El yo durmiente y la consciencia centinela


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La inteligencia es escasa. Cuando aparece suele venir acompañada de cierto grado de locura o disconformidad. La inteligencia no gusta. Termina creando malestar en aquellos que duermen y viven en esa dulce cuna de la inconsciencia. Malgastar la vida entre apegos y deseos es más fácil que despertar a ella y observar más allá de la ignorancia todo el entramado. Cuando asomas la cabeza por encima de la bóveda común, se despierta algo irascible.

Es muy difícil encontrar personas inteligentes. Todos preferimos vivir en el dulce manto de la ceguera. Pero aún mas difícil resulta descubrir a mentes lúcidas, aquellas que nacen más allá de la inteligencia, en esa categoría superior de consciencia donde las cosas dejan de tener forma y todo empieza a cobrar vida, energía y fuerza. La lucidez se esconde, se aleja de la tristeza y la tragedia de la mente inteligente para instalarse en la compasión, el amor y la voluntad, el silencio. La tormenta inteligente se aleja y da paso a la calma, la quietud expectante de aquel que observa y contempla desde la serenidad. La lucidez acepta el mundo de un modo pasivo, a sabiendas de la existencia de esa voluntad superior dispuesta a conceder luz allí donde antes solo había oscuridad. Lo lúcido deja de luchar y se deja guiar por el entramado vital. Cede espacio a la voluntad superior y se anula para dar paso a lo otro.

El yo durmiente acumula sueño. No desea despertar. Se está bien en la somnolencia, en esa pasividad inconsciente que nos hace vulnerables pero al mismo tiempo nos tranquiliza ante la tragedia de la vida. La consciencia centinela se esfuerza en despertar a cuantos más mejor, aunque eso causa incomodidad y malestar. Sólo recibe crítica y desprecio. El resultado de su labor siempre será una cruz o una hoguera. La consciencia centinela no espera recompensa alguna. Sabe que una semilla sacrifica su vida para dar paso a algo mayor. El proceso de transformación, de resurrección, es algo que comprende profundamente. Por eso no le importa morir de agotamiento, de desprecio, de incomprensión. Es consciente del precio de su trabajo incómodo. Ha cedido su vida, ya no le pertenece.

Mientras la necedad campa libre. La estupidez es sinónimo de normalidad. Ser inteligente, ser lúcido, es algo depravante. Sin embargo, vivir en la hegemonía de la norma es una ridícula caricatura del más repugnante egoísmo. Nadie desea comprometerse con la necesidad de atraer más luz a un mundo de tinieblas. Nadie posee la fuerza suficiente para hacerse responsable de un batallón de luciérnagas que alumbren en la noche. La triste cárcel sombría es siempre más acogedora que el aura que vaga llena. Hay algo que nos envenena, que nos aleja del sentido más profundo, pero que adoramos como si realmente fuera lo verdadero e imprescindible.

En los templos misteriosos, en los recovecos del alma, siempre se implora por la luz. Pero esos templos se convirtieron en cavernas sombrías y la lucidez se refugió en las altas montañas. Sólo el supremo suspiro alienta la voluntad del ser, la consciencia centinela, el vigía y guardián de todos los secretos. El resto seguimos dormidos, a la espera de un haz de luz. A la espera de tener la voluntad suficiente para ceder. Morir al yo durmiente para resplandecer como consciencia centinela.

(Agradezco a M., una mente lúcida, la inspiración del texto y el título, el cual he copiado y es obra suya).

¿Qué hacemos con los libros?


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Mientras escribía estas letras desde las tierras altas felicitaba a Jordi Nadal por su día y también por ser uno de los editores más activos y optimistas que conozco. La primera vez que coincidimos fue en junio de 2008, en un encuentro de management y espiritualidad que se realizó en Collbató. Hice de humilde telonero de una charla que Jordi iba a dar entre amigos y empresarios y allí confesé mi ingenuidad a la hora de entrar en ese apasionante mundo de los libros. Jordi había creado recientemente su Plataforma Editorial mientras nosotros hacíamos nuestros primeros pinitos con Editorial Séneca. Fueron dos proyectos que nacieron parejos, y en estos años ambos hemos sobrevivido con diferente estilo y originalidad a un mundo convulso, el de la industria del libro.

Si tuviera una compañía de diligencias y carromatos en plena revolución industrial estaría preocupado. Los coches y los trenes pronto arruinaron ese sector. Algo parecido ocurrió con el comercio del hielo que existía antes de que se inventara el frigorífico. En estos tiempos, hemos visto como han ido cerrando poco a poco todas las tiendas de música o de revelado de carretes. Grandes industrias han quebrado y solo las que han sabido reconvertirse han logrado sobrevivir. Con el libro está pasando lo mismo. Me di cuenta cuando a los pocos años de emprender la aventura editorial vi como alguien estaba intentando rescatar de un contenedor de basura toda una biblioteca del siglo XIX. Aquella imagen me impactó. Y es una imagen que se ha ido repitiendo año tras año. Bibliotecas enteras de joyas literarias desahuciadas en algún contenedor de basura.

Antiguamente los libros habían servido como transmisores del conocimiento y las artes, la historia y la cultura, la literatura en todas su expresión. Hoy día esa función está siendo cada vez más cuestionada. Internert ha obrado el milagro de poner sobre un teclado todo el saber humano. Cualquier cosa que queramos saber solo debemos encontrar la fórmula correcta, la pregunta exacta. Las historias, la fantasía, ya no se vive desde la dimensión escrita, sino desde la visual. Dentro de internet se desarrollan muchos mundos, incluso algunos totalmente desconocidos para casi todos, como la Internet Profunda (Deep Web), ese lugar donde no es tan fácil acceder y donde podemos encontrarnos casi de todo lo inimaginable. El atlas del Torproject podría ser un ejemplo de todo lo que hay pero que desconocemos.

Cuando hablo con mis colegas editores como a veces hago con Jordi (Plataforma) o Antonio (Sirio) o Manuel (Almuzara) veo que hay un cierto desconcierto, pero al mismo tiempo, hay una absoluta desorientación sobre el futuro. Muchos de ellos viven de las rentas de éxitos pasados o de la nostalgia de esa generación que aún sentimos al libro como algo cercano y necesario. Pero nos cuesta asumir y ver la realidad. En estos años muchas distribuidoras han caído, dejando de paso grandes facturas sin pagar a los editores, los cuales hemos tenido que recurrir a la imaginación y sobre todo el hacer de tripas corazón para soportar el envite. Cierran dos librerías al día (la nuestra propia no aguantó ni un año) y siguen cerrando imprentas tradicionales y editoriales que no pueden aguantar una estructura excesivamente anquilosada.

La federación de editores ha hecho un llamamiento para salvar al libro. Es muy parecido al llamamiento que pudiera haber hecho el sector de las diligencias o de la venta de hielo, o el sector de la minería del carbón en tiempos donde la energía renovable y limpia se está imponiendo. Son llamadas de auxilio, pero también llamadas de desesperación para que el dinosaurio no se extinga. Quizás la transición total termine convirtiendo al editor en una especie de consejero o gurú espiritual en cuanto a obras de calidad se refiere. O en un gestor del conocimiento, el cual será administrado en archivos de descarga (ebook) que deberá vender a un precio razonable para ser competitivo en el abrumador mercado de la descarga libre y de la temible internet profunda.

Tiempos difíciles, pero sin duda, tiempos apasionantes. Sea como sea, feliz día del libro y feliz Sant Jordi. Que los dragones de la ignorancia y el miedo sigan siendo derrotados por la noble figura de la luz y la sabiduría.

Un tiempo para los libros, un lugar para tu Ser


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Estamos ya en plena campaña de la feria del libro y la verdad es que es un honor ver la trayectoria cultural que durante estos últimos años hemos podido realizar en todos los ámbitos. Por eso os quiero animar a que participéis en esta labor. Todo sea por la causa, a sabiendas que cualquier libro que compréis en nuestros sellos editoriales servirá para seguir trabajando por la cultura, el bien común y la inspiración continua. e

Además, todos los beneficios de la venta de nuestros libros sirven para apoyar las actividades de la Fundación Dharana y el Proyecto O Couso (www.proyectocouso.org). Por eso, cualquier libro que compréis ayudará a esta noble labor.

Editorial Séneca (www.editorialseneca.es): En Editorial Séneca estamos haciendo una gran labor cultural gracias al trabajo constante e incondicional de personas como Oscar Morales y la siempre generosa ayuda de su esposa. Oscar se ha convertido en un promotor cultural que inyecta fuerza y energía en toda su labor y en un dinamizador social fiel al espíritu senequista. Si os gusta apoyar la cultura, ser mecenas de autores noveles y dar vida a las entrañas etnográficas de nuestro país, este es vuestro sello. No dudéis en acercaros a él y comprar cualquier obrita de autores noveles que esperan impacientes hacer sus primeros pinitos en el mundo editorial. O bucear en las ricas historias de vida que nuestros mayores nos cuentan en sus letras. O enriquecernos con esa ingente labor etnográfica que desde aquí estamos llevando a cabo. Sin duda, Editorial Séneca está llevando a cabo esa labor que pocos sellos editoriales se atreven a afrontar: editar libros no comerciales, con el fin de potenciar la cultura en todas sus esferas sin discriminar la obra por sus posibilidades de venta. Esto nos crea cierto disgusto en la balanza comercial, pero lo asumimos siempre con gusto, como labor y trabajo moral que honra a todos los que de alguna manera participan en él. a

Editorial Nous (www.editorialnous.com): Si os gusta bucear en el Misterio, labrar una nueva consciencia y espiritualizar vuestra vida cotidiana, acercaros a Nous, el espíritu de nuestro tiempo. Nous realiza un trabajo invisible, que pretende inspirar a aquellos buscadores de la luz, del conocimiento, del espíritu. Es un aliento para los peregrinos del alma y un auténtico arca de sabiduría donde se encierra todo aquello que debe ser transmitido a las generaciones futuras. El Misterio está seguro entre sus libros, y agradecemos a todos aquellos que lo inspiran, lo protegen y lo comparte. b

Editorial Dharana (www.editorialdharana.com): Si estáis preocupados por todo lo ocurre en nuestro mundo y queréis, buceando en la crítica social, buscar ideas inspiradoras, no dudéis en dar un salto cuántico hacia Dharana. En Dharana tenemos el compromiso moral de no mirar a otro lado, sino de bucear en los problemas sociales, políticos y económicos de nuestro tiempo para buscar alternativas posibles y bucear en la utopía que nos encamine hacia un bienestar mayor, una felicidad más próxima, una generosidad posible.

Cualquier gesto será siempre bienvenido. Ya son nueve años trabajando por esta noble tarea y con deseos de seguir mucho tiempo más alentando esta visión. Gracias de corazón por contribuir al espíritu de los tiempos (la cultura) y desvelar con ello su misterio. c

Adquiere tu libro desde nuestra página web o en vuestra librería. Recordad que los envíos son gratuitos. Si hay algún libro que te gustaría poseer y no tienes dinero para ello, no dudes en contactar personalmente conmigo y haremos lo posible para hacértelo llegar. ¡¡Todo para ellos, nada para nosotros!!

GRACIAS DE CORAZÓN POR APOYARNOS… 

¿Debemos seguir alimentando al monstruo?


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«Nadie hay tan osado que lo despierte… De su grandeza tienen temor los fuertes… No hay sobre la Tierra quien se le parezca, animal hecho exento de temor. Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios«. (Job 41).

