“Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar”


Supongo que la vida o la propia experiencia vital nos aporta esas dosis de química suficientes para sobrellevar las pesadas cargas del dia a dia. Puede costarte una vida entera construir piedra a piedra todo un mundo. Y puede costarte un solo segundo de infortunio el perderlo absolutamente todo. El problema es cuando te acostumbras a esa terrible dinámica de perdida constantes. Es una sensación de vacío, de pasividad, de desapego hacia todo y hacia todos. Las cosas dejan de tener valor y las personas sólo existen si son capaces de instalarse de forma profunda en el fluido líquido del Ahora. Es muy difícil de expresar esta sensación de provisionalidad ante la vida, de pura incerteza ante lo que ocurrirá en los próximos diez minutos. Cuando ves que todos los esfuerzos se desmoronan a cada sollozo o soplido cósmico, la desesperación de la que hablaban los existencialistas se vuelve casi insoportable.
Pero todo esto no es queja, sino reflexión. Decía un amigo que era un apestado de nuestro tiempo. Un cobarde por no saber afrontar la realidad y jugar siempre al escapismo cuando la misma se impone. ¿Cómo encajar a un ser extraňo en un mundo como este?
Una persona que nunca ha fumado ni bebido un ápice de alcohol, que no come carne y que le importa un pimiento el sexo, sin recordar la última vez que se masturbo por voluntad propia… ¿qué clase de vida le puede esperar en este mundo? Sólo una vida errante y marginal, una vida solitaria de incomprensión continua. Y eso me causa cierta tristeza. Una tristeza profunda por no saber abordar el mundo tal y como es y no saber afrontar con valentía sus exigencias. Porque las rarezas y las particularidades nunca vienen solas, y los extraños nunca son bien admitidos en las cortes oficiales de la normalidad. Siempre causan desconfianza y siempre provocan cierta intranquilidad en el orbe establecido.
Supongo que esto mismo nos ha pasado a todos en mayor o menor medida, y el resultado valorado como éxito o fracaso dependerá de nuestra valentía a la hora de ceder al mundo o revelarnos ante el mismo. Sea como sea, tenemos siempre ante nosotros esos poderosos diez minutos de oportunidad.

10 respuestas a «“Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar”»

  1. Que Dios me conceda serenidad para aceptar las cosas
    que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que
    sí puedo, y la sabiduría para aprender la diferencia.

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    1. Con franqueza, no entiendo que a un comentario tan limpio como éste, que enuncia una máxima -una plegaria- válida para todas las religiones y cualquier filosofía ética, se le dé un voto negativo.
      Agradecería mucho que el votante argumentase su decisión.
      Saludos para todos.

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  2. Javier, cómo puede quejarse alguien con un doctorado, que posee tres editoriales, que tiene una hermosa casa en la capital de España en la que recibir a sus amigos sin sentirse avergonzado, que se codea con la élite de nuestro país y parte del extranjero, y que además, es joven, guapo, inteligente, sano… y tiene una pareja muy bella y maravillosa (se deduce de lo que nos contaste de ella). Yo creo que eres un privilegiado, así que supongo que el artículo no se referirá a ti.

    Un abrazo.

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  3. Como te comprendo, durante toda mi vida me vienen sucediendo cosas parecidas a las que expresas.

    Creo que la solución a esos problemas, es rodearte y vivir con personas que practican el verdadero amor y fraternidad entre ellas.

    El mundo nuevo solo puede aparecer, cuando es creado a partir de esas pequeñas células comunitarias. Un individuo aislado y solo luchando con el mundo, puede muy poco.

    Un fuerte abrazo a todos.

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  4. Por eso es bueno expresarse. Esos otros que se sientan identificados se darán cuenta que no son los únicos en este mundo y lo escrito servirá para saber que no están solos.

    Mañana será otro día, otro día en el que brillará el Sol.

    Feliz semana a todos 😉

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  5. Yo he vivido esa situación durante catorce años y en efecto, esos «ires» y «venires» te van encajando en el aquí y en el ahora, porque no hay nada más. El pasado no está y el futuro no existe.

    El mundo quiere gente que le sea fiel a el….. Una raro, de esos que hablas, ha aprendido a no tener más fidelidad que a la de propia esencia y el mundo no conoce esa esencia; no se fia de ella, sin embargo es la propia esencia que los inunda a ellos y que es una en todos…¡fijate si es de fiar, que solo ella sabe lo que es mejor para cada cual!. Cuanto ganaría el mundo si se fiara de un individuo esencial, pero para hacer eso tendría que renunciar al ego.

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