La rotación jerárquica


a

Estaba redactando la carta de cese de la presidencia de la fundación para ser coherentes con nuestros propios principios de rotación armónica, cuando pensaba en esos anquilosados sillones inamovibles de la política, de las instituciones, de las empresas, de todo aquello que nace de una jerarquía de poder cuyo único propósito rezuma deseos vanidosos inamovibles, generando de paso que la sociedad no avance ni progrese.

Hay algunos tan aferrados a sus sillones que prefieren destruir la institución entera antes que abandonar su posición. Véase el caso de las dictaduras, de los partidos políticos donde no hay renovación ni libertad de elección, de personas que creen de repente ser dueños de instituciones que llevan siglos funcionando con normalidad. Realmente vivimos en una democracia disfrazada donde no existe una necesaria higiene institucional.

Cuando estudiaba la institución masónica, una de las cosas que más me llamaron la atención (véase el libro “Entrevista a un masón, perspectiva antropológica de una realidad ignorada«) fue la rotación de sus cargos. Uno se tira media vida para llegar a uno de los cargos más altos como puede ser el de “Venerable Maestro”. Pueden pasar diez o veinte años hasta que llegas al mismo y cuando lo consigues, cuando has pasado por todos los oficios y grados posibles desde el más joven aprendiz hasta el de maestro pasando por el de compañero, de nuevo, tras un año de “veneratura”, vuelves al comienzo. Te conviertes en un humilde “guardatemplo” cuya única misión será la de vigilar que los vicios mundanos no perturben el ritual ni condicionen el ritmo de los trabajos.

En la fundación y en el proyecto optamos por ese modelo, por eso, tras un año en el cargo de presidente, llegó el tiempo de rotar y dejar que otros asuman ese rol. Lo hacemos a consciencia de que el verdadero poder carismático no reside en los puestos de “control”, ni en las representaciones de uno u otros cargos, sino que reside en el silencioso y arduo trabajo de cada uno de nosotros en nuestros respectivos trabajos diarios. Por eso es normal ver al presidente de la fundación limpiando las heces de los retretes o a la vicepresidenta cocinando para treinta o a la secretaria dirigiendo a un número sin fin de gente. No se trata de ejercer ningún poder, sino de empoderarnos todos en el trabajo diario, de seguir la estela de cooperación y apoyo abarcando con nuestras manos y corazones los trabajos del día a día. Nuestro único poder es el que sirva de inspiración, de ejemplo, de sencillez.

Nuestra jerarquía obedece a otros patrones, quizás a los de antaño, a eso de respetar a nuestros mayores, de proteger a nuestros jóvenes, de ayudar al hermano y la hermana y a mirar a la naturaleza con reverencia y respeto. Sentimos que el verdadero poder no reside en ningún líder carismático, sino que el verdadero líder es aquel que se agacha a limpiar los pies del peregrino, o aquel que asume que la verdadera jefatura reside en el grupo.

En O Couso estamos rompiendo con muchos viejos esquemas, y eso nos hace fuertes para afrontar todos aquellos muros que deberán caer en las próximas décadas. Si tenéis algún puesto de representación o de poder, reflexionad, ¿cuánto tiempo lleváis ahí sin ceder el testigo? Volvamos al sagrado círculo, allí donde todos podemos vernos las caras y humildemente compartir nuestro pecho descubierto y sincero.

 

¿Quieres vivir una semana de inspiración? Semana de experiencia en O Couso, verano 2015


10559964_10204518738708436_1034965348042475860_n

 

¿Quieres vivir una semana de inspiración? Todos estamos impacientes porque llegue este momento. Muchos amigos nos escriben por adelantado para indicar que se están preparando para venir y disfrutar un año más de esta experiencia inolvidable. Por segundo año consecutivo queremos ofrecer desde la ilusión y la alegría la fórmula apropiada para poder compartir la experiencia de vivir unos días con nosotros. Por ello, y dado el éxito de las últimas convivencias en O Couso, queremos invitaros a visitar, vivir y explorar una intensa semana a nuestro lado. Estas semanas quieren ser el marco de referencia de nuestra búsqueda individual y colectiva y también una aproximación para consagrar toda la vida cotidiana desde el respeto, la cocreación y el compartir.

Además, gracias a lo bien que los niños se lo han pasado con nosotros y siempre nos guardan un grato recuerdo, este años tenemos la novedad de ofrecerles una semana especial para ellos y sus familias donde habrá juegos y actividades especiales que no olvidarán en mucho tiempo. Esta semana será del 13 DE JULIO A 19 DE JULIO.

¿Qué haremos? Tras levantarnos acogidos por la naturaleza, realizaremos una pequeña meditación y paseo silencioso por el bosque, desayunaremos, haremos el círculo de consciencia para dividir las tareas y trabajos de la mañana y durante unas cuatro horas bucearemos en las actividades asignadas: coger leña, trabajar en la huerta, cuidar el jardín y las gallinas… Luego comida comunitaria y tarde de actividades y tiempo libre. Daremos paseos por los bosques y visitaremos los castros y tumbas celtas que tenemos alrededor, leeremos bajo los castaños o haremos círculos de sabiduría para compartir nuestros conocimientos, nuestros dones y talentos expresando cada uno libremente lo que desee.

¿Qué necesitas para venir? Si puedes traer una tienda de campaña, caravana o similar será de agradecer ya que tenemos plazas limitadas en nuestras caravanas y tiendas. También muchas ganas de pasarlo bien y compartir. No ponemos ninguna tarifa, excepto nuestra filosofía: “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Todas las actividades que realizamos son siempre voluntarias y no se obliga a nadie a participar en las mismas. La propia dinámica de la convivencia ajusta nuestras necesidades personales y grupales creando un bonito ambiente de convivencia y compañerismo.

Con vuestra presencia nos ayudaréis a profundizar en el lugar y en las relaciones que se han de tejer en el mismo, y además de pasar unos días diferentes y bonitos, seréis partícipes de todo este proceso de reconstrucción y construcción de la casa de acogida, de la escuela de dones y talentos y de la comunidad.

¡¡¡¡Os esperamos!!!!

FECHAS 2015

     INVIERNO: En invierno os recibimos la primera y tercera semana de cada mes.

     VERANO 2015: 

          JULIO:       29 DE JUNIO A 5 DE JULIO

13 DE JULIO A 19 DE JULIO ( semana de experiencia para familias)

27 DE JULIO A 2 DE AGOSTO

          AGOSTO:   10 DE AGOSTO AL 17 DE AGOSTO

24 DE AGOSTO AL 30 DE AGOSTO

 

Por favor, si quieres participar escríbenos un mail explicando vuestras motivaciones, y así preparar con tiempo la acogida:  info@dharana.org

Gracias y que disfrutéis un año más de esta oportunidad.

10568861_10204482097552430_8335648741767223791_n

10559701_10204512968084174_7001418172005663133_n 10559661_10204457282132060_5706770416389684099_n 10462578_10204482095752385_2797591581411317465_n1503931_10204475035935894_6708840133604543038_n 1920608_10204512970844243_8173792628168752592_n 1374912_10204463303202583_3596734459435832621_n 16686_10204512969004197_7922635600250040517_n b

Los beneficios de la meditación


a

Todas las mañanas salgo a correr a eso de las seis. Es precioso y motivador hacerlo a la orilla de la bahía mientras escuchas la fiesta mañanera que las aves migratorias tienen cuando la marea aún está baja. Cuando dedicas más de dieciséis horas a trabajar con el intelecto, es bueno mantener algún tipo de disciplina física e interior. Así que corro todas los días temprano mientras disfruto del amanecer, participo de las dos meditaciones que se hacen por la mañana en la comunidad y luego acudo sin falta a la tercera meditación, la vespertina. Normalmente a esas horas muchos solemos estar durmiendo, pero cuando dedicas un rato a mantener una actividad física y otro poco de mañana a cierta interiorización el día se presenta radicalmente diferente. Creo que esto es algo que nos deberían enseñar en la escuela. Quizás con algunas clases de yoga por la mañana temprano acompañadas de veinte minutos de silencio, de meditación, de paz, el mundo sería diferente para todos.

En la meditación de la mañana suele haber poca gente. Supongo que por la hora en la que empieza, las seis y media, y la hora en la que acaba, las siete y media. Quizás para las personas que empiezan la práctica de la meditación una hora sea un exceso. En un mundo donde no estamos acostumbrados a estar más de cinco minutos sin mirar el móvil o la telepantalla (esto está desequilibrando nuestro sistema nervioso), nos resulta inquietante la posibilidad de poder estar una hora sin hacer sana, solo observando, solo silenciando nuestro movimiento interno. Pero cuando lo haces, cuando entras en ese plano de quietud, descubres una nueva vida, una nueva forma de contemplar la existencia. Es como si de repente toda la intensidad vital se multiplicara por cien. Es como si de repente estuvieras viviendo múltiples vidas en una sola. Y eso es siempre una experiencia maravillosa, porque de alguna forma, todo cuanto ocurre en nosotros cobra sentido y coherencia. Dedicar una o dos horas al día a la meditación, o veinte minutos si no disponemos de tanto tiempo, es un ejercicio que con la paciencia y el tiempo provoca en nosotros múltiples beneficios. Recordad que un paseo silencioso en mitad de un bosque también puede ser una excelente meditación.

Cuando esta mañana salíamos de la segunda hornada de silencio, alguien me ha preguntado si era budista. Con una gran sonrisa le he respondido que no, que mi religión, de tener alguna, es la religión del amor. Aunque la palabra ha sonado un poco cursi (admito que en inglés no tanto), tiene un valor muy profundo. La mente es un vehículo que siempre pretende clasificar las cosas. Está configurada para entender el mundo, para interpretarlo, para dotarlo de significación, y para ello necesita clasificar, modelar, encasillar. La mente es la que nos dice de qué nacionalidad somos, de qué partido político o de qué religión. Es una herramienta útil para poder entendernos y para poder dotar de cierto significado a nuestro entorno. Pero más allá de la mente hay un vehículo más poderoso que no clasifica, que no divide, que no fragmenta la realidad. Vagamente lo llamamos amor. Amor no es más que una fuerza poderosa que “ve” más allá de las apariencias, de las formas, de los contornos. Es una luz que lo envuelve todo y que nos permite ver la unión de todo lo que nos rodea y envuelve.

La meditación es un buen ejercicio para instalar nuestra consciencia en ese amor, en esa energía. Al hacerlo, vemos realmente el artificio de las cosas. Comprendemos que no existen razas, ni ideas mejores o peores ni religiones más buenas que otras. Si te instalas en el amor te das cuenta como todos trabajamos para un mismo propósito, para una misma finalidad, y la respuesta a esa identificación no puede ser otra que volvernos generosos y cómplices, colaborativos y cariñosos, alegres y amables.

Esa visión es solo uno de los beneficios de la meditación. Entender quienes somos, elevar nuestra visión sobre las diferencias, instalar nuestra consciencia en el vehículo del amor, la comprensión y la compasión. Cuando lo hacemos estamos integrando en nosotros un concepto nuevo de responsabilidad amplia, de compromiso hacia un trabajo integrador y abarcante. Cuando conseguimos poner a trabajar esas pequeñas herramientas en nosotros algo hermoso ocurre en nuestras vidas. Algo que merece la pena experimentar. Pero antes debemos recobrar nuestro sentido, nuestra disciplina, nuestra interiorización. Antes debemos seducirnos y reconquistarnos. Antes debemos empezar a amarnos a nosotros mismos. A nuestro cuerpo, a lo que comemos, a lo que respiramos, a lo que decimos, a lo que hacemos, a lo que recibimos y a lo que amamos. Ese es nuestro primer gran reto. Amarnos.

