El cielo se derrumbó sobre la tierra de forma inconmensurable


«Se derrumbó el complejo cielo verdoso, / en desaforado abatimiento de agua y de sombra» (Borges)

La inconmensurable vitalidad disfrazada de endebles formas, que decía aquel. Al menos eso pienso, tras el agotamiento vital, existencial y humano de estos días. Resumiendo mucho, se puede decir que pasamos de tres latidos, felices y completos, a dos. Uno de ellos se apagó a los dos meses de vida, y eso nos quebró por completo. Era el quinto en menos de un año, y todo se derrumbó de nuevo. Especialmente el complejo cielo verdoso, en desaforado abatimiento de agua y sombra.

Todo empezó justamente aquí, donde estoy ahora, en el balneario. Vine a enseñárselo a unos posibles compradores y volví con la buena noticia. Pero esa alegría momentánea y fugaz por cerrar un ciclo largo, una década prodigiosa, terminó en la cama de un frío hospital donde tuvimos que pasar dos largos y eternos días para vaciar aquello que hasta hace poco latía con vida y esperanza.

Übermensch, ese superhombre que en la filosofía de Nietzsche aparece como una persona que ha alcanzado un estado de madurez espiritual y moral superior al que considera el del ser humano común, se esfumó y desapareció de repente. En ese instante en que parece que alzas la vida inclusive sobre el más allá, la vida te aplasta inexorable. Todo se distorsiona, todo se derrumba, y quedan pocos huecos donde agarrarse ante ese significante que acoge lo inevitable. La tabla de naufrago se alza insuficiente ante un océano gris y enfurecido.

No quiso la tierra acoger ese nuevo fruto, convirtiéndose en hijo de lo efímero, sumiéndose en lo etéreo de una forma excesivamente dura. Por eso el superhombre se arrodilla ante su condicionamiento gregario, aceptando que quiso ser algo más, sin llegar a serlo. O eso decía un filósofo que entendía, más allá de Nietzsche, toda la simpleza de ser excesivamente humanos.

Hay mucho dolor acumulado, mucho nuevo desapego. Este año parece ser que toca perder para luego ganar. Así nos enfrentamos a la vida, con esperanza, porque nunca se sabe cuánto puede resistir alguien deseoso de vida. Aunque me duele especialmente por ella, que ha sentido la vida dentro, pero también muy dentro el desgarro de perderlo. No puedo ni imaginar lo que eso significa, porque aún estando fuera, como observador, os aseguro que duele, imaginad sentir la desgarrada muerte dentro de uno. Es como si el cielo se derrumbara sobre la tierra de forma inconmensurable.

Y aquí, en mis últimas noches en este balneario, mientras recojo mis cientos de libros y mis últimos anhelos, practicando de nuevo el desapego atroz, siento en la distancia como duele el corazón, como caen las lágrimas, como la vida, con sus cosas, requiere enfrentar con fortaleza y valor, con amor y esperanza. No nos queda otra, seguir así, en lo bueno y en lo malo, como si la vida fuera un día cielo, y otro infierno, sin más.

Oferta black friday en coche en venta


MITSUBISHI OUTLANDER PHEV ETIQUETA CERO: 15.900 EUROS

TOYOTA PRIUS ETIQUETA ECO: 1.900 EUROS

Hola a todos,

tenemos tres coches en la familia y creemos que con uno tenemos más que suficiente, especialmente ahora que vivimos en un entorno familiar y tranquilo. El Mitsubishi que vendemos lo compramos cuando vivíamos en la montaña, un lugar donde a veces nos quedábamos aislados con la nieve y este potente coche 4×4 nos sacaba de cualquier apuro. Tiene 158.000 km, es del año 2016 y está completamente equipado. Es de los mejores coches con sistema híbrido enchufable que existen actualmente y ha sido un top ventas en toda Europa.

El otro coche es nuestro querido Prius, toda una leyenda para los que habéis seguido este blog desde el principio. Entrañable amigo de aventuras, ha llegado el momento de desapegarme del cariño que le tengo y darle una segunda oportunidad. Lo vendemos por 1.900 euros (aún recuerdo cuando los navegadores costaban tres mil euros como extra en este coche).

En fin, toca desapegarse de algunas cosas materiales para construir cosas nuevas.

Si alguien está interesado en alguno de los coches, por favor, poneros en contacto conmigo en este mail: legosum@gmail.com

un abrazo a todos…

 

 

 

 

Black Friday Editorial Séneca/Nous/Dharana 2023


 

Estimados amigos,

un año más os animamos a apoyar la labor editorial con estas ofertas. Son pequeños gestos que a nosotros nos ayudan a continuar editando nuestros libros, libros que desean ser puntos de luz, inspiración y aliento.

Como sabéis, nuestros sellos editoriales no tienen un perfil comercial, pero necesitamos de las ventas para poder editar aquellos libros imprescindibles que de otra manera, quedarían marginados o ausentes.

Este año, a diferencia del anterior, podréis elegir los libros de nuestros tres sellos editoriales, y de paso, os invitamos a que conozcáis nuestras nuevas webs:

http://www.editorialseneca.es

http://www.editorialnous.com

http://www.editorialdharana.com

Gracias de corazón por vuestro apoyo, siempre incondicional.

 

No hagáis caso al desprecio


Hacía hoy un viaje de ida y mañana de vuelta al “balneario”, a este hermoso rincón que aún conservo en el norte. El motivo es por una posible venta. Alguien se ha interesado y, ojalá, pueda desapegarme de esta década de recuerdos, vivencias y convivencias para así poder invertir en el futuro.

Mientras viajaba pensaba en las cosas de este momento que estamos ahora viviendo. En el ambiente político que padecemos, y en como, desde siempre, ese ambiente se fundamenta en la crítica y la destrucción del otro. Decía un sabio que la política era como hacer la guerra pero sin sangre. Fue la conquista humana más poderosa, la de poder divergir sin necesidad de empuñar un arma. En el mundo civilizado ha funcionado, o al menos está más o menos funcionando. Y luego está el otro mundo, el que aún no ha entendido que la mejor forma de sobrevivir a los tiempos es con diplomacia, y no con sangre y tripas.

