«La persona que no esté en paz consigo misma, estará en guerra con el mundo entero«. (Gandhi)
Acabo de ver un video publicitario de un nuevo partido, el Partido X. No está mal. Su mensaje es claro: hay que reiniciar el sistema. Tampoco está mal. Lo que está mal, y esto es evidente, es el propio sistema. No vamos a dar datos sobre lo que ocurre porque lo vemos todos los días. Nos hemos vuelto expertos en girar la cabeza hacia otra parte sin hacer ni decir absolutamente nada ante lo que ocurre. Me asombraba hoy el pasear tranquilamente por Madrid y no escuchar ni un solo comentario sobre el hombre que se ha quemado a lo bonzo en Málaga. A nadie le interesa, había que ir a comprar regalos porque llegan los reyes magos. Ese es el Sistema, nosotros somos el Sistema, y somos nosotros los que debemos reiniciarnos.
¿Cómo hacerlo? Es una cuestión difícil, muy difícil. Vivimos en un mundo excesivamente cómodo a pesar de sus aparentes contradicciones. Y nadie quiere renunciar a esas comodidades. Quizás el mensaje esté mal explicado, porque realmente no se trata de volver a las cavernas, ni de renunciar a las cosas buenas que hemos creado entre todos, sino más bien, de mejorarlas y eliminar de cuajo aquellas que no funcionan. La partidocracia, la contaminación, el ruido, el hambre, los desahucios, las guerras… ¿Por donde empezar? Por nosotros mismos, por cada uno de nosotros mismos, sin excepción. Y debe ser como una especie de mecha comunicante, contagiosa. Yo te toco, te transmito valores y actitudes diferentes con mi ejemplo, con mi trabajo, y tú te transformas. Tú me tocas, me transmites valores diferentes con tu ejemplo y tu trabajo y yo me transformo. Así funciona el cambio, por contagio.
Así que tenemos mucho trabajo por delante para contagiar a toda la humanidad sobre la posibilidad de un mundo nuevo, mejor, más positivo, más en calma, más en paz, más saludable. No se trata de inculcar creencias ni dispositivos de alarma en la psique humana. Tan solo se trata de contagiar entusiasmo, amor, vida. Con esos tres ingredientes será suficiente para que todo cambie y se transforme en pocas décadas. No tengamos prisa, pero trabajemos afanosamente en esa meta. En los pequeños gestos diarios, como cuando vas caminando y ves que alguien tira una lata a la calle y tu te acercas a la lata y la recoges. Seguro que alguien te ha visto y seguro que al día siguiente ese gesto se repite. Pequeñas cosas, grandes cambios. Contagiémonos.

Asi se hara, con pequeñas acciones, tocando, y sintonizando, esa nueva onda de Amor y Vida.
Me gustaMe gusta