Elon Musk


Elon_Musk_-_The_Summit_2013

Siempre que escucho Fantasía de Greensleeves me transporto a un mundo diferente, a una especie de lugar donde todos viven felices en una especie de baile inmortal. Una canción que nació en Inglaterra y que ahora escucho en Escocia no puede menos que emocionarte. Pero especialmente si por alguna extraña razón, además, te incita a recordar algo muy lejano que no sabes identificar y al mismo tiempo te hace enamorado y feliz.

Esa sensación de vivir en otro mundo hay personas privilegiadas que ya la pueden experimentar. No sólo porque ese mundo nace en su potente imaginación, sino porque además son capaces de materializar todo aquello con lo que sueñan.

Este es el caso del joven empresario, ingeniero e inventor Elon Musk. Su vida parece sacada de algún cuento. Seguramente, de seguir esta trayectoria apasionante, pasará a la historia como una de las personas que revolucionó el siglo XXI. Su arriesgada apuesta es triple.

Por un lado, fue el primero que de la nada consiguió crear una fábrica de coches eléctricos con un sugerente nombre: Tesla Motors. Su obsesión consistía nada más y nada menos que terminar con la polución en las ciudades y en el mundo, y para eso creó vehículos eléctricos con una considerable autonomía: las de mayor autonomía del mercado, hasta casi 500 km sin enchufar a una toma de corriente. Sin saberlo, o quizás sí, estaba dando el pistoletazo de salida a una nueva revolución industrial basada ya no en los derivados fósiles sino en la electricidad.

Para completar su circuito ecológico, no sólo casi inventó el vehículo eléctrico, sino que invirtió gran parte de su capital en crear SolarCity, una empresa que se dedica a poner en marcha en los hogares americanos un sistema autónomo de electricidad basado en placas solares. De esta forma, sus vehículos Tesla pueden conducirse sin gastar un solo dólar. ¿Es esto el principio de la emancipación energética?

El que fuera cofundador de empresas como Paypal, también ha desarrollado una empresa aeroespacial, Space X, la primera empresa privada que ha podido llegar a la Estación Espacial Internacional y conseguir un contrato con la NASA para abastecer a la estación mediante viajes comerciales.

La verdad es que estamos siempre acostumbrados a homenajear a personas con grandes virtudes espirituales, con grandes frases inspiradoras, pero siempre se nos olvida elogiar a esas personas que están haciendo actos verdaderamente espirituales en el mundo de la materia. Una persona está revolucionando la locomoción y seguramente, si todo va bien, será el inspirador de un nuevo modelo energético que nos librará de guerras e intereses con el cada vez más obsoleto mundo de la combustión, el petróleo y las energías contaminantes. Si su particular revolución se hace firme, estaremos ante una revolución universal que facilitará nuestras vidas y las hará más limpias, más respetuosas con el medio ambiente y más esperanzadoras con nuestro futuro humano.

Quizás todo esto sea tan solo el comienzo de una fantasía que será derrumbada por intereses internacionales. Pero por si acaso, seguiremos escuchando y disfrutando de la Fantasía de Greensleeves. Y los que tengáis recursos, no dudéis en apoyar esta obra adquiriendo algún coche eléctrico. Es la única forma que tenemos de poder cambiar las tendencias futuras.

Primer aniversario del Proyecto O Couso


b

«Todas las cosas, después de haber florecido, vuelven a su raíz. Volver a la raíz se llama Quietud«. Lao Tsé

 

Tal día como hoy, en un día soleado de incipiente primavera, tres intrépidos viajaron desde Madrid hasta Samos para hacer realidad un viejo sueño. Cogieron todos sus ahorros, todas las muestras de apoyo y cariño y lo emplearon todo, absolutamente todo, a materializar un trozo de vida, de ilusión, de esperanza.

A estos tres jóvenes atrevidos les acompañaba, a cual guardián, nuestra querida Cristina. A ella le debemos que las cosas salieran bien desde un principio, porque con su profesionalidad y su buen hacer hizo que todo fluyera a la perfección.

También nos acompañaba German, el padre de uno de los valientes que recientemente había fallecido. Ese día, cosas del destino, era su aniversario, y a modo de ofrenda, a modo de virtuosa y generosa hermandad, quisimos dedicarle ese pequeño tesoro del corazón.

Hace un año también nos acompañaban en ese día decenas de personas que habían vivido de primera mano todo el recorrido hasta llegar ahí. De alguna forma, nosotros sólo éramos meros representantes de ese impulso, de ese propósito que nace de las fuerzas que recorren este nuevo tiempo. Sólo éramos voluntarios que tuvimos que poner alguna coordenada, algún coche y algo más para poder llegar al día de la firma.

Es difícil poder explicar todas las sensaciones que ese día experimentamos, todas esas pequeñas “magias” que nos llevaron hasta allí, todos esos milagros que hicieron posible que por fin sucediera.

Cuando fuimos a dar nuestro primer paseo por O Couso, por nuestro O Couso, por el ahora O Couso de todos, no podíamos creer que aquello hubiera sucedido. Tampoco podíamos creer que hubiéramos puesto todos nuestros ahorros en algo que ya no era nuestro, sino que serviría en el futuro para que todos lo disfrutaran. ¿Cómo era eso posible? ¿Qué cosa nos movió a tomar esa generosa y arriesgada apuesta? Sólo los principios inspirados, sólo las ansias de ser los últimos y servir lo mejor posible, sólo la necesidad urgente de transmitir valores y principios que nos hagan más humanos, más sensibles, más amorosos.

Y vemos que ha pasado un año y que, efectivamente, O Couso ya no nos pertenece. Ha cobrado vida propia, ha suspirado en anhelos que ahora se hacen realidad. O Couso parece contento y agradecido con nuestra presencia, con las travesuras del perro Geo, con los aullidos de Gaia, con las gracias de las gallinas que corren de aquí para allá, y con la maravillosa gente que ahora lo habita. Ha sido un año emotivo, ha sido un tiempo emocionante donde cientos de almas han podido compartir la realidad de un nuevo paradigma. Hay momentos difíciles, pero también recuerdos imborrables. Ahora el reto se nos presenta cada día más emocionante. ¿Cómo implantar este paradigma inclusive en los momentos más difíciles? Una sonrisa se abre ante el alma peregrina, porque sabemos que la vida siempre responde de forma milagrosa, pase lo que pase, hagamos lo que hagamos.

Superamos nuestra primera primavera y a pesar de los primeros miedos, superamos el primer verano cargado de experiencias, de nuevos amigos, de nuevos reencuentros. Luego llegó el otoño y aguantamos estoicamente las primeras embestidas del clima, de la soledad, de la supervivencia en unas caravanas que se preparaban para lo peor. Pero la naturaleza es sabia. Nos preparaba pacientemente acurrucándonos para estar fuertes y salvar el invierno. Este se presentó y lo conseguimos. Hicimos un baile de la nieve y una fiesta del frío. La lluvia nos sanó por dentro y el viento era nuestro aliado. Y ahora, de nuevo la primavera, la celebración, el renacer, la vida.

Gracias de corazón a todos. Gracias por ser testigos privilegiados de este tiempo. Gracias por transmitir vida y compartirla en este trozo de verde tierra oceánica. Gracias sinceras por todos vuestros apoyos y por saberos parte de esta realidad. O Couso está feliz, la casa nos acoge, la tierra es generosa, el clima es propenso. La llama de O Couso sigue viva, un año después. Gracias por ser tejedores activos de esta bonita realidad que pretende seguir inspirando a muchos para hacer de este mundo bueno, un mundo mejor.

(Foto: amigos de O Couso en la primera primavera, dándolo todo en los primeros días de trabajo).

Esa constante dualidad humana


a

A P., deseándole un feliz viaje hacia el bien…

El ser humano siempre es capaz de lo mejor y de lo peor. Fluye por su sangre todos los espectros posibles, todo ese abanico de maldad y sublime bondad capaz de llevarlo hacia lo más bajo o hacia las cuotas más altas de virtud. Realmente es como si el ser humano estuviera habitado por dos seres totalmente ajenos el uno del otro. Según el grado de quietud que poseamos sobre la vida ordinaria, se manifestará uno u otro.

Somos conscientes de esa dualidad y somos conscientes de que hay personas que tienen más facilidad para mostrar su cara más agria o su rostro más amable. Otros, tienen tan enterrado su ser maligno que resulta extraño verlo actuar de forma oscura o perspicaz. Hay otros que ya se levantan retorcidos, amargos, tristes, embaucadores, oscuros.

Cuando llega un ser humano a nuestras vidas, lo mejor que podemos hacer es, como dijo San Agustín, es hacernos sus amigos. Es la única manera que tendremos de ver su lado amable y su lado oscuro. Y al mismo tiempo, será un banco de pruebas perfecto para que en nosotros se desarrolle la virtud o la maldad.

Nadie se libra de esta dualidad. Todos caemos en esa tentación bíblica que nos avisa constantemente de nuestra negligencia. De ahí la expresión de ser humanos. A veces nos comportamos como fieras y otras como auténticos ángeles. Estamos en ese camino medio, en esa conjetura constante y arbitraria.

Los monjes y santos buscaban beatitud alejándose del mundo, excluyéndose de la vida ordinaria. Se marchaban a los desiertos o las montañas para peregrinar en las santas vías del espíritu. Allí descubrían sus demonios interiores y se enfrentaban a solas al lado oscuro. Hoy día, esos encierros nos sacuden de mil formas. Buscamos nuestra propia antesala de aislamiento para evitar dañar al otro, o para evitar dañarnos a nosotros mismos.

El camino de la virtud es costoso. Reclama para sí un gran esfuerzo, una gran atención, una concentración a prueba de bombas, una somera disciplina para no errar, para no proveer al mundo de emociones dañinas. Nuestras acciones son sometidas al rígido control de nuestra razón, y la visceralidad con la que a veces nos dejamos llevar debe ser arrastrada hacia las compuertas de lo armónico. Las puertas del cielo parecen ser, irremediablemente, la natural evolución de nuestra especie. Eso incluye un laborioso plan de esfuerzos y méritos que hay que descubrir, explorar y poner en práctica. El rolex cósmico nos espera en la hazaña, más allá de la pereza o el dolor que opera de tan sólo pensarlo. ¿Para qué sino la vida nos hubiera hecho pensantes? Sólo para mejorarse a sí misma mediante la milagrosa visión de su naturaleza.

Ahora que ya sabemos el secreto, ahora que ya conocemos los resortes de la evolución, no podemos torcer el giro. Podremos ser más ángeles, pero nunca más podremos retroceder al estadio animal. Así que nuestro deber es dejar nuestra bestia a un lado y escalar por la escalera virtuosa hasta las puertas del cielo. Cueste lo que cueste, la virtud debe ser nuestro cometido constante.

La ciudad de la Luz


a

Parece que las ranas se han ido a descansar a la charca. Estos días de sol han salido a cientos. Se han apareado, han puesto miles de huevos que recorren uno de los bordes de su acuática casa y se pasan todo el día felices hasta la marcha del sol. Mi ventana es un privilegio. Su habitante ahora está en Brasil. Estoy rodeado de todos sus enseres pero respetuoso, intento no rozar nada ajeno a mis libros de antropología, mi pijama de franela y mi ordenador. Me gusta mirar la foto que ha dejado en la mesita. Está como vigilando que sea un chico bueno, discreto y amable. Toda la habitación huele a ella, y sin conocerla, es como si ya la conociera de toda la vida. Es curioso como impregnamos los lugares de nuestra esencia. Dejamos tantas pistas con nuestro perfume, con nuestras huellas esparcidas por todas partes. Cuando duermo en su cama me pregunto a veces que estará pensando. De alguna forma extraña es como si fuéramos vecinos. Son las cosas que tiene vivir en el lugar de otro.

