Este bello video nos habla de la proporción áurea o número phi, proporción matemática considerada para muchos como sagrada ya que se manifiesta en toda la naturaleza de forma no menos misteriosa.
Programados para ser únicos
A veces nos sentimos abatidos, cansados. Pesa ante nosotros la vida, el optimismo se va, los sueños se van. Nos damos un paseo por la orilla de cualquier río y vemos la serenidad con la que el pato navega por sus aguas. Levantamos la mano y el nos contesta con un graznido suave y melancólico, porque él, igual que nosotros, navega solitario. Nos sentamos en la orilla y miramos al pato, su peculiaridad. Nos preguntamos porqué viaja hacia el mediodía y no hacia el septentrión. Porqué en un momento dado gira a la derecha y no a la izquierda. Pensamos que el pato es un ser único, que tiene cierta autonomía, cierta consciencia que le permite librarse de las ataduras del guía de la especie. Luego observamos los árboles al lado de la orilla y vemos que ninguno es idéntico al otro, que cada uno proyecta una sombra diferente, auténtica. Entonces, en esa reflexión melancólica, nos encontramos de frente con nosotros mismos, allí, solitarios en mitad de la nada, rodeados de identidades que nos observan desde los mundos invisibles, de seres que vigilan cuidadosos y atentos que nuestra originalidad no se derrumbe. Nos abrazan y nos animan, como el pato cuando nos saluda, y nos recuerdan que somos únicos y verdaderos. Entonces el optimismo rearma nuestras banderas, miramos hacia el cielo y hacia la tierra, abrazamos de nuevo la línea del horizonte futuro y emprendemos de nuevo la marcha, repitiendo constantemente la canción que nos recuerda que estamos, increíble y milagrosamente vivos. Sí, vivos, y tomamos consciencia de que somos únicos… Ahora sólo nos queda tomar consciencia de que somos verdaderos…
El reposo del guerrero
El tiempo no se detiene y pasa en exceso rápido. Uno cree, cuando es joven, que le queda toda una vida por delante. Pero esa vida pasa de forma tan vertiginosa que no somos capaces de encontrar el freno de mano para detenerla, para atraparla entre unas manos que envejecen a la velocidad de la luz. Sólo en la soledad, en la meditación del silencio, parece que algo se detiene, permitiendo con ello la contemplación desde una columna elevada que permite ver algunos rasgos del infinito universo. Entonces parece que todo está bien, que todo se mueve al ritmo necesario y que la vida no contempla paradas excepto las de la conciencia.
El jueves regreso a Barcelona si la furia del volcán islandés Eyjafjälla lo permite. Si la cosa empeora podría ser que quedara atrapado en esta isla de felicidad. No me importaría. En estas dos semanas he rendido más que en dos meses. Además, he empezado a redactar mi cuarto y quinto libro a la vez, uno sobre reflexiones antropológicas y otro sobre reflexiones filosóficas maltitulado “La Conspiración de los Iguales”. Tal vez en mayo o junio vuelva de nuevo a Alemania pues encuentro en estos lugares la paz suficiente como para concentrarme con lo que más disfruto: escribir. Además, sigue quedando pendiente el finiquitar la tesis y poder con ello pensar en otras cosas. Quizás este verano sea apropiado para todo esto. Mientras, los días pasan rápido. Por la tarde en el huerto o subido en la bicicleta, perdido entre interminables campos llenos de ciervos libres, de bosques, de prados. A veces me adentro en algún bosque, escucho el crujir de sus inmensos árboles, me tumbo en su hierba y viajo con el recuerdo a la sabana africana, a los desiertos mongoles, al pacífico mar de California, a los caminos dels bons hommes de los Pirineos, a las selvas de Bengala o los profundos valles del Rajastán, a la tierra seca mexicana o las interminables carreteras de Nevada. Reviso la lista de lugares y siento cierta ansiedad. Hay tantos lugares que esperan…
Estad siempre listos para vivir felices
Si habéis visto alguna vez la obra «Peter Pan», recordaréis cómo el jefe de los piratas siempre estaba pronunciando su discurso de despedida por temor de que cuando le llegara su hora no tuviera ya tiempo de compartirlo. Algo así me sucede a mí, y, aún cuando no me estoy muriendo en este momento, lo haré uno de estos días y quiero mandaros un mensaje de despedida. Recordad, esto es lo último que oiréis de mí, por tanto meditadlo.
He tenido una vida muy dichosa, y quiero que cada uno de vosotros la tenga también.
Creo que Dios nos puso en este mundo maravilloso para que fuéramos felices y disfrutáramos de la vida. La felicidad no procede de ser rico, ni siquiera del éxito en la propia carrera, ni de concederse uno todos los gustos. Un paso hacia la felicidad es hacerse sano y fuerte cuando niño, para poder ser útil y así gozar de la vida cuando se es un hombre.
El estudio de la naturaleza os mostrará cómo Dios ha llenado el mundo de belleza y de cosas maravillosas para que las disfrutéis. Contentaos con lo que os haya tocado y sacad el mejor partido de ello. Mirad el lado alegre de las cosas en vez del lado triste.
Pero el camino verdadero para conseguir la felicidad pasa por hacer felices a los demás. Intentad dejar este mundo un poco mejor de como os lo encontrasteis y, cuando os llegue la hora de morir, podréis morir felices sintiendo que de ningún modo habréis perdido vuestro tiempo sino que habréis hecho todo lo posible. Así, estad «Siempre Listos» para vivir felices y morir felices: aferraos siempre a vuestra promesa Scout, aún cuando hayáis dejado de ser muchachos, y que Dios os ayude a hacerlo así.
Robert Baden-Powell, creador del movimiento Scout
Garzón ante la historia: el Juicio de los Jueces
He aquí mi pobre visión del asunto, no la visión de un jurista, el Absoluto me libre, sino la de un sociólogo. Quizás sea importante remarcar esto. Es por ello que estoy más inclinado a pensar en términos de que el Sistema desea cargarse a un espécimen incómodo que no a la teoría ingenua y facilona de la independencia o no del «poder» judicial. Todo esto independientemente de qué o quién sea Garzón, lo cual me importa un pito. Por sus actos (y frutos) los reconoceréis.
Hubo en Núremberg una multitud de juicios paralelos al principal de ellos que se encargaban de juzgar a funcionarios menores del Estado, el Ejército, doctores e industriales alemanes. También hubo uno contra los jueces que colaboraron con el régimen fascista nazi conocido como el Juicio de los Jueces.
La historia de España, como el mismo pueblo español, es más enrevesada. Aquí, el único juez español que pretende juzgar al régimen heredado, al Sistema corrupto y criminal que tenemos en este momento es, paradójicamente, llevado ante un nuevo Juicio de los Jueces, pero a la inversa. Es decir, el Sistema pretende cargarse de un plumazo este agente corrosivo del statu quo, un statu quo herencia de un régimen fascista, el franquista, no depreciado del todo. El motivo del juicio: prevaricación, es decir, creerse por encima de la ley al dictar una resolución arbitraria a sabiendas de que esa resolución es injusta. La resolución: declararse competente en la investigación de los crímenes de la Guerra Civil y el franquismo. Es decir, es como si un militar alemán hubiera denunciado a Geoffrey Lawrence, presidente del tribunal de Núremberg, por investigar las atrocidades del régimen nazi, y esta denuncia hubiera sido admitida a trámite por los juzgados pertinentes.
