Ayer tuvimos un viaje tranquilo. Paramos en el MacDonalds que hay justo antes de entrar en Zaragoza. El perro Rasta se comió la hamburguesa con queso y yo las patatas gajo de luxe y el pan de la hamburguesa. El perro miró la hamburguesa con rareza y cierta cara de asco e incredulidad. Tardó un rato en meterle el primer bocado. Eso me extrañó y pensé en la clase de dieta que estos restaurantes ofrecen y de como la humanidad aún no es capaz de diferenciar entre alimento y sangre, tripas y carnaza descuartizada.
Llegué puntual a Lleida ya entrado en el equinoccio de otoño. Hubo alegría al retornar, cual hijo pródigo, a la gestión del misterio. El taller respiraba cierto aire renovado. Sonaron las marchas escocesas que yo mismo me encargué de alternar a la entrada del templo, en la columna armonía, junto con algunos pases de Mozart y de otras profundas melodías. Se encendieron las tres luces, las columnas radiaban templanza, el septentrión estaba reforzado, el mediodía cargado de buenas intenciones, el occidente observador y atento al compás del ritmo y el oriente iluminando con acritud todos los arquetipos y esplendores. La sesión fue emotiva, porque este tipo de rituales siempre te trasladan a un espacio-tiempo diferente, quizás a ese no-espacio y no-tiempo requerido para conectar con nuestra parte infinita.
Al terminar la tenida observé como los periódicos catalanes anunciaban sobre la mesa la nueva buena y en un ambiente festivo los hermanos clamaban la noticia como inminente, necesaria y posible. Al seguir el camino hacia Barcelona, observaba que muchos balcones estaban cargados de esteladas, banderas independentistas que pretendían denunciar el deseo expreso de un pueblo, o por lo menos, de parte del mismo. Lo que antes parecía el deseo de una minoría despierta, ahora se había convertido en la adormidera común.
Cuando llegué a casa me sentí extraño y confuso. Por un lado sentía una inmensa paz y alegría por volver a mi patria, entendiendo patria como ese sentir que nos traslada a nuestra infancia, y no como unidad política o cultural. Mi patria chica, mis recuerdos, mi infancia, extrañamente apuntalados por la política. La societat barrufeta, els guinyols, la castanyada, el día de la truita, la coral, l’esplai, els escoltes, l’excursió a Montserrat, la lluna i la pruna, les cançons populars i tambè les d’en Lluis Llach (el meu país es tant petit…), les bruixes, els bolets, l’espadenya blanca al peu, els castellets, la sardana… tantos y tantos recuerdos de mi patria querida…
Y por eso me siento secuestrado por una política perversa que ha manipulado el sentimiento de muchos, que ha pretendido confundir y relacionar franquismo con España, monarquía con españoles y crisis con estado español. Una política que ha camuflado sus intereses oligárquicos en nombre de la cultura, que ha sido capaz de escarbar en el sentimiento anti-español para sacar sus propios frutos. Es cierto que España es un país vergonzoso, corrupto y gobernado por una oligarquía política, económica y financiera. Pero igual ocurre en sus partes, y Cataluña no es una excepción. Y sin embargo, España es tan bella, tan increíble, sus gentes y sus culturas únicas, sus paisajes, su historia… España no es Franco, ni es la oligarquía de Madrid… ¿acaso nadie, ni siquiera los catalanes, podemos darnos cuenta de ello? Entonces, ¿por qué quererse separar de una novia tan bella?
Los que han tenido la experiencia mística de la Unidad saben que ese es el camino del progreso. La secesión no tiene sentido en el futuro. Por eso no entiendo del todo el argumento de España no, Europa sí. Tampoco entiendo lo del expolio en Cataluña cuando no se expolia a los territorios, sino a las personas. Y en todo caso, en baleares y la comunidad de Madrid, dos de las tres comunidades que más donan al Estado, nadie se queja de que son expoliados. Tampoco es cierto que exista un odio (manipulado por una oligarquía) de lo español a lo catalán y viceversa. Los catalanes sanos aman a España, a sus culturas y sus gentes. Y los españoles sanos, aman lo catalán, su cultura, su lengua, su belleza como país. Luego hay una minoría de ignorantes maleducados o malintencionados que manipulan hechos aislados para crear un sentimiento de odio de unos contra otros. Algo así ocurrió en la India independiente cuando de repente hindúes y musulmanes empezaron a matarse mutuamente sin saber como empezó todo.
Es evidente que muchos catalanes quieren cambios. Pero también muchos españoles. En un mundo quebrado como el nuestro, no encuentro argumentos suficientes para lo que está ocurriendo, excepto el de romper la baraja. Y si rompemos la baraja común, el individuo tendrá también derecho de solicitar su propia emancipación, de reclamar su libertad y de expresar su necesidad de no ser expoliado por ningún estado, ni viejo ni nuevo. También cada pueblo y comunidad tendrán derecho de reclamar todo esto una vez roto el juego. ¿Por qué no hacerlo? ¿Permitiría el nuevo estado catalán mi insumisión fiscal y cultural? ¿Permitiría que un grupo de personas nos uniéramos para solicitar la independencia de tal o cual pueblo, de tal o cual territorio? ¿Y acaso pensamos que la nueva oligarquía y el nuevo poder permitirían aquello por lo que ellos mismos reclamaron libertad?
Sólo llego a una conclusión clara con todo esto. No estamos mirando al futuro, al siglo XXII, sino que estamos retornando al pasado y a las conquistas nacionalistas del siglo XIX.
Otra cosa es evidente. No se puede ir contra la voluntad de un pueblo. Si un pueblo desea la independencia, hay que dársela y luego asumir las consecuencias. A largo plazo nada cambiará y todo seguirá igual. Yo seguiré volviendo a mi pequeña patria. Seguiremos pagando peajes en las autopistas catalanas, el jefe del gobierno catalán será uno de los políticos que más dinero cobren a base de nuestros impuestos y el metro seguirá siendo el más caro de la península ibérica.

Comparto tu sentir… últimamente me siento de ningún lado…Yo amo Cataluña, pero de igual modo que amo cada rinconcito de España, así como a cada lugar de este planeta.
No sé adonde vamos, pero me crea tremenda inquietud.
Si esto es evolucionar…
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Yo también comparto tu sentir, un abrazo
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Hermano Javier
agradezco tu reflexión equidistante de toda visceralidad. Comparto tu inquietud, tu desazón frente a una realidad que impele a sentimientos contrapuestos. Considero que hablar de nacionalismo nos retrotrae al siglo XIX, pero es que tal vez, este Estado nuestro aún no ha superado ese período. Al fin y al cabo somos un país primario, emocionalmente primario, cainita que durante el siglo XX fue capaz de generar una confrontación entre hermanos, y asi estamos.
Un TAF
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