Las otras realidades se suceden ahí fuera. Como la casa nunca está cerrada, ni siquiera de noche, entra todo tipo de personajes con esa exquisita educación anglosajona. Salen y entran y apenas me da tiempo a ver quien es uno u otro. En una de las salas de la casa un joven amable da terapias. Eso hace que la casa tenga vida propia y yo disfrute de sus visitantes, visibles e invisibles, que siempre vienen con una apropiada sonrisa y un mensaje alentador.

Desde la ventana me distraigo a veces, cuando estoy cansado de escribir o leer y trabajar. Veo todas las dunas e imagino el océano ahí atrás. El mar del Norte es muy diferente a nuestro templado Mediterráneo. Aquí los océanos tienen carácter, y lo esculpen con fuertes mareas y movimientos animados por el viento. La bahía de Findhorn es preciosa, con sus típicas casitas de piedra muy bien cuidadas, coquetamente expuestas para que el visitante pueda disfrutar de la armonía de sus viviendas. Me gusta ese sentido tan arraigado de equilibrio, de sensibilidad hacia el respeto visual, la elegancia de las formas, la belleza de cada rincón, el cuidado de todo.

La comunidad de Findhorn sigue magistral en sus postulados. Intento participar en sus meditaciones. Hay un bonito paseo por la bahía de diez minutos hasta el santuario de meditación. Dorothy, una de las fundadoras de la comunidad, aún va puntual todas las mañanas a eso de las ocho y media. Con sus noventa y cinco años, me gusta verla mirar con el rabillo del ojo cada vez que alguien entra o sale. No sé si ella es consciente de que es la llama viva de esa ciudad de luz que alguna vez se proyectó en el cielo y que ahora, su sombra, se retuerce por sobrevivir.

A veces me gusta seguirla. Como está muy mayor, va haciendo paraditas cada pocos pasos. Se sienta, toma aire, mira a unos y a otros, habla con los más curiosos y continua. El otro día le hice una foto que me causó cierta ternura. Andaba con su abrigo rojo, con su bufanda roja y con sus guantes rojos. Iba solitaria, meditativa, observante. Iba sola, acompañada solo por mi mirada y cariño. Marchaba dispuesta a seguir un día más vigilando a los que entran y salen en la sala de meditación. Es como si los guardianes del cielo la asistieran para que no pierda de vista el sueño original. Recuerda Dorothy, teníamos que construir una ciudad de la luz. Ella lo recuerda, mira a su alrededor y sigue caminando.

Las ranas no salen de la charca por la noche. Cuando todo está en calma y silencio me gusta mirar el reloj y ver como pasa cada minuto. Es una sensación extraña. El tiempo se va. Todo se para. Desde Brasil entran y salen efluvios y esencias que vigilan también que el nuevo inquilino siga igual de amable y sonriente. A veces cierro los ojos y es como si todo se iluminara. Quizás, sin saberlo aún del todo, la ciudad de la luz esté por aquí cerca, en alguna parte del éter. Quizás las ranas lo sepan. O Dorothy, que camina irremediablemente por sus calles.

De la comunidad intencional a la comunidad integral


a

El levantarte casi todos los días entre las cinco y las seis de la mañana para trabajar en la tesis doctoral durante los próximos tres meses hace que el tiempo se estire de manera formidable, y los días parezcan tener una longitud superior a lo normal. El hacerlo en un entorno privilegiado como es la comunidad de Findhorn y tener de frente, en mi ventana, las dunas de su bahía, solo puede favorecer la inspiración y la creación de ideas y proyectos que deberán sumarse al mundo del pensamiento y la interacción.

La comunidad de Findhorn ha servido de inspiración a muchos. Algunas nuevas comunidades nacieron a la sombra de este modelo que ha perdurado por casi cincuenta años. La propia comunidad ha vivido una transformación interior llevada por los tiempos, por las transformaciones sufridas y por la vida holística y tolerante de sus miembros.

Esa evolución también se ha vivido en la historia general de las comunidades. Desde los primeros intentos comunitarios en el primitivo monacato hasta los intentos utópicos socialistas o las comunas hippies de los años sesenta, ha existido una constante evolución y transformación en el ideal de vida comunitaria.

En los últimos tiempos, lo más común era centrar esa evolución en lo que ha sido llamado como comunidades intencionales, una variedad que intenta dar explicación a este fenómeno en nuestros tiempos. Realmente, si algo ha caracterizado a la fundación de estas nuevas comunidades era una clara intención normalmente enfocada en aspectos ecológicos, ideológicos o espirituales.

El experimento que estamos llevando a cabo en O Couso quizás quiera ser una fórmula de futuro. Nuestro empeño en llamar a este incipiente experimento “comunidad integral” tiene que ver con algo que hemos observado en los últimos años. No queremos decantarnos hacia ningún tipo de ideología o creencia, sino más bien, queremos integrar todos los aspectos del ser humano de forma inclusiva, desde cualquier tipo de ideología, creencia o visión sobre la vida y el mundo. Es decir, no nos consideramos una comunidad espiritual, pero apostamos por integrar este aspecto de la vida humana en nuestra vida diaria mediante pequeños rituales y un trabajo interior personal y común. No somos una ecoaldea al uso, pero deseamos tener actitudes enfocadas en el respeto a la naturaleza y el medio donde nos encontramos, incluyendo los aspectos etnográficos del mismo. No tenemos ninguna ideología o creencia, pero sí creemos en la necesidad de prestar auxilio, esperanza y acción en un mundo que requiere de cierta urgencia. No somos una comunidad pasiva y encerrada en nosotros mismos, por eso también hablamos de comunidad abierta, dando protagonismo al visitante sin querer vampirizarlo o asaltarlo ofreciendo a cualquier precio soluciones a sus problemas. Simplemente nos limitamos a abrir nuestras puertas intentando hacer de la acogida uno de nuestros principales propósitos.

En cierta forma, queremos integrar a todo y a todos, de ahí que, más allá de una intención concreta, que es lo que el modelo actual ofrece, aspiramos a abrirnos al mundo integrando todas sus partes, todos sus matices, todas sus particularidades.

Estamos convencidos de que este modelo, de que esta nueva apuesta de comunidad integral, tiene sus propios riesgos, especialmente ante la filosofía de no cobrar por nuestras actividades o por nuestra acogida. Ante nosotros se abre el reto de que nuestro propio sistema pueda gestionarse y regularse a sí mismo. De momento lo estamos consiguiendo revolucionando el concepto de no-propiedad y de no comercialización con todo lo que allí ocurre. Un tiempo nuevo, un modelo nuevo, una estructura nueva para hacer frente a un mundo más tolerante, más integrado, en definitiva, más humano.

Buscadores de bondad


a

Ya sabemos que ser una persona bondadosa no es más que haber trascendido la visión ordinaria de las cosas y haber accedido, de forma subjetiva y profunda, a una realidad mucho más amplia y extensa. Hay dos características fundamentales que señalan a un iniciado en esta condición de bondad: un afán profundo de guardar silencio sobre su propia experiencia y un anhelo de servir a la humanidad, buscando la compasión en todo aquello que florece.

Las herramientas que utiliza en esa búsqueda de la verdad y la bondad tienen mucho que ver con su particular propensión a las virtudes que él mismo ha desarrollado. Tendrá un afán de hacer bien su trabajo, pero sobre todo, de buscar alianzas con su grupo de actuación para que ese trabajo dé resultados más amplios y perfectos.

No tendrá tiempo para la crítica, ni tampoco versará su vida en la envidia, el derroche personal o la vaguedad. Su inclinación natural siempre será la de hacer el bien y su condición humana se construirá bajo los pilares de la virtud. Esto no significa ser perfectos, ni practicar la bondad por un simple deber o sentido. A veces la vida nos ofrece escenarios complejos para demostrar nuestra fortaleza interior, y no siempre estamos preparados para afrontarlos con delicadeza, quietud, amor, compasión. Esto no debe angustiarnos. Son sólo aulas de aprendizaje. Momentos de sublime enseñanza interior. No hay que desesperarse por ello.

La bondad también es una práctica, no tan sólo una vocación. Por ello requiere acción, y la acción también produce error, equivocación. Lo bondadoso trasciende a lo puramente humano. Uno puede ser bondadoso con cualquier ser vivo, pero siempre recurriendo a la posición de que también tiene el deber de serlo con uno mismo.

No podemos aspirar a la bondad absoluta. Sería hipócrita estar a la altura de ese reto. Pero sí podemos aspirar al intento, al recuperar las ganas de volver a empezar a cada instante, a cada error, a cada falta. Perdonar y perdonarnos, transitar la senda de la alegría para desarrollar en ella todo cuanto somos. Realmente no es un camino fácil, nadie dijo que ser bondadoso lo fuera. Lo fácil es siempre el tedio y la desidia, el dejar que nuestra propia naturaleza se desarrolle según los placeres y estímulos de cada momento, sin reparar en el daño que podamos causar por nuestros incontrolables impulsos. No tengamos miedo a enfrentarnos a los mismos. Ahí están para enseñarnos el camino. Ahí aparecen una y otra vez para ponernos a prueba, para medir nuestro grado de bondad alcanzado. A veces basta con comer de forma bondadosa, de mirar al otro y a la otra de forma bondadosa, de respirar aire puro y brillante bondadosamente. A veces son sólo gestos minúsculos los que van creando la virtud de la bondad y la compasión. Sólo pequeños detalles que alteran el curso de nuestras vidas.

 

 

Luna llena de Piscis en la comunidad de Findhorn


DSC_0176

“No son casuales estos viajes. Si te fijas en el ritual, se suelen hacer viajes simbólicos alrededor de las tres luces y a medida que avanzas de grado, pasas de trabajar con unas figuras a otras. Pasamos del triángulo al cuadrado, etc… hasta completar figuras geométricas cada vez más complejas. Cuando hacemos estos movimientos, dibujamos dichas figuras geométricas y con ello, realizamos cierta “magia”. A otros niveles, hacemos lo mismo en el plano físico. Cada viaje enclava un punto energético, que al ser unido por otro, recrea una figura geométrica específica, provocando la “magia” necesaria. Nada es casual. Esa figura es representada en la mente, y al contacto con la luz, recibe un tono de onda especial, una musicalidad que atrae ciertas energías y repele otras”.

Estas palabras fueron escritas allá por el año 2006 a un amigo. Forma parte de una serie de cartas que vamos a editar próximamente y que entrañan claves y propósitos que a veces resultan, como mínimo, curiosos. Cuando siento la necesidad imperiosa de viajar en los planos materiales de alguna forma intuyo que es porque está surgiendo un movimiento interior, algo que quiere cobrar vida y necesita de cierto distanciamiento para poder provocar su parto. Cuando ayer llegué por fin a la bahía de Findhorn tras casi una semana de espacioso viaje sentí que eso es lo que estaba ocurriendo. Un leve movimiento en un plano, pero una matriz que nace desde la horizontalidad a la verticalidad cumpliendo con el proceso mágico de crear un nuevo tono, una nueva onda.

Me sorprendió los pocos que éramos hoy en la meditación de luna llena. Es evidente que la comunidad de Findhorn está cambiando. Hoy mismo una de sus miembros lo decía abiertamente. La gente ya no viene buscando una llamada, sino una comodidad. Es lo que nos ocurre cuando creemos que la vida está hecha para buscar un merecido descanso. Olvidamos que el alma, el impulso vital que nos gobierna no puede descansar. Su propósito es transmitir eso que vagamente llamamos vida, y la esencia de esa vida discurre en una unidad universal que no somos capaces de percibir. En esa vida Una, somos sólo una pequeña parte, un microtrozo de algo que no puede parar, que no puede descansar, que ha nacido para sacrificar su existencia hacia la propia resurrección vital. Sin embargo, olvidamos esto tan crucial, y al hacerlo, de alguna forma empezamos a morir. Queremos descansar, dormir más, trabajar menos, tener una bonita casa donde poder pasar las horas sin hacer nada. Realmente eso es una forma de morir, una forma de darle la espalda al impulso vital, a la propia vida.