Como estas cosas sólo ocurren en España –qué paradójico que escriba estas letras desde Alemania- nace otro interrogante: ¿es la ley justa? Quiero decir, ¿es la ley de amnistía de 1977 justa? Más aún, ¿se puede crear una ley, en este u otro país, para perdonar crímenes de guerra? Sin duda, surrealista, como España misma. Pero habría que remitirse a lo surrealista de la transición para comprender todo esto, esa transición a la que recurrimos cada vez que deseamos ignorar o no molestarnos por el pasado.
La historia está llena de singularidades difíciles de entender. Allende, que era masón, fue ajusticiado por otro masón que por sus pésimas cualidades no pasó del primer grado, el de aprendiz, de nombre Pinochet, el cual, a su vez, parodias de la vida, fue perseguido, muchos años después, por otro masón, según dicen: el juez Baltasar Garzón. Un juez que fue albañil operativo y filosófico, pero también camarero antes de poseer más de veinte honoris causa por diferentes universidades. Un juez que saltó a la fama internacional por luchar contra la impunidad de los delitos cometidos en el pasado, impunidad que bajo una suave balsa de aceite planea sobre la cabeza de todos los españoles. Y como nadie es profeta en su tierra, Garzón, que se atreve con todo, ya sean corruptos políticos de cualquier bando o calado (véase caso GAL o GÜRTEL), económicos, terroristas, criminales de guerra o narcotraficantes, es juzgado, valga la paradoja, cuando más empieza a tirar de la manta, de la manta de los que ostenta el poder, claro.
La manta corrupta en la política, primero con el caso GAL, ahora con el caso Gürtel. Y también con otra cara de la política que no gusta: la impunidad que supone el olvido de los crímenes de guerra que ocurrieron recientemente, no sólo con las dictaduras latinoamericanas, sino, y no lo olvidemos (¿por qué olvidarlos?), con la que España soportó durante más de cuarenta años.
¿Y por qué? Porque la historia, que no perdona, jamás entenderá que un golpista-revolucionario (¿?) que provocó una guerra civil con más de medio millón de bajas de ambos bandos perdurara en el poder hasta que murió, delegando en un príncipe proclamado rey, su herencia sanguinaria, totalitarista y fascista. Es como si en Alemania Hitler hubiera ganado la guerra y tras su muerte hubiera sido proclamado Jefe del Estado algún descendiente del emperador Guillermo II, creando con ello una transición pacífica, claro, pero a costa de obviar los crímenes cometidos contra lesa humanidad.
Es por ello sensato pensar que no se está juzgando a Garzón, sino que en el subconsciente colectivo español aún existe una guerra civil no culminada precisamente por no haber existido en España un juicio de Núremberg donde sentara en el banquillo a los culpables de la guerra. El día que un juez o un tribunal valiente asuma la responsabilidad civil e histórica de mostrar ante el mundo y la justicia los crímenes del régimen y las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores de dicho régimen en los diferentes abusos cometidos por el franquismo, ese día en España se terminará el linchamiento ideológico y civil al que cada día asistimos por las llamadas heridas malcuradas de la guerra reciente y su posterior posguerra.
Y no hablo con todo esto de la recuperación de ninguna memoria histórica, la cual, dicho sea de paso, suele ser interpretada como una revisión subjetiva de una de las versiones de la misma recordando las atrocidades de uno de los bandos y no las del otro. Me refiero a la interpretación objetiva de los datos históricos, de los hechos que acaecieron, independientemente de sus interpretaciones, y que pueden ser registrados objetivamente por los informes de cualquier investigación, como la que pretendía el juez Garzón.
Echar al olvido el pasado tal y como defienden los abanderados de la amnistía-somnolencia nacional, me parece un grave error para las generaciones futuras. Necesitamos, es cierto, un revisionismo de la historia, pero un revisionismo a la luz de investigaciones científicas, no de ideologías subjetivas. Y para que eso sea posible, tal vez sea necesario un juez como Garzón, exhibicionista y ególatra, como lo define el hispanista Stanley G. Payne, pero capaz de remover una somnolencia inmerecida y un sustrato tribal de nuestra memoria colectiva.
Hablemos de sexos
El sexo crea monstruos, pero también dioses. Por eso es bueno discernir entre unos y otros, sobre todo en los tiempos que corren, para no culpar al sexo de las atrocidades que pueda provocar por su mal uso o por su mal entendimiento. Como cualquier otra cosa, el sexo es neutro, y tiene sus propias funciones bien definidas, ya sea en los planos físicos, emocionales, mentales o espirituales. El sexo en sí mismo no es bueno ni malo. A veces viene acompañado de amor y a veces no, a veces provoca emoción y a veces no. Cuando ocurre lo último, es simplemente un intercambio químico que produce una sensación placentera en varios niveles. Esto, como todo en la vida, no es malo ni es bueno, siempre que se ejerza de forma voluntaria y no violenta. Es cierto que el sexo, o la carencia del mismo, es uno de los mayores motores de estrés y violencia que existen. Pero también es válvula de escape de emociones frustradas, de energía acumulada, de pesadez existencial. Y también de creación. Crea seres, crea emociones, crea energías, crea pensamientos y crea espíritu. Quizás en esta, y no en otra, esté su verdadera grandeza. El sexo como acto creador.
En un plano más elevado, alejado de lo esencialmente físico, hay, además, intercambio de emociones. La expresión puramente física y animal, visceral, traspasa la barrera de lo anímico para agregar el añadido etérico de la emoción. Aquí se construyen puentes y lazos que van más allá del simple contacto químico. Se añade sustancia vital, protoplasmas astrales que provienen de esos mundos sutiles que tanto nos cuesta comprender. Aquí, el puro deseo se desgarra, produce risa y llanto, miedos y alegrías. Jamás quedas indiferente ante un sexo emocionado, o teñido de pintura rebelde, de pura vibración. Aquí, el sexo, de nuevo, no es ni bueno ni malo, pero ha sido tanto su poder, que ha cambiado iglesias, pensamientos, reinos y vidas. Casos extremos, locuras, enamoramientos, pero también muertes, sufrimientos, posesiones y alguna que otra guerra o maldición. La emoción que se suma al potencial energético del sexo produce grandes cosas, buenas y malas, dependiendo del sentido que les demos a cada momento. Sin duda, no nos deja indiferentes, nos toca, engendra huellas, nos confunde, nos enloquece, irrumpe en nuestras vidas y nos ciega. Provoca emoción, y dolor, y alegría. Y también arte. Los artistas son sexos andantes, porque entienden la importancia del acto creador. Y ciencia, y filosofía, y ordena la violencia en eso que llaman política, que no es más que una masturbación controlada y adornada que provoca civilización.
