El reino de Dios está en vosotros


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“Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. (Juan 8, 32)

El avance moral se logra no sólo mediante el conocimiento de uno mismo como fortaleza de nuestra existencia. También es posible mediante el surgimiento de una nueva idea, de un nuevo paradigma al que le ha llegado la hora de nacer. Algo que surge conjuntamente en la mente iluminada, en el corazón ardiente, en las células de todos los cuerpos humanos que juntos vibran en una misma esencia.

En esta época superficial y alejada de valores morales, un nuevo concepto de Dios está naciendo. Un Dios íntimo, privado, alejado del ruido de las iglesias y los dogmas, entregado a la escucha silenciosa de un susurro que nace de lo más profundo de nosotros. Un silencio ardiente y una relación personal con lo más íntimo, con esa encarnación del cosmos infinito al cual representamos.

Tolstoi fue un gran defensor del avance que nos lleva inevitablemente a ese Dios alejado de instituciones y creencias. Sabedor de que sólo la ley del amor puede alejar al ser humano del horror del mal, reclamaba la movilidad a pesar del error y el fracaso más allá de la abominable inmovilidad que nos hace presos de nuestros prejuicios y cegueras.

La ignorancia es una barrera que nos aleja de esa verdad. Una verdad propia, pero también universal. Una lucidez que nace de nuestra percepción, pero también de la suma de las percepciones de todos los trozos de alma que subyacen en el ciclo de la vida.

Nos cuesta creer y aceptar que vivimos para bucear en el perfeccionamiento de la vida, para ser partícipes de esa proyección, de ese lazo que envuelve todo y del cual somos protagonistas conscientes. Nos cuesta asumir la sabiduría natural de todos los ciclos, de esa llamada interior que bucea dentro de nuestras entrañas.

Pero cuando asumimos firmemente nuestro compromiso con la vida, cuando navegamos por la nave que nos ha de llevar más allá de nosotros, sentimos esa necesidad de reencontrarnos con las fuentes, con el magma innegable que brota de cada esencia. El discurso revelador de todo cuanto acontece tiene que ver con esa avenida ancha que se abre ante nuestras vidas al comprobar la meta suprema. Ese reino está dentro de nosotros, esa misión es palpable ante el silencio de nuestras mentes. Ese propósito moral debería abordar el acorde que somos.

Nuestro mayor logro será el convertirnos en antorchas que tímidamente pretendan enfocar ese trozo de verdad, esa moral superior cargada de altos valores que nacen del vórtice de la ley suprema del amor. Los rayos que nacen de esa ley serán nuestra guía para continuar, pase lo que pase, bajo la mágica influencia de su doctrina. Y ahí residirá nuestra libertad más profunda, nuestro encuentro más íntimo con el reino de los cielos. Las puertas se abren, las llamas se acercan unas a otras y su poder ciega las puertas del mal. El coraje que nos empuja a la nueva vida debe llevarnos a la felicidad y la alegría. Es así como se manifiesta el cosmos en nuestro ápice de ternura interior, en nuestra verdadera misión redentora.

 

La única felicidad segura es vivir para los demás


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Lo decía Tolstoi tras pasar por muchas vicisitudes y hollar muchos caminos. Llegó a la conclusión de que para tener una vida feliz solo debía recluirse en el campo con la posibilidad de ser útil a las personas, trabajando en algo hermoso con la esperanza de que fuera ventajoso para los demás, y por supuesto practicando el descanso, la lectura, la música, la naturaleza, el amor al prójimo… Su receta siempre fue sencilla y muchos a lo largo de la historia la han recogido y han hecho suya. La conquista de toda América empezó con esa ilusión romántica de la vida en el campo, en comunidad, alejada del viejo paradigma europeo y de su ciudadanía cada vez más colapsada por el hollín de las fábricas y la ciudad. El propio imperio romano se derrumbó cuando las gentes empezaron a emigrar de las ciudades, asfixiados por los interminables impuestos y tributos, buscando refugio en el campo. Muchos prefirieron organizar su vida en torno a un señor, siendo vasallos o siervos antes que ciudadanos de un lugar irrespirable. Cambiaron un grillete por otro, pero cambiaron.

Más allá de la vida bucólica en el campo, con sus durezas añadidas y sus propias incomodidades, lo que realmente hace feliz a todo ser humano completo es ayudar al prójimo, tal y como nos razonaba Tolstoi. Eso implica un gran empoderamiento personal, una dicha trabajada en los pozos más profundos de la experiencia. No basta con tener el deseo de servir al otro, además, hay que hacerlo desde la utilidad, la vocación del ejemplo, la buena conducta. En resumen, hay que saber servir, ayudar, ser útil. Esa era la esperanza de Tolstoi.

¿De qué otra manera podríamos crecer como seres sintientes? Cuando has contemplado con serena compasión todas las miserias humanas, sólo esperas de la vida haber aprendido la lección de poder satisfacer su deseo último. La naturaleza misma se expresa mediante ese servicio silencioso. Cada ser, por minúsculo que sea, vive para el resto de la creación. Es un vehículo, una proyección de la vida, un leve susurro de la misma. Un acumulador de experiencias que mejora la existencia gracias a su propia efectividad. Todos nosotros, sin saberlo, somos portadores de esa vida, de esa inteligencia cargada de emoción que nos conduce hacia la autoconsciencia, hacia el sabernos portadores de algo más que una simple y anónima aproximación al mundo. Somos una llama que desea arder para el otro.

En nuestro tiempo limitado, anecdótico, en nuestro ligero paso por el mundo, debemos entender que nada importa más que ser uno con el cosmos y su mensaje trascendental. Esa unidad es posible cuando la compasión que albergamos se abre paso poco a poco hacia el silente camino de vivir para los demás. Sin olvidarnos de nosotros mismos, sino más bien puliendo nuestras virtudes más bondadosas, asumiendo la noble tarea de traspasar los límites de nuestra levedad para abrazar en sincera comunión el amor al prójimo.

No se trata de una posibilidad, se trata de un sentido. La vida, nuestro propio albedrío, dirigirá los pasos del peregrino hacia donde indique el corazón. Pero si el corazón está regado por la saciedad, por la vanidad y el egoísmo pronto se marchitará y perderá el rumbo. El corazón nació para amar. Ese es el lenguaje del alma, y solo ese lenguaje puede traducir su senda. Por eso, si el agua que cae sobre sus frágiles pétalos de loto traspasa la pureza, la generosidad y la virtud, el corazón llegará hasta las cuotas más nobles de la experiencia humana. Y en ese momento entenderemos la frase de Tolstoi: la única felicidad segura es vivir para los demás.

¿Hace frío en las caravanas?


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Levantarnos todas las mañanas a temperaturas por debajo de cero grados se ha convertido en una especie de deporte. Todas las mañanas miramos el termómetro y observamos como nuestros cuerpos se han ido adaptando poco a poco a temperaturas que ahora nos resultan incluso agradables. Cuando los amigos ven por las redes sociales las fotos que colgamos plagadas de nieve, de alguna forma sufren y piensan que aquí lo estamos pasando muy mal. Pero nada más lejos de la realidad. Hay un disfrute en todo, incluso en lo extremo. Cada vez que nieva sentimos una inmensa alegría. Hay gente que paga por ir a la nieve y nosotros solo tenemos que esperar a que llegue. Y cuando lo hace nos damos nuestros paseos para contemplar la belleza profunda de un paisaje impermanente, de unas imágenes únicas que pasarán al registro de nuestra memoria en cuanto en unas horas o días vuelva el sol y termine por borrar hasta el último copo de nieve.

Esas imágenes nos hacen reflexionar sobre el constante cambio que sufre la naturaleza y de cómo el ser humano se ha ido adaptando, como ahora hacemos nosotros, durante milenios. Ahora sol, ahora viento, ahora lluvia, ahora frío y nieve. Nada importa cuando nos sabemos partícipes de todo esos ciclos de la vida.

¿Pasamos frío entonces? Al principio sí. El frío calaba por todas partes, incluso cuando realmente las temperaturas no habían bajado lo suficiente. Pero ahora es distinto. Lo notamos cuando viene alguien nuevo y se atreve a pasar unos días con nosotros. Los primeros dos o tres días no duermen bien, lo pasan mal y el frío les cala por todas partes. Luego, tras las primeras crisis, parece como si el cuerpo se adaptara rápidamente a la nueva situación y pudiera pasar en todo momento a un nuevo estadio, a un nuevo vigor y fortaleza.

Por dentro y por fuera nos sentimos privilegiados por ser partícipes de esta experiencia. No lo vemos como una aventura de boy scouts, ni tampoco como unas inocentes vacaciones en un lugar difícil. Estamos aquí, viviendo y experimentando en unas caravanas que compartimos con aquellos que se atreven a descubrir un modelo de convivencia diferente. Eso es suficiente combustible para llenar nuestros corazones del calor necesario para soportar cualquier circunstancia e inclemencia. Realmente el frío no se ha convertido en una molestia o en algo desagradable. Lo vemos como una bendición que nos hace recordar la fragilidad de todo cuanto existe, y la sabiduría que encierra todo cambio, toda transformación.

No anhelamos el calor, ni el verano ni los días soleados. Todos los días, todas las estaciones, todos los tiempos son justos y perfectos. Amamos cada ciclo y compartimos desde la llama interior aquello que ocurre fuera de nosotros. La humildad de vivir en una caravana solo nos desnuda ante la inmensidad del cosmos. Ya no necesitamos enaltecer nuestro pequeño ego con grandes construcciones. Una casa pequeña, muy pequeña, en forma de caravana, nos basta para contemplar desde sus frágiles ventanas la grandeza del universo. Sí, está nevando ahí fuera. Hace frío en las caravanas. Pero el corazón late y fluye ardiente por tan inmenso regalo.

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La vida auténtica acaba de empezar


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Esta mañana amaneció todo el paisaje vestido de blanco. Sin duda, la belleza y profundidad del invierno en su magnificencia ha ejercido una gran influencia en nosotros. Nada nos ha importado el frío. Hemos sobrevivido en las caravanas a la primera gran nevada. El perro Geo, curioso por esta novedad vital en su vida se sumaba a los juegos de todos. Era paradójica la alegría que se ceñía en nuestros rostros a pesar de la dificultad añadida y la inclemencia. Así actúa la belleza en el ser humano, sin importar el precio que haya que pagar por ella. De alguna forma, todo lo que está ocurriendo nos hace ser más honestos y auténticos, desnudos y frágiles ante tanta inmensidad.

Esta belleza única, esta estampa sólo imaginada en los cuentos de hadas y bosques encantados estaba aquí presente. De alguna forma, entraba dentro de nosotros y obraba algún tipo de milagro en nuestro interior. Esa nieve inmácula recorría nuestras colinas y ciénagas interiores. Nos hacía comprender las leyes supremas del orden, del servicio, de la entrega natural hacia la bondad y la armonía. Las sombras heladas de los árboles actuaban como puertas, como hogueras encendidas dentro de nuestros recodos. El flamante horizonte cristalino era como un espejo ensoñado que palpitaba esa vena salvaje en nuestros adentros. Sentíamos ganas de tomar la senda del bien sin mirar atrás. De obrar constantemente prodigiosas obras para ayudar al otro, para entender que el orden establecido, la llama superior de la existencia, sólo puede ser comprendida bajo esa capa de nieve. La naturaleza obra el bien. La nieve, el fuego, el agua, el viento… Todo son manifestaciones del bien. Sólo el ser humano, ante su ignorancia o desdicha interpreta la regeneración vital de la naturaleza como una atormentada procesión de dolor y sufrimiento.

Thoreau hablaba de esas leyes superiores en su magnífica obra, en su bello pasaje por los bosques cerca del lago Walden. Ahora le imitamos y comprendemos sus palabras, su sentir. Sabemos, como él nos indicaba, que merece la pena vivir menos y disfrutar más. Eso incluye anclar en la vida la sensibilidad propia de un poeta. Incluso en la propia comida, como él nos decía abiertamente. “Creo que todo hombre dispuesto a conservar sus facultades poéticas o espirituales en las mejores condiciones posibles se ha sentido particularmente inclinado a abstenerse de consumir animales y comer demasiados alimentos de cualquier clase”.

