Litha, un momento para quemarlo todo



Dice la tradición que algunas enseñanzas secretas sobrevivieron al gran diluvio. Algunos tuvieron la responsabilidad de mantener y conservar el Arca de la Antigua Sabiduría a través de todos los ciclos y todas las mareas del tiempo. Esos servidores de la humanidad, llamados por los sufíes el “círculo interno de la humanidad”, enseñaban que toda la sabiduría es una sustancia que se puede recolectar y almacenar como la miel. Un fuego secreto de los dioses capaz de sobrevivir en el tiempo. El conocimiento de la ley del siete y la doctrina del mantenimiento recíproco son siempre conservadas por aquellos que leen y portan la antorcha de la luz que impera en los mundos tenebrosos y oscuros.

Según relata la tradición órfico-pitagórica, una vez es liberada el alma por la muerte, asciende y entra al cielo por la Puerta o Solsticio de Cáncer, desde donde desciende a sufrir una nueva encarnación en el mundo de las formas.

En las tradiciones paganas, Litha, la noche más corta del año, es precedida por el sabbat conocido como Beltane. Es un momento donde la trayectoria del Sol, vista desde nuestra perspectiva, se detiene antes de invertir su dirección. A lo largo de toda la historia humana, las escuelas de misterios y los mitos enseñaban sobre los ciclos vitales de la vida. Ciclos de nacimiento, vida, muerte y resurrección, ejemplarizando lo que ocurre en toda la naturaleza, primero desde nuestro infantil temor, y más tarde desde la exploración consciente más audaz hacia la luz de la sabiduría. Es la luz, el calor y el fuego lo que resalta todo rito como símbolo de nuestra vida interior, de nuestra alma, de nuestro verdadero rostro ante la realidad confusa.

En la tierra que me vio nacer, esta noche de verbena, la de San Juan, es quizás una de las noches más importantes del año. También lo es para esa otra tierra simbólica en la que nací dos veces, siendo el solsticio de San Juan un punto de referencia, llamándose incluso ellos discípulos directos de San Juan, aquellos que trabajan en las logias de San Juan. Es decir, aquellos que trabajan en la luz, para con ello ahuyentar las tinieblas.

Lo importante de esta noche, que casi suele coincidir normalmente con el solsticio de verano, la noche más corta del año, es que es un tiempo para quemar en la hoguera de la purificación todo lo añejo, todo lo antiguo, todo lo que ya no vale o ya no nos pertenece. Es llevar hacia la luz purificadora todo aquello que con el tiempo se ha vuelto oscuridad.

Esta noche he sido invitado a un sarao para celebrar la noche con unas meigas muy especiales. Además de celebrar la adquisición de una finca que servirá de punto de luz en esta tierra celta, danzaremos alrededor del fuego para purificar nuestras almas y para resaltar lo importante de volver a empezar.

Las fiestas del fuego siempre son purificadoras y protectoras. Las hogueras que se encienden, simbolizando la bóveda celeste y una llamada de atención a los dioses para que protejan las cosechas, son también momentos para quemar aquello que ya no sirve, aquello que hay que abandonar y enterrar, para que de sus cenizas retoñe lo nuevo. Encender hogueras es dar fuerza al sol para que, en su declive, en ese menguar hasta el próximo solsticio, nunca se apague. Simbólicamente ocurre lo mismo con nuestro sol interior, con nuestra alma, con nuestra consciencia. Dotar de fuerza a la misma para que en el devenir de los días y las pruebas que surjan a partir de ahora, sean asumibles y exitosas. Quemar la mentira, en resumen, para que surja lo verdadero.

Esta primavera ha sido una de las más hermosas, al mismo tiempo que una de las más duras y difíciles que recuerdo en mucho tiempo. Por eso hoy es un día muy especial. Un día para dar gracias por todo lo aprendido, por todo lo sembrado y recolectado, por todo lo compartido y soñado. Y un día para quemar aquello que debe volar hacia otro destino, hacia otro merecido lugar.

Nunca como en estos meses había estado tan cerca de la última Thule, como la describía nuestro Séneca. Nunca había estado tan cerca de cumplir con los últimos sueños, un sueño individual pero también grupal. Nunca, en tanto tiempo, el amor se había abierto de forma tan clara y sincera hacia el camino de la vida y la consciencia.

La fórmula geométrica y mágica (1+1=8/9) que tanto poder e influencia ha ejercido en mi en estos meses debe quemarse en los anales del no tiempo. Romper con el hechizo, romper con el sueño, con la fantasía, para empezar de nuevo, esta vez más atento, más consciente, más despierto, desde lo Real, que diría Gurdjieff, porque la vida es real cuando yo soy. Sí, quemarlo todo, y quemarlo bien, para volver a empezar, y ser, en esencia, lo que somos.

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