Pero más allá de estos estadios, del puramente físico y el puramente emocional, existe el sexo que viene acompañado de amor. Aquí la palabra como expresión sublime de la comunicación silenciosa ejerce un significado más profundo. Pues el sexo se convierte en comunicación, en compartir, no en dividir, sino en sumar y fusionar. Posiblemente sea el momento de mayor aproximación a la experiencia mística, pues este tipo de sexo, a veces, no necesita contacto, ya que la parte orgásmica de la unión no tiene que ver con los planos físicos o emocionales, sino con aquellos que se abandonan en lo invisible de la cámara de en medio. El punto donde el corazón se transforma en red de redes y amasa para sí todo cuanto desea. Una mirada, un roce, una canción, un paseo, un abrazo, pueden provocar mayores cuotas de deseo sexual que el mero y placentero roce físico. Aquí no hace falta penetración, ni fornicación, ni felación. Baste un simple pensamiento para creernos en mutua comunión con el otro. Aquí ya no hablamos de deseo, ni de querer queriendo, ni de simple enamoramiento, sino de pleno amor. Amor como entrega, amor en silencio, amor alejado del egoísmo, donde lo único que merece ser vivido es la felicidad del otro, el servicio al otro. No es un amor posesivo y no entiende de entregas personales. No divide, sino que multiplica. No esclaviza, sino que libera. No se encierra o concentra en una o dos personas, sino que es capaz de abrazar al conjunto de la humanidad en un solo y único deseo: amar amando.
Este, y no los otros, es el mayor sexo de todos, porque incluye lo físico y lo emocional, pero puede trascenderlos hasta el punto de dejar de necesitarlos. Por eso el amor verdadero prescinde de todo. Nace libre y cuando lo hace, ya nunca muere. Permanece para siempre, porque no ata, porque no presume, porque no mancilla, porque no mancha. Se mantiene flotante en las esferas de lo inescrutable. Es allí, en lo insondable, donde nace y permanece. Es allí, en lo incognoscible, donde explota en millones de esencias que bañan a todo cuanto alcanza. Allí, en el silencio, te amo amando…
El Castillo del Olvido
El reloj suena puntual a las seis y media todas las mañanas. Ella se levanta y desaparece siguiendo los designios de aquel cuyo nombre no se puede nombrar. Mi aguda pereza me permite estar algunos minutos más en la cama regodeándome en los sueños del otro mundo. Antes de las ocho ya estoy en mi puesto de trabajo: dos ordenadores en la esquina derecha del salón, a tres metros de la cocina y cuatro del baño. Contesto correos, reviso la prensa digital y empiezo a maquetar libros entre tripas e ilustraciones llenas de advertencias. Los autores se impacientan y consumo tiempo explicando la lentitud del proceso editorial. También reviso diariamente las cuentas del banco, porque la fórmula matemática dice que la impaciencia de los autores no es igual a la cuenta de resultados, pero sí tiene que ver en proporción de uno a cien con el tiempo en que se tarda en imprimir uno u otro libro. A las nueve ella ha vuelto de su práctica diaria y desayunamos juntos. Sólo tengo que girar la silla y ya estoy de vuelta en el salón, fuera de mi particular oficina. Media hora después vuelvo al trabajo hasta las dos, hora de comer. A las tres me relajo en el sillón del salón, un metro dirección septentrión, sillón que hace las veces de cama por la noche. Miro el correo, contesto algunos mails, ordeno algún libro, leo de nuevo la prensa y vuelta al trabajo. Así hasta las siete, donde intento descansar paseando con la bicicleta por los infinitos caminos que se pierden en prados y bosques. O trabajando en el jardín, o simplemente dando un paseo a pie hasta el río. Una hora de paseo, ducha, vuelta al trabajo hasta que… Hasta que a la noche olvido que estoy en Alemania, a unos tres mil kilómetros de mis libros, de mi pequeño jardín, de mi pequeña Montaña. Se está tan bien en este castillo del olvido que casi no recuerdo nada de aquel lugar, excepto que es grande y está vacío. A veces algo o alguien me recuerdan que aquello está vivo, que existe y que me espera. Que el olvido no es producto del bienestar, sino de la ensoñación que ese bienestar, alejado de problemas e infortunios, produce en la vida diaria. Podría ser que el tedio también fuera placentero y paciente alcanzara las metas de la vida común. Por eso, cuando por la noche vuelvo solo al sillón-cama, ella se marcha a su habitación, cierra las luces y el silencio, que lo invade todo, me advierte de lo indiviso. Pero a veces es un silencio tan pesado que puede con la vigilia hasta despertar el sueño… y el olvido vuelve a su castillo…
El coche eléctrico por fin en España
Ya está a la venta en España el primer coche eléctrico. Esta noticia me llena de emoción pues siempre he apostado por esta solución ecológica para el problema de la movilidad mundial, y ahora, tras años de ensoñación, parece que por fin, y quizás con algo de contundencia, el sueño se haga realidad. De momento el primer botón viene de Finlandia, donde se fabrica el Think, un utilitario que alcanza los 120 km/h y posee una autonomía de 200 km. Su precio aún es elevado, algo más de treinta mil euros, pero para todos aquellos que os lo podáis permitir, creo que es una apuesta fiable para potenciar aún más este camino inevitable. Recuerdo que cuando compré recién salido al mercado el Toyota Prius, el primer coche híbrido, no lo dudé ni un momento. Era una señal clara de que algo estaba cambiando, y había que apostar por ello. Recuerdo que el vendedor intentó convencerme para que comprara otro vehículo, pero independientemente de lo arriesgado de la novedad, había que ser pionero en ese tipo de iniciativas. Más de trescientos mil kilómetros después me alegra haber apostado en su momento por ello. Ojala pronto los mercados se llenen de esta tecnología ecológica y el materialismo, ya que no podemos prescindir de él, se reconduzca hacia parámetros lo más ecológicos posibles.
Para más información: http://www.goinggreen.es/producto/thnk-city
La grandeza del fracaso
Estamos acostumbrados a no arriesgar. Incluso a los que lo hacen y fracasan se les critica, ignorando que en el fracaso hay una enseñanza sublime, un componente mágico que nos ha de conducir inevitablemente al éxito. Arriesgar es apostar, y debemos aprender a perder, a sentir la derrota como algo inevitable. En Silicon Valley, cada iniciativa con cierto éxito viene precedida de más de cuatro fracasos. En nuestro país apenas arriesgamos un fracaso. Por eso no nos debe abrumar ni lo uno ni lo otro, es decir, el exceso de fracaso o el exceso de éxito, pues ambas son mentiras de una realidad indulgente. Lo importante es sentirnos vivos a cada momento, creer en la posibilidad del movimiento, en la grandeza de las pequeñas cosas. No temamos a equivocarnos: en los negocios, en el amor, en las ideas… seamos partícipes de cada momento y subamos un escalón más en la rebelde posición de seguir vivos.
Sobre la Autoridad
El Infierno Fundamentalista
Siempre ha existido una rigidez dogmática ante el cambio, ante cualquier cambio, promovida principalmente por una potestad carismática que concentra la autoridad en valores que remarcan la sumisión individual. Esa rigidez nace de ideologías teñidas de cierto origen sagrado o afectivo que produce una inmunidad temporal ante cualquier traza que pretenda desviarlas de su originalidad. En sus extremos más inquietantes, si bien por suerte no es la norma generalizada en los tiempos que corren, producen fanatismos y fundamentalismos. Y a veces, para algunos abanderados de la tolerancia, resulta extremadamente difícil ser tolerante con los intolerantes, especialmente con aquellos que por designio divino o ideológico se creen en posición de la verdad absoluta.
