¿Existe una Jerarquía invisible?


“Dios habla desde su elevado Cielo. Se produce un cambio. Oigo con atento oído y, escuchando, vuelvo la cabeza. Aquello que se visualiza y aunque visualizado no lo puedo alcanzar, está más cerca de mi corazón. Los antiguos anhelos retornan nuevamente y, sin embargo, se extinguen. Las viejas cadenas se rompen con estruendo. Me precipito hacia adelante”. Antiguo canto atlante

Supongamos, por decir algo, que hace 18 millones de años llegaron a nuestro planeta unos seres altamente evolucionados con la idea de desplegar en la Tierra no solo el aspecto vida de la creación, sino también el aspecto emocional, la inteligencia y la autoconsciencia. Supongamos además que hubo una gran evolución de las formas, y que una de ellas, nosotros, formamos parte de la quintaesencia de un plan o propósito que se fue desenvolviendo poco a poco. Imaginemos que esa evolución tuvo una antes y un después cuando, por mediación y/o manipulación, se insertó en nosotros el aspecto mente, esa sustancia que nos diferencia del resto de las criaturas. Fue justamente ese el momento en el que todos los relatos míticos coinciden. Hablan de la intervención de los “dioses” para que el homo-animal que en ese momento éramos, empezara a convertirse en ser humano completo, con mente, y por lo tanto, con alma individualizada.

Supongamos que existió un movimiento de divulgación de cierta Doctrina Secreta que empezó, como decíamos, hace dieciocho millones de años. Que de aquellos divulgadores iniciales, al menos cuatro de los originales permanecieran aún entre nosotros. Que en ese plan de ejecución hubiera una Jerarquía secreta, cuya tarea, impulsora y controladora de la especie humana, estuviera en manos de tres grupos de seres. Que esos seres fueran aquellos de nuestra humanidad terrestre que se han capacitado para ser útiles en ese impulso creador. Acompañados además de ciertas existencias que han venido de otros esquemas planetarios a nuestro esquema terráqueo y de un gran número de seres de evolución superhumana que nos apoyan diligentemente en nuestro progreso.

La implantación de la “chispa de la mente” está descrita en muchos mitos fundacionales, y en casi todas las culturas existentes. La interacción de los denominados muchas veces de forma infantil como “dioses”, ha sido expresada en muchos relatos  repetitivamente. En nuestra tradición occidental, el más conocido aparece en el Génesis, cuando se describe aquel hecho en el que los hijos de los dioses (los elohims), se enamoraron de las hijas de los hombres. Como digo, esta intervención aparece en todos los relatos religiosos, mitológicos y en diferentes creencias de todo tipo.

Dicho esto, que no son más que conjeturas imaginativas, podríamos seguir con el relato imaginando más cosas. Es evidente, o aparentemente evidente, que dicha Jerarquía creadora de la vida en la Tierra no tiene una manifestación física. Según algunas tradiciones orientales, su vida se desarrolla en los planos invisibles, más concretamente en el plano etérico que envuelve a la forma, y más concretamente aún, en un lugar que algunas tradiciones dan por llamar Shamballa.

Pero, si todo esto fuera cierto y no una hipótesis idealizada, ¿cómo prosigue el plan de vida y consciencia en nuestro planeta? Quiero decir, ¿a qué se dedica ahora, una vez implantada y profundamente estimulada la chispa de la mente, dicha Jerarquía? Dice la tradición que para estimular el crecimiento mental, y más tarde, espiritual del ser humano, se originaron a lo largo de todo el planeta diferentes escuelas ocultas derivadas todas ellas del primigenio templo de Ibez.

Dichas escuelas se han mantenido a lo largo de la tradición y la historia humana con la idea de implantar, de nuevo, la consciencia ya no solo de la chispa mental, sino de la chispa espiritual. Esta sería la tarea para los siguientes miles de años. Es decir, dotar al ser humano de la suficiente sensibilidad para que pueda ver el espectro verdadero de toda la creación, y no tan solo su aspecto físico-material. Dicho de otra manera, empujar al ser humano hacia los misterios que revelarían la verdadera naturaleza de toda la creación, mediante la estimulación continuada de la intuición y la razón pura bajo la base, ya trabajada, de la sustancia mental o chitta y la mente abstracta ya desarrolladas.

Otra pregunta que al curioso podría surgirle sería: si todo esto fuera cierto y no solo un mito o una creencia antigua, ¿sería posible contactar con dicha Jerarquía? El razonamiento indica que dicha pregunta ya es una forma de contacto y que, seguida de una estimulante imaginación, un oportuno discernimiento y una necesidad de indagación, podría, de alguna manera, no solo contactar con dicha Jerarquía sino empezar a formar parte de la misma, estimulando, con ello, no solo la mente y la consciencia humana, también la intuición que debe llevarnos hasta una visión mayor de todas las cosas. Esa parece ser la Gran Obra de la que nos habla la tradición, aún inacabada y aún a expensas de que aprendices, compañeros y maestros emprendan la labor de construcción apropiada, con cierto poder para influir, inducir, mantener y guiar a otros hacia al alcance de nuestro verdadero propósito humano. Mientras eso ocurre, recordemos aquel viejo canto: “A mi alrededor se mueven los cielos, y las estrellas giran en sus órbitas”…

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