Job, y también más tarde Hobbes, se refieren a Leviatán, ese “homo homini lupus est”. Los marxistas eran unos rojos diablos que echaban fuego por la boca y olían a azufre y que pretendieron acabar con esa bestia. El capitalista burgués pensó que la única forma de vencerle era hacer un pacto, el cual serviría, a cambio de grados de libertad consensuada, terminar con los diablos rojos. Con el beneplácito de Rousseau lo llamaron contrato social y más tarde pacto keynesiano, donde paradójicamente se conjugaban ideas marxistas con ideas capitalistas con un marcado porcentaje de probabilidades de que los segundos vencieran a los de la Liga de los Justos. Con ello llegó la paz social y el Estado del Bienestar. Tal y como defendía Weber, el capital en sí mismo no era ni bueno ni malo. Era la codicia humana, el ánimo de lucro y el instinto ambicioso lo que había que regular. Weber afirmaba que una de las bonanzas del capitalismo era precisamente el haber conseguido racionalizar esa codicia. Por propio instinto, y a lo largo de toda la historia, el ser humano había demostrado ser un ser egoísta y arrogante cuyo apetito y voracidad insaciable no encuentra réplica en la naturaleza.

En 1765 el Parlamento Británico aprobó la llamada Ley del Timbre (The Stamp Act), un nuevo impuesto que pretendía grabar a los colonos americanos pagando algunos chelines por todo el papel oficial impreso. La excusa de estos impuestos era para poder sostener parte del costoso ejército inglés en las colonias. Esta fue una de las gotas que colmó el vaso entre los colonos y que más tarde derivaría en la conocida revolución por la independencia.

Esa revolución que pretendía un grado mayor de libertad de alguna forma se vio truncada. La voracidad humana siguió creciendo hasta que las pequeñas colonias se convirtieron con su llegada al Oeste en un gran Estado. En 1848, Thoreau escribió un librito titulado “Sobre el Deber de la desobediencia civil” donde de alguna forma condenaba los abusos del nuevo Estado americano sobre los individuos. Está en contra, por pura objeción hacia el deber moral de no participar en la guerra contra México y la esclavitud, de dotar de más herramientas a lo que el pensaba como un enemigo declarado del ser humano. Se negaba, con el impago de sus impuestos, a seguir alimentando a la bestia, marchándose a vivir a los bosques, lugar donde escribió su conocido “Walden”. Su obra influenció a personas como Gandhi y Martin Luther King.

El precio del pacto keynesiano fue pagado por todos los ciudadanos del bienestar a base de una importante subida de los impuestos que gravan todas nuestras actividades, absolutamente todas. Nada que ver con la Ley del Timbre donde dicho impuesto podía suponer un incremento del 0,8% en el papel legal. Ahora la “corona británica” de nuestro tiempo es ese Estado usurpador y tramposo que es capaz de salvar bancos y banqueros, autopistas concertadas y pagar la deuda soberana con un 33% de nuestros impuestos a costa de todo su enjambre sumiso y manso. El discurso amable, casi ingenuo, es ese que nos dice que con nuestros impuestos se hacen escuelas y hospitales. Pero esto forma parte de ese pacto con el diablo. Una escuela estatal donde adoctrinar a la cobaya-humana y un hospital para desintoxicarle y curarle de los propios abusos del bienestar. Lo tremendo de todo sigue siendo que el diablo no era el ingenuo avance del marxismo, a pesar de que fueran rojos y olieran a azufre. Sino ese monstruo creado por la suma tolerante de todas nuestras vanidades, egoísmos, ambiciones y codicias que se condensaron en ese racional estado.

Siendo esto así, ¿debemos seguir alimentando a la bestia, al monstruo que nosotros mismos hemos creado? O acaso, si fuéramos justos y coherentes con nuestra más sublime condición humana abandonaríamos todo lo que hasta ahora hemos conseguido para buscar y construir nuestro propio Walden, nuestra propia vida en los bosques, donde quizás no tendríamos escuelas ni hospitales, pero sí la libertad total para decidir sobre nuestro futuro y nuestra vida. La búsqueda de sentido en este reino de la oscuridad sigue su curso. No se detiene. Sobrevive en los bosques.

700 + 28 + 1


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Un canto menudo para los 700 muertos en la tragedia del Mediterráneo, para los 28 cristianos asesinados por el Estado Islámico y para mí, cómplice humano de todas esas muertes.

Sentí que sería bueno darme un respiro y disfrutar del bonito fin de semana alegrándome las tardes con un poco de chocolate. No pensaba administrar la tableta, ni dejar algo para el resto de la semana donde paso prácticamente todo el día encerrado en la tesis. La licencia era esa: seguir trabajando pero acompañado con el sibilino placer del cacao deshaciéndose en mi boca.

Llegado el domingo por la tarde ya no me quedaba nada. Lo disfruté mientras miraba afortunado por mi ventana con estos majestuosos paisajes, con esta belleza indescriptible. Pero sobre todo, con esa paz y armonía de vivir en un país que no está en guerra, que tiene un buen nivel de vida, que ha organizado una estructura de protección social lo suficientemente avanzada para que sus gentes puedan pasear tranquilos por la bahía suspirando por la vida y sus misterios.

Simbólicamente me miré el ombligo y me sentí afortunado. Tengo comida, estoy abrigado en una buena casa con grata compañía, hay gente a la que tengo oportunidad de amar y ser amado. Desde esta perspectiva el mundo es bello, explosivamente extraordinario.

Pero mi mirada no se podía quedar en la miopía del placer temporal de un trozo de chocolate o de una vida rica y sencillamente amable. Cuando sube desde el ombligo hasta el corazón hay algo que se conmueve. Algo que de repente me hace sentir incómodo, triste. Empiezo a mirar la tableta de forma diferente. Miro esta casa y hay algo que me rechina interiormente. No es un malestar existencial. Es algo más profundo que todo eso. Admito que interiormente no me permito estar tranquilo cuando veo a un hermano que llora, cuando siento que unos miles de kilómetros más abajo seres anónimos pero tan cercanos a mí mueren ahogados, torturados o asesinados por la injusticia y la cerrazón humana.

Hoy me llamaba desde Madrid un amigo preocupado por la situación africana. Los muertos en esas pateras, los asesinados por los intolerantes del Estado Islámico, el caos que desde occidente provocamos con las guerras de Irak y todas las consecuencias posteriores (sí nosotros, los occidentales). Realmente, de alguna forma, me sentía totalmente responsable por todo lo que allí ocurre, y me preguntaba cuanto tiempo más iba a estar aquí sentado, disfrutando de los placeres sibilinos, absurdos y superficiales mientras allí abajo ocurren esas cosas terribles.

Es hermoso inspirar al mundo con bonitas ideas sobre la utopía, sobre lo bien que todo iría si hiciéramos esto o lo otro. La inspiración es imprescindible para poder dirigir nuestros pasos humanos un poco más adelante. Pero siento que ya no es suficiente. ¿Qué más poder hacer? ¿Qué más debo perpetrar para salir de esta rueda hipócrita donde la indiferencia se apodera de nosotros de forma tan desmedida? ¿Es suficiente con hacernos instrumentos de la Paz? ¿Es suficiente con llevar la nueva buena del amor y la bendición del nuevo mundo a todas partes? ¿Dónde están ese trozo de pan y justicia para el que no tiene? Hay algo de todo esto que aborrezco. Y es mi propia incapacidad humana para poder reaccionar debidamente ante la tragedia. Me siento hipócrita escribiendo estas letras. Me siento huérfano de cierta sensatez. Me siento humillado por no poder levantarme y gritar al mundo aún más fuerte. Pero sobre todo perdido, muy perdido… ¿qué más poder hacer?

(Gracias J. por la inspiración).

Canto menudo


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Ante de los tiempos nadaba el aliento.

Las selvas eran plenas, el bosque era el mundo.

Los olores eran delicados como el rocío.

El agua era el río.

Ante de los tiempos había un párpado.

El ser era arcilla y la tierra una ribera.

La aurora cantaba a la noche pura y el gallo al día.

La luz dorada.

Ante de los tiempos flotaba la estrella.

Las sirenas cantaban en la ola.

Los buques navegaban en la espuma.

El viento rozaba el labio.

Antes de los tiempos el cosmos danzaba.

Los niños soñaban desnudos.

Los hombres gozaban sencillos.

Las madres corrían por las orillas buscando estelas.

La vida era.

Todo eso ocurría ante de los tiempos.

Como un canto menudo y apresurado.

Como un murmullo al que le llega la hora.

Como un secreto púrpura que nace en la llama.

El secreto


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Durante miles de años el ser humano se ha interrogado sobre los misterios de la naturaleza y sus leyes. Algunos iniciados en el conocimiento llamaron a ese misterio la “llama”. Dotaron de música, de símbolos y claves ocultas todo aquello que solo podía ser explicado desde un silencio cómplice, un compartir secreto. Crearon un método para que ese fuego, esa llama, pudiera sobrevivir por miles de años sin que fuera pervertida o desacralizada. Se crearon mitos sobre el cómo los dioses nos habían entregado esa llama y se guardó en templos invisibles para ser transmitida bajo la más absoluta de las reservas.

Durante mucho tiempo, el secreto, la llama, tomó muchas formas. A veces, muy pocas veces, tuvo la capacidad de estar en la más clara de las superficies. Pero siempre tuvo que ser ocultada en lugares remotos, allí donde el canto del gallo o el ladrido del perro no son escuchados. Allí donde no puede ser apagada por el miedo, la vanidad o la ignorancia.

La transmisión ha seguido durante generaciones hasta llegar a nuestros días de forma doblemente disimulada. Cualquiera podría estar frente a ella sin poder verla, sin poder entender absolutamente nada sobre sus símbolos, sus enseñanzas, su conocimiento profundo. Cualquiera podría poseerla, tenerla entre sus manos, sin saber qué hacer con ella, como utilizarla. Su secreto es tan imprevisible que nadie que no pudiera conocer sus claves más profundas podría hacerse con su luz. Ni siquiera los magos más avanzados pueden del todo perfilar uno solo de sus secretos. Tal es su reserva, tal es su belleza y su fuerza.

Alguien me dijo que cerca de aquí había un lugar secreto donde guardaban la llama. Mi curiosidad me hizo seguir las señales y llegar hasta el sitio, un pareja precioso en medio de un bosque rodeado de grandes prados y montañas. Los paisajes de Escocia encierran ese particular aroma natural que tanto gusta. Llegué a las doce en punto y llamé a las puertas del templo. Nadie respondió hasta el tercer toque. Me presenté como peregrino, aprendiz del Arte y arquitecto de oficio. Me preguntaron mi edad y respondí que tres años. Me preguntaron que de donde venía y les dije que de una logia de San Juan. Me preguntaron que adonde iba y les dije que al Oriente. Pude pasar el primer umbral, pero no fue suficiente.

Alguien se acercó y me pidió las palabras secretas. Luego los toques y más tarde los pasos perdidos. Respondí. Pasé el segundo umbral. Allí me pidieron el saludo y continuaron con el interrogatorio para asegurarse de que era un hombre de honor, un buscador sincero de la virtud. Respondí y custodiado por un ejército de hombres y mujeres vestidos de blanco con lazos celestes me llevaron hasta las puertas del adytum. Sonaron las campanas, empezó la música ceremonial, el fuego fue transmitido y la llama de Oriente volvió a brillar junto a la estrella. Los obreros estaban felices y satisfechos. La piedra pulida fue perfeccionada en el edificio. Un centenar de centinelas custodian ese lugar apartado del ruido y resguardado de la indiscreción. Todos son iguales, no hay distinción excepto por unas marcas disimuladas que indican cada grado y condición. La espada flamígera señalaba el punto que no se pasa. El templo, con sus paredes blancas y su techo celeste era majestuoso y resplandeciente, perfectamente protegido.