De alguna forma abandonamos el hogar del sujeto que nos da vida para morir, para perder el propósito. Y la vida es geometría pura, debemos dejar de ser un punto para convertirnos en un triángulo, y luego ir progresivamente expandiendo nuestro árbol interior, como el que dibujó Pitágoras en análoga experiencia. Debemos estar vivos, debemos reflejar vida, debemos seguir buscando si no hemos encontrado y debemos seguir trabajando si tenemos clara nuestra misión, nuestro propósito como minúscula mota de vida. Debemos renacer a la vida, de forma desesperada, de forma urgente. O moriremos dos veces.

Kilwinning


a

 

Tras recorrer toda Inglaterra de sur a norte llegué hasta las primeras blancas colinas de Escocia. A pesar de que la temperatura es parecida a la que tenemos en el norte de España, por alguna extraña razón el frío aquí se hace más agudo y pesado.

Cuando he llegado al lugar justo donde se entabló la batalla de Bannockburn, muy cerca de Glasgow, dejó de llover y el cielo se abrió en círculo, de forma muy parecida a ese fenómeno que tanto observamos en la bóveda celeste de O Couso. En 1314 se peleó a sangre por la independencia de Escocia sobre Inglaterra. En aquellos tiempos era así como se consolidaban unos territorios sobre otros, unas creencias sobre otras, unos oscuros intereses disfrazados de emociones sobre otros. Con espadas, sangre y muerte se defendía eso que llaman país, patria o nación. Y sobre esa absurda e irracional sangre me encuentro ahora, intentando entender algunos episodios de la historia preocupado por la repetición constante de la misma. No hace muchos meses se hizo un referéndum pacífico donde ganó por muy poco la unión de ambos países.

A este lugar dicen que llegó un nutrido grupo de templarios comandados por Pierre d’Aumont, los cuales, tras la disolución de la Orden en 1307 se refugiaron en Escocia y participaron de dicha batalla. Se cuenta que desde aquí se mezcló el templarismo iniciático con la masonería operativa, dando como resultado la creación de la masonería actual.

Muy cerca de aquí se encuentra Kilwinning, donde he pasado la mañana. Allí está la que al parecer fue la logia madre, creada en 1140, tal vez por masones venidos de toda Europa para participar en la construcción de la Abadía que allí se estableció, perteneciente a la Orden de Tirón, de origen francés y emparentada con la diócesis de Chartres. Una orden nacida de una escisión benedictina de la Orden de Clunny. Una abadía, como la de Glastonbury, totalmente destruida. De la logia madre número cero de Kilwinning sólo queda un pobre edificio quizás del siglo XIX que intenta emular glorias pasadas. Un vivo ejemplo, como el de la abadía, de la decadencia de valores como los de fraternidad, igualdad, libertad y el amor al prójimo.

A algunos masones actuales les cuesta mucho entender ese origen cristiano y católico de la orden masónica. A pesar de que todos los rituales están basados en capítulos de la Biblia mezclados con algunos ritos de origen pagano, resulta difícil entender la orden sin bucear en sus orígenes, en sus rituales, en sus mitos y leyendas, en todo lo que rodea a su misterio y su historia, y sobre todo su especial vinculación con el cristianismo.

El ser humano siempre tienen a fantasear sobre las cosas, a dotarlas de significados a veces nacidos de la imaginación y la fantasía. Una fantasía inventada hace mil años es capaz de cobrar fuerza y mantener hechizada la mente de los ingenuos. Es capaz de vencer las aristas del tiempo y pretender que aquello que fue fábula ahora sea verdad. Es la fuerza del mito. Es la fuerza de la tradición y la costumbre. Es como esa sangre derramada, como esas batallas perdidas que se conmemoran como si fuera algo glorioso o digno de recordar. Ahora que paseo por estas colinas no veo nada de digno. Solo imagino sangre y tripas por un trozo de tierra, por un descabellado sentimiento de posesión y egoísmo, por una oculta trama de intereses que unos pocos nobles utilizaron para afianzar su poder. No veo ningún acto heroico en defender una bandera. Me resulta insultante a la inteligencia el alzamiento de cualquier bandera, su adoración, la propia simpatía a un símbolo nacido de la fantasía de todo un pueblo, de cualquier pueblo. Resulta repugnante, quizás porque pienso en los miles de personas que murieron en esta batalla, que todo eso sea a costa de la ingenuidad humana y de su capacidad cobarde para no ser capaces de decir no.

Sea como sea, todos estos lugares, todas estas tradiciones están cargadas de cierta belleza hipnótica. Me gusta pensar que por estas tierras estuvo vagando José de Arimetea con un grupo de primeros cristianos que predicaban el amor a los enemigos. No sabemos si realmente fue así, tampoco sabemos si el barco que eligió para la aventura estaba acompañado de insignes personajes como María Magdalena o el apóstol Santiago, el cual terminaría sus días en el norte de España. Realmente nada sabemos de todo aquello que ocurrió hace dos mil o mil años, excepto por aquellos documentos, costumbres o mitos que han sobrevivido al tiempo tras tanta sangre y destrucción de unos y otros.

De todos ellos posiblemente algunos sean verdad. Muchos otros solo una mera fantasía. Sea como sea, seguimos los caminos, porque en ellos aprendemos la noble enseñanza del discernimiento, única herramienta para albergar algún resquicio de eso que vagamente llamamos verdad. Y de todas las verdades, me quedo con la de José de Arimetea, cuya única expresión ingenua fue la de hablar de amor universal mientras otros peleaban por banderas.

b

Glastonbury


a

 

Me encuentro en Caerleon, en el sur de Gales. Según la tradición artúrica, este es uno de los lugares donde supuestamente se encuentra Camelot. Me he dado una vuelta por el tranquilo pueblo pero no he visto ningún indicio sobre ello, ninguna pista que pueda llevarme hacia ese lugar mítico, ninguna intuición etérica al respecto. Este es un lugar tranquilo en todos los sentidos excepto por el trajín de los coches que vienen de Newport y se encaminan hacia el norte del país.

Ayer, tras pasar el estrecho de la Mancha pasé algo de frío. Llegué tan agotado a ninguna parte al sur de Londres que paré al borde del camino y me puse a dormir sin reparar en la necesidad de abrigarme bien. Por suerte, cuando el cuerpo se encuentra ante la tensión del viaje, no se queja de nada. Tenía planeado ir a Glastonbury y de ahí a Brighton para pasar el día de mañana con una amiga, pero cuando salí de la ciudad de Ávalon me di cuenta de que había confundido esa ciudad con la cercana Bristol. En la torre de Tor había una señal que ponía que a once millas dirección sureste se podía encontrar otro lugar que podía ser Camelot: el castillo de Cadbury. No pude encontrarlo y terminé en Caerleon de camino hacia Bannockburn y Kilwinning donde deberé documentar algunas cuestiones sobre la historia de la masonería.

De camino a Glastonbury siguiendo la radial A303 que viene de Londres te encuentras con la mítica Stonehenge. Si pagas unas quince libras un autobús te lleva hasta el mismo emplazamiento desde el que disfrutar con la calma que el frío y la lluvia te permitan. Realmente el lugar es asombroso. Un templo perfectamente alineado con el sol de más de 4500 años de antigüedad. Un sofisticado pueblo prehistórico debió acumular algún conocimiento que en nuestros días se nos escapa. Cuando visitas el lugar de cerca te das cuenta de cuanto ignoramos sobre nosotros mismos, y sobre todo, cuanto hemos perdido como humanidad de nuestro legado histórico, de nuestros saberes y nuestra dignidad profunda.

Ya había estado anteriormente en Glastonbury y el regresar tras la visita a Stonehenge a la inversa por la ruta que hice la última vez tuve una sensación de cierre de etapa, de ir sellando todas esas puertas que se abrieron en esos años de tinieblas para ir retomando otro camino. El hecho de volver a Escocia y encerrarme tres meses para terminar la tesis doctoral tiene mucho de eso.

En Glastonbury, gracias a la valerosa guía de la amiga Carmen, pude disfrutar de nuevo de todo este movimiento neopagano que crece en torno a las leyendas artúricas, al revival sobre los ritos de adoración a la madre tierra, a la feminidad representada por María Magdalena, los ritos de Isis, y sobre todo, a los movimientos de la nueva era en torno a las creencias sobre la presencia de una ciudad etérea –Ávalon- que sigue viva por encima de la torre de Tor. A todo esto hay que añadirle la leyenda de José de Arimetea, la cual cuenta que aquí, en esta tierra, fue enterrado el Santo Grial.

Mientras paseábamos por la ciudad y nos dirigíamos a lugares tan emblemáticos como la antigua abadía, a “The White Spring”, la fuente consagrada a la energía masculina y femenina, a la mágica torre de Tor o a Chalice Well, el pozo donde supuestamente José de Arimetea escondió el Santo Grial, miraba el rostro de las gentes de ese lugar y sin duda parecía todo el conjunto una reunión de magos y brujas, de antiguos druidas que vuelven a reunirse para no se sabe bien qué ritual de vida. Es la misma sensación que tuve cuando viajé hasta Taizé, en el sur de Francia, muy cerca de la también extinta abadía de Clunny. Es como si los antiguas almas que algún día dejaron sus lugares de consagración volvieran a reunirse para dar vida al espíritu de los tiempos.

Si bien en Taizé uno tiene la sensación de que los allí reunidos son los antiguos descendientes de la orden de Clunny, aquí en Glastonbury la sensación es que todas estas almas errantes parecen ser la reminiscencia de antiguos druidas que intentan invocar de nuevo sus antiguos ritos paganos. En Glastonbury encuentras por todas partes cuarzos, amuletos, extraños personajes sacados de cuentos de hadas, y un sinfín de peculiaridades que demuestran la conexión con las tinieblas de la isla de Ávalon y la confusión reinante en el mundo del espíritu encarnado en nuestro tiempo. El Tao lo expresaba de forma diferente: tinieblas dentro de tinieblas, la puerta de todo misterio. Aquí, como en la leyenda artúrica, quizás algún día esas tinieblas den paso a la luz de la verdad, y la reconciliación de los espíritus errantes sea posible ante la inevitable senda de la compasión. Algún día esos cristales, esas velas y esos inciensos interminables dejarán paso a un propósito mayor y oculto, pero desvelado para que el poder de la nueva tierra dé paso a mayor claridad y lucidez. Mientras tanto, los peregrinos siguen las sendas marcadas a fuego para apoderarnos de la llama. Soy el Camino que busca a los viajeros, leíamos hace tan sólo unos días en París. Mañana habrá más camino.

 

Notre Dame de Paris. Yo Soy el Camino que Busca Viajeros


a

Entre el laberinto de Chartres y el laberinto de la catedral de Amiens había un camino estrecho con parada inevitable en Notre Dame de París. Atravesar toda Francia para fotografiar los misterios de sus muchas catedrales sin duda ha sido una atrevida aventura. Cuando esta mañana amanecía en Chartres y penetraba en su catedral sentía cierta nostalgia extraña. Había en cada piedra una historia, una vida, un misterio. Los alquimistas que levantaron los símbolos de ese lugar sabían que para llegar a Dios primero hay que pasar por el laberinto humano. Hay que atravesar con suma paciencia y pericia cada una de sus trampas. Por eso el laberinto se encuentra al poco de entrar en la catedral. Los sabios saben que la única forma de salir de ese laberinto pasa inevitablemente por la toma de consciencia del hilo de Ariadna que nuestra alma teje para sacarnos de nuestro propio lío. En Chartres percibes cierta verdad respaldada por la fuerza del símbolo. Y nace la responsabilidad interior de compartir esos trazos de luz que han sido tejidos con toda la prudencia posible.