El cuerpo y el alma deberían sentarse en la misma mesa, pues ambos participan del Aliento Vital, de ese gozo incomparable de la estética de la vida. No puede ser de otra manera cuando contemplamos con rigor la belleza y el derroche de poesía en cada gesto natural. El ruido que llevamos dentro nos aleja y nos envenena constantemente de esta realidad. Añadimos condimentos innecesarios a nuestra vida, aliñando con artificios y vanidades todo nuestro sentir. Orgullo, pereza, miedos, egoísmo, vanidad, ingratitud, codicia… Sin saberlo, nos estamos suicidando inconscientemente, estamos llenando nuestra vida de venenos que algún día harán que saltemos por los aires, que inmolemos nuestra existencia. Sin entrar en detalles en los venenos de la vida cotidiana, de la comida cruel y violenta que consumimos, del tabaco o el alcohol que vamos ingiriendo para acelerar el suicidio inminente. El peor de los venenos es el espiritual, el que nace del alma enferma y que consume dosis inmanentes de ceguera.

La nieve de esta mañana nos ha invitado a sobrevivir al frío, pero también a vivir la vida plena del alma, de la sensibilidad, de la sabiduría, de la generosidad por todo cuanto ocurre. De entender que la comida es sagrada, de sabernos útiles a la causa de agitar consciencias, de ponernos al orden con nuestra palabra y pensamiento. Sabemos que no lejos de aquí todos estarán disfrutando de una suculenta cena mientras miran anestesiados la televisión bajo el calor de una buena chimenea. Aquí dentro, en la caravana, estamos a cero grados. Nuestras metas más valiosas se abren paso ante la adversidad mientras cae la fría noche. La helada hace progresar la sensibilidad y el amor hacia toda la existencia. La vida auténtica acaba de empezar, y la abrazamos valientemente.

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La plaza quemada


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Confieso que cuando se fluye con la vida esta te lleva a lugares y situaciones totalmente mágicas. Fue así como salí de este pequeño y remoto lugar acompañado de los hermosos C. y S. para terminar aparcando el coche en la plaza 55 de un parking de Madrid. A pocas calles me esperaba L. B. en la cafetería del Ateneo. Me encantó llegar y verla leyendo con su café y su imagen bucólica de mujer soñadora. Estuvimos poniendo al día la empresa y algunos detalles para este nuevo año. Luego la acompañé al coche que posaba tranquilo a las sombras de la Almudena. Tras el paseo recordando viejas batallas en Madrid me marché satisfecho al hotel de un amigo que siempre que mendigo por la capital me ofrece alguna de sus múltiples habitaciones. Y allí estuve en la bañera, desplomándome durante una hora y disfrutando de ese baño que en las caravanas resulta imposible.

Por la mañana estuve con J.L trabajando en un libro. Nunca tengo suficientes palabras de agradecimiento al ejemplo de perseverancia y quietud de este ser. Incluso en los peores momentos, incluso sin importarle tener una deuda de ocho o cien millones de euros. Su templanza en lo bueno y en lo malo siempre me resulta admirable. Tras la jornada de trabajo quedé con M. en el Vips de López de Hoyos, un lugar que conocía bien pues viví un tiempo muy cerca de allí. Estuvimos poniendo orden en los asuntos de la fundación y el proyecto gallego y disfrutando de una grata charla mientras comía una rica crema de setas. Nos dábamos cuenta como el proyecto va cogiendo vida propia pero como las convicciones interiores siguen inamovibles. Es toda una suerte tener a M. de compañera de este viaje común. Su formación interior hace que podamos hablar en los mismos códigos y entender algo sobre la magia que nos ha unido.

Tras el encuentro con M. me esperaba la hermosa y amorosa A., la cual me acogería en el edificio de su familia en el centro de Madrid. Me resultaba insólito pensar que todo ese gran edificio pertenecía a la misma familia, y que podías encontrarte en la escalera del mismo a un sobrino, hermano o primo. Los abrazos de A. son como sentir que alguien te ama desde todas las células de su cuerpo. Nadie abraza como ella y nadie es capaz de expresar tanto con un gesto tan cálido. Me acogió en la habitación de su hija mientras me explicaba los avatares de toda su familia que casi podía sentir como mía propia. Pasamos una tarde agradable y al día siguiente, tras un intenso viaje en tren y luego en coche de una punta a otra de la ciudad terminamos en casa de su hija N. Otro bello ser libre, amoroso y valiente que sin duda detonó la alianza de esos lazos familiares invisibles. A. me recordó algo muy valioso para mí esa mañana: soy nieto de un arriero, quizás por eso me guste tanto practicar los caminos. Gracias querida por la revelación.

Tras dejar a A. en su casa me fui a comer con J. en su bello hogar a las afueras de Madrid. Nunca he conocido un ser tan generoso y próximo a la complejidad de ser coherente con lo que se piensa, se siente y se hace. Cuando estoy en su casa es como estar en la mía propia. Sus paredes blancas me recuerdan a la Shamballa que siempre intento esculpir en mis otras paredes blancas. Pudimos hablar de mil temas antes de marcharme de nuevo corriendo hacia Madrid, donde aún tuve tiempo de ayudar a L. B. a hacer algunas cosas y donde me cruzaba, cosas de la vida, con la bella S. en el que hasta ahora había sido mi barrio. Tanto seguirnos mutuamente sin conocernos y nos cruzamos de repente.

Volví a coger el coche para atender a la siguiente cita mientras hablaba con una periodista del Mundo para una entrevista. Llegué algo tarde a la cita con L., pero eso hizo que se diera un peculiar encuentro entre C., M., L. y J. En ese encuentro surrealista pasó de todo en el café Capuccino que hay en la puerta de Alcalá. Teníamos a nuestro lado famosos de la tele, incluso al entrenador del Real Madrid. L., siempre provocador, hacía constantes bromas mientras intentábamos dar un poco de espectáculo con una pareja de enamorados que estaban siendo atentamente examinados por unos abuelos de la burguesía madrileña. Mientras se incorporaba a la cita la bella y profunda C., L. me recordó una cosa que me hizo pensar: “¿te acuerdas cuando a nuestro amigo M. se le quemó la plaza de toros? ¿cuántos amigos tenemos a los que les haya podido pasar algo así?”

Repasando el vértigo de estos dos días en Madrid puedo decir que amigos con plaza de toros tengo pocos, quizás solo uno o dos. Pero amigos, de esos de verdad que se lanzarían contigo a cualquier plaza para pasar no solo un buen rato sino para disfrutar del amor compartido y la compañía, creo que muchos. Y a todos ellos tengo tanto y tanto que agradecer. Tanto y tanto que compartir… Gracias a todos los que estáis ahí, atentos por si puedo parar aunque sea cinco minutos para daros un abrazo sentido.

Llegué a las tres de la madrugada a la pequeña caravana cargado de amor y recuerdos. He podido descansar algo, pero ahora solo quiero volver a todos esos abrazos y sentires.

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(Foto: L. B. esperándome en el Ateneo para cambiar el mundo y soñar con el mismo y pareja de enamorados siendo observados atentamente por una pareja de personas mayores).

 

Hacia la expansión del fuego cósmico


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Algunos sensitivos, poetas o místicos hablan de esa fuerza que nace del núcleo de la galaxia y que atrae a todos los cuerpos celestes hacia su centro. A menor escala, podemos observarlo en la esfera que llamamos Sol, viendo como los astros que lo circundan danzan sobre su eje de atracción.

Un gran fuego cósmico inunda todos los rincones de la galaxia, incluyendo nuestros tejidos, nuestros órganos, nuestras células, nuestros átomos, nuestro lenguaje. De alguna manera, el ser humano, como todos los seres vivos existentes, son receptores de esas energías, de ese fuego. Poseemos un calor interior que crece como testigo silencioso de esa realidad. Cada pensamiento, cada emoción, expresan parte de esa fuerza que somos. A veces tomamos conciencia de que algo ocurre cuando emitimos al universo una nota clave, un sonido, una mueca, un gesto. Algo cambia cuando decidimos tomar una u otras decisiones en nuestra vida cotidiana. La suma de muchas decisiones colectivas engrandecen la fuerza de esa idea simiente o ese gesto. Para demostrarlo, para ponerlo en marcha o para dotar de mayor fuerza a ese cambio silencioso, cada vez son más seres humanos los que optan por trabajar juntos con una clara intención de engrandecer sus notas, sus acordes, en un concierto de paz, armonía y evolución.

La totalidad mayor se manifiesta en nosotros desde el corazón del universo. Y nosotros asumimos nuestra parte y nuestro compromiso al aceptar ser partícipes conscientes de ese amoroso acto de vida. Lentamente, las influencias cósmicas nos penetran y muchas veces optamos por sentirlas, por entenderlas, por alinearnos con esa voluntad superior que nace del misterio y de lo incognoscible.

De ahí que de alguna forma nosotros seamos como subestaciones de energía humana, capaces de transmitir fuerzas integrando en nosotros cierta colaboración con esa potente energía. Hay un trabajo grupal organizado y dirigido a crear el bien en nuestro planeta, a engrandecer la cualidad de su energía, a comprender que la luz del conocimiento, que la belleza del amor y la fuerza de la buena voluntad pueden crear hermosas notas musicales que alegren la vida. Hay personas y grupos que de forma consciente, alineados a esa gran voluntad más allá de nuestras pequeñas voluntades se juntan para clamar un mundo mejor.

Muchas veces nos preguntamos qué podemos hacer para ser una nota clave, para transmitir ese oxígeno vital que nos envilece y nos lleva a cuotas más elevadas de humanidad. Primero buscar nuestro perfeccionamiento individual y luego compartirlo con nuestro grupo afín. No hay mayor regalo que despertar un día a esa realidad superior y abrazarla valientemente desde la más amplia y profunda de las consciencias. Laten los corazones unidos, vibran nuestras miradas juntas, se expande la fuerza de una consciencia emancipada, amplia y libre. El trabajo Uno, la mota de fuego cósmico que nos atraviesa nos llama al deber y el trabajo. Cumplamos alegremente nuestra parte. Seamos partícipes de la expansión universal. Seamos fuego cósmico. Sólo debemos encontrar nuestro grupo, sólo debemos encontrar la manera.

 

El alma que existe en la Naturaleza


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Ayer alguien nos preguntaba porqué preferimos vivir en las caravanas y no en algún otro lugar más cómodo, inclusive a sabiendas de que unos kilómetros más abajo, en el valle, tenemos un pequeño refugio donde estaríamos más cómodos. Es difícil comprender que donde realmente estamos bien es donde estamos, en nuestra pequeña caravana, junto a los pequeños animales del bosque, rodeados de árboles y montañas. Todas las noches y todas las mañanas miramos el termómetro para saber a qué temperatura nos enfrentamos. No queremos ser irresponsables con nuestras vidas y acabar como el bueno de Christopher McCandless, el cual murió de hambre e inanición en la tundra de Alaska.

Es cierto que como él, nos hemos dejado llevar por el romanticismo y el naturalismo de literaturas que nacieron de la mano y el corazón de personas como Jack London, León Tolstoi o Thoreau. Este último ha sido para nosotros un referente en muchas cosas, especialmente por su propia vida de austeridad y contacto directo con la naturaleza en su lago Walden, en aquellos bosques norteamericanos que tanto nos inspiran.

Pero somos prudentes, como decíamos, y tenemos abundante alimento y estufas que nos protegen del frío cuando hay heladas. Las caravanas resisten las inclemencias y nuestros cuerpos parecen que de alguna forma se han adaptado a los rigores de todo cuanto ocurre ahí fuera. Hemos conseguido construir un hermoso palacio dentro de nosotros, y ahí habitamos con amor y cariño, cuidando y protegiendo sus valiosos tesoros. Por eso, lo externo, es casi secundario y poco significa excepto para dotar de escenario a todo cuanto vivimos ahí dentro.

No es la Naturaleza, sino el alma que la mueve lo que nos conmueve todos los días. Nostalgias inmemoriales de nomadismo brotan debilitando la esclavitud del hábito; de su sueño invernal despierta otra vez, feroz, la tensión salvaje, nos decía Jack London. Esa tensión existe de alguna manera, es un leve despertar hacia un ser humano diferente que nos conduce a un estado de gracia, a unos impulsos irresistibles de albergar una esperanza nueva, una llamada diferente dentro de nosotros. Miramos absortos el fuego que brota de la chimenea, pero también observamos como el ardiente fuego interior aviva nuestra necesidad de acometer este propósito de vida.

