Son casi las dos de la madrugada y no puedo dormir. Repaso una por una las cargas policiales, los heridos, el joven que ha quedado parapléjico de por vida y que podría haber sido yo mismo. Hay algo de rabia e indignación, pero sobre todo de incredulidad por no saber medir y calibrar lo que está pasando en España. Pero es algo parecido a esto:
Érase una vez una oligarquía política, económica y financiera que practica de forma endogámica el apoyo mutuo y la cooperación entre ellos.
Érase una vez gobiernos de «izquierdas» y de «derechas» cuyo objetivo es salvar y ayudar a la banca con nuestros impuestos y con los impuestos de los europeos.
Érase una vez que para conseguir esto el gobierno decide recortar derechos en educación, sanidad, etc. para poder financiar el negocio quebrado de la banca.
Érase una vez que dicha banca expulsa a los inquilinos que no podían pagar su casa porque el gobierno, con tanto recorte, había favorecido el paro y el desempleo generalizado.
Érase una vez que el pueblo, sin casa, sin trabajo y sin pan, salió a la calle para protestar.
Érase una vez que los egoístas y patéticos independentistas aprovechaban el momento no para protestar contra los gobiernos de turno, sino para reivindicar sus ansias eternas de no se sabe qué historia trasnochada de patrias y banderas.
Érase una vez el país al revés, donde ladrones gobiernan y donde viendo el chollo, otros ladrones desean gobernar con mensajes populistas.
Érase una vez un gobierno que toma el Congreso con policias mercenarios capaces de destruir la vida de cualquier joven.
Érase una vez un país invertebrado, quebrado y destruído en dignidad, moral y valores capaz de cualquier cosa sin saber de qué cosa sería capaz.
Érase una vez el miedo, la ignorancia y la barbarie cabalgando hacia el Apocalipsis…