Después de Chartres esperaba la ciudad eterna, la bella Paris, ese lugar plagado de palacios desplegados por todas sus calles. Nuestra Señora, Notre-Dame de Paris, nos recuerda que en toda Francia, y quizás en toda la cristiandad, la adoración a la Virgen está presente en todo su culto. La Virgen siempre es representada por una luna en cuarto creciente. Las fuerzas lunares que muestran la astralidad, la maya que nos protege de la luz del hijo. Notre Dame de Paris es como el vientre que protege con suma delicadeza ese símbolo.

Al entrar a la catedral te encuentras con un potente mensaje: “via viatores quaerit”, “Yo Soy el Camino que busca Viajeros”. Me ha impactado porque a cual peregrino me he visto de frente con el mensaje, con la inevitable llamada, con esa urgencia de seguir adelante. Vitruvio escribe en su De Architectura, que la arquitectura descansa en tres principios fundamentales: la Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas). Pero cuando entras a una catedral te das cuenta de que hay algo más: el conocimiento. Cada piedra parece tener vida. Cada poema épico es descrito en esas estatuas, en esos mensajes que nacen de sus paredes. Toda catedral es un libro abierto para quien tiene ojos para ver. Lo hemos podido ver también en la inmensa catedral de Amiens, una réplica casi exacta de Notre Dame de Paris. Todo arte gótico encierra un argot hermético, un lenguaje que permite descifrar las columnas de la enseñanza que conduce al Jardín de las Hespérides. Los argonautas viajan hacia ese conocimiento para compartirlo, porque no hay mayor bien, no hay mayor inteligencia y mayor entrega que la de vivir para dar.

Ahora me encuentro en mitad del Canal de la Mancha. Me espera Inglaterra y Escocia. Ahí encontraré más caminos y seguiré de nuevo la estela del peregrino. Mañana estaré vigilante en la mágica Glastonbury. Dicen que allí José de Arimetea enterró el Santo Grial. También dicen que allí se encuentra Avalon. José de Arimetea se convirtió en pescador de hombres. La leyenda del rey Arturo sigue esperando desvelar sus secretos.

 

 

 

El laberinto de Chartres


a

Tras la visita a Oloron, ya de noche precipité mis pasos hasta Lourdes. Allí llegué casi a la media noche, con tiempo suficiente para disfrutar de la inmensidad del lugar y también de la belleza de la ciudad. A pesar de la cercanía nunca había estado en Lourdes y me llamó mucho la atención todo el contexto. Dormí en el coche en alguna parte entre Lourdes y Rocamadour, donde pasé parte de la mañana en su majestuosa iglesia nacida de la roca. Su virgen negra ha sido estudiada por aquellos fascinados en este tipo de misterios. Me sorprendió volver a ver allí a Santiago Apóstol. Se dice que Amador era el seudónimo del publicano Zaqueo, convertido por Jesucristo y el cual llegó a Galia, propagando en esas tierras el culto a la Virgen, cosa que produjo grandes peregrinaciones hasta ese lugar remoto.

 

De Rocamadour, un lugar perdido en mitad de la nada y de difícil acceso, viré hacia el norte hasta llegar a la bella Bourges. Allí me esperaban su impresionante catedral y la vida del que al parecer fue un adepto, un alquimista y un místico: Jacques Coeur, que fuera tesorero del rey Carlos V. En el trabajo que me lleva por estos lugares, no paré de hacer fotos de todo cuanto allí veía. En el palacio de Jacques Coeur, en el pórtico de la inmensa catedral de Saint-Étienne y en todo aquello que pudiera servir como material futuro. En el blasón de Coeur encontramos de nuevo otra pista: la concha del peregrino, símbolo inequívoco de su relación con Santiago. Para el sabio culpable en parte de toda esta trayectoria por media Francia, “la Concha de Compostela, sirve, en el simbolismo secreto, para designar el principio Mercurio, llamado también Viajero o Peregrino. La llevan místicamente todos aquellos que emprenden la labor y tratan de obtener la estrella (compos stella). Nada tiene, pues, de sorprendente que Jacques Coeur hiciese reproducir, en la entrada de su palacio, el icon peregrini tan popular entre los alquimistas de la Edad Media”.

Como dijo el sabio, la Naturaleza no abre indistintamente a todos la puerta del santuario. Cuando paseaba por la bella ciudad de Orleans antes de llegar a Chartres, donde me encuentro ahora a los pies de su catedral, me daba cuenta de lo complejo que resulta adentrarse en el lenguaje desconocido. Las piedras están labradas de ocultas lenguas que desean devolvernos al camino del conocimiento, a la senda de lo que somos realmente y que hemos olvidado. Pero en las calles de Orleans me daba cuenta de todo lo que aún nos queda por hacer para que esa esencia se manifieste.

Ayer noche pasé algo de frío en el coche. Pero por suerte sólo me desvelé dos veces. Hoy no amaneceré en mitad de un bosque perdido en alguna parte de Francia. Hoy estaré justo en frente de la catedral de Chartres, la cual espera que mañana desvele sus misterios. Los laberintos aguardan al intrépido. El camino se manifiesta para aquellos que dan un primer paso. No podemos permanecer inmóviles al borde del Camino. Hay mucho trabajo, hay mucho por hacer. El fuego de los dioses llegó a nosotros para desvelarnos de nuestra oscuridad. Ahora hay que ir a buscar ese fuego en nuestro interior.

Mañana, tras imbuirme de Chartres, parto hacia Notre-Dame de París, Amiens y Calais. La Gran Bretaña me espera para acoger la otra aventura. Que así sea.

(Foto: Catedral de Bourges)

Oloron


DSC_0009

 

Todo viaje siempre resulta enigmático e iniciático. De alguna forma, todos deseamos viajar siempre a esa “Tierra Santa” que nos sitúe, desde las esferas más interiores, en el plano central, allí donde, según la tradición, se situaban los emperadores. La quietud siempre se desborda ante las pruebas del camino. Buscamos intensamente esas señales que nos deben conducir hacia otro lugar, hacia otra esfera de realización. Al principio todo resulta ser un laberinto. Las pruebas son extrañas, los lugares expresivos. “Tierra Santa” siempre fue el lugar de los elegidos, de aquellos que lograron llegar a ella. ¿Qué fuerzas tuvieron que vencer? ¿Qué pruebas llenaron su vida de experiencia?

Esta mañana temprano salía desde Samos hacia el sur de Francia. Hice una parada técnica en Siero, en un hermoso valle de Asturias. Allí dejé una caja cargada de libros que hablan sobre catedrales, sobre ritos iniciáticos, sobre constructores. La sensación era extraña, ya que esa entrega tenía que ver en parte con el viaje que me aguardaba. De alguna forma, estos próximos días hasta llegar al norte de Escocia los voy a dedicar a fotografiar iglesias, catedrales y viejas abadías.

Mi primer destino señalado era Oloron, Saint Marie de Oloron. Tras nueve horas de viaje tranquilo por todo el norte de España llegué ya de noche a este lugar. Ha sido hermoso atravesar un trozo de Francia por carreteras interiores.

Lo primero que me ha llamado la atención cuando he llegado a la hermosa catedral de la villa ha sido una frase que relata parte de la historia de este lugar: “En foulant la voie d’Arles, en route vérs Saint-Jacques-de-Compostelle”. Cosas del Camino, este lugar donde ahora me encuentro es el cruce de caminos que conducen desde las rutas europeas a Santiago por el paso de Somport.

Los próximos destinos franceses son Rocamadour, Bourges, Chartres, París y Amiens. La ventaja de viajar y dormir en tu propio coche es la libertad de no tener horarios, y de improvisar cualquier cosa sobre la marcha. Oloron ya me ha dado pistas sobre el significado de este viaje. Ahora toca seguir avanzando hacia la prueba del laberinto. Tres meses me esperan por delante para, desde las Tierras Altas de Escocia, desenredar el núcleo gordiano en el que desde hace años ando envuelto.

El sur de Francia nos devuelve a las tradiciones de los juglares, de los trovadores, los cantores, los poetas. Todos estos paisajes que ahora recorro están plagados de herejías de todos los tiempos. Hay una constante insinuación en el paisaje sobre aquellos visionarios que se convirtieron con el paso de los tiempos en recipiendarios de la tradición espiritual en Occidente. La gestación y la gestión de la misma sigue en manos de unos pocos que bucean en sus misterios. Con respeto hirviente me atrevo a seguir adelante, ahora hacia tierras del norte. Rocamadour y sus misterios me esperan. Vamos a desentrañarlos.

 

¿Te vienes a Escocia?


a

«Sólo marcho por caminos que tienen corazón.» Juan de la Cruz.

Mientras contestaba a las preguntas que la periodista de la agencia EFE me hacía esta mañana sobre el Proyecto O Couso intentaba poner orden en todas las experiencias que durante un año hemos experimentado en esta aventura. Sin duda ha sido una de las mejores cosas que muchos hemos hecho en mucho tiempo. Además, nos ha dado la oportunidad de organizar nuestras vidas hacia un sentido mayor, más amplio, más cercano a esa posibilidad de experimentar en nuestras carnes la esencia de colaborar con algo mayor.

De forma individual, ha organizado también nuestros proyectos personales, intentando mantener ese sano equilibrio entre lo grupal y lo propio. Así ha sido en mi caso, donde, una vez puesto en orden algunas cosas, me he lanzado por fin a dar respuesta a una necesidad vital que llevo arrastrando muchos años.

Son muchos retos los que se presentan por delante. Pero uno se hace fuerte y valiente para ir asumiendo cada cosa en su debido tiempo. El vivir en una caravana tiene ciertamente algunas ventajas. Entre ellas, el no tener que pagar una hipoteca o un alquiler. Puede resultar paradójico, pero en esencia, el gran lío de nuestras sociedades postmodernas tiene mucho que ver con nuestros trabajos y nuestra necesidad de pagar un lugar donde vivir. Es algo que no ocurre de forma natural en la naturaleza. No nos cansamos de ver desde nuestras caravanas a esos pajarillos del bosque que se posan en cualquier rama y comen de los frutos que los propios árboles producen. En el reino humano hemos sofisticado tanto nuestros aspectos materiales que debemos atender esos asuntos dedicando gran parte de nuestra existencia. El futuro ideal, el futuro que se proyecta a medio plazo difiere de esa realidad. Lo sugerente, lo apropiado sería poder trabajar cuatro horas al día, como hacemos en O Couso, y dedicar el resto del tiempo para poder expresar nuestros dones interiores, nuestros talentos más preciados.

Todo esto me ha permitido, como decía, afrontar uno de mis grandes sueños pasados: terminar la tesis doctoral. Gracias a la apertura de algunas puertas y contactos, voy a tener la oportunidad de disfrutar de tres meses de trabajo académico en el norte de Escocia, en la Comunidad de Findhorn, precisamente en el lugar donde hace unos años empecé mi tesis doctoral. Me pasaré el día haciendo entrevistas, investigando, observando, participando activamente en la vida ordinaria, estudiando y redactando la tesis final.

He decidido, como otras veces, volver al norte de Escocia en coche para una vez instalado allí, tener libertad de movimiento. Llevo unos días en cama por un cólico nefrítico y tras salir del hospital justamente cuando andaba preparando este viaje me preguntaba muchas cosas y me asaltaban algunas dudas. Pero los caminos que nacen del corazón no pueden, sin tentar mucho a la suerte, dejarse a un lado. Así que si todo va bien, a finales de este mes, saldré desde Galicia al norte de Escocia. Si alguien tiene necesidad de viajar a Francia, Inglaterra o Escocia en los próximos días que se apunte al viaje. Tengo plazas libres. Es toda una aventura, pero merece la pena vivirla…

(Foto: esta mañana el perro Geo venía a saludarme… Siempre posa para las fotos como un auténtico profesional).