Un carácter ancestral, un prolongado aullido que va más allá de nosotros mismos nos anima a seguir penetrando ese alma universal. Es el canto salvaje del mundo primitivo que abraza nuestro interior más próximo. Es el canto de la manada que intuimos verdadero en nuestros paseos entre los valles y los invernales momentos de ternura junto al fuego. Algo despierta dentro de nosotros, algo que existe en la naturaleza y que la corriente de vida que nos atraviesa hace que fluya libre por el verdor y la frescura de la inmensa noche.

Cuando todas las mañanas nace el nuevo día, miramos el termómetro, y nos parece que todo está bien. La manada humana sigue fluyendo hacia los contornos de todas las cimas y nuestro ánimo sigue vivo y libre.

 

¡Ojalá! (w[a] shā-llāh: ¡y quiera Alá!)


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Ojalá, ¡oh Al-Malik!, algún día las pequeñas mentes de los hombres dejen la mezquindad y el delirio, se alejen del orgullo y el miedo, se percaten de la Unidad esencial de todas las cosas y observen al otro como un hermano.

Ojalá, ¡oh Al-Quddūs!, algún día los pequeños corazones de los hombres se abran al candor del amor universal, observen con devoción la creación entera comprendiendo y atendiendo a la necesidad del otro.

Ojalá, ¡oh As-Salām!, algún día creamos fielmente en un solo Dios cuyo nombre podría ser realmente innombrado, alejado de todo dogma o descripción, alejado de toda interpretación imaginada por nuestras pequeñas y ridículas mentes.

Ojalá, ¡oh Al-Muʾmin!, las religiones algún día fueran una esencia de multiplicidad silenciosa, donde cada uno, privadamente, contemplara la naturaleza desde el mayor de los respetos, y nunca se utilizara su nombre para mancillar con sangre ninguna tierra.

Ojalá, ¡oh Al-Muhaymin!, algún día los hombres y mujeres de buena voluntad pudieran comunicarse con el sencillo esbozo de una sonrisa, sin encontrar diferencia alguna entre uno u otro gesto de amor.

Ojalá, ¡oh Al-ʿAzīz!, comprendiéramos que el otro no es diferente. Que tiene dos ojos que son vértices de una amplia ventana invisible, que disponen de dos orejas y una lengua para comprender que es doblemente más importante escuchar que hablar, observar que juzgar.

Ojalá, ¡oh Al-Khāliq!, un día pudiéramos entendernos sin armas, sin violencia, sin sangre, que muriéramos plácidamente rodeados de seres queridos que nos amaron hasta el final y supieron, en nuestra infancia, acunar con amor y respeto todos nuestros días y noches.

Ojalá, ¡oh Al-Fattāḥ!, el odio y el desprecio al otro fuera extinguido por la poderosa llama de la lucidez, y ojalá el reino de los cielos, esa utopía soñada durante miles y miles de años por todos los seres humanos viniera a la Tierra, enseñándonos las bondades del amor, la sabiduría y la voluntad al bien.

Ojalá, ¡oh Dios, oh Al-lāh, oh Rabb!, algún día practiquemos tus caminos…

Querido Ar-Raḥmān, tu que eres compasivo y misericordioso, perdona nuestras ofensas, realmente no sabemos lo que hacemos… ¡oh Al-ʿAlīm!

Vuestras gotas han creado un mar


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Estos días han sido emocionantes. Más de veinte personas han podido compartir entre frío atmosférico y calor humano unas fiestas de Navidad inolvidables. Todos coincidíamos en una cosa: ojalá esto pudiera vivirlo mucha gente. Nuestro primer mensaje común en las primeras Navidades en O Couso ha sido precisamente ese: que todos puedan disfrutar de una vida plena en comunión y fraternidad.

Hoy nos llegaba la grata noticia de que gracias a casi sesenta cofinanciadores hemos alcanzado diez días antes de finalizar el mínimo necesario para seguir adelante con la campaña de cofinanciación del proyecto. La emoción nos ha embargado porque la confianza anónima de tantos y tantos amigos está haciendo posible que sean cada vez más los que pueden vivir unos días o semanas en un ambiente cuya pedagogía explora la posibilidad de un mundo nuevo real, palpable, amistoso, fraterno, humano y vivo.

Estamos felices viviendo en las caravanas a pesar del frío y las incomodidades propias de la vida en el bosque. Ahora somos siete personas las que están compartiendo el trabajo de rehabilitar la casa de piedra para que este verano pueda acoger a mucha gente bajo nuestra máxima innegociable: “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Cada día viene más gente a echar una mano y cada día son más los que nos escriben con entusiasmo desde diferentes puntos del planeta para ver si pueden acercarse hasta aquí para echar una mano o para saber si existe alguna sucursal de este proyecto en sus países. Estas peticiones nos llenan de franca emoción, y nos damos cuenta de que la filosofía y los principios de solidaridad, de apoyo mutuo, de fraternidad y libertad están llegando a todos los rincones. Es cierto que puede hacerse de un mundo bueno, un mundo mejor, solo tenemos que ser un núcleo convencido de conducta recta y eficaz.

Nuestro deseo es terminar cuanto antes la casa de acogida para trabajar sin descanso en el ambicioso proyecto de la Escuela de Dones y Talentos. Los visitantes nos llenan de vida y se marchan transformados. Su testimonio es suficiente para dotarnos de ánimos y seguir trabajando duro día a día. Pero ahora estamos en una fase donde necesitamos muchas manos y recursos para poder dar cabida a todas las peticiones, a todas las llamadas, y dar un buen cobijo a todo aquel que lo necesite.

Se come muy bien en O Couso. Hoy Sandra nos ha deleitado con una exquisita sopa acompañada de una inolvidable ensaladilla rusa de vegetales. Siempre hay comida abundante y exquisita para todos los peregrinos que nos visitan. Ahora queremos ofrecer también unas condiciones mínimas para que esa visita sea agradable en los planos materiales, donde puedan asearse y disponer de un poco de agua corriente y luz, de un tejado en condiciones, en definitiva, de un hogar completo que facilite aún más las experiencias interiores.

Gracias por vuestra ayuda incondicional y gracias a todas esas gotitas que poco a poco están creando este hermoso mar de compartir y cariño. Ahora el reto es seguir con la campaña de cofinanciación para llegar a la meta óptima. Nos encantaría que formaras parte de este ancho océano… ¿Nos ayudas?

 

Deja tu gota en Goteo, muchos te lo agradecerán. Y si no puedes dejar tu gota, vente con nosotros y coge lo que necesites… ¡¡¡Te esperamos!!!

https://goteo.org/project/o-couso

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Tú eres un núcleo


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Lo decía Lao-Tsé a cuento de la necesidad de ser una influencia positiva para el mundo. Primero ordena tu vida y luego lánzate a la conquista del mismo. Para ello nada como asentarse en el principio único, en la dicha de abrazar la unidad de todas las cosas. Eso de por sí ya produce una conducta íntegra y eficaz, una forma de ganar respeto e influencia poderosa. Realmente toda nuestra conducta influye de alguna manera a nuestro entorno gracias al principio de resonancia. Como una onda que se expande por las delicadas aguas de un lago, así debe ser nuestra conducta, nuestra propia disciplina con todo aquello que hagamos, sintamos, pensemos. ¿Cómo sabemos que esto funciona? Laotzi lo define de forma muy clara: Todo crecimiento avanza hacia fuera desde un núcleo potente y fértil. Tú eres un núcleo.

Esa era la sensación que teníamos estos días de acogida. Todos observaban nuestro estilo de vida en las caravanas, nuestras palabras, nuestros pequeños gestos. Alguien leía nuestros libros y a los pocos días estaba tratando de mejorar su forma de vida. Alguien miraba los cero grados que soportamos en nuestras caravanas y pensaba que de alguna forma se puede hacer mucho con poco.

De alguna forma podemos influir en mejorar el mundo y acercar esa mejora al cosmos infinito. Podemos ser partícipes de un cambio, por minúsculo que sea, que permita que otros actúen de forma ordenada, limpia, íntegra y eficaz. Cuando nos levantamos y lo primero que hacemos es meditar juntos en la pequeña ermita estamos generando un cambio profundo. No importa el frío ni cuantos seamos. Hay días que somos pocos y otros da gusto ver los corazones latir. Lo importante es que esa llama siga brillando, que ese mensaje de esperanza antes de empezar el día nos guíe durante toda la jornada.

También descubrimos que meditar en silencio antes de hacer cualquier otra actividad nos llena de una paz distinta, de unas ganas de compartir diferente. Luego nos vamos a la cocina improvisada y nos dejamos llevar por la carga histórica de las frías piedras, de ese tejado de pizarra y vigas de castaño que nos protege y que desea albergar muchas almas.

Los magos de Oriente nos han traído algunas sorpresas. De repente hemos visto como la pequeña e incipiente comunidad ha crecido en número. Si antes éramos tres vamos a empezar el año siendo siete miembros. Nos gusta ese número que tanto expresa dentro de las enseñanzas de la geometría sagrada. Hacen falta tres puntos de luz para empezar cualquier proyecto. Así lo hicimos. Cuatro para materializarlo. Cinco para dotarlo de energía, seis para dotarlo de movimiento y siete para que todo el ciclo sea justo y perfecto. De alguna forma mágica todo se va ordenando y nos estamos convirtiendo en núcleo, en algo potente y fértil que está naciendo en este maravilloso encuentro con lo comunitario, con la conducta íntegra y eficaz de la que habla Laotzi. De alguna forma, tenemos la necesidad de ser una influencia positiva para el mundo. Esa es nuestra causa, ese es nuestro propósito más íntimo.

Estamos convencidos de que los magos de oriente os han traído mucha riqueza interior. Ahora nos tocará distribuirla positivamente.

Feliz año nuevo


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Llegamos todos a tiempo a pesar de que aquí llegar a tiempo lo entendemos desde otra perspectiva. Nos pasamos toda la mañana preparando el lugar, la comida, respetando y promoviendo la armonía, lo bello para crear un ambiente fraterno y humano. Vinieron desde todas partes más de veinte personas. Cada uno testigo de esa transformación que aquí sufrimos y experimentamos, cada uno con un deseo enorme de seguir compartiendo con el otro fórmulas para mejorar, para tratar de sentir y bucear en la vida de forma profunda y compartida.

Pudimos de forma milagrosa adecuar la antigua cocina como comedor improvisado. De alguna forma nos sentimos respetuosos y honramos ese lugar que desde el siglo XVI ha albergado tantos y tantos momentos. Algunos colgaban por las paredes adornos, otros embellecían el entorno mientras que se colocaban mesas y sillas para todos. La cena era humilde pero gozosa, brindamos con zumo de naranja y comimos espárragos, arroces y todo tipo de condimentos nacidos de la tierra y alejados del sufrimiento y el dolor.

Tuvimos la suerte, la gran suerte de que el tiempo acompañó de forma misteriosa durante el día. No hizo frío, el sol radiante iluminaba cada rincón hasta el punto de que hemos podido comer fuera, junto al bosquecillo de abedules, castaños y robles. La noche es diferente y a pesar de que el frío sí nos acompañó en la última cena, cantamos y reímos y celebramos juntos el cambio de año.

Acomodamos de la mejor forma posible el limitado espacio de la ermita. La llenamos de cuencos de cuarzo y grandes instrumentos que casi no cabían en la sala. Tras hacer el último círculo de consciencia donde cada uno pudimos expresar nuestro sentir y de paso perdonar las torpezas del pasado, acomodamos nuestros cuerpos para disfrutar de un maravilloso concierto de cuencos que dos amigos habían preparado desde Santander.

De alguna forma, entramos en el nuevo año desde un plano dimensional diferente. El sonido creaba hermosas formas en nuestras mentes y corazones. Con el silencio de la noche cada nota que salía del cuarzo de aquellos instrumentos parecía querer transportarnos hacia otros universos. Entramos en un plano creativo, armónico, despejado. Irrumpimos en el nuevo año con la intención de seguir progresando interiormente mientras tratamos de practicar nuestro propio y amplio camino.