Guardé silencio hasta la medianoche en punto. La belleza del ritual estuvo expuesto a mi propia emoción. La música, el drama representado a la perfección, el ejército angélico custodiando la llama, el marco incomparable de aquel reguero de sabiduría, belleza y fuerza. El secreto seguía allí, inmaculado, puro, expectante. Sólo podíamos humillarnos ante él y ofrecer en el altar del sacrificio nuestra propia vida.

El lazo místico nos unió de nuevo, en fraterna comunión. Se hizo de nuevo el silencio. Soltamos la venda y marché agradecido. Me sentí aliviado, feliz. El misterio continua a salvo. La llama sigue viva. El secreto está vivo. Seguimos construyendo el templo.

Josephine Witt y el paradigma de los activistas freelance


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Los que llevamos años intentando salvar a las ballenas, luchando contra las guerras de Irak, visitando bases aéreas norteamericanas y gritando ese «Yankee go home», ayudando a los sin techo, denunciando la tortura animal, batallando en las spanish revolution de turno o concienciando a unos y a otros sobre mil causas, hemos sacado una cómplice sonrisa ante la acción en solitario de Josephine Witt, una joven activista alemana (21 años) que ayer mismo interrumpió en una seria rueda de prensa del Banco Central Europeo.

Fue hermoso, como ella misma dice, ver la cara de Draghi envuelto en confeti multicolor. Subida a la tarima explosionó de alegría, de felicidad por haber podido llegar hasta ese límite. Sin darse cuenta, estaba encarnando un nuevo arquetipo de amazona que lucha por las libertades, por la igualdad, por la fraternidad. Y lo hacía de forma pacífica, cargada de amor e ilusión por un mundo mejor. Así es ahora la nueva mujer rebelde (lo siento querido Camus, pero el hombre rebelde duerme).

Josephine representa el arquetipo de la protesta moderna, actualizada, de nuestro tiempo posmaterialista donde ella nació, en un lugar que no era Alemania, como ella mismo expresa, sino una ilusionante y naciente nueva Europa. Los activistas freelance, aquellos que están siempre luchando en todas las causas justas, forman ese nuevo batallón de protesta que debe influenciar en el nuevo mundo.

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Al otro lado tenemos la triste cara de los activistas que en vez de la paz utilizan el caos, la sangre y el terror para reivindicar sus ideas. Los coches bombas, los atentados terroristas, hombres y mujeres explotando en mil pedazos. Es otro código, es otro mundo, otra dimensión anacrónica que aún no ha superado las delicadas estructuras medievales. Como ejemplo el extemporáneo Estado Islámico.

Pero viendo a la joven y hermosa Josephine danzando encima de la mesa de Draghi como una diosa cargada de fuerza y esperanza, uno se siente optimista hacia el futuro de nuestros pueblos y sociedades. Porque muchos jóvenes están ya despertando a ese inconformismo, a esa reivindicación necesaria para hacernos pensar como ciudadanos sujetos a unas leyes y a unos acuerdos de convivencia, pero sobre todo, como personas libres y emancipadas.

Ahora el activismo es freelance. Lo ejercitamos cada día, a cada hora. Cuando vamos a comprar, sea lo que sea, estamos emitiendo un voto, estamos comprometiendo nuestras vidas al tiempo que favorecemos unas u otras fuerzas económicas, sociales y políticas. Tan sencillo como pensar eso, pronto nos daremos cuenta de que es posible empoderar a la sociedad y a sus individuos. Sólo debemos cambiar nuestros hábitos económicos, de consumo, en la propia mesa. Sólo cuando eso ocurra, toda la estructura empezará a cambiar.

Gracias querida Josephine por mostrarnos la cara amable y sonriente de ese necesario cambio y gracias por entregar tu alegría a la causa. Este tipo de sacrificios merecen la pena ser compartidos.

La belleza de la vida ordinaria


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Muchas veces nos perdemos en grandes creencias sobre la posibilidad de alcanzar cierta iluminación, cierta consciencia elevada. Dedicamos media vida a profundizar en ocultas enseñanzas, a practicar extrañas técnicas y a bucear en las ideas de guías y gurús a los que nos presentamos con suma reverencia.

Es tanto el tiempo que le dedicamos a esa infatigable búsqueda que olvidamos la primera de las enseñanzas: la luz y la consciencia sólo puede manifestarse cuando hacemos bien nuestras pequeñas cosas ordinarias. Esto significa que no debemos renunciar a nuestro deber en pro de una búsqueda mayor, sino asumirlo y enfrentarlo con delicadeza, con ternura y cariño. Realizar todo aquello que la vida nos pone delante con el mayor cuidado posible es un primer paso de verdadera autorealización.

La luz o la consciencia nada tienen que ver con la vida ordinaria. Es un estado del ser el cual sólo puede ser alcanzado cuando santificamos nuestra vida común. Poner la máxima atención y respeto hacia todo lo que hacemos es lo que nos conduce hacia una verdadera experiencia del ser. Realizar aquello pequeño como si realmente se tratara de una meta sublime. Hacer las cosas desde el corazón es lo que nos aproxima al corazón. Por eso no importa lo que hagamos, sino la intención que pongamos en lo que hacemos. La vida, por propio espíritu de generosidad nos irá colocando en todas aquellas tareas que podamos realizar según nuestra propia consciencia. Pero esto no ocurrirá nunca hasta que no pongamos consciencia en lo que ahora estamos haciendo. No importa lo que sea, hagámoslo con amor.

La máxima atención cuando cocinamos, cuando conversamos con un amigo, cuando preparamos un regalo, cuando trabajamos, cuando cuidamos a nuestros hijos o padres. El máximo amor a todo aquello que nos rodea, a todo aquello que parece simple e insignificante, pero que, al mismo tiempo, está poniendo a prueba nuestras cualidades más profundas. Poner esmero y entusiasmo, concentración y talento en todo lo que hagamos nos llevará inevitablemente a cosas mayores.

Alguien dijo alguna vez: ¿Y cuales son las aparentes pequeñas cosas de la Vida? ¡Ser benévolos, pacientes, compasivos, dignos de confianza! Esto hay que hacer cada vez que nos mostramos incomprensivos o impacientes, o pronunciamos una palabra dura acerca de alguien. Cada vez que esto ocurre, debemos recordar que nos estamos alejando un paso de la luz y la consciencia.

La vida que enfrentamos es bella y profunda. Es el escenario perfecto para aprender a ser compasivos y amorosos. Sólo cuando amemos todo lo que nos rodea habremos dado un primer paso hacia los secretos que entrañan. El misterio es como esa música que aprendemos a bailar paso a paso, trozo a trozo.

El eructo iniciático


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Puntuales, entramos en la sala de meditación. La vela estaba encendida. La temperatura era agradable. Una luz suave. Un silencio acorde. A los pocos minutos antes de empezar con el ritual un anciano con gafas peculiares entró en la sala. Iba despacio, mirando con atención de un lado para otro. Observando con curiosidad quien estaba a esas horas de la tarde en la sala común. Se sentó tras varios jadeos y cerró los ojos. Los otros, serios, bien postulados en sus magnánimas posturas del loto y su seriedad yóguica se prepararon para la concentración. Embelesados en su correcta postura y su concentrada búsqueda de la quietud impermanente, desaparecieron a un estado superior de consciencia. Sus cuerpos estaban correctamente alineados. Un ommmmm resplandeciente se insuflaba desde los adentros. Así hasta tres veces.

De repente, a los pocos minutos de tan respetuoso ceremonial, se escuchó un potente eructo en la sala. El anciano de gafas peculiares esbozó en susurro un tímido “sorry”. Su dulce escocés era casi imperceptible.

Los puristas perdieron la concentración. Bajaron del satori y abrieron los ojos para recriminar la obscenidad. Sus gestos habían perdido la elevada consciencia y sus posturas cambiaron de loto a pasas de higo. Sus caras iluminadas se convirtieron en moñigos enmudecidos. La paz rota, el antakarana hundido. La sublime egoidad destrozada en un instante.

Cuando terminó la meditación, el anciano se retiró tranquilo mientras que las miradas inquisidoras no paraban de torpedear el espacio áureo de semejante persona.

Por dentro me moría de la risa. Casi me daban ganas de abrazar al anciano por su naturalidad, por su exquisita peculiaridad. Me tronchaba al ver como años y años de disciplina meditativa eran rotos y quebrados por un simple eructo, por algo tan inocente como un regüeldo, una flatulencia, un ventoseo sin importancia.

Alguien intentó mostrarme su enfado por lo ocurrido mientras la miraba sonriente y alegre. Se enfadó por mi sonrisa. Entonces le recordé los principios de la meditación, le hablé sobre la concentración, la quietud, la compasión, la belleza de explorar la realidad que nos envuelve tal y como es, desnuda, sencilla y compleja, misteriosa y divertida. Inclusive ese gas pertenecía a esa realidad. Y la meditación, de alguna forma, nos debería ayudar a aceptar cualquier reto de la vida, cualquier situación extraña, incómoda, dolorosa. ¿Para qué meditar si no?

De alguna forma agradecí al anciano de gafas extrañas su ocurrencia espontánea. Uno se da cuenta con este tipo de anécdotas de lo alejados que estamos de nosotros mismos, de la realidad y del misterioso humor que nos rodea. Debemos admitir que esa realidad nos supera al mismo tiempo que somos capaces de penetrarla, modificarla y abrazarla. También debemos admitir que el cosmos se pitorrea de nosotros, se peta la caja de resonancia viendo nuestras pequeñas miserias diarias. Un circo, un teatro, una comedia. La vida tiene un poco de todo eso. Por lo tanto, es mejor que empecemos a tomarnos con buen humor casi todo. Un eructo fuera de contexto puede ser una experiencia totalmente iniciática. A mí me lo ha parecido. Ommmmmmmmmmmmm…

Volver al hogar


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De nuevo estamos viendo como se alzan las voces de la identidad. Es una cuestión muy interesante el ver como el ser humano en todas sus condiciones, económica, social, cultural, psicológica, política y espiritual reclama para sí mismo una identidad. A veces la falta de identidad propia hace que deleguemos la misma a un simbólico abstracto mayor como puede ser una nación, una patria, una empresa, una marca, un Dios, un partido político o una ideología. La identidad es plástica y puede moldearse y recolocarse de dentro hacia fuera con esa facilidad. Una vez identificados con esa parte abstracta con la que nos sentimos tranquilos, lo único que tenemos que hacer es ceder nuestra soberanía personal hacia ese abstracto.

El origen del conflicto grupal, así como el origen de la cohesión, tienen su raíz en esa delegación identitaria. De alguna forma, delegamos nuestro poder, lo que nos constituye como seres individuales a un todo mayor, ya sea este todo mayor una bandera, un símbolo, un partido de fútbol o una telepantalla cualquiera.

En ese transfuguismo identitario olvidamos que no hemos venido al mundo para hacer cosas, sino para ser. No importa lo que hagamos, lo que importa es la intención o el propósito, la consciencia que apliquemos a cada acto de nuestra vida. Nuestra huella positiva en el mundo es nuestra mayor expresión del Ser. Y ese ser sólo puede manifestarse a través nuestra, no a través de un todo que no nos pertenece.

