«Enoc, hombre justo a quien le fue revelada una visión del Santo y del cielo pronunció su oráculo y dijo: la visión del Santo de los cielos me fue revelada y oí todas las palabras de los Vigilantes y de los Santos y porque las escuché he aprendido todo de ellos y he comprendido que no hablaré para esta generación sino para una lejana que está por venir». (El libro de Enoc)
Hoy me entrevistaba Miguel Blanco en RNE para su ya mítico programa “Espacio en Blanco”, un programa que los más curiosos no nos perdíamos a altas horas de la madrugada a finales de los ochenta y principios de los noventa. Ha sido todo un honor ser partícipe del mismo para hablar de un polémico y provocador libro que hemos editado en Nous: El libro de Enoc.
En síntesis, de los tres libros que se conocen de Enoc (el etíope, el eslavo y el hebreo), nos centramos en compartir sobre lo que se habla en el primer libro, el llamado etíope, y en sus primeros capítulos, llamados “El libro de los Vigilantes”.
Nuestra edición es provocadora porque su portada refleja unos seres de apariencia divina, con sus alas, pero con cara más de extraterrestres que de ángeles celestiales. El subtítulo también es provocador: “La verdad sobre nuestros creadores, los ángeles caídos, los dioses antiguos, los orígenes olvidados”.
La cuestión principal que plantea este libro es que un grupo de ángeles, quizás aburridos por la apacible vida celestial, decidieron bajar a la tierra y fornicar con las hijas de los hombres. De esto ya daba buena cuenta el Génesis (6:1-4). De esa unión nacieron unos seres híbridos llamados en la tradición lo gigantes, los nephilim.
Esta tradición, que no es exclusivamente judía, sino que también aparece en las tradiciones sumerias y acadias cuando hablan de los Anunakki o en muchas otras tradiciones, tal y como describimos en el prólogo y el epílogo del libro, hace clara referencia al mito del ángel caído, a Prometeo, a Lucifer, el ser de luz que descendió a la tierra para ayudar de alguna manera en la evolución humana.
De ello hablaba con Miguel al mismo tiempo que nos interrogábamos sobre nuestros verdaderos orígenes. ¿Somos producto de la nada, o del Todo? ¿Somos producto de la casualidad, con el aislamiento cósmico que eso supone, o el infinito celeste es solo una morada más donde nosotros, seres sintientes, hemos sido creados para llenar todo ese vacío? ¿Hemos sido creados fortuitamente por la madre naturaleza o la madre naturaleza y toda su evolución, incluyendo en ella la propia vida, las emociones, la inteligencia y la autoconsciencia, han sido minuciosamente planificadas por dioses creadores?
Los interrogantes se amontonan y las respuestas parecen diluirse entre el mito, la fantasía y la imaginación. ¿Cuánto puede existir de real en todas esas lucubraciones, ya sean de calado científico o metafísico? Nada importa, excepto el interrogarse constantemente, y eso incluye el leer, el conocer, el buscar.
Como no soy un buen orador no sé cómo habrá salido la entrevista. Más aún, con este calor insoportable, donde solo pensaba en retirarme espiritualmente frente a los picos ascendentes de Panticosa, por decir algo. En todo caso, julio y agosto son meses de mucho trabajo, y los retiros deberán esperar.
