Misa del Gallo


la foto

 

Sorpresa ante el lleno total, aunque la mitad del personal parroquiano fueran filipinos y la otra mitad de casi todas partes. Es lo bonito de las ciudades grandes, puedes encontrar a discípulos y aldeanos de cualquier parte del mundo. Así que el incienso y el sabor a comunidad ha quedado patentado en los labios de los que allí estaban. Eché a faltar el convite final que hacíamos en la parroquia de mi barrio, donde después de misa era tradicional que los parroquianos nos reuniéramos alrededor de una mesa para compartir algunos parabienes. También la música alegre y festiva que en aquella parroquia de barrio alegraba los corazones. Pero no todas las parroquias son iguales, aunque el ritual católico, excesivamente triste en algunos lugares para mi gusto, siga sobreviviendo dos mil años después. En fin, el niño Dios ya ha nacido y ahora hay que descansar. Mañana, los pastorcillos deberán seguir con sus labores, y el nuevo día traerá nuevas y profundas oportunidades…

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