La sociedad posmoderna ha llegado a la conclusión tras siglos de descubrimientos científicos y humanos, muertes y guerras sanguinarias que no existe, en el plano humano, ningún tipo de verdad absoluta. Sin embargo, tan sólo se tarda un segundo en encontrar a alguien que cree poseerla. En cierta forma, incluso si aislamos esta sentencia, podríamos pensar que se trata también de una “verdad” esgrimida sutilmente por el que la redacta. Es la paradoja de la palabra como libertad, una libertad que a veces se permite como producto arbitrario. Y la arbitrariedad nace del exclusivismo que parte del filtro ideológico, el cual juzga a los otros como amigos o enemigos según su pertenencia o no al círculo o núcleo de creencias compartidas o no. Y ambas posiciones pueden ser determinadas en la transformación por la conquista o conversión, o el aislamiento de una sociedad, o parte de ella, contaminada por la no pertenencia al grupo.
Los fanáticos y divulgadores de creencias confunden la sutil frontera existente entre la creencia que intenta describir el mundo, en todo caso, interpretarlo, y aquella que pretende aplicarse a todos los mundos posibles. Y verdades fanáticas las hay de todo tipo: religiosas, políticas, económicas, pedagógicas, sociales, culturales… Y la tendencia de una sociedad madura y libre es la de sentir cierta alergia cuando se topa con alguna de ellas, no por ser una abanderada del relativismo absoluto, que esto también sería una verdadera “verdad”, sino porque la libertad madura rechaza con fuerza cualquier tipo de interpretación aleatoria o dogmática, cualquier juicio y prejuicios apriorísticos.
Pongamos como ejemplo una increíble conversación que tuve recientemente con una persona adulta, occidental, de unos treinta y pocos años, con estudios universitarios y cierta cultura. Se confesó cristiana practicante, y como cristiana tiene tres dogmas inamovibles: el primero es que sólo existe un Dios verdadero que es el Cristiano y un único camino y verdad para llegar al mismo que es mediante su hijo Jesús el Cristo libre de cualquier Iglesia o culto. La segunda verdad es que todo el que no sea cristiano en el día de su muerte irá directamente al infierno. Es decir, aquí incluimos a los budistas, ateos, musulmanes, hinduistas, animistas, taoístas, gnósticos y agnósticos, masones, judíos y todos aquellos que no abracen la fe cristiana. De ser así, el infierno se va a llenar de almas en pena por los siglos de los siglos y el cielo, estará prácticamente vacío. En un plano más personal, había una tercera verdad: según su fe cristiana, no podía mantener relaciones sexuales hasta no casarse con su pareja. Algo increíble para valores y morales de nuevo cuño.
Si bien este es un ejemplo muy individual, un caso muy concreto, parece una recurrencia normal el poder ver como partidos políticos, grupos de poder o Iglesias de cualquier calado apuestan firmemente, y socialmente, siendo esto lo verdaderamente angustioso, por defender a capa y espada sus propias verdades, las cuales, dicho sea de paso, no aceptan consensos, ni acuerdos, ni propuestas, porque las mismas invalidarían la fuerza esencial de sus principios.
Y visto desde un plano lejano, cada cual puede tener sus dogmas, creencias o fe y hacer uso de ellas a su manera y según le convenga en su vida diaria. Hasta aquí no hay problema. El problema surge cuando dichos dogmas entran en la esfera de lo público y dichas creencias intentan imponerse de una u otra forma. Entonces aquí las creencias se tornan peligrosas, ya que si el otro no es como yo, si no piensa como yo, si no cree como yo, lo mejor es exterminarlo. Y ahí nace un peligroso equilibrio entre la tolerancia, la empatía y el amor fraternal hacia el otro en contraposición de nuestras egoístas posiciones. Caro Baroja expresó su disgusto con respecto al pensamiento totalitario de la siguiente forma: “vivimos aún bajo el peso de teorías sociales e históricas, totalitarias y dogmáticas, que se nos dieron como llaves para abrir todas las puertas. Ahora bien, lo que sirve para abrir todas las puertas no es una llave, sino una ganzúa”. Quizás si cada cual, ya fuera de forma individual o colectiva, se esforzara en encontrar esa ganzúa, nuestro tiempo, nuestra sociedad, se teñiría rápidamente de valores de autoexpresión, de colaboración y de aprecio hacia lo ajeno y lo extraño. Quizás algún día eso ocurra y podamos liberarnos de nuestros infiernos personales para abrazar la verdadera vida eterna: la vida creadora y amorosa.
Un vagabundo en Dannenberg
Hoy ha sido un día de integración en esta pequeña ciudad de algo más de ocho mil habitantes en el lejano oriente de la Baja Sajonia y a unos diez kilómetros de la granja de Anja. Alguna vez en el pasado había visitado este lugar en bicicleta para tomar un helado o ir de compras, o quizás para visitar a los diferentes artistas que comparten su arte en la famosa semana de la Kûltûrelle Landpartie (traducido es algo así como excursión o salida cultural). Por la mañana hemos ido a desayunar a la casa de Marianne, una amiga de Anja y miembro de la comunidad cristiana a la que pertenece. Como es domingo, tras el suntuoso desayuno, había sesión de estudio bíblico. Me ha resultado, como antropólogo, interesante escuchar como aquí viven con cierta devoción la reforma que llevó a cabo Lutero. Además he podido escuchar algunas palabras en el idioma de esta tierra. Hace unos años pude escuchar a Elisabeth, la madre de Anja, relatar en Navidad un cuento típico en la lengua de este lugar, el Plattdüütsch o Bajo Sajón, un idioma que se está perdiendo y que sólo hablan los más antiguos. Anja sabe algo, y de vez en cuando me sorprende con alguna frase en esta habla extraña para nosotros, especialmente porque ignoramos su existencia, pensando que el alemán se extiende uniformemente por todo este vasto país. Mientras los siete componentes de la comunidad explicaban las hazañas de Lucas 18, miraba de vez en cuando por la ventana pues me encanta ver como en este país integran a la perfección vida humana con naturaleza. Todas las casas están divididas por grandes jardines y pequeñas columnas de bosques integrados en la ciudad como algo natural. A veces, los bosques crean pasillos que se convierten en paseos o caminos que conectan unos barrios con otros. Las casas o edificios, que nunca superan la altura de tres pisos, no están separadas por grandes muros de cemento como en España, sino por pequeñas barreras de madera o vegetales a lo máximo. Eso da una sensación de amplitud y no de claustrofobia. Hay un empeño en cuidar los jardines y todo está verde y florido. Pude observar con más detalle todo esto a eso de las tres, ya que había encuentro en la comunidad cristiana. Así que hemos ido al local donde se reúnen y mientras los mayores cantaban y hablaban sobre la Biblia yo me divertía con los pequeños de la comunidad, haciendo a la vez de padre, tutor, monitor y payaso de los mismos. Lo hemos pasado bien. De nuevo comprendo como los niños, ya sean alemanes, etíopes o indios entienden el idioma universal de la sonrisa. Y así ha sido mi primer domingo en Dannenberg, una ciudad amable de gente amable y acogedora que bromeaban con frases en español con este perdido y errante vagabundo.