La valentía de los que nos habéis visitado estos días ha tenido su propia recompensa. En nosotros queda el recuerdo de la primera Navidad y Fin de año juntos en O Couso. Nos sentimos privilegiados por haber sido capaces de ser testigos presenciales de un momento histórico y único de esta incipiente y pequeña comunidad de almas libres. Gracias de corazón a todos los que pudisteis estar entre nosotros estos días y gracias a todos los que de alguna manera también habéis estado cerca. Gracias, gracias, gracias.

Ahora toca preparar la aventura de este nuevo e intenso año. Ahora toca profundizar en la acogida libre y voluntaria, sin requerimientos, sin expectativas, sin moneda que limite el ingreso en esa experiencia. Damos lo que podemos, cogemos lo que necesitamos. Así es y así debe seguir durante mucho tiempo.

Feliz año nuevo, a todos, desde el corazón.

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No abandones el Camino


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Estos días me he encontrado con algunas personas que coincidían en cierto desencanto hacia su propio camino, hacia sus propias creencias o formas de articular su vida hasta este momento. Esa desilusión a veces, con el paso del tiempo, se convierte en desengaño o profunda decepción si no es reflexionada con cierta quietud. Los caminos interiores tienen y sufren su propia experiencia gris, su propia larga noche oscura del alma. Es normal que a veces nos sintamos abatidos, deprimidos, apagados. Los ciclos naturales de la propia naturaleza nos dan pistas sobre nosotros mismos, sobre nuestros estados de ánimo. Sólo debemos comprender que la vida se compone de estaciones que cambian. No siempre podemos estar en un estado primaveral o veraniego. Debemos afrontar con diligencia los otoños y los oscuros y fríos inviernos de nuestras vidas. Esto incluye también nuestra disposición psicológica a afrontar debilidades, enfermedades, decaimientos del ánimo y de la esperanza futura. Debemos ser fuertes en todo momento, porque basta un pequeño descuido puede servir para perderlo todo.

A veces nos asaltan las dudas sobre todo cuanto habíamos creído o hecho hasta ese momento. Debemos estar vigilantes para saber si eso que nos causa fatiga y desazón es algo provisional o es un verdadero sentimiento de que algo no va bien. Hay muchas formas para identificar si lo que estamos sufriendo es algo temporal o proviene de una reconversión total de nuestra existencia. Debemos estar atentos para saber si lo que nos pasa es algo que nace para cambiar radicalmente nuestra existencia o simplemente es una pequeña depresión o cansancio por todo el trabajo acumulado.

Cuando conectamos con nuestro verdadero camino, con nuestro esencial propósito, la duda se disipa y renacemos a otra intención, a otra modalidad a la hora de ver y entender las cosas de la vida. Hay una sensación de libertad interior tras haber pasado por mil pruebas y mil tentaciones que ahondaban en la posibilidad de abandono. Pero llega un momento de no retorno, de plena convicción y fe ante el panorama que se presenta en nosotros. Y esa convicción debe ser refrendada constantemente para no perder el rumbo ni el norte de toda esa magnificencia interior. La entrega total a ese propósito debe causarnos una sensación de profunda felicidad. Esa es la señal inequívoca. Si hay tristeza o pesar hay algo que verdaderamente no estamos haciendo bien. A veces resulta recomendable, ante esa situación de pesadez, recalcular la ruta, revisar el mapa y comprobar el que no nos hayamos despistado en el camino. Pero nunca debemos abandonar. Siempre debemos continuar por la senda marcada de nuestras vidas. De no hacerlo, de renunciar definitivamente, puede causar daños irreparables.

No abandonemos nuestras metas, nuestros propósitos, nuestra misión. Sigamos adelante, con valentía. No tengamos miedo a las depresiones, las bajadas y subidas de todo camino, los errores o desilusiones de cada momento. Es normal que la vida nos llene de ese tipo de pruebas. Es normal que la libertad de estar haciendo aquello que sentimos tenga un elevado precio. Las luminarias nos vigilan y esperan lo mejor de nosotros. Los astros ascendidos desean ayudarnos en nuestra labor.

Primeros meses de vida en comunidad


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El bosque siempre resulta ser un entorno de revelaciones. Vivir aquí te crea una psicología diferente, te vuelves fuerte ante los elementos y sublime ante la adversidad. Creas una sensibilidad especial hacia todas las cosas, no importa su tamaño o digna forma de vida. La austeridad tiene su propia estética, su belleza profunda, su armonía perfecta. Aquí se necesita poco, y de lo poco que se necesita se necesita aún mucho menos. En invierno podría parecer que existe una hostilidad especial, pero en cuanto le pones remedio psicológico a todo problema se resuelve dignamente cualquier adversidad. El frío, las heladas, el viento, la lluvia, la niebla, la humedad. Todo parece prepararnos para una vida audaz, singular, excitante. Nuestras mentes y nuestros corazones quedan presos de la luz y el espacio, de la perfección que nace de cada rincón de la arboleda que nos rodea. Nos sentimos salvajes y silvestres, pero también mucho más humanos y dignos.

Existe cierta originalidad en este tipo de vida. Nunca hubiéramos pensado que personas nacidas y bien criadas en la comodidad y las facilidades de la gran ciudad iban a poder adaptarse tan rápidamente a este entorno. Quizás sea por el hipnotismo que produce la contemplación de los cielos amplios y estrellados, o por la majestuosa y a veces terrible noche que nos sorprende con sus ruidos extraños y misteriosos. Hay algo maravilloso en todo este abanico de sensaciones continuas, algo que nos sumerge en una realidad diferente, en una profunda comunión con las almas invisibles de los árboles, los animalillos, las piedras, los entes de la naturaleza.

Aquí la línea del horizonte nos sumerge en esa sensación de que todo es posible. La bóveda celeste en los días claros nos recuerda la inmensa libertad de poder vivir bajo el ciclo de los astros, bajo la luz o la oscuridad natural, sin artificios, sin relojes que marquen la hora o autoridad alguna excepto la del sol y las estaciones. Aquí todo es infinitamente más vasto y más profundo. Aquí la vida se experimenta en una dimensión donde cada gramo de partícula tiene un significado y un arquetipo envolvente, donde cada hebra de tiempo se respira con intensa admiración y respeto.

Nuestros primeros seis meses de vida en comunidad no podían haber sido más perfectos, más sublimes. Llenos de una gracia extraña, de un reguero de agradecimiento, nos sentimos peregrinos en la inmensidad, pero también afortunados por vivir esta experiencia única y contagiosa. Tras vivir con magnificencia esta vida de compartir, de responsabilidad con la naturaleza, de apoyo mutuo, de acogida incondicional, de amor hacia todas las cosas, hacia todos los detalles que hacen que el mundo sea como es, no podemos más que renovar el compromiso de continuar compartiendo esta realidad con el mundo, esta otra forma de existir en esta partícula de vida.

Seis meses para entender que no queremos escapar de la realidad, sino descubrirla desde una dimensión más amplia y elevada, seis meses para entender que somos peregrinos y exiliados de un mundo que desconocíamos y sólo ahora podemos entender mínimamente. Aquí somos tímidos líderes de cada segundo de existencia, buscadores de los valores terapéuticos y espirituales de la vida sencilla, descubridores y exploradores de esa dimensión humana capaz de albergar corazones abiertos y entregados.

Gracias a todos los que habéis hecho posible estos seis meses de vida en comunidad en los bosques de O Couso, entre las bellas montañas de Édramo y Courel, junto al valle de Mao. Gracias de todo corazón a todos los peregrinos que se acercan para crear y compartir ese digno y renovado sentido de comunidad. Estamos a vuestro servicio, estamos entregados a las maravillas y milagros del bosque y las montañas.

Felices fiestas. Feliz año nuevo.

Seis meses de vida en los bosques


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Realmente el tiempo pasa rápido. Pensar que llevamos seis meses viviendo en una caravana es pensar que todo ha sido parecido a un sueño. Llevamos todo el verano, el otoño y ahora el duro invierno descubriendo y practicando la vida sencilla, espontanea, natural. Todos los días nos preguntamos porqué en la otra vida necesitábamos tantas y tantas cosas, tantos y tantos recursos, tanto y tanto lío para luego poder disfrutar quince o treinta días al año de la naturaleza o de los viajes. Aquí vivimos y tenemos nuestro ser en la misma naturaleza, y además, con la ventaja de estar en una especie de viaje contante por cientos de experiencias y situaciones. No buscamos peligros ni riesgos innecesarios, pero es cierto que la vida en esta montaña es una constante aventura.

Antes siempre sentíamos la necesidad de recomendar a todo el mundo que viajase a lugares especialmente pobres. Una vuelta por Etiopía en plena sequía puede ser bálsamo suficiente para revolucionar nuestra vida interior. Ahora pensamos que unos meses en una caravana perdida en los bosques también puede ser una experiencia recomendable, porque de alguna forma radical, este tipo de vida nos ofrece una visión diferente de la existencia.

El reto para muchos podría ser el cómo poder subsistir en un lugar así durante algún tiempo. Nosotros realmente lo hemos tenido fácil gracias a nuestros oficios que no requieren de grandes cosas. Pero puedo imaginar que cualquiera con un poco de ganas podría reinventarse y sobrevivir sin mayor dificultad. El bosque y las montañas guardan muchos secretos y tesoros que pueden ser aprovechados por el ser humano. Incluso en invierno, donde todo parece aletargado, se puede sacar un buen provecho de la vida.

Una de las reflexiones más profundas es sobre la alimentación. Realmente guardamos unos hábitos alimenticios exagerados. Comemos en exceso en nuestra civilización avanzada y luego eso repercute en enfermedades de todo tipo. Aquí en los bosques, a pesar de la intensa actividad del trabajo y la dureza de alguno de ellos, el hambre mengua, y la necesidad de comer se reduce a la mitad. Ocurre lo mismo con el vestido. Aquí no es necesario cambiar de modelito cada día para ir a la oficina y no parecer siempre el mismo. Los animales del bosque no se fijan en tus ropas, excepto si no reservas una oportuna higiene.

También uno se malacostumbra a la sencillez. La humildad de esta caravana es exagerada, pero no pensamos en algo mucho mayor para vivir con cierto desahogo. Tras las ventanas de la misma tenemos el bosque y las montañas, los pájaros y los cielos, y eso, es como tener una sensación de amplitud constante, como si nuestros corazones y nuestra visión se ampliaran ante tanta belleza continua. Una pequeña mesa donde escribir o leer y comer algo, una cama donde descansar y un pequeño armario para guardar cuatro prendas son suficientes para disponer de lo esencial. Si algún día renunciamos a esta sencillez será por disponer quizás de alguna ducha de agua caliente y un lavabo, pero no mucho más. Realmente el bosque retroalimenta nuestras necesidades más básicas y no echamos nada en falta.

La casa grande de piedra ha sufrido algunas mejoras, pero la habitamos poco. Quizás cuando vienen amigos o personas a pasar unos días con nosotros y hacemos allí las comidas y encuentros invernales. Al fin y al cabo sigue siendo una ruina con algún toque de humanidad, pero sigue sin ser habitable, excepto para coger agua de su pozo todas las mañanas y guardar allí las gallinas y sus huevos. Y el día que lo sea, será destinada al visitante y a la acogida. Nos seduce la idea de seguir en la caravana durante mucho más tiempo. Aquí todo es tan sencillo, tan cercano, tan próximo. Aquí se necesita tan poco para vivir…

En resumen, podríamos decir que estos seis meses han sido toda una experiencia. Ahora nos tocará renovar por dos años nuestro compromiso con la comunidad de O Couso. Si este compromiso es aceptado, nuestra responsabilidad será mayor y nuestro agradecimiento por esta oportunidad de vida única será una gran fortuna. Esperamos que los Ancianos y los Guardianes del lugar se sientan satisfechos por nuestro trabajo. Seguiremos siendo siervos respetuosos y protectores de este hermoso propósito si ese es su deseo.

 

Los chelas de la vida


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Existe una extraña inteligencia en todo lo que nos envuelve. No podemos percibirla porque nuestra inteligencia está reñida con la sabiduría natural de todas las cosas. Tal es nuestra distracción sobre el plano material y los deseos que nacen del mismo que apenas mostramos un mínimo interés por algo de mayor naturaleza.