A pesar de la aparente civilización de nuestro mundo occidental, aún queda mucho por pulir y mejorar. Hay aún en nuestro sistema político y social, mucho desprecio hacia el otro. En verdad, es algo congénito al ser humano. El ser verdaderamente evolucionado y alejado de los ruidos de la personalidad converge, suma y abraza lo diferente. El que vive en las cavernas, refunfuña, maldice y desprecia al otro. Y lo desprecia de mil maneras. El rico desprecia al pobre. El pobre desprecia al rico. El mediocre desprecia al lúcido y el lúcido desprecia lo mediocre. Los del norte desprecian a los del sur y viceversa. Los guapos a los feos y los feos a los guapos. Y así hasta que te topas con el vecino de en frente y te das cuenta de que también lo desprecias, en resumidas cuentas, porque de alguna manera, somos seres despreciables, incapaces de ver la belleza incluso en lo aparentemente horrendo.

Recuerdo que cuando era niño, los otros niños me despreciaban por raro. Aún recuerdo cómo me escondía detrás de una palmera gigante que había en el patio del recreo, temeroso, quieto, observante, mientras que el resto jugaba, corría y disfrutaba. También recuerdo como en la adolescencia me despreciaban por ser pobre, o hijo de emigrantes y, por lo tanto, no ser totalmente de esa tierra, de esa gente, de esa cultura. Y luego en la madurez me despreciaron por mis ideas, por mis utopías, por mi forma de ver el mundo. Ahora entiendo que no debía tomarme esas cosas en serio, que el desprecio es algo común en nuestra sociedad, sobre todo en nuestra sociedad ruín, y que por lo tanto, no debía tomarme esas cosas como algo personal, sino como algo cotidiano. Ahora, cuando me llaman «pringao», sonrío. Sin más. Ahora ya sé que no soy yo, sino el otro, y su oscuridad palpable.

Me di cuenta una vez cuando estando en un gran hotel de lujo, mi acompañante, muy rica de cuna, habló con desprecio a la camarera de turno, por el solo hecho de ser camarera. Observé con atención que había un desprecio de clase, estúpido y rancio en los tiempos que corren, sin darse cuenta mi acompañante, de que el hecho de ser rico, no es sinónimo, ni mucho menos, de tener clase. A partir de ese momento empecé a fijarme en las personas que verdaderamente tienen “clase”, personas que por su talento o humanidad brillan por sí mismas sin necesidad de dinero, reputación o estatus.

Me di cuenta de que esas personas tienen un “magnetismo” especial, y empecé a catalogarlas, con gran admiración, como personas altamente magnéticas.

Me acordé de un gran ser que fue despreciado por todos, inclusive por sus más íntimos amigos: Jesús de Nazaret. Fue tal el desprecio hacia él, hacia lo que representaba y decía, que lo pagó con la muerte, con la cruxifixión, tras la traición de los suyos. ¡Qué gran ejemplo cuando lo mediocre apaga la luz del mundo! Qué gran ejemplo de que, a pesar de que intentaron despreciar lo más divino que la historia ha dado, su mensaje y magnetismo llegó hasta nosotros dos mil años después. Sí, un pobre y casi mendigo hijo de carpintero. Qué ejemplo más sublime para entender que, por mucho que nos desprecien, no debemos hacer caso. No lo dudes, no eres un pringao, eres un ser divino lleno de luz viviendo una experiencia humana. No hagas caso a lo mediocre. No hagáis caso al desprecio.

Seamos amables


«Que sirva este trabajo también para nosotros, y como dice el primer legión, que nos ayude, si llegamos a captar el significado profundo, a no saborear la muerte», le decía esta tarde a un amigo con el que estamos trabajando en un libro profundo y amable.

Eso significa, pensaba para mis adentros, que podemos estar vivos, y también abiertos a la vida eterna, sea como sea, si es que existe, si es que llega, si es que seremos capaces de entenderla alguna vez. Porque si no fuera así, y solo tuviéramos esta vida para hacer el bien y vivirla bien, deberíamos estrujar con gran empeño cada uno de sus jugos, cada uno de sus tiempos.
Sería pertinente tomar consciencia de ello a cada instante, y de qué manera podríamos aportar nuestra estrofa y nuestro cachito de minúscula vida, a la Vida.

Interroguémonos por cada uno de nuestros actos. Examinemos nuestros minúsculos errores cotidianos, veamos de qué manera podemos mejorar ese mal genio, esa rabia contenida, esa necesidad de mentir o enturbiar, ese odio a lo extraño o extranjero, esa facilidad para inculpar o juzgar al otro y sus circunstancias. Examinemos concienzudamente si merece la pena gastar tanto de ese tiempo limitado en esas cosas que oscurecen y perturban nuestro pequeño paseo por este hermoso planeta.

En verdad ser amable no es tan costoso. Ser amables indica posibilidad. Su etimología es hermosa: digno de ser amado. Esa dignidad es un esfuerzo constante, diario, ilimitado. La oscuridad está ahí, es irremediable. Pero la luz y su amabilidad tiene muchas más posibilidades de expandirse en nuestros corazones.

Estar abiertos a la vida eterna no es más que un sencillo ejercicio de amabilidad. De respirar profundo por las mañanas, sin quejarnos, sin sentirnos pesados, sin sentirnos abatidos por el infortunio. Es cierto que con la edad todo parece más pesado, más quejoso, más difícil. Nuestras articulaciones empiezan a agarrotarse, el cuerpo se vuelve pesado y la energía vital que antes nos conducía por lejanos caminos y montañas, ahora se ajusta a una realidad limitada. Pero hay muchos seres que viven su limitación como una oportunidad. La flor, que no puede volar por los cielos ni correr por los campos, expande belleza y perfume para que otros seres disfruten de su amabilidad. La piedra, en su quietud, es firme y es capaz, ante su inactividad aparente, proveer de sostén y apoyo a muchas construcciones.