Constructor de la casa, has sido descubierto


a

Nada es plenamente satisfactorio para el ser humano. Si nos fijamos atentamente en nuestras vidas nos damos cuenta de que giran en torno a una sola palabra: el deseo. Una fuerza que se extingue a sabiendas de que todo lo que es, deja de serlo alguna vez. Podemos estar tranquilos mirando un atardecer mientras que nuestra mente no para de especular sobre lo próximo a conseguir, lo próximo a envidiar, lo próximo a conquistar. Nunca estamos satisfechos con lo que tenemos. Siempre deseamos más. Observaros, advierte qué es lo que rodea tu mente. ¿Qué deseas en estos momentos? No intentes engañarte, no intentes ponerle nombres o etiquetas. ¿Qué será lo próximo?

Tengo amigos que viven en palacios pero desean un palacio más grande. Personas que viven en la miseria interior y que procuran arrebatarle al pobre insensato lo poco que tienen. Avaricia, sordidez, mezquindad, usura, miseria. A veces ridículos o fantasiosos deseos.

Los mercaderes saben bien como funciona nuestro mecanismo. Estudiaron bien a Buda y sabían de sus secretos. Por eso, desde que se inventó el deseo, los ávidos mercaderes han hecho jugoso negocio con el mismo. Saben que el ser humano siempre, inevitablemente, seguirá deseando. Fijaros como funciona el simple mecanismo. Fabrican algo hermoso, bello. Y luego lo mejoran una y otra vez con nuevas actualizaciones, con nuevos escaparates, con nuevos motores, con nuevas vistas. Si tienes un apartamento de cincuenta metros cuadrados pronto desearás uno de quinientos. Si tienes una mujer hermosa pronto desearás otra con mayores cualidades. Si tienes un móvil de gama media pronto desearás uno de mayores prestaciones. Siempre queremos crecer. Eso es lo que nos enseñan e inculcan: hay que crecer. Estadísticas de crecimiento, mercado creciente, expansión, desarrollo…

Si nos observamos atentamente estamos sometidos a ese deseo congénito en nosotros. Es algo engendrado e innato que entorpece nuestro progreso verdadero, nos aleja de nuestros propósitos y sueños, distrae nuestra vida material alejándonos de las verdaderas riquezas interiores. Perdemos la atención sobre lo verdaderamente esencial.

Buda descubrió ese poderoso misterio, esa fuerza que nos arrastra lejos de nuestra verdadera esencia. Todo ello se halla resumido en las palabras que pronunció la noche de su iluminación : «He recorrido el ciclo de muchas vidas buscando sin descanso al constructor de la casa: constructor de la casa, has sido descubierto; no elevarás ya ningún otro edificio, porque tus vigas están rotas y destruido tu tejado. El corazón, ya libre, ha extinguido cualquier deseo«.

Buda entendió que el deseo era el padre de todos los sufrimientos humanos. Pero también exploró la posibilidad sobre la transitoriedad. Todo aquello que tiene un principio posee un fin. También el deseo, y por lo tanto, el sufrimiento. Nada nos pertenece. Todo se permuta. Lo único que permanece es el cambio. ¿Sabremos apartar de nosotros el deseo y empezaremos a obrar según los verdaderos designios de nuestro Ser? ¿Seremos capaces de seguir nuestro Camino más allá de perdernos en el deseo? ¿Seremos capaces de practicar los caminos?

(Foto: © Pavel Tereshkovets)

Últimos días para poner tu piedra


b

En unos días terminará la campaña de cofinanciación en Goteo para ayudar a reconstruir la casa de acogida de O Couso. Quedan nueve días para que aportéis vuestra gota de agua. Imaginaros que de aquí a unos años O Couso se convierte en un referente. Un lugar donde poder ir a desarrollar los dones y talentos. Un laboratorio humano que pueda servir de inspiración a cientos de personas. Ese es nuestro deseo, ser una gota en este momento de cambio, ser una muestra más de que es posible hacer las cosas de otra manera. De que el ser humano merece la pena y puede reconstruir su estado moral hacia nuevos valores más amplios y generosos.

También queremos que esta sea tu casa. Que puedas venir cuando lo desees. Que puedas visitarnos, pasar unos días diferentes en un entorno privilegiado y con personas amables y alegres que están deseando ofrecer lo mejor de sí mismos. Que vengas solo, con tu familia o amigos, pero que vengas. Porque aquí no te vamos a pedir nada, excepto tu cariño y amistad.

Un lugar de acogida pero también un lugar de transformación. Sabemos que lo que tenemos entre manos es un proyecto ambicioso y en esta fase en la que nos encontramos queremos que todos seamos partícipes. Para que en el futuro, orgullosos, podamos ver nuestro trocito de tejado, nuestra parcela de generosidad protegiendo a todos los visitantes y amigos.

Faltan unos días para terminar la campaña de cofinanciación. Pronto llegará el verano y queremos dar la mejor de la acogida a todos los que vengáis. Pero sobre todo, quedan muchos meses por delante para poder reconstruir la casa de acogida y poner en marcha la escuela de dones y talentos. ¿Te gustaría poner tu piedra, tu granito de arena?

En este último tramo nos gustaría contar con vosotros. Gracias por este último esfuerzo. Gracias de corazón por decorar y proteger esta vuestra casa. Os esperamos.

 

https://goteo.org/project/o-couso/home

a

 

La dama de Shalott


John_William_Waterhouse_The_Lady_of_Shalott

Desde mi ventana escucho los alaridos a ambos lados del río. Largos campos y montañas, bosques y senderos que se entremezclan con la bruma de la mañana. Todo está vestido, la colina, el cielo, los verdes mantos de hierba. Salto de un lado para otro, de la alameda hacia lo alto, visito los rincones donde las ardillas se esconden y bordeo como un haz de luz la flexibilidad del viento. Allí, a lo lejos, entre dos mares, veo el brillo de un espejo donde se refleja su rostro mientras teje.

Las gentes van ciegas mientras que todo se maneja sobre sus cabezas. Nada entienden aunque les duela aquí y allá, nada saben de ese color que se teje en el otro lado y que irremediablemente nos importuna, nos sobrepasa. Solo allí donde los lirios se mecen en la calma del silencio, en aquella isla soñada o en la sombra de los sauces puedo entender esta marea extraña. Es la espera de aquella que teje. Es la espera de aquella que ama.

Los álamos se estremecen, las estrellas brillan en un crepúsculo suave, la brisa nos recuerda el paisaje celeste. Hay olas que se levantan y se desplazan eternamente. Hay mares enteros que contienen la magia de cada instante. Podemos inmortalizar cada verdor, pero sólo en aquel lugar invisible, sólo allí puedo volar sin demora.

¿Habéis viajado alguna vez a Camelot? ¿Pudisteis pasear por las afueras de la Isla Blanca? ¿Qué hay allí en la serena calma que la niebla nos trae desde las tierras altas? Grises muros y torres se levantan entre nosotros y nuestros sueños. Incluso aquella hermosa dama de Shalott nos espera paciente a que despertemos. Quiere mostrar su mano para llevarnos a su isla, a su campo de flores teñido de noble deseo.

Entre la espesa ternura me despierto. Sigue ahí la ventana que vigila los montes y campos. El río y sus dos orillas. Las gentes dormidas y ciegas. Escucho una canción que me recuerda la Isla Blanca. Resuena alegremente entre la ciénaga de mi dolor que es arrastrado por su recuerdo hacia la alameda de Camelot.

Apilo fardos en las entrañas de mi memoria. Cansado, miro hacia todas partes, buscando aquella sombra, aquella niebla, aquella luz. A veces, en el silencio más estrecho, escucho algún susurro. Debe ser la dama, la bella hada de Shalott.

Ella teje haces de luz. Una tela mágica para proteger al peregrino. Espera en su atalaya, en su monte, en su castillo. Cansada de las sombras, espera la llegada del noble caballero. Entre las hojas, ella espera sentada a su Lancelot. ¿Qué maldición es esa que nos separa? ¿Qué será aquella barca? Roto queda el espejo mientras la dama avanza. El río y sus dos orillas… que nos separan.

(Ilustración: The Lady of Shalott ,de John William Waterhouse).

Separación Responsable


a

Un grupo de amigos ha ideado un sistema donde la ruptura de pareja tiene un nuevo significado.

Cuando una pareja decide terminar su relación afectiva, puede elegir enfocar su separación como una transformación, no como una ruptura.

Cada vez más  parejas que deciden separarse desean realizar la transición hacia un nuevo modelo familiar de la forma más enriquecedora y equilibrada posible, tanto para los adultos como para sus hijos e hijas, llegando a acuerdos sostenibles y satisfactorios para todos los implicados.

En Separación Responsable  se acompaña a gestionar este cambio de una manera integral, abordando tanto la parte legal como los aspectos emocionales del proceso de divorcio o separación. Esto es lo que ofrecen:

Para la pareja que toma la decisión de terminar su relación de convivencia o conyugal, no es siempre fácil generar el clima de respeto, responsabilidad y cooperación mutua que les permita llegar a los acuerdos que necesitan.

Separación Responsable cuenta con un equipo multidisciplinar que facilitará este proceso, ofreciendo un acompañamiento INTEGRAL en cuatro áreas:

Aspectos legales

Coaching para la Gestión emocional, comunicación para llegar a acuerdos

Orientación para acompañar a los hijos durante todo el proceso

Coaching para el Diseño de futuro

Más información en:

http://separacion-responsable.com/

 

Foto: (© Leszek Bujnowski)

Antes de que puedas recorrer el Sendero, debes convertirte en Sendero


a

Hay una clave de verdad oculta en estas palabras. No podemos intentar crear un proyecto, no podemos procurar crear nada si antes no nos hemos convencido de que eso en lo que creemos es posible en nosotros mismos. Muchos estudiantes de lo arcano nos hemos pasado la vida entera teorizando sobre la existencia, añadiendo creencias, dogmas, significados y explicaciones a cosas que por sí mismas nunca hemos podido experimentar en nuestras vidas. El verdadero camino debe pasar por la propia experimentación. No podemos teorizar sobre el amor, sobre la voluntad, sobre el conocimiento, si antes no hemos experimentado todo eso en nuestro interior. Es necesario practicar los caminos para luego poder mostrar la luz que de ellos se desprenden. Es necesario afianzar el conocimiento en la práctica, en el poder de vencer nuestras resistencias, nuestro pasado, nuestras propias circunstancias y labrar así el siguiente paso. Ese es el principio de toda sabiduría merecedora.

Uno puede llegar a la edad de los sesenta o setenta años y ver que todo lo que hasta ahora había hecho era hablar una y otra vez sobre las maravillas del mundo. Pero puede darse cuenta, quizás por un accidente, por un trauma, por una pérdida, de que durante todo ese tiempo no ha sido capaz de dar ni un solo paso en ese sentido. La investigación nos puede dotar de fuerza suficiente para dar ese primer paso, pero esa fuerza debe venir acompañada de valor, de desprendimiento, de acción, de cierta heroicidad. Energía y fuerza son dos palabras que deberíamos considerar dentro de una investigación profunda, pero también dentro de una practica continuada y sincera.

¿Y cual es el precio que estamos dispuestos a pagar por ese paso, por ese pequeño y ridículo empeño por empezar verdaderamente a avanzar? Dependerá de todas las anclas que hayamos construido, de todos los muros que hayamos levantado en los planos de la materia, de la emoción y el pensamiento. Cuanta mayor atención hayamos puesto en esas cosas, mayor será el precio que haya que pagar para poder empezar a caminar. No se trata de empezar a descuidar esos aspectos, sino de integrarlos en nuestro camino sin que se conviertan en el camino. Debemos integrar nuestra triple personalidad para luego magnetizarnos de esa fuerza superior que nos mantiene en la corriente de vida.

