En la primera cena en el “zulito” éramos tres, Carlitos, Le Petit Editor y un servidor. De menú, unos modestos espaguetis con cebolla, champiñones, algo de pimienta, sal, orégano y crema de nata. Mientras cenábamos veíamos la película “24 Hour Party People”. Disfrutábamos con los paralelismos de la película con nuestra loca historia personal, cambiando la discográfica Factory Records por la editora senequista que tantas historias y anécdotas nos ha ofrecido en estos locos años.
La mañana sirvió para hacer esas cosas de la efímera existencia como colocar los últimos libros en las estanterías y limpiar lo que queda aún por ordenar. Dimos un paseo por la castiza Madrid y terminamos en una gran librería comprando libros. Ese ha sido mi regalo de Navidad, dos libros de Umberto Eco, “El péndulo de Foucault” y “El nombre de la rosa”, libros que tengo enterrados en algún lugar de mi perdida biblioteca y que he querido recuperar para releer en estos días de fiesta.
Tras la cena, hemos dado un paseo por Malasaña, hemos entrado en un bar de copas y nos hemos pedido un colacao caliente, por eso de dar espectáculo. Hablábamos de cómo se ve la vida a nuestros cuarenta años. Y es complicado hacer ningún balance, ya no sobre el pasado o el presente, sino ante el reto de afrontar el futuro incierto. No tenemos miedo, claro que no, sí inquietud. Así que nos lanzamos al vacío de la inquietud y la incertidumbre a la espera de ver qué nos depara el destino. Algo es evidente: debemos afrontar nuestra parte en el trabajo colectivo y fomentar la noble promesa de la generosidad.