Cada elemento en la naturaleza vive su propia amabilidad. Si profundizamos un poco en cada uno de ellos, veremos que nos resulta amable, y que todo tiene un significado que roza la ternura, la belleza, la sostenibilidad de la vida extensa. No nos cuesta nada devolver un abrazo o una sonrisa, aunque el estrés cotidiano atraviese nuestras vidas. Si trabajamos hasta la extenuación sin parar un instante para respirar, simplemente para eso, moriremos en vida. Así que seamos amables también con nosotros mismos, con nuestro entorno inmediato, y con lo profundo. Porque queramos o no, estamos rodeados de eso que los antiguos llamaban Misterio, y queramos o no, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en ese sempiterno y oculto Arcano. Seamos amables con lo sagrado de la vida. O más aún, sacralicemos cada momento, cada cosa, cada inmortal instante con un acto amable.

El Susurro del Viento del Océano


Entre el cielo y la tierra aún quedan personas que quieren vivir en paz. Por ello, no deseo añadir, como cualquier opinólogo de turno, más ruido a la ya dramática situación que vivimos como especie humana. Israel-Palestina fue para mí una tierra de transfiguración, transformación y sanación allá por el 2009, así que guardo un feliz recuerdo de aquellas tierras y solo tengo un deseo profundo e infinito de paz para los pueblos que allí la habitan.

Esta canción la escucho desde entonces, con la esperanza de que todos los pueblos y culturas que allí conviven encuentren alguna vez la paz. No añadiré más juicio sobre unos y sobre otros. Bastante sufrimiento, sangre y lágrimas se derrama todos los días ante la impotencia de los espectadores que desde casa, observamos impasibles la situación. Si creemos en algún Dios, recemos para que toda esa gente encuentre la paz, la seguridad y el cobijo de un hogar. Recemos en silencio para que el Dios de todos los mundos conmueva los corazones y la paz reine para siempre.

Paz, Shalom, Salam.

 

De aquellas Tierras Altas


En la Comunidad de Findhorn, Escocia, en 2019.

«Basta ya de hablar de los viejos tiempos, es hora de hacer algo grande…Quiero que salgas y hagas lo necesario para que funcione…Tantos aliados…Tantos aliados»… Thom Yorke

Estimado M.,

Gracias por la explicación, que para nada me parece pesada. Más bien al contrario, apasionante. Además, es como menos curioso que en tu ADN exista sangre de las Tierras Altas. Me hice ese análisis, sintiendo la misma curiosidad, hace algunos años, pero me daba 70% íbera y 30% romano. No quedé muy convencido, así que me haré alguno más por contrastar resultados (ya me recomendarás alguna empresa), porque siento que en ese reduccionismo genético se olvidaron de la seguro inevitable sangre mora, la sangre celta, fenicia, griega, tartessa y cartaginense, la sangre germana y tantas otras que han atravesado nuestra piel de toro y de la que todos, sin excepción, hemos tenido algún cruce.

Ya me contarás cuando tengas un rato sobre tu investigación sobre la enligthnement. Siento mucha curiosidad y me retrae a ese invierno del 2007 cuando me helaba entre Edimburgo e Inverness buscando ideas para la tesis. Es curioso pero las primeras líneas de esa tesis (tú que eres amante de esas sincronías extrañas), también empezó en el siglo XVIII, con el fenómeno que en Escocia se conocía como las “Highland Clearances” . Te adjunto el primer párrafo solo por curiosidad. 

«La curva de aprendizaje, la clara frontera que enfrentamos para iniciar este trabajo comenzó en el frío invierno de 2007. En las primeras semanas de aquel gélido año llegamos a una de las comunidades pioneras del movimiento utópico de nuestros días, la comunidad de Findhorn, ubicada en una hermosa bahía al norte de Escocia, a unas tres horas de Edimburgo. En siglos pasados estas tierras fueron conocidas por un fenómeno histórico llamado las “Highland Clearances” o expulsión de los gaélicos, un desplazamiento forzado de la población mayoritariamente agrícola de las Tierras Altas que ocurrió a lo largo de todo el siglo XVIII. Paradójicamente, también se conoció como las “comunidades abandonadas”, dando fin al antiguo sistema de clanes escocés y dando comienzo, de paso, a una visión de la tierra más económica y productiva. Antes de esa expulsión, en toda Escocia existieron diferentes formas de organización social y comunal como los “clanes” o los “burgh”, sistemas que habían basado su existencia en fuertes lazos solidarios. Paradojas de la historia, la comunidad de Findhorn representaba un nuevo fenómeno con fuertes lazos de solidaridad en las Tierras Altas, una auténtica Gemeinschaft, por utilizar el término alemán de Tönnies (1979), un lugar donde los hijos de la contracultura habían establecido un campamento base y ponían en práctica sus relaciones y afectos de forma organizada e intencional».

No deja de ser paradójico que mientras te leo, siento cierta envidia extraña. Si alguna vez me he sentido cómodo en alguna tierra ha sido en Escocia y Alemania. Y cuando me dices que ahora estás viviendo allí, siento cierta añoranza profunda. En España me siento algo extraño, especialmente ahora con el lío que nos traemos con las identidades, pero allí me sentía como en casa. No sé si debido a alguna reminiscencia abstracta, o algún hecho más concreto, como bien dices, pero esa es la realidad. Aquí en la Sierra Oeste de Madrid lo único que siento es alivio por volver a cierto anonimato y soledad, y paz, mucha paz. En este pueblecito de no más de dos mil habitantes, me siento cómodo. Pero solo es eso, comodidad, no sentido de permanencia, cosa que ni tan siquiera siento por mi Barcelona natal o por la Andalucía de mis ancestros más próximos.