Pero aflora en la mente del observador una técnica, una metodología y un sistema capaz de crear vida, ordenarla y dotarla de movimiento y acción definida. En cualquier paseo por el bosque podemos observar todo esto. Sólo tenemos que inclinar la mirada hacia las minúsculas orbes de criaturas que se mueven de un lado para otro, ya sea en un día de sol o de lluvia, de nieblas o de hielo. Por todas partes la vida fluye en un cierto orden y decoro. La belleza y la intensidad de los colores, de las formas múltiples que se ordenan para magnificar un lenguaje desconocido para nosotros muestra como la creación entera fluye sobre arquetipos superiores. El simple vuelo de un abejorro es una proeza de ingeniería.

Podría parecer necio el pensar que todo esto fuera fruto de un simple azar. Aún más peregrino podría ser el ponderar que además, ese azar tan sólo ha derivado en nuestro planeta, en un tiempo casual en toda la existencia, donde, además, nosotros que ahora filosofamos sobre estos asuntos podríamos sentirnos infinitamente agradecidos y privilegiados por ser testigos de tanta fortuna.

Pero volvamos al bosque y meditemos. Ahí hay materia, energía, vida, deseo, inteligencia manifestada en múltiples frecuencias. De todos esos planos de existencia que acontece en una misma escena, la más intrigante de todas es la referente al plano mental. Un pensamiento, sea el que sea, viene precedido de una forma, un sonido y un color. Establece una vibración que va a parar a alguna parte, que existe en alguna parte, que tiene vida en alguna parte. Lo podemos ver en las complejas escenas que dibujamos en el mundo de los sueños. Allí podemos crear excelentes palacios góticos o dibujar aventuras inquietantes por cualquier parte del mundo. Dependiendo de donde esté enfocada nuestra consciencia durante el día (siendo la consciencia otro punto determinante en el plano mental) nuestros sueños estarán teñidos de un color u otro, estarán marcados por una experiencia u otra. Si basamos nuestra vida en producir lo necesario para la subsistencia, nuestros sueños estarán enfocados a eso mismo. Si por el contrario somos capaces de abstraernos de esas necesidades básicas y sucumbimos al deseo de explorar las sutilezas del mundo mental, un nuevo cosmos más amplio y abarcante se abre ante nosotros.

¿Hay algo superior a nuestros propios pensamientos, al conjunto de nuestra propia vida, con nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestras rutinas diarias y nuestras circunstancias? Todas las filosofías del mundo, en todas las culturas humanas hablan de una vida superior, de un reino desconocido que existe para aquellos capaces de traspasar los anhelos de la vida mundana. La fama, la riqueza, el bienestar material, son tan sólo meros condicionantes, pero no garantía alguna para estar más cerca o más lejos de ese reino invisible.

En el idioma sánscrito existen cuatro requisitos para poder entablar un diálogo directo con esa nueva realidad que se abre ante el ser inquieto, ante el buscador capacitado para poner en práctica lo que haga falta y así poder asaltar ese reino. El primero es conocido como viveka, que consiste en la discriminación entre lo real y lo irreal, una especie de apertura mental que nos permite desechar todo aquello que no está en consonancia con nuestro propio camino. El segundo requisito es llamado vairagya, que trata de mostrar indiferencia hacia lo irreal, lo transitorio, practicando el desapego hacia todo, especialmente hacia los frutos de nuestras propias acciones. El tercero es shatsampati, que pretende comprender los seis atributos de la mente: 1) Shama o dominio sobre la mente, 2) Dama o dominio sobre la acción, 3) Uparati o ser tolerantes, 4) Titiksha o ser resistentes y pacientes, 5) Shraddha, tener fe y 6) Samadhana, ser equilibrados. Y el cuarto y último requisito sería Mumuksha, es decir, poseer deseo de liberación y estar preparados para “entrar en la corriente” que nos aleja de los deseos de la vida ordinaria y material excepto para entrar en ese plano de servicio a ese mundo invisible y superior que aún ignoramos.

No estamos seguros de que cuando se conocen o intuyen estas cosas podamos estar tranquilos paseando por el bosque sin sentir la extrema curiosidad de seguir indagando en esos reinos. Llega un momento que el mero aleteo de una mosca nos puede catapultar a esos arquetipos que están más allá de nuestro entendimiento, y de alguna forma, sentir el deseo irrenunciable de buscar y comprender sus claves. Uno, de alguna forma, se convierte en chela, en discípulo de esa nueva vida, y desea servirla para mayor gloria de esta milagrosa existencia. Desea seguir penetrando en los misterios para proseguir en una vida mayor.

 

 

 

 

Feliz Navidad y profundo silencio nuevo


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El ser humano inventó el ruido para distraer su espíritu. Es por ello que en fiestas especialmente profundas exista mucho más ruido. Hoy, por ejemplo, se debería estar celebrando en silencio, en profundo silencio, uno de los acontecimientos más importantes del año: el nacimiento de la luz en la cueva interior.

El silencio y la meditación son métodos espirituales para desenmascarar esos ruidos, esas falsas ilusiones que inventamos para estar lejos de nosotros mismos, lejos de nuestro propósito interior. Buena parte de nuestro tiempo, de nuestra vida, la derrochamos en todo tipo de falsedad. Seguramente muchos de nosotros estaremos pasando una noche en familia, distraídos viendo la televisión o celebrando algo del que hemos perdido la memoria de su significado. En vez de una noche de paz y amor, será una noche de ruido acompañada de una mesa cargada de manjares olvidando, en tan significado momento, a todos los que están padeciendo. Forma parte del ritual hipócrita de nuestra sociedad. Forma parte de nuestra propia cobardía y miedo a romper con ese ruido.

Vivimos en un mundo de brindis y humo, mucho humo. Es un campo de batalla yermo, donde no hay guerreros ni fortaleza, tan sólo el hollín derramado de nuestra cobardía. Estamos tan sujetos a nuestra obra que sería casi imposible derrotarla, vencerla, apartarla de nuestro camino. Es nuestro campo de seguridad, y el ruido ayuda a no pensar, a no meditar sobre el verdadero y genuino camino.

Por eso en estas fechas es importante apartarnos del ruido y acercarnos en alguna cueva oscura al susurro de nuestra alma, de nuestra búsqueda interior. Dejar que la luz nazca en nosotros, dejar que la fortaleza del silencio derrame en nuestras oquedades la suficiente sutileza para que movilice nuestras experiencias más emotivas. Necesitamos sentir y experimentar la cercanía con nuestro verdadero ser para emprender una nueva senda, una nueva vida, un nuevo formato auténtico, alejado de lo ilusorio y de la ficción que nos hemos montado. Seguramente muchos ya estamos empachados y pensamos en qué hacer, cómo hacer para acallar tanto ruido, para derrotar lo ilusorio.

La Navidad, el rito que representa, sólo quiere indicarnos vagamente la necesidad de que esa luz nazca, de que brille en nuestro interior esa estrella de cinco puntas que nos hará cada día más libres, más humanos, más fraternales y compasivos. Ese nacimiento requiere de sencillez, de memoria sobre los ancestros que sacrificaron su vida para mejorar las nuestras, requiere reconocimiento y una humilde inclinación hacia la vida que brota.

La tarea del silencio, del meditador, es la de limpieza exterior e interior. Una bondadosa muestra de que todas aquellas aristas que nublan nuestra visión requieren ser pulidas. Voluntad e inteligencia, como aquel martillo que golpea al cincel. El primero cargado de fuerza, el segundo dotado de lucidez para crear belleza, amor, armonía y dirigir esa fuerza a nobles causas. Y todo, en su conjunto, para crear una acogida necesaria. Una amable y calurosa hospitalidad hacia nosotros mismos y hacia el otro, parte fundamental de nuestro camino. Una acogida a la luz solar que debe nacer en nuestro interior, como ese mensaje oculto que hay tras la Navidad. Un mensaje de acogida de la luz de los dioses, de la sabia voluntad de la consciencia superior hacia el mundo oscuro, casi diría que cavernícola del mundo de los humanos. Ese sagrado mensaje, perdido debido al exceso de ruidos e ilusiones, está necesitado de regeneración. Así que, feliz Navidad, y profundo silencio nuevo.

(Foto: Nuestra tradicional cena de Nochebuena, un plátano y un trozo de ley sagrada para acompañar la oración en silencio. Este año especialmente genuina al celebrarlo rodeados de montañas y bosques en un paraje alejado del mundo mentiroso).

El Camino del Loco


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Rosa Sinespina es responsable de un importante proyecto internacional de fusión nuclear con sedes en Ginebra y Tokio. Su faceta directiva y científica la combina con sus idas y venidas a esas dos ciudades, donde reside habitualmente, y con algo que para su grupo de científicos resultaría al menos extraño: su afición a la alquimia y los misterios arcanos. Tanto es así que debido a la reputación de su trabajo y su cargo tiene que firmar siempre con pseudónimo.

Cuando contactó con nosotros no sabíamos de quien se trataba. Recibimos en la editorial un interesante libro llamado Arcano que pudimos editar en nuestro sello Nous. La edición de aquel libro trajo consigo una respuesta inmediata en caminos que más tarde se iban a cruzar. Rosa Sinespina, meses más tarde, desveló su identidad y tuvimos la oportunidad de quedar con él en alguna parte de Madrid, sucedido de varios encuentros más en Salamanca y algunas invitaciones a Japón e Italia que nunca llegaron a materializarse, pero que sirvieron de estímulo para seguir trabajando juntos.

Sea como sea, desde el principio nos emocionó la idea que ya habíamos labrado en nuestro interior de recuperar aquellos escritos arcanos que merecen volver a resucitar para que sirvamos de testigo a las nuevas generaciones de buscadores. De hecho ese fue el principio creador de la editorial Nous, ser una especie de pequeño monasterio de escribas donde nos dedicáramos, al igual que hicieran los antiguos monjes, a recuperar y copiar los textos antiguos de sabiduría. Los escribas y amanuenses de los tiempos modernos son necesarios y requieren seguir siendo los custodios y maestros de la Ley, cueste lo que cueste.

La tarea es ingente, tanto es así que cuando pensamos qué libro iba a ser uno de los primeros en ser recuperado pensamos en el de Mark Hedsel, sugerido expresamente por Rosa Sinespina por ser una buena introducción a los antiguos misterios. Nunca pensamos que la edición del libro nos iba a costar casi dos años. No sólo por el coste de comprar los derechos, de pagar la transcripción del mismo y la compleja edición debido a las múltiples correcciones e imágenes que acompaña a sus casi seiscientas páginas. Además, añadir que el nuevo monacato requiere de lugares especiales, lejos de estímulos innecesarios para poder trabajar de forma adecuada en la consecución de esta magna misión. Así, este libro, para nosotros, inaugura un nuevo tiempo, una nueva tarea de recuperación del conocimiento antiguo, a la espera de que nuestro testigo sea útil a todos aquellos buscadores y a todos aquellos que han penetrado en los misterios y hayan dado los primeros pasos en la práctica del Camino.

Os animo por lo tanto a que tengáis en vuestras bibliotecas este testigo y sigamos juntos con la labor de la transmisión del Misterio. Un trabajo arduo pero necesario en los tiempos que corren.

Gracias expresas a Rosa Sinespina, a David Ovason y Mark Hedsel por ser eslabones de esta cadera aurea. Gracias a todos los que lo hacen posible.

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Más información:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/el-camino-del-loco?sello=nous

Gracias Pilar


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Recuerdo que en plena adolescencia alguien me habló de unas misteriosas revistas que sólo podían encontrarse en algunos lugares. Como mi curiosidad siempre gozó de excelente salud, no tardé en hacerme con esas extrañas páginas cargadas de artículos que abrieron mi imaginación a otros mundos y dimensiones. Solían encontrarse allí referencias de diferente índole y en aquella época donde no había internet ni existía más medio de comunicación de masas que los anuncios y los envíos postales, pedía de todo vía epistolar. Era tanto lo que recibía en aquel tiempo que tuve que abrir mi primer apartado de correos cuando ni siquiera había hecho la mayoría de edad. Todos los días, antes de ir al instituto, iba feliz para encontrarme con cientos de cartas y sobres cargados de casi todo. Algunos venían de lejos, de Oceanside o Ginebra o Londres, de New York o Dornach. De escuelas que impartían todo tipo de cursos o personas interesantes que enviaban todo tipo de libros y curiosidades fotocopiadas. Era una época francamente excitante.

