Los Grandes Bienes


Isaiah Berlin fue un conocido politólogo y pensador letonio que dedicó parte de su vida a expresar ideas y compartirlas en revistas, diarios y pequeños ensayos que más tarde fueron recopilados para mostrar parte de su extensa obra. Muchos autores luego famosos empezaron sus primeros pasos en el mundo de la escritura apostando por pequeños artículos que publicaban aquí y allá, para luego dar el salto cualitativo y cuantitativo de las grandes obras. El pensamiento de una vida o de una época siempre han encontrado culto en esos pequeños retales que aparecen aquí y allá, conceptualizando un momento único e irrepetible.

Isaiah nos decía en “El fuste torcido de la humanidad” que algunos de los Grandes Bienes no podían cohabitar. Decía que estamos condenados a elegir, y que toda elección puede entrañar una pérdida irreparable. No se trata de que una u otra elección sea cobarde o falsa en contraposición de otra valiente y verdadera. La justicia y el devenir pueden ser valores absolutos dentro de un individuo que podrían chocar con valores quizás menos fundamentales para algunos como la piedad y la compasión. ¿Qué hacer entonces cuando hay un choque de este calibre en nuestro interior? Imaginémonos a un joven y entusiasta escritor con ganas de proveer su vida de sentido mediante el arte de la palabra escrita. De repente, como tantas veces ha ocurrido, se da de bruces con la realidad, y observa que su pasión puede ser constreñida por las circunstancias adversas. Y esto, en los tiempos que corren, sirve tanto para un camarero como para un agricultor. ¿Qué hacer cuando tu pasión te aleja tanto de la realidad en la que vivimos?

Kant nos advertía que nada recto puede salir de un fuste tan torcido y retorcido como lo es el ser humano. Sin embargo hay cosas que nos pueden maravillar con solo contemplarlas, y hacer de nuestras vidas un recto y sentido renglón expansivo.

A veces me preguntan porqué mezclo en estos escritos partes biográficas con pensamientos de toda índole, ya sean políticos, místicos o económicos. No se trata de ninguna rareza. La escritura nos ayuda a mostrar el sufrimiento de un hombre que también puede ser el sufrimiento de una época, especialmente cuando la vida que siempre hemos conocido es transformada por fuerzas que están más allá de nuestro control. Por eso no reparo un ápice en mostrar todo cuanto pasa a mi alrededor, que también es, a modo de un holograma universal, una pequeña muestra de lo que pasa en el mundo. Y al hacerlo podemos reflexionar y advertir de que nuestro fuste puede ser moldeado hacia un leño forjado hacia el recto devenir.

Os pondré un ejemplo tierno. Hace años viví en uno de los países más hermosos e increíbles que he conocido: Alemania. El pueblo alemán me entusiasmó en muchos sentidos. Sus gentes y su país, plagado de naturaleza viva y cambiante, creó en mí un sentimiento de profunda complicidad. Alguien que lee estas letras sabe de ese sentimiento, aún sin conocerme, sin haberme visto jamás antes. Pero tiene la delicadeza de enviarme por correo un trozo de su bosque germano. Entonces me doy cuenta de la grandeza del ser humano cuando capta la esencia de lo bello, de lo increíblemente necesario, de lo verdaderamente imprescindible. Ya no se trata entonces de ninguna elección que ponga en compromiso nuestras vidas o nuestros valores tal y como reflexionaba Isaiah, se trata simplemente del puro y bello disfrute del compartir. Y ahí no hay elección, solo agradecimiento y amor. Sólo grandes bienes que se manifiestan en pequeños detalles.

(Foto: Hojas y flores llegadas desde Alemania gracias a la complicidad y generosidad de nuestra querida T. Así que gracias de corazón por compartir tan increíble regalo).

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