Disfruto como hacía tiempo que no lo hacía de mi tiempo, sin tener que atender a nadie, sin tener que dar explicaciones a nadie, sin preparar desayunos para decenas de personas o subirme con lluvia a tejados en ruinas. Aquí no me enfado con nadie ni nadie se enfada conmigo. Nunca pensé que la vida burguesa de estar en una casa calentito, arropado con una bata azul de terciopelo y rodeado de cuatro perros, hermosa pareja y un hijo en ciernes, rozara la idea de cierta felicidad. Una vida simple sin batallas ni conquistas, sin éxitos ni derrotas, algo llano, algo pausado, algo quizás superficial, pero que roza una tierna profundidad simbólica. Ahora mismo no deseo más, ni quiero más. Ni siquiera deseo hacer algo grande, más allá de la grandeza de traer al mundo desde lo invisible y el anonimato Vida, Consciencia, Amor.

La aventura de estos años me ha llevado a muchos límites, y la paz de estos meses no tiene precio. Y te cuento esto porque me imagino que allí, en Escocia, lejos de los medios y el ruido mediático al que estabas acostumbrado, de las luces y sombras de este país, te sentirás algo así, aliviado, tranquilo, anónimo, libre, en paz. O al menos ese es mi deseo.

Gracias por compartir un trozo de tiempo. Como te decía más arriba, te envidio sanamente, al mismo tiempo que me arropo tranquilo en este momento de estabilidad y sencillez. De aquellas Tierras Altas siento anhelo. Pero ahora toca bucear en la necesaria regeneración vital. El descanso del guerrero, que diría aquel.

Un abrazo grande y sentido,

J.

De aquellos corazones rotos


 

Hoy paseábamos por el embalse de la Jarosa y la sierra de Guadarrama. Hacía muchos años que no nos veíamos ni sabíamos el uno del otro. Fue uno de los primeros y valientes pioneros que decidió instalarse en la utopía gallega y uno de los primeros que se marchó con el corazón roto, por la dificultad del lugar, de la convivencia, de las condiciones. O Couso fue un lugar de encuentro y aprendizaje, de dura enseñanza, y también un lugar que nos puso excesivamente a prueba. Sentí mucha pena cuando se marchó, y nunca llegué a pensar que más tarde serían muchos los que llegarían y se marcharían de igual manera.

Demasiados corazones rotos que se compensaban con tantas y tantas alegrías que por allí ocurrieron. Tras casi tres horas de paseo me dijo que en el fondo aquello fue como un trabajo, y que nunca nos deberíamos haber tomado las cosas de forma tan personal. La verdad es que el anhelo de convivencia fraterna en un escenario excesivamente complejo y difícil fue toda una prueba en todos los ámbitos, tanto en el personal como en el profesional.

Nunca se lo llegué a reconocer, y tampoco lo hice hoy por falta de tiempo y por el emotivo paseo en el que queríamos ponernos al día de tantas cosas, pero en el fondo, muchos de los postulados por los que llegamos a discutir, pasado el tiempo, le hubiera dado la razón en la mayoría. Yo me aferré a la idea de que para que ese lugar tuviera sentido tenía que postular alto y rozar la utopía. Él era mucho más pragmático y puso los acentos en muchas partes que adolecíamos. Nunca encontramos un punto de equilibrio, ni siquiera años más tarde cuando todos los que por allí pasaban ponían el acento en los mismos errores una y otra vez.

Por un lado, conseguimos parte de la utopía, pero el precio que pagamos, visto con la distancia, fue excesivamente alto. Ahora, con cierto temor, me pregunto si mereció la pena, si todo aquello que hicimos, más allá de los lazos que se tejieron y las relaciones humanas que de allí nacieron, estuvo a la altura de nuestras aspiraciones. El tiempo y las personas que por allí pasaron lo juzgarán. A mí siempre me quedará el consuelo de que al menos lo intentamos.

Lo cierto es que habían pasado diez años desde nuestros primeros encuentros allí en Malasaña y desde que empezamos con ilusión a tejer el sueño.

Queríamos un proyecto en el que todos fuéramos iguales, pero en el fondo no era así. Algunos aportaban más, otros arriesgaban más, otros trabajan más y otros se comprometían más. Él tenía razón en que deberíamos haber partido desde una base más cooperativista y menos enclaustrada en una fundación. La fundación tenía como cometido que no se desvirtuara la idea original, función que ejerció con sus pros y sus contras hasta el final. Pero al no existir un sistema cooperativista, no partíamos desde una igualdad absoluta.

Lo cierto es que desde las cartas que envié en el día de Todos los Santos, este paseo de hoy ha sido la primera muestra real de verdadera reconciliación con el pasado. Corazones rotos que se unen años después con risas y anécdotas e historias, olvidando lo malo y recordando con emoción lo bueno. Los caminos de hoy se nos han hecho cortos, pero la reconciliación ha merecido la pena. Espero y confío que existan más excursiones como esta, con él y con todos aquellos que se fueron heridos, con todos aquellos que se encallaron en el camino y con los que no logré atenuar el bache, el agravio o la desilusión.

Directa o indirectamente hice mucho daño a mucha gente de buena voluntad que quiso echar una mano. Es cierto que se hizo mucho bien, pero también es cierto que por el camino quedaron muchos cadáveres, como decía una y otra vez un amigo amenazando con ese: «te quedarás solo». A todos ellos un sincero “lo siento”, y también una mano abierta para pasear una tarde cualquiera por cualquier bosque encantado.

Es verdad que al final me quedé solo en aquel lugar, pero también es verdad que ya no habrá más corazones rotos en ninguna otra utopía soñada.

Gracias Iván por el paseo de hoy. Gracias por tantas y tantas cosas bellas.

Tres latidos


Ha sido una mañana fría y gris de otoño y Madrid, como siempre, estaba llena de coches, ruidos y rutina. La sierra oeste parecía más calma, más tranquila, más sosegada. Cogimos el coche y llegamos puntuales al que decían era el mejor lugar de toda la capital. La imagen estrecha, la impuntualidad y la dejadez aparente junto a cierto hacinamiento no parecía indicar precisamente eso. Pero allí estábamos, dispuestos a enfrentarnos a lo que la vida y el destino caprichoso quisiera.