Durante toda una existencia hemos tenido tiempo de construir grilletes lo suficientemente fuertes y potentes para impedirnos ni tan siquiera dar un leve suspiro hacia lo que verdaderamente sentimos como importante. Han sido tantas las cárceles construidas, interior y exteriormente, que nos supone un mundo entero poder salir de ellas. Hasta que un día descubrimos que todos esos miedos, que todas esas cárceles no son más que un punto de ficción, un añadido de fantasía en nuestras vidas que nos alejan de la vida Real. Siempre ponemos excusas para todo: la familia, el trabajo, la hipoteca, la comida, las aspiraciones, los amores, las responsabilidades, los valores, las creencias. Las excusas para no caminar en nuestro Sendero son inagotables. El miedo se encarga de fortalecerlas, de limarlas con asperezas insuperables. Lo único que debemos hacer realmente es darle la vuelta a esos pensamientos: la familia, el trabajo, y todo lo demás son bendiciones que nos han de ayudar a dar el salto definitivo. Todos esos aparentes obstáculos no son más que puentes que se abren ante nosotros para poder vencer nuestras aristas. Son bendiciones que nos deben hacer más fuertes y consistentes. Es nuestra verdadera escuela, pero no para encadenarnos a ella, sino para trascenderla.

Vivimos en un mundo de ensoñación donde resulta difícil despertar a la realidad de lo que realmente somos. Pero estamos aquí, y ahora, ante la siempre oportunidad de seguir adelante. Peregrino, camina, da ese primer paso. Conviértete en Sendero. Practica los caminos…

(Foto: © Anatolih)

Las preocupaciones del flujo temporal


a

«Basta un abandono sincero, una verdadera gratuidad, una ruptura de los resortes del ego, para que con la gracia puesta de nuevo en circulación, el don reaparezca en todo su asombroso esplendor». (Cattiaux)

Hace dos noches me dio un tremendo dolor. Al llegar al hospital me dijeron que se trataba de un cólico nefrítico, uno de los dolores más fuerte que existen. Estuve toda la noche ingresado recibiendo tratamiento y observación para recuperar la normalidad.

Mientras la ambulancia me llevaba al hospital y me retorcía en la camilla ante tanto espasmo, reflexionaba sobre todo lo pasado. ¿Qué había provocado esta crisis corporal? Hace unas semanas me dieron una buena noticia. El reto de poder terminar la tesis doctoral en el lugar donde comencé, en la bahía de Findhorn, en Escocia. Gracias a un golpe de suerte, podría estar los tres meses de primavera encerrado en la comunidad escocesa rematando este ciclo de diez años.

No sé si lo uno guarda relación con lo otro, pero todo coincide. Durante dos semanas me he visto encerrado intentando dejar lista la empresa para marcharme tranquilo, buscando recursos para poder sufragar el viaje y dedicando muchas horas a trabajar sin cesar para poner orden en todo.

De alguna forma, ese exceso de trabajo, de estrés añadido, pero sobre todo, de recuerdos del pasado que se han ido removiendo una y otra vez tenía que salir por alguna parte. Dicen que el riñón simboliza los miedos y las frustraciones. Realmente sentía cierta frustración por no haber terminado la tesis en estos últimos diez años. Y pensé que este año era perfecto para hacerlo, para enfrentarme a ese reto personal y poner por fin orden en muchos asuntos que deben morir para dar paso a un reto mayor.

Abandonar el individualismo y todas las formas y relaciones basadas en el mismo es ese reto mayor, una prueba personal que requiere de mucho trabajo y dedicación. Liberarnos del dolor, de las presiones y preocupaciones del flujo temporal, es una meta que nos ha de conducir a la visión universal de todas las cosas, a una nueva relación con la vida y con el sentido de la misma.

Cuando de repente te ves en la camilla de un hospital, casi agonizando de dolor, al borde de una muerte psicológica, te preguntas sobre el sentido de todo. Descubres la fragilidad que nos sustenta, la insignificancia de toda nuestra existencia cuando el cuerpo decide llegar a su fin, o simplemente avisarte con un dolor profundo de lo frágil que es todo. En ese momento, sólo deseas recuperarte rápido para dedicar lo que queda de vida a lo que realmente importa. En mi caso, abrazar la universalidad de la vida y encender la llama de la sabiduría, del amor y la voluntad en todos los corazones. Que ese buen propósito me guíe y pueda así cumplir mi parte.

La visión de las otras cosas


a

Hace unos días alguien se quedó a dormir en una de las caravanas. Miró con atención la austeridad del lugar. La falta de casi todo. Realmente en su imagen el estar allí no era precisamente un acto valiente, sino más bien, quizás, algo estúpido. “¿Pero qué hacéis realmente aquí en estas condiciones?”

La respuesta a esa pregunta llegó esta mañana en uno de los círculos de consciencia que tuvimos. Estamos aquí fortaleciendo el alma, fortaleciendo nuestras vidas ante la adversidad, demostrando que el coraje y la valentía pueden ser útiles en el futuro ante circunstancias difíciles. De alguna forma, estamos curtiendo nuestro espíritu para que cuando tengamos que enfrentarnos al dolor de la pérdida, de la enfermedad o de la muerte estemos preparados.

Más allá de esas simples respuestas materiales existen además alguna que otra respuesta más difícil de contestar. Cuando nos despertamos y vemos ese inmaculado manto blanco de nieve que lo cubre todo no estamos viendo cosas, vemos la luz que hay detrás de las cosas. Desarrollamos, en este medio natural, esa sensibilidad especial para ver más allá de la apariencia. De alguna forma, la luz que recorre todo el ciclo vital se manifiesta ante nosotros, percibiendo, en un acto de clamoroso y sincero amor, la unidad de todo.

Cuando nos levantamos y el termómetro marca menos cinco grados y tanteamos con el latido de nuestro corazón el paraje que nos rodea, realmente estamos poniendo a prueba el despertar de esas células adormecidas que, al renacer a la vida natural y salvaje, nos muestran una visión profunda de ese baile, de ese concierto molecular que todo lo recorre. Los átomos, los haces de luz que van y vienen, las energías que subyacen en todo cuanto existe se muestran en un complejo vestuario de magia y color. Y más allá, en el temple de toda esa maravillosa visión, se expande nuestra conciencia hasta fusionarse con la Consciencia Una. Y ahí hallamos la respuesta de todas las cosas. La paz fraterna, el hilo conductor de la vida. El sentido de todo. La verdadera respuesta a tantos interrogantes.

Cuando vienes aquí y sólo ves caravanas está bien. Hace frío, no hay agua corriente ni luz. Pero cuando apuestas un trozo de tiempo para pasar aquí algunos días más, cuando intuyes que algo mágico puede suceder ante toda esta adversidad y apuestas por permanecer atento a la magia del lugar, entonces puede ocurrir el milagro, esa experiencia cumbre de poder ver más allá de los arquetipos y esplendores.

Una historia de amor se teje en toda esta adversidad. Un profundo poema se realza en el arte ancestral de la visión. ¿Cómo poder explicar todas estas cosas ante la incredulidad del visitante? No son las caravanas, ni el frío ni la falta de comodidades lo que hace que estemos aquí. Es lo que hay detrás de todo eso. Aquello que se despierta con la visión atenta, con la quietud reservada para la prueba que es hollada más allá de la puerta estrecha. Es la Unidad que brama su respirar insondable.

Somos luz, todos somos luz, las cosas son luz. Entre esa visión de unidad se tejen puentes que nos unen los unos a los otros en el mundo de la forma. ¿Alguien sería capaz de describir esos puentes, y más aún, alguien sería capaz de ver los propósitos de los mismos? ¿Y qué ocurre cuando entregamos esos pequeños propósitos al gran Propósito? A veces resulta extraño practicar esos caminos, darnos cuenta de que todo lo que hasta este momento hemos hecho en nuestras vidas, todo lo que somos y hemos conseguido es tan sólo para eso: para bucear en la Unidad y entregarlo todo en el ara del sacrificio. Aquí entendemos de esas cosas. Sí, es cierto, ahí fuera hace frío, pero aquí dentro arden los corazones.

ME CAMBIO, CLARO QUE HAY ALTERNATIVAS


a

© Fahmi Bhs

Existe una clara resistencia del ser contemporáneo a confinarse en una vida totalmente estática, abducida por el patrón de lo cotidiano como algo predeterminado desde nuestra propia cultura. Un mismo domicilio, una sola profesión, un núcleo familiar determinado, incluso una siempre y marcada identidad sexual. Nos arraigamos a los mismos patrones heredados, a las mismas ideas sobre el dinero, sobre el consumo, sobre la alimentación, sobre la salud. Somos incapaces de ver más allá de esos patrones.

Sin embargo, algo está cambiando desde hace un tiempo. Ya somos capaces de olvidar nuestra fidelidad a la norma y hemos aprendido a cambiarnos de compañía de teléfonos, de compañía de luz, de banco, hemos aprendido a cambiar nuestro voto, nuestras formas de disfrutar, nuestras formas de compartir. Nuestros hábitos de consumo se han vuelto exigentes y hemos sido capaces de renunciar a cosas por vivir experiencias.

Existe un éxodo masivo hacia otras formas de vida, de entendimiento, de relación. Internet está abriendo las puertas a una revolución cultural y social inimaginables. La emancipación individual y colectiva está marcando un nuevo rumbo, una nueva forma de relacionarnos de forma alegre, pacífica, hermosa.

La transformación, el cambio, el nuevo paradigma es posible. Ya se está gestando en el corazón de mucha gente y muchos lo están llevando ya a la práctica cotidiana. Lo pensamos, lo soñamos durante mucho tiempo. Ahora ya es posible. Sólo hacen falta pequeños gestos en la vida diaria. Cambiar nuestro dinero de los bancos, cambiar de compañía de luz, cambiar nuestra forma de consumir. En la web “Me Cambio” nos dan alternativas. Muchos de nosotros ya estamos adscritos a alguna de ellas. Pero el mundo necesita que seamos muchos más, todos los que de verdad desean un profundo cambio y transformación, todos los que aspiran a un mundo más justo y verdadero.

No lo dudes por un instante. Es hora de revolucionar el mundo y hacerlo mejor, mucho mejor.

http://mecambio.net/

Hacia la revolución integral


a

Estamos viviendo un momento de transformación social y cultural donde viejos valores y principios se renuevan y empoderan en una nueva mentalidad política, económica, cultural y social, filosófica y espiritual.

La transición del individuo social hacia el individualismo ha provocado una transformación necesaria, donde el ser social e individualista se fusiona para crear una nueva entidad cultural: el individuo integral. Es decir, aquel que es capaz de integrar en solitario y en colectividad una nueva dimensión de relaciones.

Esto se puede ver en la necesidad de una regeneración política y económica donde los desvalores de la competitividad y egoísmo dejen paso a principios y valores de cooperación, de apoyo mutuo y solidaridad.

Todo esto se puede ver en los nuevos grupos políticos que están surgiendo, así como en los movimientos que nacen para dar respuesta a las nuevas necesidades, como las cooperativas de trabajo integral, como las ecoaldeas o comunidades integrales o las ciudades en transición, como el movimiento de decrecimiento, la permacultura o la agroecología.

Realmente estamos siendo testigos de una lenta pero necesaria revolución que guarda distancia con los antiguos paradigmas de revolución social. Ahora la revolución se entiende como un cambio en la psique individual y colectiva, pero un cambio pacífico, silencioso, cargado de acciones individuales y colectivas que pretenden influenciar en el espacio social desde el ejemplo y la acción y no desde la protesta o la violencia verbal.

Existe un trabajo individual irrenunciable de mejora, pero sobre todo, lo que caracteriza a este nuevo paradigma de cambio es el trabajo grupal, la iniciación colectiva hacia una nueva dimensión de cooperación. Estamos siendo testigos de un profundo cambio donde empezamos a valorar la vida desde su sencillez, donde decidimos voluntariamente poner barrera al consumo desbocado material para dar paso al consumo de experiencias, de sentimientos compartidos, de vida alegre y buen vivir.