Jan Christoph
Pasamos la tarde en la granja de Anja recuperando estiércol de caballo para repartirlo en los verdes y floridos jardines de la comunidad. Pude abrazar a Elisabeth, su madre, pero también al perro Alex y a los caballos que seguían hermosos y libres en los prados. Alguna lágrima solté en diferentes momentos porque esa granja y todo lo que allí podía ver y oler tenía un fuerte componente emocional en mi vida. Allí pasé algún frío invierno, alguna primavera, algún verano y algún otoño. Y cada estación que recordaba pasaba por mis pupilas como si de una película de ensueño se tratara. Se dibujaba en mi rostro sin voz una sonrisa acompañada de una tristeza. Consonancia de un sin sabor difícil de describir. Contradicciones, aflicciones, angustias, pero también belleza, esplendor, fortaleza. Y tras recoger el estiércol fuimos a varias casas, y en la última, allí estaba el joven Jan Christoph, once años que compartía con una dolencia psíquica que esculpía en su rostro anómalo una hermosa cara angelical. De torpe andar, vestido con su jersey amarillo acompañado de una peculiar correa a juego, sonreía curioso por la novedad extranjera. Me preguntó mi nombre, y como en Alemania resulta difícil pronunciar la jota, le contesté en catalán: Xavi. Le gustó. Así que tras descargar el estiércol en esa otra hermosa granja llena de patos y ovejas que deambulaban libres por el pequeño prado, su madre Elke nos invitó a unos sabrosos huevos de granja acompañados de café, mientras que Jan repetía mi nombre con cierta complacencia. Le respondía con cierta complicidad en la mirada, recordando tiempos pasados cuando trabajaba con aquellos niños que ajenos a la realidad, vivían en un mundo lleno de estímulos y extrañas vivencias. Jan me recordaba a todos ellos, y al abrazarlo con la mirada y la sonrisa, era como si abrazara a todos los demás. Tras la merienda, Jan Christoph preguntó como era su nombre en inglés. Lo hizo en alemán pero entendí su pregunta y le respondí. Luego se acercó y cogió un palo rematado con tiras multicolores. Le preguntó a su madre Elke si en Madagascar había palmeras como esas. Cuando lo hizo, entendí su pregunta, y sus ansias de viajar a ese o cualquier país con tal de liberarse de las limitaciones que la naturaleza le había impuesto. Viajar a cualquier parte, aunque fuera inventando una palmera que jamás sería bañada por el sol de Madagascar, pero sí por el sol de su alma… Almas que se reencuentran en la sencillez de una sonrisa, o en la complicidad de un sueño imposible… Gracias Jan, Jan Christoph, por ser tan grande, y por haberme dado la oportunidad de imaginar, de soñar, de viajar contigo…
Corrupción a todos los niveles
Decía ayer que no entendía lo que pasaba en España. Creo que la misma sorpresa se han llevado en otros países, tal y como relata un titular del New York Times (http://www.nytimes.com/2010/04/09/opinion/09fri2.html?ref=opinion) en el que, con cierto estupor, se asombra de que en nuestro país juzguemos a los jueces que persiguen el crimen organizado, la corrupción política y el terrorismo. Tal vez tan sólo se trate de una cortina de humo para que la justicia, y los ciudadanos que la soportan, no piensen en exceso en el caso Gürtel, ni en sus mafiosos artífices, algunos de los cuales, dicho sea de paso, son los que administran el dinero que todos los ciudadanos comprometemos para el bien funcionamiento de nuestro devenir. Pero creo que la reflexión no debería detenerse aquí… Algo huele a podrido en nuestra sociedad… Porque todo esto que vemos, y de lo cual, dicho sea de paso, parece que estamos en la inopia inmune, no es más que la punta de un iceberg que empieza en nosotros mismos como ciudadanos nada ejemplares y que se traslada del ámbito privado al público con una facilidad que da vértigo. Es un milagro que la sociedad moderna no se derrumbe como un castillo de naipes… Todo, incluso esto, parece normal, como si la fatalidad no tuviera nada que ver con nosotros… Lo de Garzón es surrealista, y a pesar de que no es santo de mi devoción, admito que veinte años sin jueces así supondrá la victoria de la mafia que ostenta el poder de nuestra sociedad, y que se basa, a cual pelicula de Al Capone, en la más estricta observancia de la corruptela a todos los niveles. Así que hagamos un trato: que la sociedad civil denuncie todo cuanto vea en este sentido. Si el concejal de turno, el alcalde de turno, el político de turno o quién sea malversa los fondos públicos, se aprovecha de sus privilegios o saca sustancial jugo de su puesto, denunciémoslo sin reparos, con nombres y apellidos, y que se haga justicia, pero de la buena. Así que basta de heroína a los yonkis de la política y la corrupción.
El futuro del libro
Me envía M. una noticia que no me sorprende: la supresión por parte de la Junta de Andalucía de las ayudas al libro. Son unas ayudas que por algún misterio aún no desvelado, nuestra humilde editorial nunca ha disfrutado. Algunas malas lenguas dicen que es porque quien controla esas ayudas era hasta ahora la Asociación de Editores de Andalucía y los miembros de su junta. Es decir, que ellos, las editoriales que gobernaban esa junta, eran los mayores beneficiarios de las mismas. Y supongo que esa era la mayor motivación para estar en la junta y en la asociación. Desaparecida la motivación, realmente no sé que pasará con la misma. En todo caso nuestra humilde editorial se dio de baja el año pasado por no poder pagar las excesivas cuotas, en una política de reducción de gastos y quebraderos de cabeza con tal de sobrevivir en este duro sector. Así que tal y como visualizamos al principio de la creación de Séneca, está claro que el sector va a vivir una revolución increíble, sobre todo, a raíz de la aparición del ebook y de ahora el lector de libros Ipad de Apple, el cual revoluciona sin duda el hábito de lectura. Sea como sea, se presentan años difíciles donde deberemos reinventarnos a todo momento y estar a las expectativas de lo que viene para sobrevivir dignamente. Veremos…
Desde Alemania
Acostumbrado a viajar en coche por Europa, se me hace extraño levantarme en Barcelona y estar en dos horas en Hamburgo. Así que aquí estoy, en un viaje, cosas de la posmodernidad, que me ha costado la friolera de veinte euros, mucho menos que el autobús que me ha llevado desde Barcelona al aeropuerto de Gerona. ¿Cómo es esto posible? Como digo, cosas de la posmodernidad. Y veo las ventajas de viajar sin ser tú el conductor. He leído la prensa, por ejemplo, y he visto con cierto asombro como se intenta procesar a un juez que ha luchado contra el terrorismo, los Gal, la corrupción y un largo etc. mientras que los políticos corruptos campan a sus anchas por el senado sin que sean procesados. Esto sólo ocurre en las repúblicas bananeras y en España, por supuesto. Así que he preferido cerrar el periódico y leer a Nietzsche, que me resulta más interesante, sobre todo cuando dice eso de que “quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”… Y quizás me gusta por eso mismo, porque al disponer de un profundo por qué, me resultan tolerables todos los cómos… En todo caso, en lo que queda de tarde, y desde este lugar maravilloso, intentaré reflexionar, para no alejarme en exceso de la realidad, de todo lo que ocurre en nuestro país con la distancia del viaje…
Desde Madrid
Las incógnitas sobre el viaje interior siempre encuentran respuestas en el viaje exterior. Cada vez que hacemos un movimiento, cada vez que apostamos por un camino que nace del corazón, el universo conspira de forma extraña para empujarte hasta el destino verdadero. Aquel que nace dos veces comprende el significado de los mensajes y las huellas del camino. De ahí la importancia de morir. Así que ando en Madrid, en un lugar plagado de recuerdos, en la casa de un mito viviente, camino de Barcelona. Mañana estaré en Alemania, en mi otra casa, abrigado por los abrazos del amor bravo que resiste cualquier tempestad… Y allí, dispuesto a morir de nuevo para reinventar el camino guerrero…
Gibraltar… ¿español?