Nos cogíamos de la mano y mirábamos al infinito. Por dentro, preocupación, nerviosismo y esperanza, sobre todo, mucha esperanza. Las noticias de estos días, con la guerra en Ucrania-Rusia y en Israel-Palestina nos tenía preocupados. Tantas almas desencarnando. Tanto dolor, tanta tristeza, tanta desesperanza. Fuera el mundo se autodestruía, y dentro de nosotros se abría camino.

Ella entró primero. La miré a los ojos como si de una despedida se tratara. Angustiado, quedé en la sala, esperando, esperanzado, nervioso, preocupado, irascible, iracundo. A los pocos minutos alguien pronunció mi nombre y me invitó a entrar. De repente, entré en una pequeña sala semioscura que parecía una de esas cámaras de reflexiones donde no faltan objetos simbólicos. Me imaginaba estar en ese ombligo del mundo donde todo se escucha, en esa matriz oscura, pero a la vez luminosa. En ese lugar imitable de los templos donde hay una pequeña calavera, un reloj de arena, una vela apagada, algún sabio pergamino, una cadena rota, una pequeña daga y un jeroglífico.

Sin embargo, en esa pequeña sala de reflexión había algo más. Vida, más Vida. Un hilo hilozoísta que atravesaba todos los corazones. Nos dimos la mano mientras llorábamos. Se hizo un silencio enorme y de repente, para nuestra sorpresa, se escuchó un pequeño latido acelerado. La emoción llenó la sala, la mayor expresión de alegría y esperanza se apoderó de nosotros. Felicidad, alegría, felicidad, alegría, y una gran esperanza contenida.

Allí, en esa pequeña cámara de reflexión, de Vida, se escucharon tres latidos. Uno pequeño, rápido y poderoso. Y dos grandes, a punto de explotar de la emoción. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tres corazones en uno. Dos corazones latiendo en armonía en un mismo cuerpo y un tercero acompasando el ritmo desde el abrazo continuo. Magia, milagro, Vida, más Vida. Y esperanza, una gran esperanza, contenida, prudente aún, pero llena de gozo y de gracia. Tres latidos, así es el milagro sempiterno de la existencia. Así es el latido del Mundo.

Herramientas simbólicas para construir un mundo mejor


Hay muchos símbolos y alegorías que nos ayudan a establecer pautas para la construcción de nuestra personalidad, de nuestras vidas y de nuestros sueños y deseos. Hay algunas herramientas, asociadas a los antiguos constructores de catedrales, que ayudan al desarrollo moral y virtuoso de toda persona. La construcción de uno mismo se asemeja a la construcción de un templo. Nosotros somos ese templo que alberga dentro de sí los tesoros y los misterios sagrados de la existencia: la consciencia, la inteligencia, el flujo emocional y la propia vida. El ser humano es constructor de realidades, también arquitecto de mundos. Si bien pensamos que todo obedece a la más estricta de las casualidades, si observamos nuestra realidad con cierto grado de curiosidad y sospecha, podremos ver ciertas dimensiones conexas, ciertos misterios desvelados al más audaz espectador.

Analicemos algunas de esas herramientas y veamos de qué manera nos pueden ayudar a mejorar como personas, haciendo de un mundo bueno, un mundo mejor, creando siempre una vida más plena y ancha, lejos de la estrechez de miras y la avaricia:

  1. El compás: El compás representa la circunscripción moral y ética que las personas debemos seguir. Simboliza la limitación de los deseos y la necesidad de mantenernos dentro de ciertos límites morales. Esto nos ayuda de forma práctica a tener una vida rica y armoniosa con nuestro entorno, con nuestra sociedad, con nuestro vecindario. Ese círculo-no-se-pasa nos ayuda a establecer límites adecuados para la convivencia. Tener autocontrol sobre nuestros desbocados deseos y no hacer daño a nadie forman parte de esta analogía.
  2. La escuadra: La escuadra simboliza la rectitud y la moralidad. Se utiliza para recordarnos la importancia de actuar con integridad y seguir un camino recto en la vida. Ese camino recto debe establecerse siempre desde los límites de la circunferencia anteriormente descrita. La escuadra y el compás son herramientas útiles para construir cualquier tipo de empresa o sueño. Ser rectos, al mismo tiempo que nos desenvolvemos abiertamente en unos límites establecidos, nos ayuda a construir cualquier cosa que deseemos.
  3. El nivel: El nivel es un símbolo de igualdad y justicia. En la vida debemos enfatizar la idea de que todos los seres humanos somos iguales, independientemente de nuestra posición social, económica o cualquier otro factor externo. Cuando construimos, debemos hacerlo teniendo en cuenta que no estamos solos, que cualquier cosa que hagamos debe ser para ayudar a embellecer nuestras vidas y la vida de los demás en igualdad y justicia.
  4. El martillo: El martillo es un símbolo de fuerza y resolución. Representa la capacidad que poseemos para construir y mejorar a través del trabajo duro y la dedicación. Cualquier acto o empresa que llevemos a cabo debe ser siempre impulsado por nuestra fuerza interior y sobre todo, por nuestra constancia. Pero esa fuerza interior siempre debe ir guiada por una inteligencia, por una consciencia, por un cincel.
  5. El cincel: El cincel simboliza la necesidad de perfeccionar el carácter personal, eliminando las impurezas y defectos morales a lo largo de la vida. Nos ayuda, junto al martillo, a llevar a cabo la gran promesa del amor, la creación de belleza, esculpiendo nosotros mismos obras que puedan ser admiradas para siempre. Enriquecer el mundo con amor y belleza, tal y como lo hace la propia naturaleza, es lo que nos hará elevar nuestra consciencia, y de paso, la consciencia humana. Con la voluntad y la fuerza del martillo junto con la guía y la inteligencia del cincel, esculpiremos inevitablemente obras llenas de amor y belleza. La fuerza, la inteligencia y el amor siempre deben ir de la mano.
  6. La plomada: La plomada se utiliza como símbolo de la rectitud moral y la sinceridad en los actos y palabras que utilicemos. Nos ayuda a mantenernos en el camino de la virtud, porque sin virtud, por más que nos cueste, por más errores que cometamos, no hay templo que construir, ni interior ni exterior. Estar a plomo con la vida, con los que nos rodean, con el mundo en general, es lo mejor para amanecer todos los días con cierta tranquilidad, con cierta consciencia limpia y con ciertas ganas de ser mejores.
  7. La regla de veinticuatro pulgadas: simboliza una actitud juiciosa, comedida y el armónico equilibrio en el que debemos actuar en todo momento en el interior de nuestro espíritu, pues representa el día con sus 24 horas donde en la práctica vivimos tres jornadas, que son el trabajo diario, la vida interior y familiar y el descanso. Esto a su vez es evocación de las tres grandes edades del ser humano: la infancia, la juventud y la senectud, estando en cada etapa mirando siempre al misterio de la existencia, mirando nuestro finito paseo por esta escuela llamada Tierra.