La insatisfacción personal es productora en muchas ocasiones de dicho trasvase. También la falta de juicio o lucidez ante el mundo circundante. Cuando nos sentimos afligidos, atacados injustamente o nuestra dignidad es herida, solemos recurrir a la falta de ser, es decir, solemos relegar mediante mecanismos de protección psicológica como la rabia o la esperanza todo nuestro bagaje humano. Las adormideras sociales también nos recluyen y aíslan, olvidando lo que somos, olvidando la expresión del ser.

Últimamente se escucha a mucha gente deseosa de “volver al hogar”. En el ámbito de lo espiritual, está de moda esa añoranza hacia patrias celestes lejanas, normalmente ubicadas entre Sirio y Orion, con capacidad de tranquilizar nuestras epidérmicas creencias y de transportar nuestros anhelos hacia esa Ítaca soñada. En el ámbito de la política, esa Ítaca siempre se delega a la patria o a la construcción nacional de una emoción grupal. Los nacionalismos tienen mucho que ver con esa búsqueda ancestral de “volver al hogar”. Es decir, volver a delegar en un sueño, fantasía, esperanza o rabia algo que nos pertenece.

Es evidente que no podemos dejar de ser humanos. Por esa misma regla, deberíamos asumir nuestra propia emancipación y responsabilidad, nuestro propio linaje sin delegar en otros nuestras emociones e ideas. El principio de libertad nace precisamente de no ser esclavos de estructuras mayores, y menos aún, de buscar hogares soñados en Ítacas perdidas. La libertad real solo puede nacer ante la expresión total del ser que somos, sin encomendar a otros dicha expresión. Volver al hogar es volver a nuestra propia emancipación personal. Sólo desde ahí se puede construir cosas comunes.

Amada Sombra


a

Todos te desprecian, todos se alejan de tus rumores. Nadie desea tenerte a su lado. Nadie se atreve a reclamarte como propia. Sin embargo, apareces en la noche, susurras tus secretos, nos llenas la vida de promesas y te escurres entre las sabanas para que todos disfrutemos de tu delirio.

Ego, sombra, el propio mal. Te llaman de mil maneras. Se obcecan especialmente por tratar de dominarte, por tratar de aniquilar tu esencia. Se buscan posaderas donde buscar la luz, pero ignoran que cuanto mayor es la luz que nace mayor es la sombra que proyectan. Es una proporción ineludible.

Por eso, en esa ensoñación, quiero aprender a amarte. Quiero dejarme seducir por tus fantasías, por tus incitaciones al error, a la torpeza. Quiero dejarme llevar por esos empujones tuyos que me incitan a la caída inevitable.

Ya no te detesto, ya no te recrimino. Aprendo a tenerte, aprendo a ver como articulas tu arte para despojarnos de la virtud. Te abrazo querida sombra, como un amante abraza en secreto a su amada. Con esa mariposa inquieta, con ese cúmulo de emociones que son capaces de despertar al más inerte de los volcanes.

Ya no eres mi enemiga. Ya no eres aquello que todos detestan con inquina. Te amo, te integro, te seduzco para que sigas a mi lado y así no permitas que vuele directamente por esos paraísos prometidos. Prefiero estar aquí, el último, en silencio, empujando sediento desde el fango para que otros salgan. Prefiero sudar asfixiado ese ácido del esfuerzo, ese acebo amargo que nadie quiere tomar.

Al amarte me libero. Porque ya dejo de luchar contra mi mismo. Ya dejo de atormentarme sobre si hice bien o mal. Ya dejo de buscar razones por las cuales deba tener un aplomo exquisito. Da igual querida Sombra. Ahora sé que soy completo a tu lado, que el error, que la oscuridad, que aquello que es cóncavo e imperfecto también soy yo.

Por eso, querida, sigamos tumbados en el regazo de la tierra, suplicando por no ser ángeles, sino simples mortales, humanos que aspiran a soportar el peso de la batalla, la mugre rugiente que se respira cuando decides ser el último para ayudar a los primeros. Ese hollín forzoso, esa dosis de oscuridad soportable.

Te amo querida Sombra. Ya no te tengo miedo. Ahora sé quien eres.

A modo de confesión


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«¡Huye de todo esto! ¡Agigántate! ¡Pásate a un reino más extenso!» (Fausto)

Leyendo las palabras de Fausto me he sentido cautivado por una fuerza extraña. De repente me acordé de dos acontecimiento importantes que impactaron nuestra visión de las cosas en este último año mientras mi corazón se conmovía arrastrado por una consciencia diferente, por una luz especial:

1) El cartel que advierte al visitante que pretenda comprar algo en la ferretería de Triacastela. No recuerdo bien su frase pero era algo así como: “abrimos cuando estamos y cerramos cuando nos vamos”. 

2) Aquella noche en la caravana donde llegamos a contar más de cincuenta absurdos acuerdos que terminamos sabiamente por rebajar a tres. 

Tres acuerdos mínimos en un mundo de bestias es una buena cifra. En las comunidades antiguas no existían leyes. Bastaban los lazos de amor y cercanía. Fue el sistema el que necesitó, nacido al fuego de la fábrica (la codicia y el egoísmo), regular precisamente eso: la codicia y el egoísmo. 

Trabajando a fondo este fin de semana en la tesis y repasando la historia de tantos y tantos proyectos comunitarios que han fracasado me preguntaba porqué. Y la respuesta no podía ser otra: por miedo, y por lo tanto, por la ausencia de amor. 

Mientras estos días hacía los cuadernos para el voluntariado me daba cuenta de que el miedo había invadido nuestros corazones. De que, por alguna razón extraña, estábamos imitando los modelos que desde pequeños nos han delimitado. Horarios, rituales, proyecciones…

Me preguntaba realmente como me gustaría vivir en comunidad y se me ocurría esto:

 Horarios

     Meditaciones: cuando amanece y anochece. 

   Comidas y desayunos y cenas: cuando tengamos hambre. 

   Trabajo:

       Por las mañanas, entre que amanece y nos entra el hambre y hasta donde nuestra fuerza y consciencia nos permita. 

    Temporalización de las Semanas de experiencia:

        Ven cuando puedas y vete cuando lo necesites. 

     Condición para estar en la comunidad:

         Ser feliz y hacer felices a los otros. 

      Acuerdos

          Amarás al prójimo (y especialmente a la prójima) por encima de todas las cosas. Añadiría además, amarás a los animales y a tu cuerpo (vamos, los tres acuerdos mínimos que ya tenemos). 

Creo que si nos vamos a la enseñanza primigenia de Jesús, ahí está todo el meollo de la cuestión muy bien explicado. No necesitamos más, excepto sencillez, esperanza, valor y amor. El amor debería ser nuestro único acuerdo, nuestro mayor principio. Amarnos tan libremente que fuéramos capaces de perdonar y aceptar, especialmente aceptar todo aquello que la vida nos trae: drogadictos, prostitutas, leprosos… “Dejad que los niños se acerquen a mí”. ¿A qué tenemos miedo?

Al imponer tantas y tantas cosas que sin darnos cuenta viene de la estructura del antiguo sistema (véase el librito “Creando Utopías”), estamos reproduciendo, de forma disfrazada, esa metodología del miedo y alejándonos de lo que verdaderamente nos conmueve: el amor.

Al no guiarnos por el amor, no dejamos que la vida se exprese. Simplemente la limitamos, le ponemos corsés sin dejar espacio a la improvisación, al milagro de cada instante. Encapsulamos la vida en nuestros miedos sin darle oportunidad a la expresión. 

“Deja lo que puedas y coge lo que necesites”… ¿pero es esto posible hacerlo sin límites? ¿Está el ser humano preparado para ello? ¿Lo estamos nosotros?

Desearía dedicar los próximos años a poder intentarlo. Con sencillez, con amor, con cierto grado de locura.

Simply Build Green (Construcción Ecológica Sencilla)


©Findhorn Foundation/Eva Ward nature sanctuary

Uno de los lugares más hermosos de la comunidad de Findhorn es el llamado Nature Sanctuary. Es una pequeña construcción de unos cómodos y suficientes veinte metros cuadrados hecha de piedra y madera y semienterrada en el suelo. Se construyó en octubre de 1987 y tuvo un coste de unas 1500 libras de la época. Desde entonces, se viene utilizando todas las mañanas a eso de las ocho para compartir juntos los cantos ecuménicos de Taizé. Realmente es uno de los momentos más entrañables de la comunidad, donde se comparte, mediante la devocional música, un espacio único de entendimiento y comunión.

Esta construcción es algo más que un pequeño santuario de meditación. Es el emblema de como podrían ser las futuras casas. Hay una corriente en arquitectura que empieza a hablar de hogares cada vez más reducidos, donde lo útil y la sencillez sean marcos de referencia. Alejados de la ostentación vanidosa de esos grandes edificios y casas majestuosas, lo pequeño y sencillo está ganando cada vez más adeptos. Si además las construcciones se vuelven cada vez más ecológicas y pueden ser integradas, como el caso del Nature Sanctuary, en todo su entorno, estamos caminando hacia el modelo perfecto para la comunidad futura.

Siempre hablamos mucho de la contaminación del aire, pero nunca nos atrevemos a hablar de la contaminación visual. Nuestros grandes edificios con sus majestuosas fachadas y tejados rompen completamente con el orden natural y la estética de los ecosistemas. Las antenas, los cables que vemos por todas partes, especialmente por las montañas con esas grandes torres de alta tensión y el asfalto gris que todo lo envuelve rompen drásticamente con la armonía de la naturaleza.

En el futuro, inevitablemente, habrá un respeto por todos esos aspectos. Las casas se integrarán en el paisaje, los tejados verdes y las estructuras de piedra y madera volverán de nuevo a estar de actualidad. Nos serviremos de los avances tecnológicos para unificarlos con la tradición, la cual estaba más cercana de lo natural. Casas pequeñas, fácil de calentar, dispuestas de tal forma que no ejerzan un fuerte contraste sino que se integran totalmente con el paisaje. Construcciones sencillas totalmente ecológicas, con sistemas de autoconsumo energético a base de placas solares o molinos de viento disimulados entre la construcción y unos tejados vegetales que aclimaten la vivienda a la vez que disimulen su presencia.

La revolución arquitectónica está por llegar, pero será poco a poco un modelo que ganará más cuota, a medida que la humanidad avance hacia una consciencia más ecológica y sencilla. Lo sencillo y pequeño es hermoso… ¿verdad?

(Foto: Nature Sanctuary, en Findhorn)

Roundhouse, un sueño inevitable


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Desde hacía años soñábamos con ellas sin saber exactamente el motivo. Cuando aquella tarde quedamos para tomar un café, María nos contó su sueño. Para nuestra sorpresa, era el mismo con el que nosotros habíamos soñado: una comunidad construida alrededor de unas hermosas casas redondas. Por aquel entonces ninguno de nosotros sabíamos que ese modelo de casas, las Roundhouse en inglés, era algo que se iba a poner de moda en el mundo de las comunidades y la bioconstrucción. De alguna forma, volver a ese tipo de construcción era volver a nuestros orígenes más ancestrales, al sentido de comunidad más primitivo. Algo que ya había existido en medio mundo, y que en España está representado por los antiguos castros celtas y las pallozas que se alzan en la zona de los Ancares, en Galicia.