El otro día fui con unos amigos a Gibraltar… Es un lugar que no me canso de visitar por su extrañeza exótica. Como antropólogo, la visita, todas las visitas, no tienen desperdicio. Un trozo de la Gran Bretaña en la Bahía de Algeciras. Eso me hace pensar que las culturas determinan el territorio, y no viceversa. Es decir, que podemos pensar que Gibraltar no es un trozo de Andalucía o de España, me refiero a su cultura, al igual que Ceuta, Melilla o las Canarias no son culturalmente hablando un trozo de África, sino un territorio geográfico, y no cultural, de ese continente. Visto así, podríamos pensar que ciudades como Badalona, Hospitalet o Cornellá de Llobregat tampoco son, culturalmente hablando, parte de Cataluña, sino de algo nuevo y diferente a los que algunos dan por llamar territorios charnegos, por decir algo. Por eso no creo en la asimilación cultural, es decir, dícese de un territorio con una cultura antigua que pretende protegerse sobre las influencias externas a costa de “obligar” a los otros a que adopten la cultura establecida. Creo que las culturas están vivas, y como seres vivientes, deben crecer y deben basar su identidad no en la herencia sino en la experiencia, o en todo caso, en la combinación de ambas. Una cultura, una identidad, debe abrirse a los tiempos y debería asimilar las influencias pasadas, pero también las presentes y las futuras. Nuestros idiomas en esta piel de toro, por poner un ejemplo, tienen un origen histórico marcado por las influencias de muchas otras culturas, la mayoría mediterráneas, pero también nórdicas y orientales. Y no renegamos de los romanos, ni de los fenicios, ni de los griegos, ni de los tartessos… No entiendo porqué en nuestro tiempo deberíamos renegar de los árabes, de los musulmanes, de los latinos, de los chinos… o de los llanitos… La cultura es algo muy personal pero también es algo que compartimos como pueblo. Pero no como pueblos muertos en una identidad arcaica, sino como entidades vivas que crecen y se renuevan en las centurias históricas… Entonces… Gibraltar, lugar donde se aposenta una de las míticas columnas de Hércules, la Columna de Kalpe… ¿es español? Que decidan libremente ellos, los gibraltareños, qué quieren ser realmente… y los vascos, y los catalanes, y los gallegos, y los castellanos, y los charnegos, y los maketos, y los… Seamos individuos libres en pueblos libres, y que cada cual tenga libertad de vivir donde quiera y con las creencias que desee…
Encrucijadas…
Esta ha sido una semana movida… Visita de familiares y amigos, grandes cambios internos y externos… La decisión de la venta de la casa para dotar de sentido los próximos años ha tenido un protagonismo especial. Una decisión dura dado como está el patio, la crisis y todo lo relacionado al sector inmobiliario. Pero sobre todo dura porque estoy ante una encrucijada en el camino donde hay que tomar decisiones difíciles y que para bien o para mal determinarán muchas cosas presentes y futuras. Pero hay que hacerlo y con valentía. Así es la vida que pretende movimiento y cambio. Así es la vida del guerrero en el campo de batalla, dispuesto en cada momento a perderlo todo, victoria y gloria, con tal de seguir avanzando.
Por eso esta parada en el camino. Cuatro o cinco días dedicados a paseos y charlas con los amigos de siempre, esos que desde la infancia han permanecido juntos, en lo bueno y en lo malo. Paseos desde donde mirar con perspectiva todo el camino trazado, el pasado y el que viene… Momentos de reflexión profunda porque hay muchas cosas en juego… no solo cuatro ladrillos, no solo una casa… también la sede de Séneca, los años invertidos, el esfuerzo sufrido, los daños colaterales, las ilusiones… No hay miedo, no hay dolor, solo optimismo por un mundo nuevo y mejor… Un mundo que surgirá de todo cuanto ahora haga… Espero que la sabiduría guíe todas mis decisiones, que la fuerza me acompañe y sostenga y que la belleza adorne todo movimiento…
Actos cívicos vs actos incívicos
A veces me cuesta entender algunos actos humanos. Y ya no me refiero a los actos que cada día nos aterrorizan en las noticias mientras comemos plácidamente nuestro plato de comida. Hablo de los pequeños actos diarios, aquellos que de hacerlos bien, nos harían más humanos. Pues bien, ayer, paseando con unos amigos que habían venido a visitar La Montaña nos topamos de repente, y de nuevo en un sendero, el del Águila, un sillón abandonado. Fue tal la vergüenza que sentí como ciudadano y habitante de este pueblo que solo se me ocurrió retirar el sillón de ese lugar. Volvimos a casa y como pudimos lo cargamos en el coche trasportándolo hasta casa. Lo bueno es que al examinar el sillón vimos que está nuevo. Así que lo limpiamos algo, pusimos unas corchas encima y lo reutilizamos. Y aquí está, esperando a que la vergüenza desaparezca para buscarle una solución al sillón. Quizás lo recicle y haga algo con él… Al menos la gente que pasee estos días por el sendero del Águila no verá esa horrible imagen creada por algún incívico ciudadano.
Vendo Casa
Después de dos años luchando con el banco por fin he conseguido mi tercera hipoteca. Mi vida es anormal hasta para eso. Con ella he podido reunificar la deuda y si antes pagaba al banco tres mil euros ahora pagaré la mitad. No está mal este pequeño triunfo. Sin embargo, la sensación que tengo después de tanto esfuerzo y sufrimiento es de “misión cumplida”. A pesar de todas las adversidades y de la crisis que todos hemos padecido, he conseguido sacar a flote este mastodonte de casa hasta el día de hoy con esta pequeña victoria. Pero aún así, esta casa es excesivamente grande para una persona sola. Por eso, ahora me debo armar de valor, de valentía, y ser humilde y honesto conmigo mismo. Y la conclusión es clara: debo buscar algo más pequeño e intentar vender esta casa que, cosas de la vida, ya empezaba a sentir como hogar. Y todo esto ocurre justamente ahora, cuando el otro día desempolvaba las últimas cajas de una mudanza que ha durado la friolera de cinco años… Cosas de la vida… Cosas del Camino… Dicho esto… :
Vendo casa nueva (dos años) de diseño estilo “racionalista” de 350 metros distribuidos en tres plantas (posibilidad de dos viviendas independientes) en parcela de 1.300 metros con cinco habitaciones, dos amplios salones, dos cocinas, tres lavabos, trasteros, seis terrazas con magnificas vistas y dos amplios jardines. Sistema de reciclaje de aguas y preinstalación de aire acondicionado, placas solares, chimenea y piscina.
PRECIO DE VENTA: 475.000 € (Acepto permuta por terreno rústico o similar).
