Estoy viajando de nuevo hacia el norte para entregar cien libros del increíble «Sirviendo a la Humanidad». Será el regalo que la logia masónica de Lleida ofrecerá a sus invitados en la tenida blanca que harán para celebrar la entrada del solsticio de invierno.
Aprovecho el viaje para quedar con una artista de los pies a la cabeza. La preciosa y sensible poeta y escritora Grela Bravo está trabajando sobre un libro que pronto editaremos en Séneca. Mañana hablaremos en la comida sobre el libro y el dolor, el dolor del poeta, del sufriente y sensible ser desesperado ante la incomprensión que sufre cuando describe esos mundos sutiles que solo los de su raza pueden comprender.
Y ese dolor siempre nace de la soledad de no poder compartir esos vuelos que atraviesa por mundos imposibles.
Pensaba en este largo y solitario viaje por nuestra piel de toro en esas cosas, pero también en los incondicionales, en aquellos que siempre están ahí a la vuelta de tus idas y venidas por la vasta experiencia de la vida. Y lo hacia con profundo agradecimiento y con profunda nostalgia. Mis amigos mas íntimos siempre me preguntan: «¿encontraste ya a la que sabe volar?»
Y la respuesta, una y otra vez, siempre se repite. Resulta difícil volar hacia la sensibilidad de esos otros mundos plagados de misterios y poesía y encontrar al mismo tiempo a alguien que desee acompañarte… Quizás los poetas han nacido para estar solos, y por eso hacen de ese dolor y soledad la fuente de su empuje. Sea como sea, con o sin dolor, estoy feliz porque la vida sigue con todas sus consecuencias y con esos amigos y amigas incondicionales.
(Foto: Oscar, el incondicional senequista, amigo y buena gente, leyendo un texto antiguo antes de la presentación. Esos rituales de la cultura, y sus fieles constructores…)

Pues nada…incondicionalmente, seguimos 🙂
Abrazo fuerte
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