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Una de las paradojas de toda esta historia sobre las casas redondas es que al final, de forma casi milagrosa, conseguimos adquirir una hermosa finca que está justo en la zona donde existen dichas pallozas, las Roundhouse españolas. O Couso, la materialización del sueño, está en ese lugar del norte de España. Otra paradoja: en los estatutos de la fundación aparece esta frase: trabajar por la cultura de la paz.

Cada día estoy más convencido de que las utopías son posibles, de que ya hay mucha gente trabajando en ellas y de que poco a poco se van plasmando en la mente y la vida de las personas. Cuando empiezas a enlazar historias del pasado y del presente te das cuenta de que todo gira en torno a una lógica misteriosa. Hay una conexión, un flujo en la mente universal, una idea que está naciendo y se proyecta en la vida diaria.

Gracias al amigo Javier Rodríguez, hoy he tenido la suerte de conocer a Graham Brown, uno de los inspiradores del tejado recíproco, desarrollado por él mismo en 1987 de forma independiente. Es una técnica que está siendo muy utilizada para construcción de tejados en casas de autoconstrucción ecológicas, y muy particularmente en las modernas “Roundhouses”.

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Graham nos explicó con mucho entusiasmo el significado profundo de la geometría sagrada, de cómo el universo convierte sus estructuras en filamentos sutiles cargados de sentido. Las estructuras recíprocas se sostienen unas a otras, comparten el peso de la existencia y también forman un vacío interior desde el cual divisar una dimensión diferente. Apoyo mutuo y cooperación, como la filosofía de nuestro proyecto. En unos segundo construyó una estructura recíproca con nueve pequeños trozos de madera. Su estructura es tan resistente que pude subirme a ella sin que se partiera ni se dañara. Quedé fascinado. Su filosofía de fondo: la búsqueda de la paz. Una paz que nace del individuo y se traslada a su entorno, a su comunidad. La arquitectura, su proyecto de casas de la paz (http://peacebuildings.org), pretende ayudar a reencontrarnos con ese principio universal.

De alguna forma, mientras subía a esa estructura me daba cuenta de que estaba sobre el sueño original. La casa de Graham está construida con forma de espiral. Mientras él explicaba con entusiasmo su proyecto de vida desde el centro de la casa algo hermoso se estaba construyendo en los planos sutiles. El sueño de María, nuestro lejano sueño, las pallozas de los Ancares, O Couso, las Roundhouses, Graham y su casa espiral, la cultura de la paz de la que tanto hablamos en el proyecto editorial y en la fundación… Todo estaba concentrado en ese momento multidimensional difícil de explicar. Todo en un solo instante de levedad, intentando explorar el significado profundo de algo que inevitablemente se precipita.

Gracias Javier por hacer de maestro de ceremonias. Gracias Graham por mostrarnos el sueño, la paz.

Pd. El proyecto de That Roundhouse (http://thatroundhouse.info/) consistió en la construcción clandestina de una casa totalmente integrada en el ecosistema, con un casi nulo impacto visual en el entorno. Esta experiencia es muy interesante de cara al futuro en una vida en el campo o en los bosques con un mínimo impacto, integrándose la vida humana en la vida natural.

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(Foto: Visita al estudio y su casa con forma de espiral del arquitecto escocés Graham Brown, padre del tejado recíproco, el cual explicó con mucho entusiasmo su proyecto de casas para la paz. Una buena dosis de inspiración para O Couso… (www.peacebuildings.org)… Impresionante su trabajo por medio mundo… Y todo un honor conocerle).

Donde hay miedo no hay amor


a

El amor es la ausencia de miedo.

No atrapa, libera. Respeta los tiempos, abraza la diferencia, protege la debilidad, conquista con la alegría.

El miedo asusta, ahuyenta, aleja.

Libérate del miedo, baila y abraza el instante.

No pretendas alcanzar el amor desde un telón de abismos.

No quieras proteger la danza con cadenas.

Busca en el interior aquella fortaleza.

Bucea en las profundidades de cada segundo lo que nos ha de elevar.

Amar es dejar ir, también es abrazar con intensidad el espacio que nos separa.

Volar a los infinitos océanos de existencia, vencer la inercia de todo aquello que nos hunde.

Amar a veces es tan sencillo y silencioso, tan severo con la dicha.

Amar es flotar. Flotar suave entre nubes. Flotar.

Amar en silencio, sin pretensiones, sin angustias, sin deseo.

Despojado del miedo, abierto a la experiencia, danza el espíritu.

El amor grita al infinito. Sacude el instante. Perpetua inmortal ese toque celeste. No tiene arrugas, no posee nada, oscila entre la belleza de lo afable y lo espontaneo de la fantasía.

Si amas no tengas miedo. Porque amar también es perder, abandonar, dejar ir, abrazar ese perdurable misterio que nos blandece en el grito agudo.

Es amor una llamada. Se responde a ella sin cautela, sin medición, sin sustratos que alienten la provisión. Se llega a ella hambriento, sediento, desmayado. Se abraza cuando el hilo de vida se triplica y alcanza ese infinito incognoscible.

El amor también es una puerta. Su pomo permanece agazapado a otra realidad. Se abre siempre estrecha para ofrecernos el ancho piélago de la experiencia.

El amor eres tú mismo cuando has alcanzado el don de ser, manifestando tu existencia en la entrega del Absoluto.

Sublime, único, amoroso. Eterno.

Flota, y déjate llevar.

Resucita


a

No esperes al tercer día. Resucita hoy, ahora.

Cuando lo hagas recuerda que un día estuviste ciego y muerto, ausente y dolido.

Cuando veas la luz delante de ti sigue su senda. Levántate y anda ante ella, sigue su estela, continua sus pasos hasta la firmeza del nuevo día.

Cuando divises el camino, no te detengas en su borde. Continua peregrino hasta que llegues a la puerta estrecha, y allí entra sin miedo.

Cuando vuelvas a la vida, disponte a practicar los mandamientos que de ella se desprende. Conviértete en un recipiente de su néctar y comparte su jugo con el mundo.

Cuando resucites y ya no seas un muerto, déjate llevar por el sabor de ese nacer. Serás un nuevo ser, verás con otros ojos y poseerás el don de apreciar cada segundo de existencia.

Cuando resucites recuerda a los tuyos, especialmente a los afligidos y desvalidos, a los que lloran, a los que temen, a los que por miedo se vuelven bravos e insurrectos. Pero también recuerda a los otros, que también son tu familia.

Cuando vuelvas a levantarte tras el fracaso inevitable, tras la pérdida, tras haber sido injustamente linchado y crucificado, no guardes ningún rencor. Perdona a aquel que no supo lo que hizo y glorifica su alma para que encuentre amor.

Cuando revivas, si es que lo haces algún día, sábete afortunado por esta nueva oportunidad. Da gracias una y otra vez a cada cosa que se te acerque, a cada palmo de día que discurra.

Si has entendido el mensaje de la vida, el profundo misterio de sus ciclos, resucita. Entrégate de nuevo, con pasión, fuerza y amor a todo aquello por lo que has nacido. No dejes pasar esta oportunidad, no dejes que la tupida calma te vuelva a adormecer. Disfruta de la primaveral belleza. Abraza el suspiro ardiente.

Si has despertado, por fin, se compasivo y agita a los otros. Enséñales ese otro paisaje, despierta en sus mentes la curiosidad por esa nueva vida, enciende en sus corazones la antorcha ineludible del misterio.

Resucita y vuelve, retorna, aguardamos tu pronta venida. Cualquier hijo de la luz te espera para que nos cuentes que hay en ese más allá que nos ciega.

Resucita cada día, al despertar, como si vinieras de una cruz que te enseñó a amar al semejante, mirando siempre de frente a esa vida que te espera.

Atraviesa el velo. Resucita, una y otra vez. Resucita…

Ya no está aquí. De nuevo fue crucificado


a «Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria«. (Lucas 21:27)

Una y otra vez los fariseos de nuestro tiempo crucifican a su Dios. Sacan a la calle sus Becerros de Oro y los implora. Los hijos de Aarón vuelven a pedir que los dioses marchen delante, vuelven a adorar ese trozo de materia inerte bajo la forma del ídolo. Luego lo celebran con fiesta. Se comen el cordero y se emborrachan esperando que el nuevo año esté lleno de bienes y riquezas, olvidando la enseñanza, ignorando las bienaventuranzas.

Mientras eso ocurre me imagino a su Dios preparando su venida con fuego. Sonarán las trompetas, los cielos se abrirán y bajará majestuoso y lleno de poder. Verá decepcionado todo lo que ha ocurrido. Volverá a cargar, látigo en mano, contra los fariseos del nuevo tiempo. Hablará de los hipócritas, de cómo olvidaron que el más grande siempre es el que sirve con mayor humildad. Hablará de la importancia de la oración, pero de aquella que se hace en silencio, donde nadie pueda verte. Y mirará con desolación como se ha vuelto a profanar el templo llenándose de mercaderes.

Mientras, las calles se llenan de idolatría. Sacan imágenes que ya no representan nada, excepto la nostalgia de un recuerdo que se nubló y se olvidó. El resto de los días nadie recordará su gran poder, nadie percibirá en el aire el aliento de la creación. Y el espíritu se marchitará y nadie será capaz de volverse sal, o el más pobre entre los pobres. Ya nadie se arrodillará para limpiar los pies del otro, ni nadie dejará de pescar peces para ir a pescar almas.

¿Quién de sus seguidores está dispuesto a sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos o expulsar demonios? ¿Quién de sus seguidores ha renunciado al oro, la plata o el cobre? ¿Quién dejó atrás realmente su alforja para el camino, sus dos túnicas, sus sandalias o su bordón? ¿Quién renunció realmente a la riqueza material para seguir sus pasos? ¿Qué fue de sus doce apóstoles? ¿Dónde están sus setenta y dos discípulos? Ya no están aquí. De nuevo fueron crucificados.

Tanto por compartir…


a

Compartir un momento, un instante, un segundo, un minuto, un día, una vida.

Compartir un sueño, un refugio, la utopía galopante, la lucidez de una idea.

Compartir el aliento, el beso, el abrazo.

Compartir la noche y el día, la montaña y el valle, el cielo y la tierra.

Compartir el secreto, lo íntimo, lo oscuro y lo brillante.

Compartir el duelo, la muerte, el dolor, el sufrir, la desgracia.

Compartir la alegría, la sonrisa, la paz, la quietud.

Compartir la belleza, el toque armónico, la música radiante.

Compartir rebeldía, coraje, fortaleza.

Compartir dulzura, tacto, presencia, honestidad.

Compartir juego, complicidad, aquel escondite oculto.

Compartir creencias, misterios, anhelos.

Compartir tu ser, tu esencia, tu reino.

Compartir tu sangre, tu sexo, tu rostro.

Compartir deseo, locura, promesa.

Compartir tristeza, amargura, rabia.

Compartir la dicha, la vida, el encuentro.

Compartir el pan, el esfuerzo, el trabajo, la riqueza.

Compartir la magia, pensamientos, abstracciones, fantasía.

Compartir tu don, tu talento, tu propósito.

Compartir el alma entera.

En definitiva, compartir amor, amor, amor.

