Parece un anuncio de mal gusto, pero la cosa es muy seria. Sólo se puede convencer a un pueblo sobre su destino desde la emoción mesiánica y no desde la razón, porque la razón, que dejó de ser algo zoológica, explica las cosas desde la inteligencia, y no desde la oscuridad del paleolítico, y descubre que el humano (ya lo descubrió la biología hace algunos años) es idéntico en cultura, en identidad y en especie (por suerte se dejó de creer en razas). Por lo tanto, somos Una Humanidad, un Pueblo y una Cultura, la humana, con sus adaptaciones al medio, y por lo tanto, con sus peculiaridades, pero nadie es diferente a otro ante el marco de la inteligencia (en la política se le llama democracia), y nadie tiene un destino como pueblo, sino como ciudadano. Por lo tanto, no existe la voluntad de un pueblo como raza diferenciada, como etnia o cultura separada del resto, sino la voluntad de la ciudadanía libre.
Los mesiánicos lo saben bien. Tenemos el triste ejemplo de un Bush en USA, de un Gadafi o de un Hitler. ¿Cómo un pueblo culto como Alemania, por ir al ejemplo más extremo, iba a llevar a su país hasta la destrucción total? Pues lo hizo, y de forma democrática, votando libremente a su nuevo mesias. Y las circunstancias de aquel pueblo eran muy parecidas a las nuestras, con un caldo de cultivo perfecto para buscar cualquier chivo expiatorio y llevarlo al abismo. Tengo la convicción de que no llegaremos a tales extremos. Que la sensatez será más poderosa que la irracionalidad y que seremos capaces de entender que el espíritu de los tiempos es común a todos los pueblos y a todas las culturas, porque como especie, somos un pueblo y somos una cultura.
