Hacia la tercera guerra mental


El banquete de bodas de Cupido y Psique (1517) de Rafael y su taller, de la Loggia di Psiche, Villa Farnesina Cupido y Psique.

 

Es cierto: vivimos un tiempo extraño. Pero solo extraño, sin muchos más agregados. Recordemos la vida de nuestros abuelos, mecidos entre guerras mundiales, hambrunas, pestes y todo tipo de calamidades en un tiempo donde no había ningún tipo de artilugio que pudiera ayudar en el devenir diario, excepto la pobreza y el hambre. El siglo pasado fue un siglo de pesadilla. Y este siglo está siendo extraño, como digo.

Resulta que ni en Europa ni en América hay guerras. Este es un buen dato porque podría inspirar a las próximas generaciones y países en general que el conflicto armado es algo del pasado. En los países llamados de Occidente, tampoco hay hambrunas. Nos ha sorprendido esta pandemia, y posiblemente vendrán más pandemias y quizás la guerra futura tenga que ver más con los virus que con la metralla, pero aún a pesar de perderlo todo, no se pasa hambre.

Lo que sí hay y habrá es una guerra encubierta que se realiza en los recovecos de la mente. Una guerra ya no física o material, sino mental. Una guerra sutil que tendrá que ver con el control, el aturdimiento de la masa y su entretenimiento sistemático. El experimento de estos meses, a nivel sociológico, está teniendo cierto éxito. Nunca jamás en la historia se había tenido a casi toda la población mundial encerrada y recluida en sus casas. Lo que pasó en la primavera, seguramente verá su réplica en otoño o invierno. Seremos de nuevo encerrados, dinamitando con ello décadas de conquistas de libertades, pero sobre todo, amasando la docilidad social y grupal. El miedo y la docilidad será el arma de esta guerra mental.

Lo que está pasando en USA, con una población armándose y totalmente polarizada da mucho que pensar. Quizás estamos asistiendo al declive del Estado-Nación, cuyo representante más moderno son los propios Estados Unidos. Habrá y debe haber una quiebra del Estado tal y como ahora lo conocemos. Un Estado que no se aleja mucho a los reinos medievales donde una minoría gobernaba y se mantenía en el poder a base de impuestos que cada vez ahogaban más a las economías domésticas. Un Estado inasumible, insoportable, excesivamente recaudador y excesivamente anacrónico en muchas cosas (ejército, ritos patrios, culto a la nacionalidad, educación uniformada, sanidad deficiente, tecnológicamente primitivo, con exceso de duplicidades y cientos de organismos inútiles, endogámico, controlador, obsoleto y expropiador de todo aquello que pueda expropiar). Un Estado primitivo que debe expirar para dar paso a otro modelo moderno y eficaz.

Pero más allá del declive de un modelo aún excesivamente anclado en el pasado más reciente, quizás estamos asistiendo al nacimiento de una nueva idea que será germen y semilla del futuro. Una idea que se debate entre la sutil armonía de la libertad individual, la caída de las fronteras, la emancipación del individuo vs el Estado-nación, la internalización de las cosas, las ideas y los medios y el avance irremediable de la tecnología, especialmente en dos campos que revolucionarán las próximas décadas: la robótica y la Inteligencia Artificial.

Por eso, en los próximos años, la guerra será mental. Será entre un viejo orden que hace aguas, a pesar de sus conquistas materiales tan admirables, y un nuevo orden que deberá adaptarse a los retos del nuevo siglo. Retos ecológicos, retos tecnológicos y retos emancipadores. De ahí que el ser humano deberá ser hábil y resuelto en el plano mental. Más allá de la lucha emocional en la que ahora se encuentra, muchas veces dirigida por la visceralidad y la necesidad, el nuevo ser humano deberá desarrollar su capacidad crítica, su emancipación de las ideas, su libertad en cuanto al concepto de patria o nación, de costumbre y tradición, de búsqueda de la felicidad mediante mecanismos de consumo y ficción, normalmente producidas por la virtualidad de nuestras vidas.

Por eso lo que viene no será una guerra entre ideas, sino sobre las ideas. Es decir, una guerra que se debatirá entre el amor (eros), la lucidez (psique) y el pensamiento libre contra la oscuridad de la sinrazón. Solo aquellos que sean capaces, ya sea individualmente o en grupos, de emanciparse y ser libre pensadores, podrán adaptarse al nuevo mundo que viene, aquel que Fourier llamaba un mundo amoroso. Un mundo que celebrará las bodas entre Eros y Psique. Solo ellos vencerán en la tercera guerra mental.

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