Estas herramientas simbólicas se utilizan en los rituales y enseñanzas de muchos lugares para transmitir valores y principios morales a sus miembros. Son alegorías que nos pueden ayudar, sin necesidad de pertenecer a ningún grupo, a superar los obstáculos de la vida cotidiana. Con un poco de meditación y recogimiento interior, un poco de estudio de todo aquello que pueda ser interpretado y entendido y una puesta en práctica, aquello que los antiguos llamaban el servicio, podemos llevar a cabo cualquier tipo de proeza, siendo aprendices, compañeros y maestros de nuestra realidad, siendo arquitectos de nuestros mundos. Cualquier sueño, cualquier idea, cualquier empresa que queramos llevar a cabo, podrá ser construida con estas sencillas herramientas. Para que así sea, os deseo a todos salud, fuerza y unión.

¿Amnistía?


“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”. Borges

La palabra amnistía está muy emparentada con la palabra amnesia. Los que tenemos poca memoria estamos todo el día amnistiando a unos y a otros. Amigos que tropezaron, familiares que se pasaron, vecinos que se querellaron, conocidos que criticaron y aquellos que, sin más, sin conocerte, te juzgan a la primera de cambio.

Amnistía significa olvido. Olvidar la ofensa, olvidar el agravio, olvidar el pisotón, olvidar el maltrato, olvidar la traición, olvidar la mentira o la falta de palabra, en definitiva, olvidar todo aquello que nos hizo daño alguna vez o que nosotros hicimos a los demás. Así que supongo que amnistía también significa perdón, indulgencia, clemencia, misericordia, tolerancia, condescendencia, comprensión, amor. Siendo así, es de suponer que solo personas de alto rango moral y fuerte virtud podrían acatar este tipo de cuestiones desde la sobriedad y el desapego. Al fin y al cabo, para cuatro días que vamos a estar aquí, como decía aquel, ¿para qué tanto enredo ante las torpezas del otro? Amnistiemos, olvidemos, perdonemos.

El avaro siempre teme al regalo, como dice el poema escandinavo Hávamál. Teme el perdón y teme la reconciliación, teme la generosidad del otro, teme que su bravura pueda parecer debilidad. Hay miedo en todas partes, y hay desconfianza, rencor, incluso odio.

Existe además un problema añadido: cuando la amnistía se teje bajo el chantaje, el rencor, la desconfianza o el interés, y uno no es capaz de perdonar a sus enemigos, ni siquiera a los que alguna vez fueron amigos. Porque hay rencor, porque hay maldad, porque hay engaño, porque hay sed de venganza y, sobre todo, porque hay ese tipo de vacile o chulería y ese: “lo volveré a hacer”. O aquellos otros que no paras de perdonar y ellos, a su vez, no paran de liarla una y otra vez. Ahí sí que estoy de acuerdo con Borges en que un verdadero olvido es necesario, sobre todo, por pura higiene psicológica. Y de verdad, no pasa nada. La vida sigue.

De la necesidad, virtud, que decía aquel. Así que hice la prueba y escribí a un puñado de amigos que estaban enfadados conmigo por mil razones. Les envié una amable carta el día de Todos los Santos para que llegáramos a algún tipo de olvido, de reencuentro, de puente, de amnistía, de amistad recobrada, como esa tan bonita que se muestra en la película Ocho Montañas. Fueron sorprendentes las respuestas, porque ninguna de ellas quería olvidar. Me di cuenta de que el ser humano, y sobre todo viendo el panorama mundial, no está preparado para la virtud, y hace, de la necesidad, su único objetivo. Te deseo porque te necesito, pero cuando ya no te necesito, te despojo de tu condición humana y pasas a ser un “otro”, pero sin sujeto ni predicado. Es decir, te reduces a una cosa. Es el mundo de los avaros, el mundo oscuro que se teje en el rencor y la animadversión.

Pasa lo mismo en la política. Solo que ahora nadie actúa en nombre de la reconciliación, el perdón o el reconocimiento de los pecados. Más bien en nombre del interés mutuo, no solo partidista, también personal. Y eso no es una verdadera amnistía, una verdadera reconciliación, un verdadero perdón. Es un amaño tramposo, difícil de digerir para los de un bando y para los del otro. Unos porque se prostituyen, los otros porque usan el servicio depravante para salirse con la suya. Realmente es vergonzoso, para unos y para los otros, ¿por qué? Porque no es una amnistía sincera, de corazón, de mutuo acuerdo, de alegría y reconciliación. Es la amnistía del apaño, esa que inevitablemente explotará profundamente en las manos de todos.

