«Conócelo todo, pero mantente en el anonimato».  Silencio, Secreto, Sinceridad y Servicio


Hoy leía un texto inspirador que compartían desde las tierras altas de Escocia. Trataba sobre cómo la sabiduría perenne se transmite de generación a generación secretamente, en silencio, con sinceridad y con el único ánimo de ser útiles a la humanidad.

Leía que, en las áreas de estudio de ciertas antiguas tradiciones, se aprende que, simbólicamente, el mazo es una herramienta que representa la fuerza y voluntad. Se usa inevitablemente primero sobre uno mismo para eliminar todas las obstrucciones y excrecencias que impiden que las piedras de la propia existencia encajen perfectamente en el edificio de la Gran Obra a la que pertenecemos. Pulir la piedra, quitar las aristas y trabajar en nosotros mismos como pilar de la construcción a la que nos debemos.

Luego están los tres juegos de cinceles que se emplean bajo la fuerza de ese mazo: tres para usar sobre uno mismo, tres para usar con los demás y tres de uso universal. Los tres primeros (para usar sobre uno mismo) son energía, perseverancia y resistencia («son cinceles grandes y pesados, nos duelen los brazos, nos duele la espalda, nos duele el corazón, pero no podemos hacer el trabajo sin ellos»). Los tres cinceles para nuestro trabajo con los demás son «exquisitamente finos y delicados»: tacto, simpatía y buena voluntad. El último juego, de uso universal, son el sentido del humor, el sentido de la proporción y el sentido de la belleza.

Estas enseñanzas no siempre son visibles, porque no siempre tenemos esa visión necesaria para hallarlas, escudriñarlas, entenderlas y aplicarlas. La voluntad de intentar ser mejores no es un acto egoísta ni vanidoso que nos atañe a nosotros mismos, sino que a su vez se hace extensible al grupo al que pertenecemos, y de ahí, irradia positividad al mundo.

Ser partícipes de esa sabiduría, de esa tradición transmisible, no nos hace mejores, pero sí que nos ayuda a ver el horizonte al que deberíamos deslizar nuestras vidas. Conocerlo todo es una tarea compleja. Evidenciar la necesidad de poner en práctica todo aquello que conocemos nos invita a cierto anonimato, a cierto y delicado silencio y discreción. Compartir lo epidérmico es solo un devenir. Profundizar en lo abismal solo nos permite mantenernos embelesados ante la sublime proporción y el sentido de la belleza.

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