Había pocas librerías en España especializadas en temáticas de ese tipo. Una de ellas estaba en la calle Panaderos de Málaga y se llamaba Alef. Estuvo treinta años abierta hasta que un trece de enero de 2012 tuvo que cerrar por la crisis. Al frente de la librería estaba Pilar. Gracias a ella y sus hijas, recibía en aquellos años puntualmente su amplio catálogo, el cual revisaba con gozo y emoción intentando seleccionar y comprar todos aquellos libros que mi pobre semanada de estudiante me permitiese. Devoraba libros que recibía desde Málaga sin saber quien estaba detrás de esa gran puerta que enriquecía todos los meses mi propio camino cuando tan solo contaba con quince o dieciséis años. Los libros eran mi mundo y mi reino se dibujaba desde la atalaya de cualquier página.

La semana pasada viajé a Málaga, a la sede de la Editorial Sirio. Antonio, amigo y editor, me recibió alegre mientras celebrábamos con una riquísima leche de almendras con galletas el nacimiento de mi octavo libro: Practica los Caminos. Para mí era muy especial la edición de ese libro y otro día contaré porqué, así que el estar allí, celebrando aquel encuentro y acontecimiento guardaba algunos pequeños secretos aún por desvelar.

Tras pasar toda la mañana rodeados de libros y compartiendo decenas de historias, Antonio me invitó a comer a su casa junto a su mujer y la madre de la misma, Pilar, una hermosa anciana de noventa y tres años, mirada penetrante y un limpio y elevado aura que me llegó a conmover. Estuvimos hablando un rato de su vida, haciéndonos guiños constantes sobre las escuelas donde habíamos estudiado juntos sin saberlo en esos caminos que uno nunca sabe de donde vienen ni hacia donde nos dirigen. Me enseñó coqueta el libro que estaba leyendo en esos momentos. No podía creer que era el mío propio, allí, reposado en la mesita sobre las enagüillas y rodeado de cientos de libros a cual más interesante. De repente me sentí no tan sólo privilegiado, sino absorto ante esa imagen. Pilar, mi primera lectora.

Cosas de la vida, Pilar, la misma que durante treinta años regentó la librería Alef de Málaga. La misma que tantos y tantos caminos pudo abrir en mi joven corazón ardiente y en mi espíritu aventurero. La misma cuyo ciclo vital marcó la vida, quizás sin ella saberlo, de tantos y tantos buscadores que andaban al borde del Camino, esperando el momento de poder practicar sus sendas. Sirvan estas letras como homenaje a un alma buena, a un alma pura, a un ser que nació para compartir esos rayos de luz que nacen de los libros, puertas majestuosas hacia el otro lado. Pilar, sí, la misma que enviaba su catálogo había podido ver a un humilde discípulo entregando al mundo un trozo de impermanencia. Gracias de corazón querida. Gracias por todo lo que nos has dado.

(Foto: Pilar, mi primera lectora, orgullo de hijo espiritual. La otra celebrando en la editorial Sirio el nacimiento de la criatura, Practica los Caminos, Editorial Sirio: http://editorialsirio.com/index.php?mod=colecciones&id=712).

 

Hacia la poderosa luz solsticial


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Hoy es un día especial para la meditación y la interiorización, para dejar que el alma se exprese desde sus moradas y de paso nos ayude a entender el misterio de la creación, de la vida, de la consciencia. El sol solsticial coincide con la necesidad de encender el fuego interior, la llama de la reflexión, de la lucidez, y de paso poder emprender el camino hacia una octava superior. Ese esfuerzo, ese afán de comprensión puede venir impulsado por ese fuego, el fuego sagrado de los dioses.

Algunos piensan que tenemos un alma como consecuencia de la unión del espíritu con la materia. Otros van más allá y hablan de tres almas, una que nos da Vida, otra que nos da Consciencia y otra alma que nos Crea y cocrea. Los seres humanos solemos identificarnos no con el alma, ni siquiera con sus tres aspectos de vida, consciencia o creación, sino con el resultado de todo eso, con la personalidad y sus apetitos.

Hay toda una ciencia escrita y revelada que nos acerca a los detalles, a las formas de acercarnos a esa triple llama o alejarnos buscando el apacible consuelo de los apetitos. “Los cuatro rostros del absoluto” nos enseña como debemos orientar nuestras existencias para favorecer el ascenso hacia la vida, la consciencia y la creación. Hay personas que buscan los apacibles vientos del sur, donde el calor y el sol estimulan los aspectos más excitantes de la personalidad. Allí se encuentran estímulos que atan la conciencia a los apetitos carnales, a los apremios de la materia, a la necesidad de girar el rostro hacia la consecución y estimulación de los órganos sensoriales.

Otros seres buscan la orientación de los vientos del norte, donde el frío estimula necesariamente el retiro interior y el trabajo con la luz, con la consciencia, con la vida y la propia creación. Cuando los místicos se alejan a las frías montañas ese acto tiene un sentido oculto. Allí el estímulo sensorial se reduce y se abren de forma certera los canales que permiten el contacto con la naturaleza interior. La falta de sol posibilita un trabajo más consciente sobre la necesidad de buscar y encender el sol interior. La lluvia adormece la necesidad de frecuentar las cavernas de lo irracional y de la avidez sensorial al mismo tiempo que nos empuja a trabajar en los planos de la consciencia activa.

La búsqueda de la fría montaña o por contraposición la del cálido mar sólo es una muestra anecdótica de nuestro propio enfoque interior. Las enseñanzas y las consiguientes disciplinas para poder alinear la intuición hacia el trabajo profundo necesitarán algo más que orientación. ¿Para qué sino la naturaleza nos ha dotado de consciencia y de poder creador? El sentido de todo ello sólo puede responder a esa necesidad de búsqueda y hallazgo tras la inevitable práctica de hollar los senderos. Mientras estamos distraídos en los estímulos y los apetitos de la carne, sean los que sean, el trabajo para el que hemos venido como seres conscientes se vuelve arduo y farragoso. La propia ilusión de teorizar sobre los caminos sin practicar los caminos es una trampa para la propia alma. Sin embargo, la ejecución de un solo paso atrevido, sea o no sea certero, ya es prueba suficiente de esa fe que nos llevará inevitablemente hacia cuotas de libertad y vida inimaginables. Meditación consciente, estudio lúcido y servicio amoroso son pequeños pasos que nos llevarán a la profundidad del ser verdadero. Feliz solsticio de invierno, feliz llama interior.

(Foto: Luz solsticial esta mañana en las frías montañas de O Couso).

El miedo al extraño


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“Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos”. Einstein

No siempre tenemos absoluto control sobre todas las fuerzas que operan a nuestro alrededor. Vivimos en un mundo de incertidumbre aún cuando pensamos erróneamente que tenemos cierto control sobre el mismo. Vivimos en una constante iniciación a la realidad envolvente. Pensamos que todo está bien, que todo parece normal y que la vida transcurre por el derrotero que hemos trazado. Pero nada de lo que pensamos, sentimos o experimentamos tiene que ver con la realidad.

Hoy en el pueblo nos daban un repaso sobre toda la rumorología que ha nacido en torno nuestro. Es divertido ver como los vecinos inventan historias a cual más extraordinaria y rocambolesca para intentar comprender o describir la vida errante de estos extraños que han venido a vivir a unas caravanas. El miedo siempre nos confunde y aturde, y bajo ese prisma de oscuridad intentamos describir aquello que nos resulta extraño, marcando siempre con un estigma aquello que nos separa del otro.

A veces resulta cansado sentirte extranjero en todas las tierras. Cuando me nacieron en Barcelona, y a pesar de vivir allí casi toda mi vida, siempre me tacharon de extranjero. Cuando descubrí mi anormal condición de no natural, marché a la tierra de mis antepasados y allí también fui un extraño, un extranjero, un apátrida. Ocurrió lo mismo en otros países, en otras tierras. Siempre fui un forastero, un sin tierra, un desarraigado.

Mientras hoy escuchaba toda la lista de conjeturas y divagaciones sobre nosotros, a cual más sorprendente, sentía cierta tristeza interior, cierta desconexión con una realidad que a veces evitamos por pura supervivencia psicológica y otras intentamos paliar con dosis de buen humor y alegría. Pero hoy era especialmente triste sentir esa impotencia de no poder abrazar al otro, mirarle a los ojos y exorcizarle de todos sus miedos y fantasías.

Es cierto que tenemos nuestras rarezas, pero somos tan inofensivos que nos duele hacerle daño a una mosca. ¿Por qué entonces tenernos miedo? ¿Por qué entonces inventar historias retorcidas que escapan incluso a nuestra más oscura imaginación? Como decía es algo que ya no me extraña. Pero sí produce un cierto resquemor sobre la condición humana, un cierto ápice humano de sensiblera angustia.

Y me gusta compartirlo para que seamos conscientes de que ese otro extraño, divergente, diferente al que siempre evitamos no es jamás ni mejor ni peor que nosotros. Sólo carecemos de algunos datos para darnos cuenta de su humanidad, de su belleza interior, de su luz.

Tras las gruesas murallas de la incertidumbre y la ignorancia siempre hay un resquicio de esperanza. Nuestra entrega, nuestras renuncias, van encaminadas a conquistar los valores que nos unen. No podremos controlar todo lo que ocurre allá fuera, en las cavernas del miedo hacia lo extraño. Pero nos esforzaremos por ser dóciles y amables incluso con las fieras del camino.

Campaña de ayuda para O Couso


Hemos empezado una hermosa campaña para poder restaurar parte de la casa de O Couso… Gracias a todos los que lo habéis hecho posible, y gracias de corazón por vuestra ayuda incondicional… Juntos, podemos hacer un mundo mejor… Gracias especialmente a Rafa y la familia Mey por todo el trabajo ingente que se ha desarrollado para esta campaña. Queremos que la acogida sea cada vez mejor y esta puede ser una buena oportunidad de participar en la que será vuestra casa, la casa de todos…

Por favor, participa, es algo para todos, es algo para el mundo… Desde ya, gracias, gracias, gracias…

Más información en: https://goteo.org/project/o-couso/needs

 

 

 

Ananta News


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La semana pasada tuvimos la suerte de participar en la primera reunión formal para dar vida y ánimo a un nuevo y hermoso proyecto de nombre Ananta News. Se trata de una revista digital y un boletín mensual que pretende aunar bajo un mismo paraguas diferentes personas, corrientes espirituales y grupos que trabajan por llenar la tierra de valores y principios universales.

Pude asistir como representante de la Fundación Dharana y tuve la oportunidad de agradecer a Koldo Aldai el impulso motor y la iniciativa así como a la Fundación Ananta por dar cobijo a tan hermosa empresa. También a los demás grupos que asistieron con el deseo de albergar la unión desde la diversidad allí presente.

La espiritualidad está pasando por un momento dócil pero al mismo tiempo por una amalgama de nuevos movimientos y corrientes que pretenden incidir en un camino o disciplina para promover una u otra visión acerca de los principios y las leyes que rigen el universo exterior y el interior. El deseo de Ananta News es el de informar de todo este maremágnum de corrientes al mismo tiempo que pretende crear opinión y unir lazos fraternales con escuelas, órdenes, movimientos, grupos, comunidades o personas que se sientan afines con el ideal de una humanidad unida y fraterna, libre e impulsora de cambios positivos y armónicos.

No dudes en apoyar esta iniciativa desde tu posición, ya sea apuntándote en la base de datos para recibir mensualmente el boletín, escribiendo artículos de temática afín o apoyando la iniciativa económicamente para sostener el trabajo de servicio.

Esperamos que os guste este nuevo medio de información y esperamos que podáis difundir su mensaje intrínseco.

Un abrazo sentido a todos y a disfrutar de noticias positivas y reflexivas sobre la vida y su misterio, sobre el clamor del amor y la candidez de la sabia voluntad al bien.

http://anantanews.org/

(Foto: Reunión fundacional en el Hotel Princesa de Eboli, en Pinto)

 

Hacia rutas salvajes


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No sabemos cuanto puede durar esta aventura. Hay mucha gente, especialmente familiares y amigos cercanos que sienten cierta preocupación cuando nos ven viviendo en una pequeña caravana donde apenas tenemos espacio para movernos. A veces recibimos mails, llamadas o comentarios de inquietud y desvelo sobre nuestra precaria situación.