¿Qué más podemos pedir a los demás si ni siquiera nosotros somos capaces de perdón, de olvido, de amnesia? ¿De qué manera se pueden construir puentes si las dinamitas ya están puestas antes de que fragüe la base de estos? Amnistía es necesaria y hermosa si hay buena voluntad por ambas partes, o aunque se tenga que ser, a toda corriente, un auténtico funámbulo. Si es bajo el prisma del interés o el chantaje, no tiene razón de ser.

Tránsito


 

Seguimos con la labor editorial entre poesía, mística, ensayos, narrativa y todo tipo de sueños que se plasman en letras. Es una labor ardua, pero muy satisfactoria. El amigo Gopala, que hasta hace unos días (se acaba de jubilar de la vida profana) era el gerente del Consejo General del Poder Judicial, dedicaba gran parte de su tiempo al mundo judicial por las mañanas, y al mundo del yoga por las tardes. Una de esas personas que te sorprenden por su gran actividad social y profesional, llena de espíritu, compromiso y responsabilidad. En Editorial Séneca hemos editado dos de sus poemarios: «La noche lo merece» y este último que ahora presentamos: «Tránsito«, dedicado especialmente a todos aquellos que se marcharon a la Vida amplia.
Siempre he admirado ese Camino del Medio que muchos integran a la perfección. Personas que por la mañana tienen una profunda responsabilidad con el mundo ordinario y por las tardes, se aplican en la búsqueda incansable de ser útiles en el mundo sagrado. Todo eso sin abandonar sus responsabilidades familiares y amistades, compaginando la vasta experiencia del espíritu encarnado en el mundo real.  Gopala siempre ha mantenido ese equilibrio perfecto entre ambos mundos, mezclando en sus avatares necesidad y virtud, servicio y entrega.
Ahora que dispondrá de más tiempo y se convertirá en una especie de sadhu vestido de modernidad, será dueño de sí mismo y alcanzará esa santidad que en occidente se caracteriza por el servicio, por ayudar a la humanidad en su avance y progreso. Será un swāmī moderno, con tiempo para sí mismo, pero también con anhelo de ayudar a los demás en su avance espiritual.
Comparto aquí este video de la presentación de su libro y estas palabras que lanzó a los vientos para compartir su obra y su arte. Fue una bonita e inolvidable tarde arropada por los suyos. Gracias querido por ese incansable compartir.
El dieciséis de septiembre presentamos “Tránsito, poemas para la muerte”. Una oportunidad de escuchar versos para la transición de personas queridas.
El libro, prologado por Rafael Álvarez, el Brujo, y presentado por Javier León Gómez , editor de Séneca, está dedicado a los que se fueron, dejando una estela de Amor a su paso y a quienes perdieron a alguien en algún momento de sus vidas.
Fue una noche mágica llena de poesía, de música y de pintura, en la que participaron David González, Carlos y Beatriz Márquez, Nazaret Laso y Manuel Menor.
Espacio Ronda ha editado de forma impecable esa noche fantástica en la que muchos participasteis.
Ahora podéis disfrutar en www.gopala.es del concierto completo, de un lado, y de cada uno de los poemas por separado, para compartirlos con las personas cercanas a las que se dedicó cada poema. Gracias por hacerlos llegar a quien pueda apreciarlo.
El libro ya está disponible en todas las plataformas, especialmente en https://editorial.dharana.org/seneca/libros/transito/
Vídeo presentación: https://youtu.be/tpSilfqvzGs

Encendiendo la llama del hogar, nuestro verdadero templo


«Jesús ha dicho: Aquel que está cerca de mí, está cerca del fuego, y aquel que está lejos de mí, está lejos del Reino». Logion 82, Evangelio de Tomás. 

Antes de contar cosas sobre el mundo, en sus dos vertientes, el mundo visible y el invisible, me gustaría contar cosas sobre mí, así, en primera persona. Las historias de vida a veces pueden inspirar mucho. De ahí nuestro afán editorial por rescatar y publicar historias de vida que personas, en primera persona, comparten, a veces sin mucho pudor, de aquello cuanto han vivido. Ese compartir no tiene nada que ver con ningún tipo de morbo. El ser humano de hoy ha cambiado el fuego por los píxeles. Antiguamente, los ancianos contaban sus cuentos e historias alrededor del fuego. Era la manera que tenían de transmitir sabiduría y experiencia, de hacer tribu. Por la noche, junto al fuego, al principio en la intemperie, luego en la cueva, más tarde, gracias a la agricultura, en el hogar. Fue así y es así como nacen y mueren las civilizaciones, junto al fuego.

De focaris, el fuego, derivó la palabra focus, el hogar. Poner el foco en la familia, que era el origen de ese fuego donde de alguna manera se forjaba el calor humano, la moral de cada tiempo, los avances y progresos. También era el lugar donde se explicaban las dificultades, donde se discutía, donde se hacía la comida y se tejían los sueños mientras las abuelas urdían a su vez las prendas que protegerían el calor corporal del frío externo. De alguna manera, era donde se forjaba nuestra identidad personal, donde, absortos por el fuego, mirando profundamente sus flamas, nos interrogábamos sobre el misterio de la vida, sobre el quiénes somos. En ese interrogante constante recibíamos, a modo de transmisión, el conocimiento necesario para sembrar todo aquello que con el tiempo seremos algún día. Nos forjábamos a fuego lento, en cada anochecer, con cada cuento, con cada historia.

Hogar de sueños, de ilusiones, pero también de contacto con lo oculto, al menos para los más curiosos, los más inquietos, aquellos que siempre miran hacia dentro y hacia fuera y se preguntan cosas. Lo oculto siempre fue para aquellos que reclaman luz y así poder desvelar los misterios, o como lo llamaban los antiguos, para acceder sigilosamente al Hogar del Padre. Lo oculto es aquello que se esconde, como Dios o la realidad del espíritu, que son dimensiones elusivas (recomendable libro ese: “Elusividad Cósmica”), indescifrables excepto para los sabios y los gnósticos de todos los tiempos que, perdidos en algún paraje inhóspito, creían haber hallado la alquimia necesaria para comprender al universo y a sus dioses.