Soñadores lúcidos


a

Ahí fuera está nevando con fuerza. Las Highlands ha encontrado un momento idóneo, la primavera, para teñirse de nuevo de blanco, como si no tuviera prisa por dar paso a la vida. Es hermosa la nieve con el contraste de la bahía y sus dunas. Ayer pude ver un cervatillo que se quedó inmóvil, observándome, interrogándome sobre mi presencia en su bosque. Husmeaba de un lado para otro, quizás interrogándose sobre porqué su bosque ahora se había convertido en un matojo de pequeños árboles rodeados de monstruosas casas humanas. De alguna forma brotaba un dolor en sus ojos, una tristeza que pudo contagiarme.

Realizar una tesis sobre la utopía y los intentos por llevarla a cabo te da una visión privilegiada de cómo el ser humano ha intentado durante miles de años mejorar su condición material y espiritual a base de sueños. Materialmente hemos avanzado algo, pero a costa de destruir la naturaleza, alejarnos definitivamente de nuestro lazo de unión con ella y codearnos con el egoísmo, el individualismos y la codicia como resultado de ese proceso. Espiritualmente los avances han sido nulos. Leyendo a los filósofos del mundo antiguo vemos como nuestra consciencia sigue adormecida. Nos hemos vuelto unos cómodos cobardes instalados en la queja cuando algo nos incomoda, sin capacidad de reacción o acción alguna para mejorar o cambiar o modificar nuestras vidas, cueste lo que cueste.

Podemos decir que durante estos últimos dos mil años ha sido poco lo que hemos aprendido en cuanto valores espirituales, como si algún tipo de fuerza maligna nos hubiera conducido hacia un callejón sin salida. Si miramos nuestras vidas, están totalmente alejadas de aquel mensaje hermoso, revolucionario y primigenio de ese que hace dos mil años murió en la cruz. La sencillez de su oratoria encerraba la gran trampa de no poder cumplir ni siquiera un ápice de lo que mostraba. ¿Cómo un ser depredador como el ser humano iba a amar a su prójimo? No sólo no lo hicimos, sino que durante dos milenios nos hemos limitado a lincharlo, pisotearlo, violarlo y asesinarlo mediante guerras, destrucción o codicia.

Los soñadores lúcidos siempre han sido una minoría. Algunos de ellos incluso se dedicaban a realizar algún tipo de experimento que nunca llegó a sobrevivir más de cien años en los casos más optimistas. Utopías de toda clase se pusieron en marcha en cientos de lugares. Pero todas fracasaron. Tarde o temprano, esa oscuridad que nos ciega invade nuestras vidas, limitando nuestra existencia a convertirnos en seres mecanizados, aislados, ridículamente amaestrados para dejarnos seducir por meros condicionantes, por instruidos deseos que gobiernan nuestra vida esclava, ausente de felicidad y de sentido. Nos dejamos arrastrar por esa ceguera creyéndonos poseedores de algo, sin saber bien qué podría ser. Pero es algo que asegura nuestra cobardía. Es algo que estimula nuestra seguridad, paciendo con canciones, modas o teatro nuestra vida ficticia.

Sea como sea, seguiremos soñando, lúcidamente. Iremos al desierto, buscaremos al peregrino y lavaremos sus pies con aceite recién colectado. Iremos a las colmenas para buscar las mieles y la entregaremos para que siga su camino. La sed siempre será saciada en aquel que se adentre al desierto. Allí siempre habrá algún soñador lúcido esperando poder acompañarle en parte de su trayecto. Siempre habrá esperanza en el ser humano. Forma parte de su condición más inacabada.

¿Qué es el antakarana?


a

La experiencia del Ser es triple:

(1) vivencial y trascendental mediante la práctica interior, (2) de estudio mediante el acercamiento de la experiencia al conocimiento (teoría y praxis), y (3) de servicio, como resultado de las dos primeras. 

Esos son los tres pilares de cualquier peregrino del alma: interiorización, estudio y servicio.

Dentro de la práctica interior (1), y utilizando como herramienta la meditación, se trata de provocar un serio contacto con la parte trascendental (llamémosla como queramos, Dios, Yo Superior, Alma, Espíritu, GADU, angelito de la guarda o la Virgen María). 

Existe para el estudiante comprometido un conocimiento (2) detallado sobre herramientas y técnicas que facilitan ese contacto. Una de ellas es la construcción del antakarana, que no es más que una especie de “puerta” o camino que se abre para facilitar el contacto con esa parte trascendente. Dicho contacto debe ayudarnos a ejercer un mayor y mejor servicio (3) a nosotros mismos y a la humanidad, hasta que de alguna forma, tal y como decían los textos antiguos, «Dios se manifieste en nosotros”.

Este hermoso texto explica muy bien la esencia de todo esto:

«Lo que más nos ayuda a ser verdaderos contemplativos es el relacionarnos con otras personas y aprender a perdernos en la comprensión de sus debilidades y deficiencias, siendo este el mejor medio para librarnos de nuestro egoísmo, que es el único obstáculo para la luz y la acción del Espíritu. A través de la paciencia y la humildad en el amor a otras personas, comprendiendo con benevolencia sus necesidades y exigencias menos razonables, es como se realiza la obra de purificación en nosotros. Las personas perfectas cada vez son menos conscientes de sí mismas y dejan de percatarse de que hacen cosas; poco a poco Dios empieza a hacer en ellas y por ellas«. (Thomas Merton en su obra “Semillas de Contemplación”) 

La construcción del antakarana lleva muchos años de práctica consciente, y sus resultados no son más que la experiencia de un mejor servicio al otro, una verdadera acción del Espíritu a través nuestra. 

¿Se puede sanar un trauma?


a

 

Ayer, en el flujo intenso de la meditación, reflexionaba sobre los traumas. Realmente es algo que nos condiciona de por vida, y es algo tan oculto y oscuro que nunca somos conscientes de cuanto ese trauma nos está afectando en la vida diaria.

La infancia y partes de nuestra incipiente adolescencia y juventud está plagado de traumas. Son experiencias que de alguna forma nos han querido ayudar a madurar psicológicamente aspectos de la vida que a veces, ya sea por accidente fortuito o por las propias circunstancias del individuo nos han atravesado de forma intensa y dura. Si ese trauma no se supera, de alguna forma se enquista en nuestro interior perjudicando gravemente toda nuestra evolución posterior.

La mayoría de los traumas tienen que ver con experiencias sexuales, emocionales o psicológicas de calado profundo. Una violación o abuso en nuestra infancia, a veces conscientes o no de ello, un ingenuo acercamiento a la sexualidad que luego no supimos organizar en nuestro interior. El caso de hermanos con hermanas o primos con primas o vecinos con vecinas que de forma consentida por ambos lados empiezan a experimentar sus primeros impulsos sexuales entre las personas más cercanas a su entorno, a veces de forma ingenua e inocente, como un juego o una búsqueda de roles y otras, por el mismo impulso, de forma agresiva, sin entender o saber gestionar, en ambos casos, la propia experiencia de aprendizaje sexual.

A veces nacen por inseguridades emocionales o psicológicas, por abusos afectivos, por relaciones tóxicas de todo tipo, normalmente entre padres e hijas o madres e hijos o entre hermanos que no terminan de entenderse. Y luego las primeras relaciones fuera del entorno de seguridad de la familia, normalmente entre los primeros amigos y la escuela, donde asistimos a todo tipo de abusos que no siempre somos capaces de verbalizar.

Otras veces la simple pérdida de un ser querido que no hemos sabido gestionar ni madurar. O las pérdidas materiales, que en algunos casos han llevado incluso al propio suicidio.

Lo cierto es que todos esos traumas, todas esas experiencias están ahí y afectan día a día a nuestras relaciones presentes y futuras y al que debería ser nuestro sano compartir diario.

La pregunta en la reflexión meditativa fue clara: ¿cómo resolver un trauma? ¿Se puede curar una dolencia afectiva, emocional, psicológica, traumática? La respuesta fue contundente. Un trauma es una huella profunda que afecta a esos otros cuerpos, el emocional y el psicológico, de forma profunda. Si la pregunta fuera, ¿cómo curar o resolver una mutilación debida a un accidente físico? La respuesta sería clara. No se puede. Si una persona se queda sin un brazo o pierde una pierna eso quedará de por vida. Lo primero que se puede hacer es aceptar esa nueva realidad y abrazar su existencia. Lo segundo, adaptar nuestra vida a esa realidad, buscando aquellas herramientas que nos permitan seguir adelante a pesar de los obstáculos. El reto de la superación personal siempre estará presente y vivo.

En los traumas emocionales o psicológicos ocurre lo mismo. Es una huella tan profunda que sería complejo que pudiera desaparecer de nosotros. Lo único que podemos hacer es abrazarla, reconciliarnos con esa experiencia, con esa sombra y su aprendizaje y adaptar nuestras vidas con amor y compasión para poder seguir adelante. Tan complejo es aceptar que hemos perdido alguna extremidad o capacidad como aceptar que hemos perdido una parte de nosotros mismos a niveles emocionales o psicológicos.

Los profesionales terapéuticos nos deben ayudar a bucear en esa reconciliación con la experiencia y dedicar tiempo a la búsqueda de herramientas que fortalezcan nuestra adaptación a esa realidad, sin que ello dificulte nuestras correctas relaciones con el entorno y con el resto de personas. Las experiencias no deben dificultar nuestra realidad, sólo deben servir de aprendizaje para fortalecerla. Nuestra actitud y reacción ante ellas será lo que nos haga mantener una vida sana y feliz en el futuro. Por lo tanto, la propia sanación parte de la aceptación, la reconciliación y la adaptación a esta circunstancia.

¿Por qué nos hemos cambiado a una compañía eléctrica verde?


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Tras pagar casi seiscientos euros y muchos meses de espera para que nos conectaran la electricidad en la nueva sede de la editorial, nos sentimos en la necesidad moral y ética de cambiarnos a una compañía de luz que proteja y cuide a la naturaleza utilizando energías limpias y alternativas.

Para ello, están surgiendo en todo el país proyectos, en su mayoría cooperativas de consumo, a las que puedes hacerte socio y dejar que sean ellos los que suministren la electricidad.

¿Por qué cambiarse? No entraremos en la demagogia política sobre esos exgobernantes que ahora ganan suculentos sueldos a costa de la tarifa de la luz. Debemos basar nuestra decisión en conjeturas de puro sentido común en un mundo que debe cambiar su paradigma. El modelo energético actual basado en combustibles fósiles o energía nuclear es insostenible. El futuro es la energía limpia, sin más, la que viene del sol y del agua y de la tierra y del viento.

En este artículo podremos ver ocho alternativas diferentes de energía verde:

http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2013/03/18/216195.php

Nosotros nos hemos cambiado a SOM ENERGÍA, ya que han sido ellos los que más rápido han contestado y más rápido, gracias a su herramienta informática, han sabido dar respuesta a los tiempos que corren.

https://www.somenergia.coop/es/ 

Os animo a que hagáis lo mismo. Ya no vale quejarse. Tenemos que empezar a actuar. Es tiempo de actuar, ¿por qué no hacerlo?

 

 

 

 

Colonialismo etnocentrista


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Cuando viajé a Etiopía hace algunos años tuvimos la oportunidad de adentrarnos en la profunda sabana. Cerca de Zway, al sur de la capital de Adis Abeba, había un poblado de la cultura Oromo en mitad de la nada. Gracias a la ayuda internacional, no muy lejos de allí se había construido un inmenso edificio que pretendía ser una escuela para los niños de las aldeas colindantes. Cuando vi aquel edificio esperpéntico sentí algo desagradable.