Las burrerías de Aznar
Cada vez que me topo con alguna noticia que tiene que ver con el criminal de guerra que gobernó en la anterior legislatura se me ruboriza el cabello. No tengo nada en contra de los hombres y mujeres de buena voluntad que desde cualquier partido, ya sean de una u otra tendencia, trabajan por el bien de su pueblo. Pero cuando veo casos como los del patético Bush o el innombrable señor Aznar, me cambia la cara y el sentido de las cosas. Y la última noticia me deja helado. Más de dos millones de euros para promocionar que a Aznar le dieran la Medalla del Congreso de los Estados Unidos de América, medalla, que por cierto, no le llegaron a dar a él ni a su pobre vanidad. Dos millones de euros que pagó mi vecina Paca, mi tío Manolito y el panadero de mi pueblo, personas todas honorables y humildes, que trabajan a destajo para que los tramposos, usureros y mezquinos de la mala política jueguen a las cartas de la geopolítica al mejor postor. Vergüenza no es la palabra. Es más bien rabia. Rabia por ver como un pueblo que debería gozar de cierta salud democrática permite que ladrones y asesinos en masa sigan campeando a sus anchas por los arrabales de la vida publica. Rabia por ver todos los días ejemplos nefastos de un país nefasto gobernado por personas nefastas.
Recuerdos de un tiempo perdido
La primera fotografía en la que aparece una persona la realizó Louis Daguerre en 1839 en el Boulevard Du Temple, en París. Desde entonces, el mundo siempre se ha visto de forma diferente. Algo milagroso ocurrió en ese Boulevard, algo que cambió el curso de la imaginación de los hombres. Desde entonces, las imágenes han podido ser compartidas por toda la humanidad. Pero hay imágenes que son difíciles de compartir. Forman parte de lo más íntimo y no siempre se tiene una cámara para fotografiarlas. Por eso la escritura revive como testigo histórico de cualquier momento. Como cuando un día decidí marcharme a Estados Unidos, alquilé un coche y acabé una noche en Las Vegas, mirando a las hostess que por allí andaban en inmensos y lujosos casinos… Las examinaba con cierta curiosidad… sin otra cosa que hacer en la vida excepto el estar allí, contemplando… Recuerdo que días antes había tenido un hermoso encuentro con una aún más hermosa hawaiana que conocí en el Instituo Esalen, a los pies del Pacífico, en el Big Sur californiano. Era muy bella, de rasgos bien marcados, pelo largo, negro, ojos rasgados… nunca supe su nombre. Un día, con gestos, ya que por aquel entonces no hablaba nada de inglés, me invitó a ir con ella a la clase de yoga que la comunidad organizaba por la mañana… aún recuerdo la pasión que envolvía sus miradas, la forma que tenía de rozar su cuerpo con el mío, ayudándome en los ejercicios del hatha yoga… Ese mismo día, por la tarde, tras la meditación vespertina, me invitó a ir a la sauna… No había en aquel tiempo vencido mi pudor para andar desnudo por la vida, pudor, que por cierto, superé de golpe años más tarde en las frías saunas alemanas. No me atreví en ese instante, comprendiendo lo delicado que resulta vivir al extremo del delirio. ¿Por qué no fui a aquella sauna? Al día siguiente abandoné Esalen dirección San Francisco. Estuve todo el maldito viaje llorando, pensando que en cualquier rincón del Chinatown iba a encontrarme con ella. No fue así. La última vez que la vi fue en la danza tribal que hicieron en la comunidad a modo de despedida. Se acercó a mí, me miró, estuvo un rato a mi lado, sonriendo inmóvil para ver si reaccionaba, si movía un dedo, para ver si gemía alguna palabra más allá de mis observaciones empíricas que me ayudarían a completar ciertos vacíos de mi tesis antropológica. Nos miramos con esa complicidad propia de enamorados. Pero no hice nada. Me quedé parado, pasmado, helado por su presencia. Ella se marchó mirándome eternamente, intentado explicar lo inexplicable. Vi como iba hacia una amiga suya y la abrazaba con una fuerza tremenda. Empezó a llorar. Fue entonces como, de forma incomprensible, cogí mi Chevrolet Malibú y desaparecí del Big Sur californiano. Años más tarde aún la recuerdo, aquí sentado, mirando por la ventana como el viento azota los recuerdos… Y uno siempre se pregunta… qué hubiera pasado sí… Perdí las fotografías de ese viaje en un desgraciado accidente informático. Pero eso me da libertad para imaginar esa bonita escena de amor con cierta exageración y melancolía, aprovechando la lluvia que cae, la gran ventana, el cielo escarpado, la imagen del Boulevard du Temple, imagen de un barrio parisino, que por cierto, inspiró mis primeras dos novelas inéditas… Algún día las editaré, porque ellas también son una fotografía exacta de un tiempo perdido… y el tiempo perdido, con o sin imágenes, siempre pervive en alguna parte…
Menú de reyes
Desde el Castillo de la Muela
«La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio a Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra». Primera Parte, Capitulo VIII de Don Quijote de la Mancha, lugar donde me encuentro ahora, por azares de la vida, batallando contra mis propios gigantes de viento…
Decíamos ayer…
Decíamos ayer… Precisamente ayer, cuando parece que fue un siglo… Es lo que ocurre cuando viajas de un lado para otro y te encuentras con hombres y mujeres notables, con personas que te iluminan, que te abren la mente, que te inspiran confianza, que se expresan amablemente sobre sus inquietudes, sus miedos, sus esperanzas. Y fue ayer cuando viajé relajado por carreteras adyacentes hacia Madrid. Los paisajes impresionantes, inclusive paré en uno de ellos para hacer la foto que acompaño. Unos árboles teñidos de violeta intenso que contrastaban con el verde terreno y el gris celeste. El encuentro en Madrid era con MF y LV para tratar la incorporación de MF como socio tecnológico en Séneca. Cosas del fluir, terminamos comiendo con una interesante persona, el director corporativo de la empresa de encuestas y opinión Ipsos, el cual nos llenó la mesa de datos e información muy interesantes. Hoy reunión en Barcelona con un viejo amigo y socio editorial, CO, y encuentro matutino con una principal distribuidora a nivel nacional para aclarar ciertos puntos en nuestras relaciones comerciales. Mañana tensa y tarde distendida, con charla sin desperdicio. Y mañana día largo e intenso en Lérida. Un viaje fugaz de tres días que acumulan cansancio al traído de India pero satisfacción interior por estar lleno de experiencias enriquecedoras. Nada más se puede pedir a la vida, nada más que sentirnos vivos mientras servimos con premura a nuestro propósito: nada para nosotros, todo para ellos…
Reencuentros de hace tiempo
A las tres de la tarde la taberna aún funcionaba a pleno rendimiento. Nos sentaron en el centro del patio, junto a la fuente que dirigía los compases del tiempo marcados por el sonido del agua. Un menú sencillo, vegetariano, acompañado de unas excelentes berenjenas rebosadas, una tortilla de patatas y una tapa de salmorejo. Ella un fino para beber. Él, su tradicional botellín de agua.