¿Cómo participar en esta revolución? Buscando, apoyando o creando movimientos alternativos, lugares donde la creatividad y el amor compartido sean la premisa. Organizaciones o movimientos donde no exista el insulto al otro, donde todos puedan participar de forma pacífica y no violenta en la toma de decisiones. Creando, participando o apoyando iniciativas de convivencia, de economía compartida o de sistema de creencias liberados de los antiguos paradigmas. Hay mucho por hacer, y estamos llamados a cumplir con nuestra parte.

(Foto: amigos cooperando en la Comunidad Integral de O Couso. Un lugar de exploración interior y compartida).

 

¿Te gustaría ser embajador?


a

Conozco bien el mundo de la aristocracia y la diplomacia. La vida me puso ante experiencias hermosas, ante gente maravillosa que ostentaba títulos nobiliarios o trabajos diplomáticos y de poder. El haber vivido muy de cerca esas realidades me ha dado un sugestivo panorama de todos los aspectos de la vida humana, y he terminado llegando a una simple conclusión: la verdadera aristocracia es la interior, sólo se puede ser embajador de la nueva buena, el verdadero poder es el que nace de la esfera intangible.

Dicho esto, estoy convencido de que la misión de un buen embajador, de un aristócrata interior es el de convencer a otros para que se empoderen y sean portadores de la nueva buena, del fuego de los dioses, del brillante átomo simiente que debemos sembrar en las concavidades interiores del prójimo para volverlos más dulces, más humanos, más próximos.

En la campaña de cofinanciación que estamos llevando para poner el tejado de O Couso nos hemos dado cuenta de que lo importante no es el poder del dinero. Lo más importante de todo es el poder del gesto. Cada guiño es para nosotros una señal, cada gota que cae a la bolsa común provoca en nosotros un motivo de alegría. Nos damos cuenta de que cada aportación es poderosa porque nace de un corazón noble que vibra con proyectos nobles. Eso provoca un reconocimiento en la nobleza del otro, en la grandeza y esplendor de aquel que inclina la balanza hacia unas cosas y no otras. Sentimos cierta alegría profunda cuando vemos que cada día sumamos más gestos.

No importa si uno pone un euro o mil. Como decía, lo importante es el gesto, el saber que ahí detrás hay cientos de personas con deseos y ganas de cambiar el mundo. Eso nos hace pensar en la siguiente motivación: ¿cómo convertir esos cientos de personas en miles? ¿Cómo contagiar de entusiasmo, de altos valores, de buenos principios para todos a esa miríada de seres?

Quizás el siguiente paso sería convencer a los convencidos para que a su vez dejen de pescar peces y lancen sus redes para pescar hombres y mujeres de buena voluntad. Quizás el siguiente paso sea el convertirnos en embajadores de la buena nueva y salir ahí fuera para explicar que otro mundo es posible y se está construyendo. ¿De qué sirve que toda esa luz se ponga debajo de la mesa, se oculte o se esconda? Sí, seamos embajadores, actuemos desde la acción, desde el convencimiento, saliendo ahí fuera y diciendo abiertamente que en esta primavera del alma estamos dispuestos a contemplar la luz y el fuego desde la proximidad, el cariño y la disposición a colaborar.

Si estáis convencidos, si desde dentro sale esa llama convertiros en embajadores y ayudadnos a compartir todas las propuestas. Busquemos más gestos. Hagamos que el tejado pueda albergar cada día a más peregrinos del alma que buscan y anhelan el mundo nuevo. Apoya la campaña de cofinanciación y sé un pilar importante que de cobijo a todos los que vienen diariamente.

Ahora somos setenta cofinanciadores. Setenta pilares que sostienen parte del tejado. Necesitamos cien más para completar la obra, para dar cobijo y pan al que no tiene, y sed de justicia al que lo necesite. Y recuerda siempre: deja lo que puedas… o coge lo que necesites…

https://goteo.org/project/o-couso

 

 

El arte de dejar que las cosas sucedan


a

«El arte de dejar que las cosas sucedan, de la acción a través de la no acción, de renunciar a uno mismo, que enseñaba el maestro Eckhart, se convirtió para mí en la llave que me abrió la puerta del camino. En el ámbito del psiquismo debemos ser capaces de dejar que las cosas ocurran por sí solas. Y éste es realmente un arte que muy pocas personas dominan. La conciencia está siempre interfiriendo, influyendo, corrigiendo y negando y nunca deja en paz al simple crecimiento del proceso psíquico«. (Carl G. Jung)

 

Simplemente sucede. En el océano de emociones que somos, en la penetrante profundidad de nuestros pensamientos, en la virtud más sublime de nuestra alma. La vida sucede en ese flujo, en esa enamorada propuesta, en esa atracción de júbilo supremo. Sucede.

En la inmortalidad de nuestras atalayas, en la ola de maravilla, dentro y fuera de nosotros, en ese adiós irrenunciable, en ese amor temprano, en todo cuanto somos. Cabalgamos por valles y montañas, nos adueñamos de cada segundo de existencia conquistando castillos y fortalezas para mayor gloria de nuestro despertar. Supuramos pérdidas, anhelamos aventuras, cien mil lágrimas aplaca nuestra sed. Somos huérfanos al mismo tiempo que nos reconciliamos con el irremediable destino.

Los poetas se suceden en el amor mientras que los filósofos heredan el conocimiento. Los místicos suspiran en los adentros del Profundo y la belleza del hidalgo proclama la victoria sobre la segunda muerte. El poder consensuado del universo canaliza las fuerzas de sus siete rayos. El carácter se tiñe del color astral mientras que la luz imperial de su plano áureo planea sobre el cincel armónico. Música coronada por esas rosas cuyas espinas forman una perfecta cruz. Un cuerpo sano soporta al corazón noble en esa inteligencia pura. Un vuelo mágico hacia el espíritu de todas las cosas.

Y ocurre que tras el esfuerzo nos convertimos en maestros de nuestro propio arte, de nuestro don, de ese talento que nace de la llama flamígera. Es la conquista de nuestro propio paraíso que inevitable nace para ser compartido. Es la culminación de una misión para empezar otra. Así hasta que alcancemos nuestro pequeño propósito, nuestra pequeña perfección dentro de la Gran Perfección. Así hasta que comprendamos que todo es el comienzo de algo mayor, algo que nos inunda desde siempre, algo que transcurre más allá de nuestros parámetros de vida y entendimiento, algo que es nuestro y de todos, algo grupal, algo mejor, un logos en el que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

Así trascurre todo mientras contemplamos la vida con admiración, mientras nos sumergimos en su Misterio profundo. Estamos sembrados de caminos… sólo tenemos que practicarlos… mientras todo sucede. Todo es un nodo temporal en un proceso de flujo. Dejemos que suceda, caminemos en la senda, seamos tejedores de luz.

PETICIÓN DE DOS AÑOS DE EXPERIENCIA EN COMUNIDAD O COUSO


A

Describir el periodo de seis meses de vivencias y convivencias en O Couso sería algo difícil. Ha sido una experiencia maravillosa, cargada de sintonía y propósito, un sueño hecho realidad y además una oportunidad única de experimentar toda esa teoría que durante años nos ha acompañado.

Se puede decir que estos seis meses hemos practicado los caminos que durante mucho tiempo habían crecido en nuestra cabeza y corazón. La puesta en práctica de toda esa filosofía que deseaba guiarnos desde hacía mucho tiempo. Hemos podido entender, ya no desde la teoría sino desde la práctica, el verdadero significado de comunidad.

Lo cierto es que la vida en los bosques, en plena naturaleza, nos ha dado otra visión sobre la existencia. También la vida en comunidad, compartiendo el trabajo y la ilusión por este hermoso proyecto al que tenemos la suerte de participar. En los planos interiores ha sido toda una revolución que aún debemos digerir con mucha calma.

Es por ello que nos atrevemos a solicitar la renovación de permanencia para vivir los dos años de experiencia. Sabemos que esto supone un reto importante y un compromiso serio para poder pertenecer a la futura comunidad. Pero nos sentimos seguros y decididos a seguir en este ilusionante proyecto común.

Espero que los miembros de la comunidad vean posible nuestra integración en este programa y que estos años puedan ser fructíferos para todos. Que así sea.

Javier

COMUNIDAD O COUSO, HACIA DOS AÑOS DE EXPERIENCIA:

1)   PROGRAMA DE DOS AÑOS. Sólo será posible si se ha realizado previamente el programa de seis meses, continua el interés de la persona en seguir en la comunidad y la propia comunidad ve posibilidades reales de que el participante pueda optar a la vida comunitaria.

¿Qué piensan las gallinas sobre Syriza?


DSC_0083

Estos días mantenía una posición neutra y distante sobre la política de salón. Me preocupaba por los hechos. Aquí en Cataluña, donde me encuentro por unos días, el metro sigue su vertiginoso ascenso de tarifa (2,15€ el billete), también aparcar en sus calles cuesta la friolera de cinco euros el tramo. Siguen los peajes gestionados por La Caixa y sigue todo plagado de banderas (la industria textil catalana está volviendo a florecer gracias al pulso nacionalista). Al mismo tiempo, observo como la burguesía catalana tiene mejores coches, mejores casas y sus políticos mejores sueldos (el president de la Generalitat tiene el mayor sueldo de todos los presidentes del Estado -144.000 € anuales, doce mil euros al mes- que supongo que pagaremos todos gracias a las tarifas del metro y otras prebendas del mundo textil).

Ayer tenía la oportunidad de ver en la televisión a Pablo Iglesias. Nunca hasta ahora lo había visto y a pesar de que el proyecto Podemos me parece una buena oportunidad para terminar con el desgastado bipartidismo, no me gustó nada la actitud chulesca, prepotente e insultante de su líder, el cual, desgraciadamente, ya empieza a comportarse como la casta que tanto crítica (esto me recuerda la primera época de aquellos pantalones de pana del descendiente del otro Pablo Iglesias). Me dio pena, pero intenté no fijarme en ello, simplemente observarlo y dejarlo pasar. Partidos como Podemos y Ciudadanos son necesarios para terminar con el obsoleto sistema en el que vivimos y creo que esta idea debe estar por encima de la mediocridad de sus líderes.

Hoy también me daba un empacho de televisión para acompañar el alzhéimer de mi padre el cual, aquí en Cataluña no tiene derecho a ningún tipo de asistencia social por su enfermedad a pesar de los sueldos de sus líderes políticos y las insultantes tarifas del metro. Veía atento lo que pasaba en Grecia y de alguna forma me alegraba de que Syriza ganara las elecciones. Creo que puede ser un mensaje importante para la Europa que estos años se ha encargado de rescatar a bancos mientras asfixiaba las esperanzas de su población.

Mientras estos días vivía en esta especie de burbuja extraña en la ciudad, recordaba con cierta añoranza los movimientos de las gallinas que viven libres a nuestro lado, entre caravanas, prados y bosques. Ellas no entienden de política, o mejor dicho, de nuestro tipo de política. Ellas viven la política del apoyo mutuo, de la cooperación. Nosotros cuidamos de ellas y ellas cuidan de nosotros. No hay más intereses que los del compartir, que los de poder redistribuir toda la riqueza que nace de nosotros. Para nuestra sociedad hedonista lo único que merece la pena es la satisfacción de nuestros sentidos y deseos infinitos. Para las gallinas, sólo existe un propósito: ser parte del ciclo cósmico. Por eso en ellas hay armonía y en nosotros esa prepotencia y vanidad, ese insulto fácil y esos 2,15€ irritantes que sirven para pagar sueldos inmorales a personajes igual de impúdicos y miserables. Sigamos con el engaño hipnótico de las banderas. Sigamos con el espectáculo. Con los Bárcenas, con las patrias y naciones, con el engaño y la mentira. Otros sacarán suculento jugo de las mismas. Nosotros seguiremos trabajando en la política de las gallinas. La del ciclo cósmico.