Reconciliación interior


Cada vez más personas están más cerca de reconciliar lo externo con lo interno. Dicho de otra manera, es como si comprendieran que lo interno y lo externo van cogidos de la mano, o forman parte de una misma realidad, o fuera, realmente, una realidad única. La diferencia entre lo que vivían anteriormente a esta realidad, era diferenciar lo que es real de lo que es puramente una necesidad del pequeño ego. Ahora todo lo ven desde otra perspectiva. Como si el pequeño ego fuera un niño al que atender, útil en la realidad en la que vivimos y tenemos nuestro ser, y como si ese verdadero ser fuera un padre que acompaña a su hijo en el desarrollo del mismo. Pero en el fondo, padre e hijo, viven siendo uno.

En ese sentido, siento como si las palabras de DK tuvieran sentido: “El conocimiento interior no está destinado a impulsar la vida espiritual hacia una mayor y creciente subjetividad; la meta no es llevar una vida más interna y recibir un entrenamiento que lo convertirá en un ser verdaderamente introspectivo y, en consecuencia, en un místico puro. Es exactamente a la inversa; todo lo que el discípulo es esencialmente en los planos internos deberá convertirse en objetivo, así su vivencia espiritual se convertirá en asunto cotidiano”.

El descubrimiento o el análisis de esta verdad interior, refleja al mismo tiempo otra variante en la reflexión: todo lo que hay dentro se manifiesta fuera, y también viceversa. Por eso, nuestro compromiso grupal se traduce según nuestra manifestación interior. Todo lo que está dentro se plasma de forma magnética hacia fuera, creando con ello un eslabón imprescindible en la cadena del compromiso con la vida.

El servicio que cada uno puede aportar al mundo es significativamente importante, ya que, por muy poco que se tenga conciencia de esa actividad grupal, ya se está aportando algo. En ese sentido, la aportación intenta ser lo más consciente posible, dentro de la actividad grupal en la que nos desarrollamos. Identificar nuestra área de servicio es un hito importante en nuestras vidas.

¿Dónde puedo ser útil para mí mismo y para los demás?  Intentar apoyar y ayudar en todo lo que podamos fortifica en nosotros una madurez interior que antes no poseíamos. No podemos concebir la vida personal sin que estemos totalmente involucrados en esa necesidad interior de estar alineados con el servicio grupal. Lo importante de esto es que cada cual aporta todo ese miligramo de energía y fuerza magnetizante para que el mundo sea cada vez mejor, cada vez más humano y entregado hacia el bien común. Eso requiere entrenamiento y disciplina, y también esfuerzo añadido.

Es por eso que la nueva mística, la nueva espiritualidad, el nuevo mundo interior, no está enfadado con el mundo exterior. Simplemente se alinea al mismo para intentar mejorarlo, para provocar que esa realidad sea cada vez más cómoda y sencilla para todos. El sufrimiento del mundo se ve como una anomalía innecesaria, y profundizar en la necesidad de buscar soluciones al mismo en todos los ámbitos de la vida cotidiana es la misión de esa madurez interior.

Ser útiles, ser amables, ser conscientes, ser honestos, ser amorosos, ser seres presentes y necesarios en los momentos más difíciles denota un compromiso real con la vida y la existencia. Vivir en la queja, el engaño o la crítica constante nos aleja de ese compromiso. Las señales son inequívocas. Cuando somos amables con los otros, incluso con nuestros peores enemigos, estamos en el buen camino. Mientras guardemos rencor y odio, nos alejamos irremediablemente de esa fusión interior, de ese reconocimiento del ser consciente que somos, y por lo tanto, nos alejamos del mundo y de la vida.

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