El reencuentro se produjo tras mucho tiempo de ausencias. Tanto que resultaba difícil recordar la última vez. Habían pasado eones, tal vez alguna eternidad. Cosas del Camino del Medio, la excusa para reconocernos en aquella taberna había sido un excelente libro de Augusto Shantena sobre el Tao Te Ching. En su mano izquierda, la guía con la interpretación fundamental del taoísmo. En su derecha, dos libros de poesía: Voces con Sentido y La Casa de Humo. Empezó la charla con un recorrido fundamental por las bitácoras del pasado. Era necesario el recuerdo forzado para poner al día agendas y experiencias. Me sorprendió saber que es budista, de la rama Sakya, una de las más importantes y antiguas del budismo tibetano. Alguna vez yo mismo había estado de retiro con ellos en su templo del Garraf. Sincronías, repetíamos una y otra vez. Además, practicante del Karma Yoga, colaborando de muchas formas con el servicio desinteresado a la comunidad. Algo muy parecido a mi querido Agni Yoga, pero con componentes filosóficos diferentes. Una mujer completa, con un largo recorrido interior y con una sencilla y humilde expresión exterior. Una abundante inteligencia marcada por su infinita curiosidad y una premisa para seguir adelante: conocimiento. No se podía pedir más. El sendero estaba marcado por los astros. Solo había que recordar, porque al fin y al cabo, el verdadero conocimiento se manifiesta mediante el recuerdo. Todo está escrito, todo está dicho, todo está experimentado. Solo hay que recordar el guión y seguirlo. Improvisando aquí y allá, pero siguiendo el guión. Ya lo dice el Tao: tinieblas dentro de tinieblas, la puerta de todo Misterio.
Y ahora la fuente sigue golpeando. Anclado en algún tiempo quedó el suspiro y las miradas. La respiración pausada forma un compás perfecto con el dilema de todo lo existente. Todo es fundamentalmente necesario, inclusive el leve aleteo de aquella mariposilla que posaba a la izquierda de una madreselva que crecía hacia arriba en el patio interior. Tan suave fue su brizna de tiempo y su reflejo impasivo en la gota decimocuarta de la hora quince, que apenas nadie pudo sentir su presencia. Nadie excepto los allí presentes, los que vivían en el eterno instante.
Gracias a Ana y Cristina
Tras cada actuación, a veces en nombre del grupo o en nombre de algún anónimo desconocido, solíamos entregar en las ONGs donde actuábamos aquellos donativos que habíamos podido conseguir desde España. Algunos amigos pensaron que si bien no podían estar físicamente con nosotros, si podrían compartir el esfuerzo de su trabajo y su tiempo con aquellos que aguardaban nuestra presencia. Pensamos en todo momento que era un acto agradable además de llevar sonrisas, llevar algo de ayuda, aunque fuera simbólica, tal y como ya hicimos en Etiopía, donde cargamos cada uno nuestros cuarenta kilos de equipaje llenos de medicinas y cosas que podrían ser de ayuda. A pesar de esto, hubo muchos amigos que insistieron en venir. De todos tuvimos la gran suerte de contar con la extrema generosidad de dos personas que entregaron cuerpo y alma en este proyecto. Ambas dejaron familia, trabajos y responsabilidades en sus tierras para acompañar a dos desconocidos payasos cuyas únicas referencias hacían mención a cierta locura. Esa valentía prodigiosa y esa entrega incondicional en todo momento siempre fue valorada sorpresivamente por los payasos. Especialmente el buen hacer y el trabajo intenso que desarrollaron en cada momento. Es cierto, y en honor a la verdad, que cuando se viaja en grupo la intensidad del momento y la duración larga del mismo puede provocar desencuentros y conflictos grupales. Es cierto que existieron y que algunos no pudimos gestionarlos con sabiduría. Pero lo sorprendente de todo era esa capacidad de reacción, de ser conscientes que lo importante eran los niños y la alegría que pudiéramos transmitir por encima de nuestros egoicos problemas. A pesar de todo, de lo bueno y de lo malo, solo tenemos palabras de agradecimiento y amor incondicional por esas dos grandes personas con las que tuvimos el privilegio de compartir este importante viaje. Gracias Cristina. Gracias Ana. La memoria seguirá recordando aquellos buenos momentos en el Sadgurú, con el banana lassy como protagonista y las mushrroms pizzas como acompañantes. No se podía pedir más al cielo, y por eso el cielo fue justo. Así que gracias a las dos por mimarnos con vuestras galletas de chocolate, con vuestros detalles y sonrisas diarias, por pintarnos la cara de payasetes en todas las actuaciones, por estar atentas al dinero y a la agenda, por ese ingente trabajo antes del viaje, con la página web, por los contactos, por los desplazamientos, hoteles, … Fue tanto todo lo que hicisteis que jamás encontraremos tiempo ni palabras suficientes para estar agradecidos… ¿Qué hubiéramos hecho sin vosotras? Gracias, gracias sentidas y de corazón… (Kili Kili & Kolo Kolo)
La razón se abruma ante lo irracional
Esta tarde andaba repartiendo por mi barrio el boletín político “El Progreso”. Iba silbando feliz por las calles, disfrutando de la primavera avanzada y de los paisajes exuberantes plagados de verde y teñidos de flores. Alguien me había preguntado momentos antes si cobraba por ese trabajo. Con una aguda sonrisa he intentado explicar eso tan poco comprendido del servicio a la comunidad, del servicio voluntario, sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio. Hay personas que aún no entienden que la gente pueda hacer algo sin esperar recompensa. Tenemos la manía de mercantilizarlo todo, incluso los actos aparentes de buena voluntad. Por eso, cuando alguien hace algo de forma desinteresada, enseguida cae en la tupida sospecha. Es como cuando Pitágoras nos asombró y abrumó nuestra razón con el número irracional. Así lo expresó Steven Cushing en un poema que intentaba describir nuestra reacción natural ante lo incongruente. Las cosas que no comprendemos tendemos a juzgarlas, prejuzgarlas o condenarlas, buscando siempre un tipo de culpabilidad que se adapte a nuestros miedos, a nuestras inseguridades o incapacidades. Por eso lo fácil es lapidar cualquier cosa que no se adapte a la “norma”, sin intentar, ni por un momento, buscar la capacidad de visión desde una perspectiva más amplia. Si ocurre algo que daña mi espacio de seguridad, por razón ese algo debe dar malo o dañino. La reflexión venía de ayer, cuando una escritora me escribió para que le asesorara sobre un contrato de edición que iba a firmar próximamente con una importante editorial. Esta es la parte que peor llevo. ¿Se puede atrapar un verbo en un contrato? ¿Y un verso? ¿Pagarías por poseer una historia? ¿Por atrapar un sueño? Está claro que una editorial debe vivir, a pesar de hacerlo en tan noble oficio. Pero cuando montas una editorial por amor al arte, me resulta ciertamente espeluznante tener que mirar la contabilidad para que el arte pueda subsistir. Por eso en la selección de obras que editamos en Séneca no predomina lo comercial, sino aquellas obras cuyos autores han demostrado talento y generosidad, ambos unidos, y cuyos intereses priman los de compartir su arte, más que comercializar con ellos. Eso mismo comentaba hoy en un agradable café con una autora ya amiga que preguntaba tímidamente por los derechos de autor y la propiedad intelectual. Tras la charla y el café, y mientras repartía alegremente “El Progreso”, me preguntaba una y otra vez sobre cuanto puede costar un verso. La respuesta me vino sola y amable: la razón se abruma ante lo irracional. Gracias Pitágoras…




























