“Levanta tu cabeza, ¡oh Lanú!; ¿sobre ti ves una o innumerables luces, ardiendo en el oscuro cielo de la medianoche?” “Percibo una Llama, ¡oh Gurudeva!; veo incontables chispas brillando en ella, que no se desprenden”. (Doctrina Secreta I, 172)
Hoy me desperté a las seis de la mañana. A esa hora todo es oscuro y silencioso y solo se pueden contemplar las luminarias del cielo y aquellas que brillan tímidas en nuestro interior. Eso ayuda a la reflexión, al mirar adentro con calma y sopesar las cosas de la vida, sus fuerzas y acontecimientos, las entrañas del universo interior y los misterios del omniverso exterior. Esa es una buena forma de desarrollar la intuición, la llamada en la mitología antigua la mensajera de los dioses, por ser ella misma el nexo de unión entre la tierra y el cielo.
En esa observación atenta, hay una máxima que nos ayuda a comprender el necesario desarrollo de esa intuición: «todas las formas que nos rodean son un símbolo a través del cual se expresa una idea viviente». Y esa vida que nace y se expresa en el mundo de los arquetipos solo puede ser comprendida mediante el silencio, la calma y la prudencia.
El Silencio es necesario para poder escuchar la Palabra. La Palabra es llamada Palabra Perdida por los hijos de la luz. Perdida porque se perdió su significado, porque se enterró su arquetipo y porque se violó su ley. La Palabra es lo sustancial entre el Silencio y el Verbo creador. Dios es Verbo, decían los textos sagrados, y se manifiesta en nosotros a través de su mensaje (Palabra) y de su misericordia (Silencio). Es la compasión lo que crea la necesidad de compartir y expandir, por eso actúa desde el centro epistémico del Verbo.
A las seis de la mañana puedes reflexionar sobre estas cosas con cierta calma. Luego llega la luz del día, y sus ruidos, sus amonestaciones, sus injerencias, su violencia. Pero cuando antes de empezar la jornada piensas en estas cosas, hay un poder que te anima a continuar, a compartir la esencia de todas las cosas.
Quizás hoy emprenda un viaje. Un viaje hacia el Silencio, un viaje que me aproxime al mediodía de lo sempiterno para llenarme del gozo de la calma y la transmutación del parecer.

Pues eso 🙂
Abrazo
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