Escuchando esta música me traslado a momentos necesarios, a pausas entre el alma y el vivir, a ese espíritu que todo lo penetra. Sencillo resulta dejarse arrastrar por las melodías que nacen de un venero de agua pura. Podría pasarme días enteros navegando en sus naves plagadas de sintonías imprescindibles, de calma, de silencios. En estos momentos de incertidumbre, la música de las estrellas inundan los momentos que requieren fortaleza y decisión. Momentos amables, momentos cálidos donde la voz interior reclama atención para dirigir los pasos con honradez y exactitud. Sin prisas, pero seguros de que todo cuanto llega es por alguna necesaria razón. Adelante pues con el corazón abierto, la voz abrasada por el silbido alentador y el alma sedienta, apretada a las luminarias que contemplan alegres la Obra. Cierra los ojos y déjate guiar…