Pero nosotros lo vemos desde una perspectiva totalmente diferente. El frío ya casi no nos afecta. El descubrimiento de las estufas de butano ha sido toda una suerte. Y casi no aguantan encendidas ni cinco minutos porque esto, al ser pequeñito, se caliente enseguida. Además, el vivir en los bosques, en mitad de las montañas, requiere de mucha actividad, de mucho trabajo que hace que siempre estemos diligentes, felices por todo lo que trae cada día.

No echamos de menos las comodidades de la ciudad, ni sus estímulos, ni la suerte de ventajas que tiene el vivir arropado por la manada. Aquí vivimos una vida ciertamente salvaje, a expensas de lo que cada día traiga. Ayer, por ejemplo, mientras escribía algunas cosas y trabajaba en el ordenador una manada de jabalíes invadía el espacio de la finca. Se acercaron a las caravanas y la verdad es que de noche y en plena soledad la sensación de desventura era casi emocionante. El perro Geo empezó a ladrar y aún tuvimos valor para salir fuera y curiosear a la manada, la cual, enfurecida, aún tuvo valor de vacilar antes de huir.

Todos los días son diferentes, especialmente ahora que estamos preparando la acogida para las treinta personas que quieren acompañarnos en estas fiestas. Ahora somos tres colonos y en enero seremos cuatro los habitantes de estos prados. Empieza ya a formarse cierto espíritu comunitario lo cual abriga esperanza y color a todo lo que aquí se experimenta. Nadie diría, sentados frente al televisor de una gran ciudad que la vida salvaje fuera positiva y plena. El ir al lavabo a cero grados o con lluvia es toda una aventura, sobre todo cuando el lavabo es un agujero excavado en el suelo sin mayor techumbre que las frágiles ramas de unos delgados abedules. El hacer la comida cuando hace frío o el fregar los platos con agua helada recién sacada del pozo es toda una aventura. La niebla, siempre abundante por aquí, es fiel compañera, dibujando preciosas escenas de puro misterio.

Hoy alguien nos preguntaba sobre las aspiraciones futuras, sobre qué más podría hacer una persona que ha experimentado esta libertad. Y la verdad es que lo único a lo que se puede aspirar después de esto es a compartir cada instante, cada momento con todo aquel que desee encontrar otro tipo de valores y sensaciones vitales.

Mientras trabajamos por todos esos valores que deseamos compartir, a veces también queda tiempo para la lectura, para la escritura, para la ensoñación. Nos gusta recrearnos al final del día en el silencio de la noche, en la frescura que atraviesa las delgadas ventanas de la caravana. A veces los ruidos de la noche nos intrigan y nos llenan la imaginación de cientos de aventuras. Otras, cuando llega el amanecer, la vida se convierte en una realidad impresionante, en una majestuosa belleza indescriptible. Entonces ya no necesitamos imaginar nada, solo pellizcarnos para sabernos protagonistas de esta hermosa e intrigante aventura. Vivir en los bosques es vivir completo dentro y fuera de ti.

COGE LO QUE NECESITES


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El mensaje siempre resulta revolucionario. Cuando llega gente desde todas partes y la acogemos con el corazón en la mano y con un buen plato de comida sin pedir nada a cambio siempre se preguntan muchas cosas. A veces vienen personas con escasos recursos y además de no pedirles nada a cambio les animamos a que cojan lo que necesiten de la caja común. Otras veces vienen personas destrozadas o marchitas, sin problemas económicos pero marchitas por dentro y regamos con amor todo su interior. Esto les mueve interiormente, porque ven una sincera apuesta por un mundo diferente.

El otro día alguien se quejaba porque había diseñado unas convivencias con este precepto y no había recaudado casi nada. La gente no es responsable con las cosas, piensan que cuando regalas algo o no le pones precio carece de valor, se quejaba. En parte tiene razón, porque no estamos acostumbrados a la generosidad, al dar sin esperar nada a cambio. Ahí está precisamente el reto de todo lo que hacemos.

Este era uno de los acuerdos irrenunciables a los que llegamos en O Couso. Si nos lanzábamos a la acogida debía ser una acogida sincera donde albergáramos en nuestros corazones y hogares a todos aquellos que llegaran, sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio y ofreciendo todo lo que estuviera en nuestras manos.

No hay ningún otro secreto o precepto, acogemos a todo el que llegue porque nuestra intención, a veces pedagógica, es intentar mostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera.

Quizás sea una posición ingenua, ¿no cobrar por dormir y por comer, por asumir un tiempo con todos los que llegan? Precisamente esa es nuestra intención: acoger, como si acogiéramos a un familiar, a un hermano o a unos padres o unos buenos amigos. ¿Acaso les cobraríamos por el plato de sopa o por el calor de una chimenea? ¿Le pondríamos acaso una tarifa al plato de lentejas o al trozo de leña?

Luego está la corresponsabilidad y la correspondencia. Si aquellos que vienen sienten que el proyecto merece la pena y desean colaborar para que otros lo disfruten, entonces nosotros estamos felices de que así sea y especialmente agradecidos. Pero no es moneda imprescindible, ni tampoco requisito obligado. Todo aquel que llega es bien recibido y siempre estamos trabajando, en lo exterior e interior, para que la acogida sea cada vez más cómoda, más profunda, más transformadora.

Quizás este mensaje sincero ha motivado a que un grupo de personas que nos visitaron este verano hayan organizado una hermosa campaña de apoyo para que la casa de acogida tenga cada vez más comodidades para todos, al menos un techo, un poco de agua corriente y algo de luz. Ese grado de compromiso se ha visto recompensado de alguna forma con la generosidad de otros que piensan que todo esto merece la pena.

Por eso, a pesar de que vivimos en unas caravanas y la casa está por levantar, sentimos que este es nuestro hogar y el hogar de todos aquellos que lo necesiten. Sentimos que merece la pena hacer de este mundo bueno un mundo mejor trasladando valores diferentes, formas de ver la vida desde un ángulo más positivo y abierto. Deja lo que puedas, pero ante todo, por favor, coge lo que necesites, ese es nuestro mensaje y nuestro compromiso. Hazlo tuyo en tu vida y algo hermoso ocurrirá.

Gracias de corazón a todos los que nos estáis apoyando incondicionalmente en esta transformadora labor. Gracias de corazón por iluminar el mundo con rayos de generosidad. Seguimos…

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Campaña de Goteo: https://goteo.org/project/o-couso/home

El vino como sustento de una vida inútil


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Veníamos hoy en el coche discutiendo sobre la catástrofe que supone una sola copa de vino para aquellos que intentan llevar una vida lo más saludable posible. No tanto a nivel físico como a otros niveles que aún no estamos preparados para entender. Aún así esto no afecta realmente a la vida ordinaria. Sólo resulta peligroso cuando de alguna manera queremos practicar en nuestra vida disciplinas meditativas que pretenden conectarnos con una energía más sutil y provechosa para esas tareas que los místicos de todos los tiempos llamaban extraordinarias. La vida milagrosa, usando una terminología más esotérica, navega pausadamente entre dos orillas difíciles de entender. Algunos sensitivos comprenden el daño irreparable que se ejerce sobre la vida cuando se toma algunas sustancias o alimentos que afectan al progreso del yogui moderno. No podemos distraernos de estas atenciones porque el cuidado de estas leyes inmanentes con respecto a las fuerzas y energías que se mueven en todos los planos requiere de un estudio especial para no cometer imprudencias innecesarias.

Cometemos auténticos disparates con nuestros cuerpos sin darnos cuenta. Obviamos los mecanismos que regulan la salud y entramos constantemente en desequilibrio y enfermedad por culpa de estos previos abusos. La propia sociedad se ha constituido de tal forma que sólo tomando estas substancias que de alguna forma nos atontan e idiotizan podemos soportar el peso de la vida común. ¿De qué otra forma íbamos a soportar la idea de que trabajamos una media de ocho o doce horas diarias única y exclusivamente para sostener unas cosas de las que luego no podremos disfrutar por falta de tiempo, salud o vida? Sólo una sociedad narcotizada, drogada, puede enfrentarse a esa idea.

Realmente no es malo el beber vino, el fumar, el comer carne como si fuéramos auténticos depredadores, el consumir televisión desde la mañana a la noche o el recurrir constantemente a medicamentos para equilibrar algo difícilmente equilibrante. Ni siquiera somos conscientes cuando nos levantamos de lo perjudicial del constante ruido de la ciudad y de los humos de sus coches. No existe el bien o el mal en estos estímulos que nos ayudan a sobrevivir en esta carga. Al fin y al cabo, se trata de una elección libre, a veces por falta de conocimiento y otras por falta de valor o por miedo a perder cierta comodidad adquirida.

Muchas veces, en momentos de lucidez, solemos despertar de ese sueño y de repente nos embarga una gran sensación de vacío. Vemos como si nuestra vida hubiera sido un cúmulo de actos inútiles. Sentimos como si toda nuestra existencia hubiera sido un derroche continuo, difícil de justificar por nuestros actos cotidianos. Somos tan frágiles que nunca nos cuestionamos qué efectos produce en nuestras vidas esa copita de vino, esa calada, esa ingesta de carne o drogas. Nunca nos paramos a pensar en ningún tipo de consecuencia presente o futura porque siempre nos han inculcado que eso era lo correcto para sobrellevar esta vida estéril y hueca.

Cuando se despierta a cierta consciencia, es fácil ver como cuerpos aparentemente sanos empiezan a enfermar ante la ingesta de algunas sustancias que pueden parecer aparentemente inofensivas. Pueden aparecer enfermedades nerviosas, las cuales se pueden deber a la necesidad de expresión de esa nueva consciencia en cuerpos obstruidos por la ingesta de productos como la carne o la ingesta de alcohol, tabaco, café o incluso té de forma continuada. De ahí que el equilibrio siempre resulte difícil si antes no se ha estudiado de forma contundente estas cosas y no se han experimentado al mismo tiempo en nuestros cuerpos.

Sigamos pues deprimidos y narcotizados, pero si algún día deseamos salir de este estado de vital apatía pongamos mucha atención a todo aquello que ingerimos en la vida cotidiana.

(Foto:© Francesco Tarantini )

Comunidad objetiva y comunidad subjetiva


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Estamos en Arteixo, cerca de A Coruña. Hemos venido a pasar un hermoso fin de semana en la casa de Selene y Koldo. Una casa rodeada de verdes prados que a partir de ahora también se llamará hogar Aroa. Algunos amigos de O Couso hemos venido para avivar la llama de la comunidad. De hecho, el anhelo de comunidad ha sido el tema de conversación. Un anhelo compartido y vivido por todos. Un anhelo que realza nuestras vidas y las embellece.

Cuando hablábamos de tantos lugares y anhelos, de aquellas comunidades que ya habían surgido y aquellos lugares que esperaban albergar nuevos intentos se me ocurrió pensar que la verdadera comunidad ya existe, está aquí y ahora, sin importar los lugares y sin importar qué o quién los impulsa. En el plano subjetivo existe una red definida, tejida, que se relaciona entre sí y que de alguna forma suspira por un mismo sueño. La creación de la utopía no requiere necesariamente de un lugar concreto, de una comunidad objetiva. La comunidad puede manifestarse en pequeños encuentros como el que hemos tenido este fin de semana o en aquellas personas que se reúnen para buscar recursos para apoyar algún proyecto que ya está en marcha o en aquel otro grupo que redacta un comunicado o estudio sobre una u otra cosa. La comunidad de almas libres es un hecho que está aquí y ahora.

En O Couso estamos consiguiendo, a pesar de las inclemencias, una pequeña comunidad objetiva. Hay un hermoso bosque, un prado, una tierra donde cultivar, una casa que algún día albergará a personas, un proyecto de construcción de pequeños hogares para que un grupo de gente pueda materializar en la práctica diaria el alto ideal. Pero sabemos que alrededor de todo ese proyecto existe una comunidad afiliada subjetivamente a un alto ideal, sin necesidad de estar allí presente, sin necesidad de apoyarlo financieramente. Simplemente existe un vínculo invisible que de alguna forma les une con la tierra común que allí se está tejiendo. O Couso no deja de ser un trozo de ese iceberg que desea emerger.

Esa comunidad también está aquí y ahora en este encuentro. Sólo hay que abrir el corazón para entenderla, para comprender sus cauces, sus tiempos, sus necesidades. Sólo basta olvidarnos de nosotros mismos, de nuestras necesidades y anhelos personales para que la comunidad se manifieste viva. Es una comunidad de almas libres, como aquella hermandad del espíritu libre que se reunía en cualquier bosque anhelando un mundo mejor y más justo.

