Vida y Amor


vida y amor

«El artista apela a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración; a nuestra intuición del misterio que rodea la vida; a nuestro sentido de piedad, belleza y dolor; a la latente sensación de hermandad con todo lo creado, y a la sutil pero invencible fe en la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones, y enlaza estrechamente a toda la humanidad». (Joseph Conrad)

‎»La vida es preciosa como es. Todos los elementos para tu felicidad ya están aquí. 
No hay necesidad de correr, luchar, buscar o presionar. Sólo ser…» Thich Nhat Hanh

Ayer leía algo hermoso sobre la Vida. La pongo en mayúsculas para diferenciarla de la otra vida, la que se cuece en nuestras mentes y se derrumba ante la adversidad. Decía el autor que la Vida nunca desaparece, siempre está, se transforma, se muta, pasa de las ramas al suelo, de la hierba verde al dorado cabello de un león, del agua al viento y de allí a la tierra húmeda. La Vida “pasa” de unos a otros, pero nunca se destruye. La podemos compartir, admirar, sentir, intuir, amar… Siempre está ahí, y mientras tengamos capacidad para sentirla y observarla, veremos que la vida circula por nuestra sangre, por nuestro talento, pero también más allá de nosotros, en esa hormiga que atraviesa nuestra vista, en ese cantar mañanero de algún pájaro cansado del frío invierno, o en el replicar incesante de las piedras que crujen en las entrañas de la tierra… ¿alguien ha podido sentir esa Vida plena, extensa, Unida?

El Amor, y lo pongo en mayúsculas para diferenciarlo de ese amor minúsculo y estreñido, agarrotado y reducido a escombros emocionales, también se encuentra en todas partes. Es la amalgama que sostiene todas las cosas. Es la substancia invisible que atrae entre sí elementos que aparentemente están separados. Por eso la separación y los separatistas viven en una constante ilusión. No es posible separar todo aquello que está unido por el Amor y la Vida.

Y por eso resulta hermoso desnudarse ante esa vida que fluye y amar todo cuanto crece y se expande en ella. Amar en el amando constante, en la intención infinita, desde el secreto o desde la pasión, desde la increíble hoja de ruta de tener un ser a tu lado y poder ver la Vida y el Amor que alberga. Por eso resulta sencillo, desde esta perspectiva, vivir en un mundo amoroso, donde todo se estrecha y se reduce a formas vivientes, a momentos de cariño perpetuo.

Mirad la singularidad de nuestras parejas, de aquellas que fueron, son y serán. Están ahí, sonriendo, llorando, buceando en la existencia, capaces de respirar al únisono con todo aquello que respira en el universo. Están ahí, en cualquier parte, y podemos tocarlas, rozarlas suavemente con nuestro tacto, con nuestro sabor, con nuestro aliento. La vida es una especie de orgía constante, donde todo sucumbe en una danza imparable de amor y vida. Un deleite infinito del que podemos disfrutar con un poco de atención al otro que tenemos al lado, o al mismísimo cosmos que nos preña constantemente de Vida. Belleza, latente hermandad con todas las cosas y con todo lo creado. Esa es la sutil e invencible fe de los corazones sintientes. La evidencia de que vivimos en una infinita sinfonía.

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