Las calles de Madrid estaban repletas de vida. No cabía un solo alfiler de apatía, de malestar, de angustia. Sólo se podía fluir con esa corriente infinita, dejarse preñar por tanto entusiasmo, besar con la mirada cada rostro, acariciar con un guiño cada labio, cada gesto, querer ser uno con toda esa corriente de seres sintientes, alegres, frágiles. Podías cerrar los ojos y respirar el mismo aire que los cientos de pulmones que mecían con su aliento ese instante. Podías sentir los miles de corazones que retumbaban al unísono en esa música humana, invisible, pero real. Podías elevar la mirada por encima de todos esos rostros y de repente verte flotando, engullendo cada pensamientos, cada sentir, cada preocupación y despreocupación, cada apretón de mano, cada lágrima contenida. Podías volar por encima de sus emociones y sentirlas todas una a una.
Había una música que salía de toda esa amalgama de vida, una belleza indescriptible, un susurro quebrantable solo por el vuelo mágico. Era tiempo de vivir, era tiempo de sentir, era tiempo de recorrer cada átomo porque sólo había ese tiempo, ese instante. Sólo tenemos este instante y sólo podemos fluir libremente en sus entrañas para disfrutar del mismo. Fluir con lo que Es. Porque no hay más que esto que ahora ves, sientes, piensas, haces. No hay más que este espacio que te arropa y este tiempo que te mece impasible. Mirar alrededor y ser como esa calle de Madrid. Un reguero de Vida. Un reguero de instante. Una corriente infinita de amor, que es la fuerza que todo lo atrae y todo lo expande.

Para ser felices, y experimentar la vida como lo que Es.
http://hermandadblanca.org/2012/12/29/diecisiete-pasos-para-ser-mas-felices-que-dios-por-nealse-walsh/
Me gustaMe gusta
Pero qué preciosidad lo que has escrito…
Me gustaMe gusta
Ojú!!! estas «sembrao»…
Un beso + una carga de energía positiva…
Me gustaMe gusta