Es cierto que en O Couso es más fácil poder plasmar esos principios, pero también es cierto que el espíritu que mueve ese lugar está en todas partes, y, como ahora hace el grupo que nació en Madrid para meditar los martes, puede reunirse y encontrarse en cualquier lugar para una intención común.

Lo hermoso y deseable sería poder sumar, que dejáramos atrás nuestras viejas vestiduras y pudiéramos ofrecer nuestras pequeñas voluntades a un proyecto mayor. Eso es lo más complejo del ser humano. Desgarrarnos por dentro y por fuera para atravesar desnudos la puerta estrecha de la unión fraternal.

Estamos felices por haber descubierto esa otra comunidad, la subjetiva, que aflora y que anhela más unión, más círculo, más danza y canto, más trabajo conjunto. Habrá que esperar a que el fruto interior madure para plasmarla en esa sinfonía cósmica en la que ya participamos subjetivamente. Con otras manos y con muchas manos seremos más capaces de construir ese mundo mejor y más justo y más verdadero. Algún día dejaremos de pescar peces y nos convenceremos de la importante misión de pescar almas. Almas necesarias para la construcción de la nueva tierra.

(Foto: un trozo de comunidad unida en círculo en Arteixo).

Una de las exigencias más difíciles es cambiar


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Habiendo impregnado el Universo con un fragmento de Mí mismo, Yo permanezco”. (Shri Krisha)

Estamos viviendo una revolución global de la que aún no somos conscientes. El mundo, de alguna manera aún no maduro, se está espiritualizando. Esto no significa que el mundo está polarizándose hacia antiguas recetas, en su mayoría epidérmicas, de acercamiento al Misterio. Significa que estamos llegando a un punto abstracto donde nuestra mente ya no se conforma con explorar el mundo de los sentidos, sino que requiere de un mayor grado de interiorización para comprender mejor la unidad esencial de las cosas y nuestro papel en dicha unidad.

Hay mucha gente que de alguna forma se prepara para ello. Ya no se conforma con vivir una vida rutinaria, expuesta a las circunstancias más diversas y bajo el prisma de unas exigencias materiales cada vez más asfixiantes. Estamos en un tiempo donde la gente se emancipa de dichas exigencias y es capaz de articular un futuro diferente, cargado de libertad, de fraternidad hacia el otro y de esa igualdad que nace del reconocimiento de la parte esencial de todas las cosas.

Las cosas caducas están desapareciendo rápidamente. Nuestra forma de relacionarnos con nuestro medio también. Hay un mundo de ideas nuevas que desean penetrar nuestra consciencia, y muchos seres están preparándose para poder captar la esencia de las mismas.

Estos seres comprenden que los antiguos métodos y técnicas ya no sirven. Ahora existen nuevas fórmulas de acercamiento a esas ideas, fórmulas exigentes pero revolucionarias en cuanto a la persecución interior de dicho propósito. Teniendo siempre presente que una de las exigencias más difíciles es CAMBIAR.

No podemos enfrentarnos al nuevo mundo, a las nuevas ideas que nos golpean sutilmente la consciencia si antes no cambiamos, si antes no actuamos COMO SÍ realmente nos valiéramos de dicha nueva frecuencia.

Tenemos que estar preparados para poder ser receptores activos de las nuevas ideas, de los nuevos conceptos, principios y valores. Debemos a su vez trabajar activamente para poder ser portadores de esa nueva luz, de esa experiencia personal interna. Tener visión, al menos cierta visión, debe crear la posibilidad de poder compartirla. Para ello es necesario vivir una etapa de abstracción y cambio para poder reorientar nuestras vidas, para ejercer la transformación necesaria de forma radical si es preciso.

Es necesario que entrenemos nuestros valores, nuestras capacidades, y centremos nuestras vidas en la captación de esa nueva energía. Es necesario derrotar nuestras viejas estructuras y aproximarnos al cambio y la transformación que se nos pide constantemente. Es necesario que emprendamos el camino liberador del compartir, de la generosidad. Es urgente que construyamos ese puente que nos une a la vida que subyace en todos los aspectos de la existencia, y ser, a su vez, conscientes de que somos un fragmento de la misma, y que por ello, de alguna forma misteriosa, permanecemos.

Ardua y maravillosa tarea tenemos por delante. Arduo camino de amor y esplendor radiante ante el logos inmortal.

(Foto: © İ.Cengiz Girit. Cojamos la barca que nos conduce a la otra orilla).

COMO SI… o la Ciencia del Antakarana


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Cuando alguien tiene dudas sobre su vida, suelo preguntarle qué haría si dispusiera en el banco de algunos millones de euros. En el noventa por ciento de los casos enseguida se aclaran las dudas y surgen con entusiasmo soluciones a sus problemas o conflictos. También en el noventa por ciento de los casos les hago ver que esas cosas también podrían hacerlas sin la necesidad de tener ese dinero en sus manos. Sólo aplicando un poco de voluntad y amor a toda situación, y actuar COMO SI realmente tuvieran ese dinero, como si dispusieran de ese empoderamiento interior. Es simplemente crear un puente entre la vida y la plena consciencia, eso que los místicos llamaban la ciencia creadora del antakarana. Porque al poseer la visión de esa plena consciencia somos sabedores de aquello que realmente se dibuja como nuestro propósito interior. Y en ese momento nada puede detener nuestro caminar.

Cuando se profundiza en los aspectos más profundos de la ciencia del Antakarana nos damos cuenta de que no existe separatividad, ni entre la luz que nace de la personalidad, de nuestra escasez y conflicto, ni la luz que nace del alma ni las luces que nacen del trabajo grupal. Eso provoca una consecuencia útil: todo lo que hagamos desde al alma lo estamos haciendo desde la acción grupal, y por lo tanto, ya no tratamos de vivir para satisfacer nuestros caprichosos anhelos, sino que nos damos a una tarea mayor.

Todas las acciones que nacen de la actividad pura es impulsada por el bien común y la necesidad grupal. Además, empezamos a comprender la relación existente entre energía y fuerza, entre todo aquello que entra en nosotros y todo aquello que sale de nosotros, entre el amor y la voluntad, entre la sabiduría y el poder de las cosas. La ciencia del Antakarana es aquella que nos enseña a construir el puente entre todas esas energías que nos ponen en contacto y comunicación con la esencia más profunda del ser. Es una ciencia porque requiere de una técnica específica y de un modelo teórico y práctico que consuma nuestro anhelo de unión, de plenitud.

Cuando esto ocurre realmente y se tiene la suficiente visión sobre este importante aspecto, las palabras “hágase Tú Voluntad y no la mía” adquieren un significado profundo. Nuestras pequeñas voluntades con las pequeñas necesidades de la triple personalidad (físicas, emocionales y mentales) quedan olvidadas, apartadas, para dar paso a la Gran Necesidad grupal y a la correcta disposición del trabajo en grupo. Entonces la pregunta sobre el millón de euros en el bolsillo ya deja de tener sentido, así como su respuesta. Ahora el campo de experiencia humana se ensancha y las necesidades son otras. La vida cobra otro sentido amplio.

Existe ese hilo de consciencia que nos une a esa gran red etérica de vida que todo lo envuelve. Sólo debemos apartar un poco la mirada de nuestra personalidad egoísta e individual para darnos cuenta de esa gran unidad existente. Nada puede separar la vida y nada puede extinguirnos de ese mundo unificado. Cuando somos sabedores de esa realidad, nuestra visión sobre las cosas cambia drásticamente.

Una de las técnicas para potenciar el trabajo del antakarana es la llamada “COMO SI”. Resulta fascinante trabajar actuando COMO SI ya estuviéramos fusionados con el alma y COMO SI realmente fuese posible la construcción del antakarana y la plena consciencia. El trabajar de esta manera es revelador y hace que toda nuestra vida se transforme inevitablemente, ya que al utilizar nuestra imaginación creadora, de alguna forma estamos influyendo en que eso realmente ocurra. Todo nuestro enfoque, toda nuestras relaciones, todo nuestro trabajo adquiere un matiz diferente. En algunas ocasiones, incluso drástico, ya que entregamos toda nuestra existencia al servicio consumado, a la generosidad de compartir todo aquello que nos hace más libres, más humanos y más lúcidos. Todo, como decíamos, tras un largo trabajo interior donde se aplican técnicas definidas que nos ayudarán a soportar las influencias de esa nueva visión, de esas nuevas fuerzas y energías con las que contactaremos inevitablemente. Al expandir la consciencia también debemos expandir la responsabilidad con la misma, una responsabilidad que se hace doble: hacia nosotros mismos y hacia el grupo.

Dicho esto, ¿qué harías si tuvieras unos millones en el bolsillo? Pues empodérate y actúa COMO SI ya los tuvieras. Hay mucho por hacer…

 

(Foto: © Jacky Parker)

La dureza también es bella


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Aquí en O Couso todo parece complejo, sin embargo, hacemos que las dificultades se vuelvan simples, llevaderas, amables. El secreto creemos que es la alegría con la que vivimos toda dificultad. La dureza del frío, de la lluvia, del barro, de las duras condiciones de vivir en mitad del bosque casi sin recursos podría dinamitar el ánimo de cualquiera. Pero aquí parece como si siempre fuera primavera. Estamos alegres, sonrientes, vemos las dificultades como retos, o como experiencias que nos hacen fuertes y templados.

Miramos como el paisaje se transforma y nos quedamos maravillados por tanta belleza, incluso ahora que en otoño los árboles se desnudan poco a poco de su verde follaje y los campos empiezan a tener tonos ocre que los hace profundamente hermosos. El frío y la humedad están llegando poco a poco pero de momento todo es llevadero.

A veces la dureza hace que la disciplina sea cada vez más flexible, que los horarios tiendan a moldearse al tiempo y que nosotros, simples participantes del ciclo maravilloso seamos como marionetas que se amoldan a toda circunstancia.

El perrito Geo ya está enorme y la gata Gaia gusta de pasar más horas en la caravana, junto al fuego de la estufa. Todo este tiempo es perfecto para recogernos, para dedicar más horas a la lectura, al estudio, a la reflexión, algo difícil cuando vives en la ciudad o cuando el buen tiempo te invita al inevitable paseo. Aquí los estímulos son diferentes. No nacen para distraernos, sino para vivenciar un contacto más directo con la esencia de la vida. No tenemos que trabajar como esclavos durante muchas horas para luego acordarnos de que no hemos vivido. Aquí el trabajo forma parte de la vida, del gozo y la alegría. Nada resulta pesado, aunque la dureza del mismo se duplique. No importa la actividad que hagamos ni las horas que le dediquemos, nada de lo que aquí se hace es un suplicio. Eso nos da una visión diferente del trabajo. Nos hace pensar que algo que para muchos puede resultar esclavizante aquí es liberador.

Las gallinas han duplicado la producción de huevos. Han pasado de tres a seis huevos diarios. Esta mañana el perro Geo se había zampado toda la reserva de huevos, lo cual ha sido casi un alivio porque ya no sabíamos que hacer con tantos huevos. Las tres cobayas aún sobreviven a pesar del frío y cuando por las mañanas soltamos a las gallinas para que correteen por toda la finca las tres corren hacia el maíz para meterse un buen desayuno.

Cuando la casa de acogida esté terminada y podamos dedicar más tiempo a crear un hermoso jardín en estas casi cuatro hectáreas será muy hermoso e inspirador poder pasear por estos lugares. Aún falta mucho por hacer, pero no tenemos prisa. A veces nos visita mucha gente que se atreve a practicar mil oficios que desconoce. En algunas ocasiones tenemos que volver a replantear el trabajo consumido porque dada nuestra inexperiencia hay cosas que no quedan lo mejor que podrían quedar. Pero no importa, volvemos a empezar con buen humor porque lo importante es que de cada actividad y trabajo aprendamos algo. Trabajar desde cierta consciencia tiene su magia.

Aunque ahora en invierno tan sólo somos una media de cuatro personas, no deja de llegar gente a pasar unos días o simplemente para ver como andan los “chicos” aquí en los bosques. Siempre estamos agradecidos por estas visitas que son como ánimo cargado de entusiasmo. Así que gracias por venir a vuestra casa. Aquí tenéis a vuestra familia y amigos, a pesar de la dureza, que también es bella.