Por toda la sabana la cultura local tenía construcciones redondas hechas la mayoría con adobe y ramas. Para ellos, el concepto de habitabilidad y sobre todo, el concepto de hogar, distaba mucho de nuestras materialistas visiones de la vida. Cuando el occidental llega a lugares como África lo primero que desea es cambiar la mentalidad y la cultura. Primero con los aspectos materiales. Todas las aldeas empiezan a llenarse de plásticos, de hojalata, de casas prefabricadas con estructuras que intentan imitar las construcciones del primer mundo. Pensamos que lo mejor para ellos es dotarles de educación (la nuestra) y de una casa (de nuestro estilo) ignorando por un momento si ellos necesitan nuestra educación o si ellos han pedido una casa cuadrada con porche y jardín.

Otra obsesión tiene que ver con la alimentación, con la higiene y con la manera en la que deben vestirse. Los niños empiezan a ponerse camisetas de los equipos occidentales, normalmente del Barça o el Madrid, nos obsesionamos con construirles letrinas para que hagan sus necesidades de forma ordenada en un lugar cerrado y oscuro donde se van acumulando sus heces (negando de paso la libertad de hacerlo en el campo como hasta ahora lo habían hecho durante miles de años) y nos empeñamos en que coman nuestras alitas de pollo y carne de vacuno cuando a lo mejor eso nunca había estado en sus dietas.

De alguna forma, aculturizamos a esos individuos y sociedades con nuestros prejuicios, con nuestros hábitos y sobre todo con nuestro colonialismo etnocentrista. ¿Por qué pensamos que lo que esos pueblos necesitan es precisamente lo que nosotros exportamos? ¿Qué nos hace pensar que eso es lo mejor para ellos?

Es necesario que existan bancos de alimentos para catástrofes humanas y hambrunas, (allí mueren cientos de personas al día y nadie se acuerda de ellos) que la salud se mejore y que la esperanza de vida, y la calidad de la misma, sea cada vez mejor en esas tierras. Es necesario que la educación se imparta, pero desde una base local, respetando siempre la cultura, las tradiciones y la cosmovisión de esa sociedad. Debería horrorizarnos ver como a cambio imponemos nuestra cultura ignorando y despreciando la propia del lugar. De alguna forma, estamos exportando nuestra miseria materialista, nuestro desencanto y nuestra pobre visión del mundo, ignorando, de paso, esa especial alegría que siempre encuentras en esos lugares.

 

Cuando somos humanos


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Esto significa equivocarnos, levantarnos, tumbarnos, derrochar en reproches y lágrimas, alegrarnos, entrar si la vida así lo marca en situaciones difíciles, a veces imposibles. Cuando nos comportamos como humanos, salen nuestras imperfecciones inevitables, salen nuestras sombras y momentos oscuros. Claro, ¡¡¡somos humanos!!!

Pero también somos capaces de grandes cosas. Porque ser humano también significa postrarnos ante la inmensidad del cosmos, seducirnos por nuestra humilde condición y mostrar nuestro mejor anhelo. Como somos humanos somos capaces de construir las mayores empresas posibles. Somos capaces de perdonar, de amar, de dibujar sonrisas y estímulos suficientes para seguir adelante. Ser humano también significa perfeccionar nuestra condición y ofrecer al otro nuestro lado más amable, más compasivo.

Ser humano también es ser responsable y adquirir un claro compromiso con la vida. Es ser capaces de decir: sí quiero. Sí puedo. Sí, deseo. Ser humanos es comprometernos a perder o ganar, responsabilizarnos de nuestros actos aunque sean equivocados, aunque sean tremendamente erróneos. Pero ser capaces de intentarlo, de arriesgar no esperando ninguna recompensa ni mayor gloria. Sólo esperando avanzar como uno más dentro de esta maraña que somos.

Si mejoramos un ápice gracias a nuestros errores y aciertos de alguna forma estamos mejorando como humanidad. Si esbozamos una sonrisa, un motivo de esperanza, es algo que se hace común, y es toda la humanidad la que sonríe y se conmueve ante esa visión de esperanza.

Somos pequeñas motas perdidas en un cosmos inmensurable. Pero también somos voceros de ese milagro que es la vida, de ese misterio que es la inteligencia, la voluntad y el amor. Sí, somos pequeños, pero también representantes de lo más grande. Cuando somos humanos somos majestuosos halos de vida, serenas olas de un mar inacabado, profundos suspiros de un Creador que mece cada átomo con la ternura merecida.

Si por un momento te has sentido humano, te habrás sentido un afortunado héroe, un privilegiado testigo del devenir universal. Sólo por eso, aunque sólo sea por sentirnos agradecidos a este momento presente y único, merece la pena ser humanos.

Celebraciones de equinoccio y antiguos misterios


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La bahía donde me encuentro está rodeada de océano. A mi izquierda puedo ver el pequeño estuario que une la desembocadura del río Findhorn con la bahía del mismo nombre. Aquí los ciclos de la marea son especialmente visibles. Por las mañanas la desembocadura puede estar totalmente seca y a media tarde parece un inmenso lago lleno de agua y vida. A mi derecha se abre el océano, el frío mar del Norte que un poco más arriba se une con el Ártico. Por las noches es normal escuchar la música de ambos oleajes. Justo en frente de mi ventana tengo las grandes dunas que separan un trozo de agua del resto. A veces es fácil observar a los faisanes que entran en el jardín de casa o pequeños ciervos que vienen a desayunar temprano cualquier flor o arbusto. Las grandes bandadas de aves migratorias se escuchan especialmente por la noche, donde se reúnen muy cerca de aquí para decidir que ruta continuar en la próxima jornada.

Estos días había cierto nerviosismo por la Gran Marea, un fenómeno extraño que coincide cuando la luna y el sol están alineados de forma inusual. Algunos podrían pensar que este pequeño islote podría quedar sepultado bajo las aguas por el gran acontecimiento. Además, en un mismo día, coincidían tres fenómenos impresionantes: la gran marea, el eclipse total de sol y el equinoccio. Por suerte no pasó nada anómalo y la vida continua.

En las varias celebraciones a las que he podido asistir en la comunidad de Findhorn y alrededores las explicaciones iban describiendo todos estos acontecimientos. Por un lado, la importancia del equinoccio con dichos fenómenos naturales y sus ciclos cósmicos. Por otro, todo lo recurrente a la nueva era de Acuario y lo significativo que parecía este nuevo ciclo en el que nos adentrábamos. Un poco de música, alguna celebración, meditaciones especiales dirigidas a invocar las fuerzas de la naturaleza. Rituales de bienvenida y cambio de ciclo. Lo cierto es que uno se deja seducir por todo este tipo de bellas celebraciones. En estos días, había jornadas a las que podía asistir a cuatro diferentes tipos de meditaciones para celebrar diferentes tipos de acontecimientos. La meditación de la mañana, a las seis y media y con una duración de una hora. La meditación de las nueve, la meditación de las cinco, la meditación por las Naciones Unidas en sincronía con la gente que en Nueva York medita desde la sala de la organización internacional, la meditación especial de equinoccio, la meditación especial para sanar, los cantos de Taizé entre una y otra meditación… Un sin fin de rituales uno tras otro, algunos más devocionales, otros más esotéricos, todos gozando de una excelente salud dentro del movimiento del sincretismo espiritual donde se pretende conciliar diferentes doctrinas o tradiciones.

Admito que de todos ellos me han impresionado, especialmente uno que se ha realizado esta mañana a las afueras de Forres, en un apartado lugar cercano a impresionantes bosques y ríos. Se trataba de una mística y antigua celebración realizada por una logia de masonería mixta en la que admiten la participación de hombres y mujeres por igual. Cuando llegamos al lugar nos recibió un grupo de personas vestidas totalmente de blanco, con unas cogullas o hábitos muy parecidos a los que llevan los monjes cistercienses. Nos recibió muy amablemente el Venerable Maestro de la Logia del Santo Grial, al parecer la única logia existente en todo el Reino Unido de la Grand Lodge Ancient Universal Mysteries.

A los pocos minutos, y tras una breve presentación, pudimos entrar en el templo. Allí íbamos a ser testigos de un rito ancestral que ha sobrevivido de la mano de la masonería hasta nuestros días. Se trataba de celebrar la Ceremonia del Equinoccio de Aries, donde, con una particular Invocación de los Grandes Seres se iban a utilizar rituales de origen budista. Como ellos mismos explicaban, la invocación de los grandes seres se inicia en el primer ciclo de la Cruz Cardinal. Se inspiran en las energías del propósito y la intención que inician un nuevo comienzo en el ciclo de la actividad creativa. Pretenden invocar el aspecto voluntad para aplicar dichos fines. Las invocaciones se dirigen a los grandes seres, a los que ellos llaman, quizás siguiendo algún tipo de tradición esotérica, los Señores de los Rayos, así como sus propósitos en lo que respecta al poder inicial que produjo esa maravilla de la expresión creativa que llamamos la humanidad misma.

En estos años he podido asistir a un sinfín de rituales de paso, de iniciación y de cambios de ciclos, pero jamás había asistido a un ritual de tanta belleza, claridad y profunda hermosura. La apertura de los trabajos ha sido una de las cosas más emotivas a las que jamás he asistido. La extraordinaria música acompañada de los gestos, los mudras, esa especie de baile sincrónico de un lado para otro y los cánticos han podido crear una atmósfera insuperable. Toda la dramatización del ritual ha sido escenificada con una pulcritud y seriedad expectante. Realmente los allí presentes no dábamos crédito a tanta belleza y profundidad.

Los antiguos misterios eran, uno tras otro, descritos con gestos, señales y símbolos. Era como si la tradición de los antiguos patriarcas de la humanidad se desarrollara una tras otra en ese minúsculo espacio llamado logia. No puedo añadir nada más. Sólo avivar la curiosidad y mostrar de forma abierta todas estas cosas que ocurren más allá de la puerta de todo misterio y que muchas veces, a pesar de tenerlas bien cerca, las desconocemos por completo.

 

¡Comiénzalo ya!


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“Hasta que uno se compromete, hay duda, la posibilidad de volverse atrás, siempre ineficacia… Pero en lo concerniente a todos los actos de iniciativa y creación existe una verdad elemental, cuya ignorancia mata innumerables ideas y espléndidos planes, esto es: que en el momento en que uno se compromete definitivamente, también la Providencia se conmueve. Todo tipo de ayuda que nunca hubiera aparecido, surge ahora ante uno. Toda una corriente de sucesos fluye de la decisión, poniendo a nuestro favor todo tipo de nuevas situaciones, encuentros y ayudas materiales que nadie hubiera podido soñar que le llegaran. Lo que puedas hacer, o sueñes poder hacer, comiénzalo. La audacia lleva genio, poder y magia en sí misma. ¡Comiénzalo ya!” Goethe

 

Estamos escasos de coraje y valentía. La prueba está en todas esas cosas de las que nos arrepentimos con el paso de los años. Debería haber hecho esto, no hice aquello. Lo bueno es que queda como aprendizaje, lo malo es que seguimos sin subirnos al tren de eso que realmente sentimos por dentro.

La valentía también tiene sus riesgos, es cierto, pero cuando realmente no te importa perderlo todo (absolutamente todo), a sabiendas de que al mismo tiempo estás ganando algo tan preciado como sentirte plenamente un ser Vivo, las cosas dejan de tener precio y valor y empiezas a vivir en el mundo de la maravillosa experiencia.

