¿Qué ocurriría ante un gran apagón?


Una de nuestras primeras y rudimentarias instalaciones solares

 

Hoy tuve que ir al pueblo a cargar el ordenador. Desde que llegó el otoño y bajó el sol y llegaron las lluvias y las nubes y todo tomó un cariz gris, empezamos a tener problemas con las placas solares y el suministro de electricidad. A pesar de que habíamos aumentado la capacidad este verano, no ha sido suficiente. Llevaba tiempo observando la trayectoria del sol. Als estar rodeados de árboles sin mucho margen para colocar las placas, buscaba claros donde el sol incida directamente. El único lugar era el prado, pero estaba demasiado lejos de la casa.

Busqué por foros y pregunté a unos y a otros y me desaconsejaron alejar las placas de las baterías. Había la opción de comprar un cable lo suficientemente grueso para que llegara algo de electricidad al inversor y de ahí a las baterías. Compramos los cables y estos días desplazamos, entre lluvia y barro, las pesadas placas solares hasta el prado. Hicimos la conexión pero no funcionó, era demasiada distancia para tan pocas placas. La única solución que se me nos ocurrió es pensar en la manera de sacar las pesadas baterías de la casa y trasladarlas hasta las placas. Hemos comprado una caseta de jardín para instalarlas allí dentro y ver si con esta solución podemos tener algo de luz. Mientras llega la caseta y hacemos todo el traslado estaré unos días sin electricidad, y trabajando precariamente, como aquel que dice, cuando se pueda.

Claro que mi precariedad no tiene nada que ver con otro tipo de precariedades. Para nada me gustaría estar en una mina sacando carbón, o en el mundo fabril trabajando a destajo, o en la obra, aunque aquí no pare de trabajar, más por gusto que por obligación, en ese mundo de la construcción. Ni tampoco en una oficina cerrada con vistas a una pantalla durante horas y horas. No puedo quejarme de precariedad, aunque no tenga por unos días electricidad y todo funcione a medias. De hecho, los primeros años no teníamos, y trabajaba en las cafeterías del pueblo o recargando el ordenador y el móvil en las baterías del coche híbrido.

Así que estos días es como recordar viejos tiempos, y también sirven para cuestionarnos qué ocurriría si de repente hubiera un gran apagón. Si algún día cae internet o la electricidad todo se vendrá abajo. Al menos todo lo que viva de la mano del mundo digital. Mis vecinos, que aún viven en el mundo analógico, no echarían en falta muchas cosas. Su trabajo con las vacas, los prados y la huerta no requiere una gran sofisticación. Mi caso es todo lo contrario.

Editar libros requiere de programas complejos que se desarrollan en potentes ordenadores que requieren electricidad e internet para poder funcionar. Quizás por eso, inconscientemente, haya aprendido las técnicas más elementales del mundo de la construcción y ahora sienta mucho interés por la huerta y sus misterios. Cuando resuelva el asunto de las placas intentaré esforzarme un poco más en la supervivencia natural. Tal y como está todo, quizás sea necesario aprender a sobrevivir en el campo, aprender las artes del cultivo y rezar para que salga alimento abundante.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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