Si el sentido del hogar se ha perdido, y de paso también el sentido del «templo», de recinto sagrado,  y ya rara vez nos sentamos al fuego para transmitir pensamientos, ideas, emociones o experiencias con los “nuestros”, dejemos que al menos, en nuestra soledad moderna, existan rincones donde acudir, donde tratar con las “viejas sin dientes”, donde descubrir, aunque sea a modo pixelado, un desvelado misterio.

No puedo negar que durante casi diez años conseguimos crear ese fuego, ese intercambio humano, esa magia del calor que traspasa lo ordinario. Ahora que lo miro todo con cierta distancia, admiro y admito esa proeza, ese hilo de esperanza, ese rincón donde bastaba una ruina como excusa para construir hogar, sentido, experiencias, vivencias, gnosis. Comprendo que en el futuro deberán existir más lugares así, más hogares y más templos, a pesar de su dificultad y complejidad.

Le decía el otro día a una amiga que si tuviera los recursos suficientes llenaría el mundo de lugares como el que soñamos durante tantos años y vivimos durante tantos ciclos. Sí, lo volvería a hacer, porque el sentido de hogar y el sentido de templo es algo muy necesario hoy día, donde todos, de alguna manera, nos sentimos solos, pero sobre todo, ausentes, desdichados y huérfanos de espíritu, de fuego, de calor.

Por suerte, tras la experiencia, quedó algo del lazo místico. Es cierto que nada tiene que ver la fuerte y constante experiencia diaria donde el contacto físico era la realidad suprema, con estos píxeles que de alguna forma quieren emular aquellos sueños. No es lo mismo, pero los que hemos experimentado esa experiencia, y sin intención de regodearnos en ella, sentimos la obligada misión de inspirar a aquellos que tengan fuerza o recursos suficientes para volver a recrearlas. Algo muere, pero algo nace de nuevo, inevitablemente. Así que demos aliento a los que, una vez más, seguirán encendiendo la llama, el fuego, el calor, el foco, la sabiduría, la gnosis, en definitiva, el hogar y los espacios sagrados, los templos.

Nos contamos historias para poder vivir


Aquí es donde vivo ahora, en mi nueva Montaña de los Ángeles

Hoy hace justamente un año que cerramos la utopía. Hace unos días me preguntaba si al hacerlo me había quedado sin sueños, o si la propia humanidad entera había perdido un pequeño hilo de esperanza. En este último año se cerraron muchas cosas, entre ellas este pequeño blog del cual necesitaba descansar. Pero estos días, ante la insistencia de unos y de otros y viendo los acontecimientos mundiales, decidí abrirlo de nuevo, no pensando en aportar algo nuevo o decir algo inspirador o ingenioso, sino más bien, sin esperar nada a cambio, solo escribir para cumplir, como decía aquel, con nuestra parte.

Me inspiró una conversación que tuve con Javier en la calle Serrano, en esa hermosa casa de estilo helvético que tanto me gusta. En el salón de reuniones, tras caernos encima un chapuzón inesperado, hablamos distendidamente sobre de qué manera podríamos contribuir a la difusión del mensaje de paz y amor que tanto se necesita en estos tiempos. Tener una editorial es una buena herramienta de difusión, de influencia, de contagio. Poder utilizarla, como hemos hecho hasta ahora, debería aportar una pequeña estrofa en esta historia humana. En esa conversación sentí la necesidad de volver al barro, de volver a la insistencia, de volver a la necesidad de servir al plan de amor y de luz.

Este primer texto promete ser desordenado. He perdido el hilo de la conversación y ya no recuerdo qué nos contábamos en la pasada primavera, o qué contaba desde esta ventana abierta y libre. Digamos que me he aburguesado en esta nueva realidad en la que ahora vivo y había olvidado cosas esenciales de mi propia vida. “Nos contamos historias para poder vivir”, decía Joan Didion. Aquí había contado muchas historias desde el ya lejano 2008. Ese año, tras un hermoso e intenso viaje a Mongolia, empezó la andadura de este blog. Ahora la retomo, con la ilusión de siempre, y con el afanoso deber de seguir inspirando y buscar inspiración.

Hablemos, contemos, vivamos, intentando aprender de los beneficios del diálogo socrático, siendo conscientes de que todo lo que hacemos, y sobre todo, de aquello que no hacemos, como decía Bauman, repercute significativamente en este mundo global. Y ahora siento la necesidad de contribuir, de aportar, de inspirar, porque solo la inspiración de los otros nos puede llevar a vivir una vida mejor y más hermosa, más bella, más equilibrada. Eres hermoso, eres bello, como me dicen todos los días desde hace un año. ¿Por qué no creernos esa inmensa verdad y compartir belleza y hermosura con el mundo?

Y hoy es el cumpleaños de una buena amiga que seguía este blog desde el principio, así que sirva esto como regalo. Así, con los pequeños gestos, nos adentramos en la nueva ética del cuidado, del detalle, del arrumaco.

Y también hoy seguimos estremecidos por la situación mundial, por cómo se está complicando todo y de qué manera las puertas que sellaban el mal se abren una y otra vez en esta desesperante situación mundial. Debemos construir bloques de paz, o mejor aún, bosques y montañas de paz. Lugares seguros, lugares amables, lugares bellos y hermosos. Las guerras son desesperantes. Estamos ya en el siglo XXI. Deberíamos vivir en un milenio de paz y reconciliación humana.

Y hoy hay amor y esperanza al mismo tiempo, incubando una promesa, acompañado felizmente, viviendo en cierta armonía y paz e intentando compartir de alguna manera el progreso que pueda sentir de forma particular. Porque el Reino está entre nosotros, y a ese Reino nos debemos. Todo lo demás es provisional, temporal, anecdótico. Y ese reino crece ahora como una semilla de siete milímetros que desea expandirse y progresar en el vasto mundo de la experiencia espiritual.

Así que, con vuestro permiso, nos contaremos historias para poder vivir. Una vez más. Inevitablemente.