Y toda oscuridad se alejará de ti


“La actividad de la mente no tiene limite, ella constituye nuestro entorno vital. Una mente impura se rodea de impureza y una mente pura se rodea de pureza; por ello, todo lo que nos rodea no tiene mayores limites que las actividades de la mente. Al igual que un cuadro creado por un artista, nuestro entorno es creado por la actividad de la mente”. (El Sutra del Diamante)

A todas las tradiciones iniciáticas han llegado desde el origen de los tiempos aspirantes al discipulado con deseos sinceros de trascender su vida y sus conocimientos. Fueron guiados por la fe, esa sustancia de las cosas que no se ven, hasta el propio portal de la iniciación. Iniciación no es otra cosa que nacer a otra realidad, a otra forma de ver y entender la vida. Eso crea en el discípulo aceptado una responsabilidad inquietante: la de ser transmisor. Transmisor de luz, de conocimiento, de belleza, de arte, de comprensión, de humanidad, de sabiduría, de ciencia, de saberes, de espiritualidad, de frescor, de esperanza, de fe y de amor.
Las primeras etapas sirven para conocer esos valores que le acercarán cada vez más a esa humilde y primera sabiduría. La consigna siempre es clara: no se puede transformar el mundo si antes no has transformado tu mundo. Esto es inquietante, y sin duda, una tarea ingente que dura vidas. Pero una vez madurado todo ese saber, puesto en práctica y experimentado en sus carnes, el siguiente paso es aún mucho más significativo.
De todo esto se habla en un interesante libro que vamos a editar próximamente titulado Arcano, una especie de compendio gnóstico muy bien argumentado y tejido por un científico cuyo trabajo en Japón le impide mostrar su verdadera identidad, lo que suma aún de más misterio sus letras.

(Nota: el título de estas letras está inspirado en La Tabla de la Esmeralda, texto con el que estamos trabajando en Nous).

2 respuestas a «Y toda oscuridad se alejará de ti»

Deja un comentario