De aquellas Tierras Altas


En la Comunidad de Findhorn, Escocia, en 2019.

«Basta ya de hablar de los viejos tiempos, es hora de hacer algo grande…Quiero que salgas y hagas lo necesario para que funcione…Tantos aliados…Tantos aliados»… Thom Yorke

Estimado M.,

Gracias por la explicación, que para nada me parece pesada. Más bien al contrario, apasionante. Además, es como menos curioso que en tu ADN exista sangre de las Tierras Altas. Me hice ese análisis, sintiendo la misma curiosidad, hace algunos años, pero me daba 70% íbera y 30% romano. No quedé muy convencido, así que me haré alguno más por contrastar resultados (ya me recomendarás alguna empresa), porque siento que en ese reduccionismo genético se olvidaron de la seguro inevitable sangre mora, la sangre celta, fenicia, griega, tartessa y cartaginense, la sangre germana y tantas otras que han atravesado nuestra piel de toro y de la que todos, sin excepción, hemos tenido algún cruce.

Ya me contarás cuando tengas un rato sobre tu investigación sobre la enligthnement. Siento mucha curiosidad y me retrae a ese invierno del 2007 cuando me helaba entre Edimburgo e Inverness buscando ideas para la tesis. Es curioso pero las primeras líneas de esa tesis (tú que eres amante de esas sincronías extrañas), también empezó en el siglo XVIII, con el fenómeno que en Escocia se conocía como las “Highland Clearances” . Te adjunto el primer párrafo solo por curiosidad. 

«La curva de aprendizaje, la clara frontera que enfrentamos para iniciar este trabajo comenzó en el frío invierno de 2007. En las primeras semanas de aquel gélido año llegamos a una de las comunidades pioneras del movimiento utópico de nuestros días, la comunidad de Findhorn, ubicada en una hermosa bahía al norte de Escocia, a unas tres horas de Edimburgo. En siglos pasados estas tierras fueron conocidas por un fenómeno histórico llamado las “Highland Clearances” o expulsión de los gaélicos, un desplazamiento forzado de la población mayoritariamente agrícola de las Tierras Altas que ocurrió a lo largo de todo el siglo XVIII. Paradójicamente, también se conoció como las “comunidades abandonadas”, dando fin al antiguo sistema de clanes escocés y dando comienzo, de paso, a una visión de la tierra más económica y productiva. Antes de esa expulsión, en toda Escocia existieron diferentes formas de organización social y comunal como los “clanes” o los “burgh”, sistemas que habían basado su existencia en fuertes lazos solidarios. Paradojas de la historia, la comunidad de Findhorn representaba un nuevo fenómeno con fuertes lazos de solidaridad en las Tierras Altas, una auténtica Gemeinschaft, por utilizar el término alemán de Tönnies (1979), un lugar donde los hijos de la contracultura habían establecido un campamento base y ponían en práctica sus relaciones y afectos de forma organizada e intencional».

No deja de ser paradójico que mientras te leo, siento cierta envidia extraña. Si alguna vez me he sentido cómodo en alguna tierra ha sido en Escocia y Alemania. Y cuando me dices que ahora estás viviendo allí, siento cierta añoranza profunda. En España me siento algo extraño, especialmente ahora con el lío que nos traemos con las identidades, pero allí me sentía como en casa. No sé si debido a alguna reminiscencia abstracta, o algún hecho más concreto, como bien dices, pero esa es la realidad. Aquí en la Sierra Oeste de Madrid lo único que siento es alivio por volver a cierto anonimato y soledad, y paz, mucha paz. En este pueblecito de no más de dos mil habitantes, me siento cómodo. Pero solo es eso, comodidad, no sentido de permanencia, cosa que ni tan siquiera siento por mi Barcelona natal o por la Andalucía de mis ancestros más próximos.

Disfruto como hacía tiempo que no lo hacía de mi tiempo, sin tener que atender a nadie, sin tener que dar explicaciones a nadie, sin preparar desayunos para decenas de personas o subirme con lluvia a tejados en ruinas. Aquí no me enfado con nadie ni nadie se enfada conmigo. Nunca pensé que la vida burguesa de estar en una casa calentito, arropado con una bata azul de terciopelo y rodeado de cuatro perros, hermosa pareja y un hijo en ciernes, rozara la idea de cierta felicidad. Una vida simple sin batallas ni conquistas, sin éxitos ni derrotas, algo llano, algo pausado, algo quizás superficial, pero que roza una tierna profundidad simbólica. Ahora mismo no deseo más, ni quiero más. Ni siquiera deseo hacer algo grande, más allá de la grandeza de traer al mundo desde lo invisible y el anonimato Vida, Consciencia, Amor.

La aventura de estos años me ha llevado a muchos límites, y la paz de estos meses no tiene precio. Y te cuento esto porque me imagino que allí, en Escocia, lejos de los medios y el ruido mediático al que estabas acostumbrado, de las luces y sombras de este país, te sentirás algo así, aliviado, tranquilo, anónimo, libre, en paz. O al menos ese es mi deseo.

Gracias por compartir un trozo de tiempo. Como te decía más arriba, te envidio sanamente, al mismo tiempo que me arropo tranquilo en este momento de estabilidad y sencillez. De aquellas Tierras Altas siento anhelo. Pero ahora toca bucear en la necesaria regeneración vital. El descanso del guerrero, que diría aquel.

Un abrazo grande y sentido,

J.

6 respuestas a «De aquellas Tierras Altas»

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