“Debe recordarse que cada campo de percepción constituye dentro de sus límites una prisión, y que el objetivo de todo trabajo de liberación es liberar la conciencia y expandir su campo de contactos”. (D.K.)
Creerse poseedor de cierta verdad o conocimiento es obviar que cada asalto a una nueva realidad entraña la entrada a una nueva cárcel conceptual. Técnica y humanamente vivimos en un mundo de prisioneros que intentan escapar de una reducida percepción hacia otra más amplia y poderosa.
Nuestra verdadera influencia en el mundo siempre es limitada, razón para pensar que nuestra mente carece de luz capaz de alimentar a más personas. ¿A cuantos somos capaces de alimentar con nuestra llamar interna? ¿A cuantos sedientos somos capaces de liberar de sus prisiones conceptuales?
Aquellos que tienen la capacidad de contemplar las formas geométricas de nuestros pensamientos y sentires ven como es soterrada sistemáticamente toda llama interior. Y eso que vulgarmente llamamos “llama de luz”, no es más que el alimento por el cual la evolución es posible.
Desde el más primitivo de los instintos animales hasta la más misteriosa orbe de astros en el cosmos están determinados por esa llama que pretende relacionarse con el otro. Y en esa relación estriba el poder y la autorrealización del individuo. La influencia que el astro Sol produce sobre nosotros es mucho más generosa y productiva que la influencia que ofrece un mosquito tigre en los valles de cualquier lugar. La responsabilidad individual de aspirar a ser un astro reluciente o un mosquito tigre determinará la voluntad que nos dirige, y con ello, el lugar de aprisionamiento en el que nos encontramos. De ahí que nuestros campos de percepción sean importantes para saber en qué lugar y momento de nuestro panóptico particular nos encontramos y en que dirección debemos dirigir nuestras fuerzas para ser positivas luces capaces de alimentar las virtudes y cualidades del ser emergente.
De ahí que nuestro campo de influencia sea una pista importante para determinar en qué momento del paralelo infinito nos encontramos. ¿A cuantos seres irradiamos con nuestra alegría, nuestra paz y nuestra serenidad a lo largo del día? ¿A cuantos somos capaces de rescatar de su aprisionamiento, no liberando su mente, sino simplemente señalando tímida y humildemente algún atisbo de luz y esperanza en el camino?
Del instinto pasamos al intelecto, del intelecto a la intuición y para algunos, el siguiente paso es conquistar la iluminación como primera puerta a un nuevo mundo de percepciones y riquezas. Así, tenemos por delante un largo y fascinante camino por recorrer como raza humana y como individuos ansiosos de los placeres de la sabiduría y la relación. Sirvamos pues en la liberación de los prisioneros y seamos los nuevos libertadores de la aspiración más pura.
(Extracto del capítulo doce de la segunda edición del libro «Creando Utopías»)

La realidades que percibimos a cada instante, son como pompas de jabón; sutiles, frágiles y sensibles a cualquier roce exterior… En cambió constante, nada es igual siempre, ni la percepción ni la sensación…Nuestra mutación es inevitable, así que lo que yo hago es adaptarme, evolucionando y viviendo conscientemente… (O por lo menos intentarlo!)
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