ciertas ideas para ver si tienen algo de lógica.

Antes todo esto era evidente, pero como nadie nos quitaba la paga de Navidad no importaba. La adormidera era tal que vivíamos en una sociedad anestesiada, satisfecha con sus pagas extras y sus vacaciones en la playa y nos importaba un comino si el político de turno robaba a diestro y siniestro, o si estábamos gobernados por retrasados mentales, chapuzas o bucaneros embusteros.

Pero solo con la intención de poner un poco de orden estructural en todo esto, veamos la diferencia entre un mediocre, un palurdo y un patético que llega a la política y a cierto grado de poder.

El mediocre es aquel que sin mérito alguno excepto el de manipular a unos y a otros llega hasta la cima. El palurdo es el elegido por el mediocre para que continúe su labor a sabiendas de que el segundo, por palurdo, siempre podrá ser manipulado y engañado por el mediocre. Eso le permitirá engañar al palurdo siempre que lo necesite, quitando, por ejemplo, al alcalde de una importante ciudad de su puesto para colocar a su señora mujer o poner a su hermano o familiar de turno donde el mediocre diga. El patético sería el que se quita de alcalde siguiendo las órdenes del palurdo que obedece al mediocre, persona que además nos mete en una guerra mientras jugaba a los cowboys poniendo sus pies encima de la mesa mientras fumaba un gran puro. La imagen de un mediocre absoluto que nos llevó a la guerra llevándose consigo no se sabe cuantas vidas humanas nuestras y ajenas mientras que ahora pasea tranquilo rodeado de palurdos y patéticos que le doran la píldora a cual héroe.

Otro ejemplo de patético es aquel del quiero y no puedo, pero vendo mi moto, mi abuela y mi alma con tal de seguir los pasos del mediocre, convirtiéndose así mismo en un mediocre más, que además habla y gesticula como un auténtico palurdo. De esos imitadores de lo horrendo veremos muchos en estos días de crisis, porque la crisis aviva la popularidad de lo patético.

Así que vivimos en un país que no tiene remedio, porque la lucidez, alejada de la plaza pública, jamás encontrará hueco entre lo dramático de las turbas que hemos descrito más atrás. Eso sí, ahora que no tenemos crédito para seguir comprando fincas, yates y vacaciones en el mar a costa de engañar a unos y a otros, sigamos patéticamente el juego de la mediocridad. Sigamos engañando, a unos, a otros y a nosotros mismos, porque en el fondo, es lo único que esta sociedad nos enseña.

9 respuestas a «Mediocres, palurdos y patéticos»

  1. Llega un momento en el que no paras de pensar y ya no sabes si es peor la injusticia que se está cometiendo con tantísimos ciudadanos o la categoría humana que tiene nuestra clase política en general y el gobierno actual en particular (queden a salvo contadísimas excepciones de personas íntegras que haberlas haylas).

    Hoy escuchaba a la señora Cospedal decir a boca abierta que hay que apoyar al gobierno, que TO-DOS debemos apoyar a NUES-TRO gobierno y sus decisiones.

    Es entonces cuando yo me cuestiono qué clase de ética convive con una persona que pide esto a personas que cobran 500 euros y que, seguramente, pasarán a cobrar 250 con la extraordinaria excusa de incentivar su búsqueda a la hora de encontrar un trabajo, sabiendo que ella cobra unos 60.000 euros al mes y que en tiempo de acuciante crisis se puede permitir el lujo de reformar un palacio en su tierra como posible residencia personal en un futuro.

    Cómo se puede salir en público y decir lo que dice con lo que se está destruyendo al ciudadano de a pie.

    Qué clase de persona tiene la osadía, desfachatez y desvergüenza de pedir lo que ella pide desde una posición extremadamente privilegiada y quedarse tan ancha.

    Qué deben, las personas así, inculcar a sus hijos. Qué valores, qué clase de humanidad.

    Y me pregunto qué clase enganche tiene el poder para que la gente sea capaz de atrocidades con tal de llegar o mantenerse en él.

    Es todo desolador.

    Me gusta

    1. ¿Y quien no ha estado desorientado alguna vez? Aunque parezca contradictorio estar confundido es una señal que te dice donde estás, pero somos tan lógicos a veces que subestimamos esas señales o las valoramos como negativas y dejamos de mirarlas. Cada cual tiene su propio camino, así que sentirse confundido es una señal clara de donde estás ahora, ese es tu camino actual, quizás desagradable, quizás elijas un camino prestado porque te parezca más atractivo por momentos, pero al fin volverás al punto de partida (tu camino real, el último recodo que pisaste) que será siendo » la confusión». Transítala, uno no tiene porqué estar lúcido en todo momento. Eso es un cuento. La confusión está mal mirada, y nos obligan a no estar confundidos. No le debes claridad a nadie. Sigue caminando o párate, un descansito si quieres, pero no te salgas de tu confusión hasta que te hable, ten oidos para ella y olvida al resto, es una amiga que está ahí por algo. No le hagas un feo.
      abrazos.

      Me gusta

Deja un comentario