Eso es un acto de pura magia. De repente te sitúas en la piel de un guerrero, sobre un hidalgo corcel que te arrastra hacia cualquier tipo de aventura, desdicha o derrota. Pero es ahí, en la derrota, donde comprendes la pureza del acto, la fuerza de la acción que no teme. Es precisamente cuando por el camino has dejado tantas y tantas cosas, has perdido tantos amores, tantas propiedades, tantos terrenos conquistados a base de esfuerzo y batalla, cuando te sientes solo y desnudo ante el universo entero, es cuando la vida realmente te atraviesa.

Volver a empezar a cada instante es un acto de resurrección. Sentir la sangre vibrando en cada una de nuestras venas es un derecho irrenunciable. Aún hay personas que pasan media vida quejándose, maldiciendo su suerte, jadeando en la lástima y la desdicha. Un guerrero, un valiente no tiene tiempo para la autocomplacencia. No desperdicia ni un minuto en contabilizar cuanto ha perdido o cuanto podría haber ganado si las cosas hubieran ido de otra manera. Simplemente lo vuelve a intentar, una y otra vez.

La vida es un juego. No hay tiempo para lamentos. Debemos continuar y forzar cada segundo para conseguir nuestros propósitos más elevados, nuestras metas más imposibles. Formar nuestro carácter, poseer un móvil correcto, desarrollar el poder para organizar el tiempo, meditar cada paso mientras respiramos conscientemente sobre la fuerza de la voluntad. Cada cosa que hagamos, cada movimiento, nos alejará del tedio, nos acercará a la vida y nos hará más valerosos y consecuentes. La virtud nos poseerá y seremos libres de corazón. No esperes más, ¡comiénzalo ya! Sea lo que sea. ¡¡¡Hazlo!!!

WIKIPEDIA, un ejemplo de economía del don y apoyo mutuo


Esta mañana, a petición de su presidente, muchos habrán hecho una donación a la fundación Wikipedia. Es una herramienta que usamos casi a diario y nunca hemos tenido que pagar por sus servicios. Pero desde hace unos años, vamos haciendo regularmente simbólicas donaciones para poder seguir apoyando este imprescindible proyecto.

Muchos de los que se dedican a la investigación no podrían hoy día pensar en un mundo sin Wikipedia. Somos conscientes de que todo el saber humano está expuesto allí, de una forma objetiva y clara con acceso universal y políglota en decenas de idiomas. Es una primera puerta para saber y conocer, para aprender de forma autodidacta sobre cualquier asunto de interés. Cuando tenemos dudas sobre algún tema solemos recurrir a ese lugar accesible y fácil y de allí disfrutar de un mundo de experiencia singular.

Lo maravilloso del proyecto es que es independiente y está editado de forma colaborativa. No aceptan donaciones gubernamentales ni de grandes corporaciones mediante anuncios o publicidad. Su desarrollo se basa en el voluntariado mundial y en donaciones privadas particulares.

Resulta difícil darnos cuenta de que estamos viviendo en una nueva era de responsabilidad económica. No se trata de hacer las cosas gratis, se trata de que entre todos podemos hacer cosas extraordinarias. Wikipedia es un ejemplo de ello y todos los que la usamos casi a diario deberíamos intentar, en la medida de lo posible, apoyar este modelo.

Estamos hablando de un claro ejemplo de economía basada en el don, es decir, de ofrecer al otro nuestro mejor talento y si gusta y al otro le sirve de algo, esperar su reciprocidad. Además es un ejemplo a escala mundial, lo cual refuerza la idea de que es posible una economía basada en el don y el talento, basada en los valores de compartir y la generosidad, de enriquecernos mutuamente mediante un medio libre y acorde con los tiempos.

Sin duda, Wikipedia es un referente internacional de un nuevo paradigma y una nueva forma de ver el mundo, entenderlo y expresarlo. Si tienes posibilidad no dejes de apoyar este tipo de iniciativas y disfrutémoslas todos.

EL PODER DE LA CONTENCIÓN


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Todo el mundo habla del poder del ahora, del poder de la intención, del poder de la concentración. Pero nadie nos ha hablado hasta ahora del poder de la contención. Estas palabras llegaron del fluir de la meditación de esta mañana en la bahía de Findhorn.

CONTENCIÓN. Debemos aprender a contener la energía, a no desperdiciarla, a no volcarla de inmediato. Es importante que cuando respiremos mantengamos concentrada la atención en ese momento entre la inspiración y la expiración. Es un momento de quietud, de CONTENCIÓN. Ahí reside una de las claves en el manejo de la energía. Si sabemos contener toda nuestra fuerza, toda nuestra energía, mucha más fuerza y mucha más energía vendrán hacia nosotros por pura ley de atracción. Lo mismo ocurre con el dinero, cuanto más dinero seamos capaces de CONTENER, más dinero seremos capaces de atraer y por lo tanto, de compartir y poner en buen uso.

Todo esto se puede mostrar con un símbolo:

Una piscina toda llena de grietas. La piscina intenta llenarse de agua pero no lo consigue porque por las grietas se escapa el agua. Las grietas significan los deseos: ahora compro no sé qué, ahora pago no sé cuanto, ahora gasto en aquello y ahora entra tanto dinero y lo gasto en eso otro. La clave es el control del deseo. Ese es el trabajo para la CONTENCIÓN. Ir cerrando grietas una a una, es decir, ir eliminando deseos. Cuando eliminas los deseos y empiezas a cerrar esas grietas, la piscina se va llenando. Y sólo cuando está llena y empieza a rebosar, estamos listos para el servicio, que no es ni más ni menos que compartir todo ese agua sobrante con el resto. Si no lo hacemos así, sino somos capaces de compartir el agua sobrante, ocurre el efecto contrario: nuestra vida se inunda de miseria, rebosa de catástrofes, enfermedades, desdicha. De ahí la importancia de mantener un sano equilibrio entre lo que se recibe y lo que se da sin esperar nada a cambio.

Aprendamos a contener para una mayor y efectiva distribución de nuestra riqueza, sea mucha o poca.

¿Nueva economía? Hacia la economía del don…


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Querido I.,

estamos estudiando con detalle tu propuesta económica y hoy hemos dedicado buen tiempo de la reunión de los martes a comentarlo con calma. M. se ha comprometido a enviarte algunas letras para detallar algunas visiones que tenemos sobre algunos asuntos. Es especialmente curioso todo lo que tiene que ver con la economía dentro del proyecto O Couso, un modelo tan alejado de lo tradicional, y al mismo tiempo, tan arriesgado.

Nos hemos dado cuenta, al ver todo el plano económico, de lo lejos que estamos del que ya empezamos a llamar antiguo modelo. Para algunos autores, la nueva economía ya no está enfocada en la producción de cosas sino en la producción de conocimiento. Nosotros, siguiendo ese idea (que no es más que trasladar el modelo de producción de un lugar a otro disfrazándolo de «nuevo»), nos adherimos a una corriente que llamamos ingenuamente integral y que pretende no tan sólo crear conocimiento, también crear y servir de inspiración desde una nueva perspectiva. 

A pesar de que el fenómeno de ecoaldeas lleva más de cincuenta años funcionando, vemos como su modelo económico se ha quedado, a nuestro particular entender, obsoleto en algunas cosas. No es que nuestro modelo sea revolucionario, simplemente vemos que difiere enormemente del que plantean las ecoaldeas actuales, las cuales utilizan un lenguaje y una praxis muy similar al que utilizamos en el “antiguo sistema” o en la estructura hegemónica, quizás decorado con tintes ecológicos y sostenibles, pero basados en sus mismas premisas de oferta y demanda. 

Deja lo que puedas y coge lo que necesites” no es sólo una frase bonita y modélica, encierra dentro de sí un nuevo paradigma de responsabilidad con el dinero y los recursos, con el trabajo y nuestra autorealización. Nosotros no rechazamos el dinero, simplemente le dotamos de otra utilidad, de otro significado, de otra visión marcada, como decíamos, por la gestión de una nueva consciencia o una nueva cultura ética. Eso significa que las cosas en sí mismas no tienen precio ni valor tal y como se expresa en los mercados capitalistas (tendría que repasar a los clásicos de la economía para ponerme al día), sino que las cosas, los servicios, y todo lo que repercute en los aspectos materiales del ser humano deben dotarse de un nuevo sentido, y por lo tanto, de una nueva estrategia de intercambio. No están basados en la ley natural de la necesidad, ni tampoco en la ley de la oferta y la demanda, sino que nacen de una necesidad humana de autorealización no por y para obtener dinero, sino por y para obtener alegría y felicidad en el compartir, la generosidad y el respeto. 

O Couso no aspira a vender lechugas, ni a hacer negocio con la artesanía o pedir subvenciones para plantar castaños. En O Couso habrá lechugas, artesanía y castaños, pero no condicionados por la ley de la oferta y la demanda, sino marcadas por el desarrollo de nuestros dones y talentos. Es decir, el valor estará en el don, no en el producto. Estará en la inspiración que ese don pueda ofrecer a otros, pero no en el coste monetario del mismo. Esto se parece al anuncio de aquella tarjeta de crédito que decía eso de que hay cosas que no tienen precio (para lo demás, la tarjeta en cuestión). Nosotros nos queremos centrar precisamente en esas cosas que no tienen precio, que no es ni más ni menos que sacar lo que llevamos de genuino y auténtico y compartirlo desde la cooperación y la generosidad, desde la honestidad y la alegría. Esto rompe totalmente con todo el modelo económico antiguo e incluso con los modelos más actuales (como el de «nueva economía», que centra su fuerza y desarrollo en internet). Lejos de la competitividad, de la producción, la productividad y los sistemas de organización actuales, desarrollamos nuestra praxis reorganizando todo el modelo y su estructura desde su propia base.  

No queremos cobrar por lo que hacemos, queremos compartir lo que hacemos. Esto no significa que queremos optar por el obsoleto modelo del trueque, sino que queremos basar nuestras relaciones en la «economía del don«, en esa que se preocupa de que no le falte nada a nuestro vecino, o si quieres, en el dar sin esperar nada a cambio

No tenemos prisa ni necesidad por poner un tejado o una ventana nueva. Si tenemos recursos lo haremos y si no tenemos recursos no lo haremos y viviremos felices profundizando en nosotros mismos y en las relaciones grupales y con el entorno. La necesidad de bienestar viene marcada por satisfacer aquellas cosas que nos hacen humanos y nos alejan de las bestias. De ahí que para realizar la transición hacia la completa e integral satisfacción de las necesidades básicas no debamos dedicarle todo nuestro tiempo a ello, sino unas horas al día o aquellas que nos hagan felices. Así, nos queda todo el resto para poder profundizar en nuestros dones. 

Realmente esta (arriesgada) apuesta quiere servir de inspiración y desea innovar y profundizar en los aspectos psicológicos, éticos, sociales y morales de la sociedad. La economía, el orden económico es de vital importancia, pero deseamos tratarlo desde una nueva base, desde una nueva perspectiva más compleja y menos lineal. Las bases de una nueva sociedad deben proyectarse desde una nueva visión. No queremos una interpretación unilateral (oferta-demanda) de la economía, deseamos profundizar en todas sus facetas e integrarlas en todos los aspectos de nuestra vida. 

De todo esto te hablará con más calma M.  y estructurará mejor algunas ideas que hemos tomado esta mañana para que la descripción que haces en el trabajo del modelo económico de O Couso se acerque algo más a la realidad. 

Por favor, no dejes de ponernos al corriente porque el tema nos está inspirando y nos ayuda a resituarnos y afianzar nuestra visión.  

Un abrazo sentido y felicidades por el esfuerzo y el trabajo realizado… 

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