Bailando con lobos


lobos

Vocatus atque non vocatus Deus aderit

E. y su hermana X. han venido a pasar unos días al zulito. Son lobos esteparios. Cada uno a su manera. Nos conocemos desde hace casi treinta años. Toda una vida. Hemos pasado los dos primeros días compartiéndolos con C., también un amigo de la infancia que vive en Madrid. También otro lobo estepario. Los tres, los cuatro, lobos de estepa, de la gran estepa. El cariño sentido se traduce en abrazos, en recuerdos, en contacto, en compartir toda una vida, o un momento.

La amistad que ha sobrevivido a tantos y tantos avatares, cosas buenas, cosas menos buenas, momentos difíciles, momentos únicos, dice mucho de estas personas buenas, únicas, hermosas. Las miro y sé que las amo, y sé que aman. Existe una hermandad, una protección mágica que dura y perdura, incapaz de extinguirse. Una llama perpetua, un lazo místico que nos une en aventuras y desventuras. Estoy agradecido por este regalo de los dioses. Es la muestra palpable de que el amor es capaz de vencer en toda incertidumbre.

Una respuesta a «»

Deja un comentario